
CÓDIGO
Esteban Moscarda
Ravi Shankar tocaba su sitar con gracia y rapidez, como suele hacerlo. Pero esta vez los acordes de la raga no eran simplemente sonidos; eran también colores y sensaciones varias, y cada nota era un universo en sí. Ravi se preocupó. Por momentos dejaba de tocar pero la culpa lo obligaba a seguir: mirá si esos universos tenían una entidad real, mirá si su silencio los destruía.
—Con este ruido no puedo trabajar —dijo Vélez Sársfield, ante el vacío de sus hojas.


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