
EL REY ARTURO Y YO
Patricia Kieffer
—No temas —le dije una vez más, viendo sus ojos incrédulos—; tú podrás hacerlo. Sólo tienes que confiar. Vengo del futuro y sé lo que te digo. Haz la prueba, sólo tienes que esperar diez minutos.
Arhur me miró con desconfianza, mientras el grupo de forajidos intentaba vencer la prueba, a cincuenta metros de nosotros.
—¡Ahora! —le ordené.
Y allá fue Arthur, a despegar la espada de una roca donde yo había colocado el maravilloso "Composite 4", un poderoso pegamento que vencía a los diez minutos.


5 comentarios:
Un claro ejemplo de lo ladinas que suelen ser las mujeres. Después se quejan y andan llorando por los rincones: "buahhh, buahhh, ya no quedan hombres".
Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Es que muchas veces hacemos trampa... sólo por verlos ganar.
Muy bueno e ingenioso
Me gustó
Muy bueno, muy bueno. Aplausos!!
¡Ocurrente lo tuyo, Pato! Felicitaciones
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