
—Por favor —dijo Emma—, deme otra oportunidad.
—Lo siento, estimada Madame Bovary. Usted se ha suicidado y los suicidas...
—Sea benévolo, señor. Ni siquiera le pido ser de carne y hueso. Otro personaje estaría bien —se tiró a sus pies y lloró y lloró—. Tal vez un nuevo escritor pudiera... Voy a hacer que me recuerden como a una verdadera dama, que se hable bien de mí, ¿entiende? ¡Por favor!
—Está bien, está bien. Concedido. Hay un tal León Tolstoi que está buscando un personaje femenino: su nuevo nombre será Ana.
Publicado en Acomodando palabras
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2 comentarios:
Y sí, hay que tener cuidado con lo que se pide... porque te lo pueden conceder. Pero mientras dé lugar a textos como éste... ¡vale la pena arriesgarse!
Me gusta la idea de este cuento.
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