
EL LEÑADOR
Susana Duré
Las entrañas del viejo álamo crujieron al primer golpe del hacha. Un hilillo de sangre brotó por la corteza y el hombre se detuvo, acercando su mano enguantada a la herida. Las furibundas raíces del árbol aprovecharon su desconcierto y con veloces e inusitados movimientos, lo sepultaron vivo.


3 comentarios:
Guauuuu!!! Qué buen relato! Me encantaría que el espíritu de los árboles volviese a actuar...
Pato.
Transplantemos de esos en Chaco y Misiones, también en el Amazonas... solo espero que las raices sean tan fuertes como para tragarse un tractor.
Me encanta que, al menos en el papel, árboles y ballenas se encarguen de sus agresores... y ojalá el deseo de Walter pudiera impedir el desastre
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