
INUNDACIÓN DE CUERVOS
Héctor Ranea
—Negros. Si vas a copiar, copia bien —dijo ella, detrás de mi nuca.
—Cállate, copio hasta donde quiero —contesté.
—¡Qué mal que los críticos se enamoren de Artaud!
—No estoy haciendo de crítico. Trato de escribir un cuento con el material del suicidio de Van Gogh. Si Artaud puso un adjetivo de más, no es de mi incumbencia ahora.
—¿Pondrás algo sobre el día en que pintó la bandada de cuervos? Yo diría que son gaviotas o buitres.
—No. ¡Si no puedes con tu genio! Son cuervos porque eran cuervos —protesté.
—Lo único que sabes de cuervos es que son pájaros. Los pájaros cambian con la distancia.
—Más te vale callar.
—No hablaré nunca más —dijo la cuervo albina. Y se fue por la ventana que siempre le dejo abierta.
Ilustración: Grant Wood
—Cállate, copio hasta donde quiero —contesté.
—¡Qué mal que los críticos se enamoren de Artaud!
—No estoy haciendo de crítico. Trato de escribir un cuento con el material del suicidio de Van Gogh. Si Artaud puso un adjetivo de más, no es de mi incumbencia ahora.
—¿Pondrás algo sobre el día en que pintó la bandada de cuervos? Yo diría que son gaviotas o buitres.
—No. ¡Si no puedes con tu genio! Son cuervos porque eran cuervos —protesté.
—Lo único que sabes de cuervos es que son pájaros. Los pájaros cambian con la distancia.
—Más te vale callar.
—No hablaré nunca más —dijo la cuervo albina. Y se fue por la ventana que siempre le dejo abierta.
Ilustración: Grant Wood

No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada