sábado, 27 de febrero de 2010

Salomónico - Sergio Gaut vel Hartman


Dos mujeres que compartían un mismo hombre se presentaron ante el rey Salomón, y aunque una era la esposa y la otra la amante, ambas argumentaban poseer los derechos exclusivos de los favores sexuales del macho en cuestión. Salomón, que era bastante pícaro, recordó un caso anterior muy parecido y ordenó cortar al tipo en dos. —Corten al tipo por la mitad y denle un cacho a cada una. —Así lo hicieron, sortearon las mitades y la amante se quedó con la mejor parte. La esposa apeló el fallo, pero Salomón hizo la vista gorda— ¡Denegado! —exclamó. Él era juez y parte, le había gustado la ganadora y tenía un par de ideas para aprovechar adecuadamente aquella mitad del tipo.

Fotografía: Carmen Carrillo. Potrero chico.

No es mi día - Alejandro Ramírez Giraldo


Bebíamos animadamente en el bar un típico viernes de juerga después del trabajo. Ya estábamos ebrios cuando llegó Ricardo. Lo saludamos efusivamente y le pedimos una cerveza. Se sentó, taciturno. Parecía retraído, como si algo le impidiera integrarse en el ambiente. Promediaba la cerveza cuando dejó la botella sobre la mesa y sacó un revólver que traía oculto. Sacó el tambor y lo despojó de siete balas (¡dejó una!), hizo girar el tambor, lo hundió, se puso el revólver en la sien... y apretó el gatillo. Un clic seco, ecoico, que nos enmudeció de terror. Pero no hubo disparo, la bala no estaba allí.
"No es mi día", dijo. Guardó el revólver y continuó con su cerveza.

Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com


Fotografía: Carmen Carrillo. Chatarra I.

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

Poda inútil - María Fabiana Calderari


Antes de traerla a casa, en aquel exótico país que visité, me lo habían advertido.
Comenzó seduciendo a mis amigos. Luego mi marido le prestó una atención tierna e inusual. Los niños pasaban el tiempo enredándose en sus juegos. Y terminó invadiendo cada rincón de nuestro hogar, imitando mis posturas y mis costumbres.
Solía tomar el sol en mi reposera blanca, luego de unos chapuzones en la pileta o aprovechar algunas frescas tardes leyendo en la terraza, pero ante su gigantesca invasión, no tuve más opción que podarla. Con una enorme tijera corté, con gusto, las tres largas ramas de la extraña planta, que había convertido el lugar en un espeso paraíso. La tranquilidad que recobramos duró escasos momentos. De su estolón comenzaron a escaparse raíces, de las cuales emergían nuevas plantas, con múltiples ramas que se expandían, sin cuidado, por todos lad...


Fotografía: Carmen Carrillo. Chatarra II.

De prueba y error - Daniel Frini


Dios hizo varias pruebas en su laboratorio de la calle Arenales. Partió de un organismo unicelular, y fue agregando funciones y órganos. Pasó por los grandes reptiles, los mamíferos, las aves. Creyó que lo había logrado con el hombre, pero entendió que su obra aún era imperfecta. Finalmente, lo consiguió. Hace unos días colocó en el Jardín del Edén, una hermosa pareja de chimpancés.


Fotografía: Carmen Carrillo. Chatarra III.

Rebelión - Ruy Feben


La alarma del auto llevaba, no miento, doce horas seguidas sonando fuera de mi casa sin parar: un beep eterno que parecía el grito de un demonio.
Leer, ir a la TV, era imposible: parecía poseído. Pensé que alucinaba cuando oí la puerta vibrar, pero no: al acercarme la madera sonaba tenue, pero luego rugió con el alarido de un monstruo devorando la noche. El florero cayó de la mesita, el despertador gritó, el timbre repicó con insistencia: todos los sonidos del mundo revelándose contra toda ley.
Y entonces lo lógico. El lazo de la cortina ríe a carcajadas, me abraza por el cuello cada vez más fuerte, susurra: otro demonio enrarecido apaga el clamor de la noche.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/


Fotografía: Carmen Carrillo. Hilos de luz.

México, 2012 - Carmen Carrillo


Era la mañana del 22 de diciembre del año 2012. Las calles estaban vacías y había expectación. ¿Volverían los mayas en una nave nodriza? ¿Reventaría el sol? ¿Se partiría la tierra en dos, separando a los buenos de los malos?
Desde Tijuana hasta Mérida abarcaba el manto de silencio. Se suspendieron todos los vuelos. Vamos... no volaron ni las moscas.
A la media noche la gente se percató de que aquel día no ocurriría nada. Y tampoco ocurrió en los días siguientes.
Lo único relevante fue que cuando los mexicanos decidieron despertar, los esperaba una auténtica pesadilla: el dinosaurio otra vez estaba ahí.

Sobre la autora: Carmen Carrillo

jueves, 25 de febrero de 2010

El dragón ausente - Martín Gardella


Escondida entre los multicolores montes Apeninos, se encuentra la morada de un dragón bravío. Se discute, entre los especialistas, la razón por la cual, desde hace siglos, el animal fabuloso no accede a ser visto. Algunos afirman que se esconde por vergüenza, desde que perdió la capacidad de producir fuego. Otros, con mayor rigor histórico, aseguran que el dragón se condenó al ostracismo por remordimiento. Sólo así se explica que su desaparición haya sido concurrente con aquel famoso incendio de Roma.


Tomado de http://livingsintiempo.blogspot.com/

Siglo de Luces - Héctor Ranea

En La Habana, una noche en pleno invierno caribeño, muerto de calor, me acerqué a un extraño bar del que salían algo más que sones y olor a ron. Me pareció que había demasiados vericuetos en ese bar como para ser sólo un bar y sospeché que era una pantalla para un burdel. Pero no. Funcionaba ahí un taller literario liderado por varios profesores putativos míos ya muertos, Alejo, José Lezama... uno de los talleristas, empapado en ron como yo y la mayoría de los muertos que frecuentaba el local, estaba contando cómo a Hemingway le cortaron la cabeza con una guillotina traida del Viejo Mundo tres siglos atrás. Era inútil desmentirlo. Ahí estaba la cabeza de Ernest, gozando de la fresca viruta con un trago bien empapado de ron y licuado de hielo.

S.O.S. – Sergio Gaut vel Hartman

—Estoy desesperada. Amo a un hombre imposible, Daniel Day-Lewis. Es imposible no sólo porque él es un actor famoso y yo una criatura insignificante, casi inexistente, sino porque nos separa un océano que jamás podré cruzar, un abismo alucinante hecho de capas y más capas de hilos que forman tramas densas, pegajosas, ¿entiende? Me parece que no entiende. Es que yo no me sé explicar; no tengo talento para eso. Pero se lo diré del modo más directo, sin vueltas o pretensiones literarias: ¡necesito ayuda! Que alguien haga algo. Después de instalar esta obsesión en mi corazón, el autor se ha desentendido y me dejó librada a mi suerte. Amo a Daniel Day-Lewis. Por eso le pido, le ruego, ¡haga algo por mí! Si, usted, lector, a usted le estoy hablando.

El recuerdo que guardo de ella - Miguel Dorelo


Hoy quisiera recordarla en todo su esplendor.
Sus cabellos de un intenso color verde que me observaban con dulzura.
Su piel ancha, sus caderas largas y renegridas flotando en el viento.
Su boca respingada, aspirando todos mis aromas.
Sus piernas, pequeñas, adornadas con pendientes, siempre atentas a mis susurros amorosos.
Sus pechos, largos y finos, siempre bien cuidados y que jugaban con mi pelo.
Sus hombros, húmedos y blandos, carnosos y pintados de un carmín intenso.
Su cadera esmaltada, blanquísima, sin caries, perfecta y siempre abierta en una sonrisa eterna.

Hoy quisiera recordarla en todo su esplendor, pero ha pasado ya mucho tiempo y a veces su figura me es confusa; nunca fui un buen poeta, adjetivos y metáforas se me mezclan.
De todos modos, sé que no podré olvidarme fácilmente de ella.

Miguel Dorelo

martes, 23 de febrero de 2010

La hija de la vecina de su madre - Óscar Román Alconada



—Buenos días. Vengo porque la hija de la vecina de mi madre se enteró que estoy desempleado, y ésta se lo comentó a su marido. Su marido le dijo que un amigo suyo había oído en el barrio que estaban contratando a gente en su empresa. En principio no le dio importancia, pero lo contrastó en la peluquería y se lo corroboraron. La hija de la vecina de mi madre se lo dijo a su madre y ella se lo dijo a la mía, por eso estoy aquí.
—Sí, tenemos un puesto vacante de investigador privado. Dígale a la hija de la vecina de su madre que se pase por aquí.

Tomado de http://oscarroman.com/

El sapo encantado - Víctor Lorenzo Cinca


Tras pasar media tarde dándole vueltas al asunto, se le ocurrió un buen final y, con una sonrisa pícara, redondeó el relato: "...y entonces la princesa besó al sapo y éste se convirtió en un apuesto príncipe". Terminó de escribir el cuento, repartió copias por todos los aposentos de palacio y se marchó ansioso a su charca a esperar ingenuas princesas lectoras.

Historias de carretera (3) - Jordi Cebrián


No entiende cómo es posible, pero la carretera parece volver sobre si misma. Sigue adelante, kilómetros y kilómetros sin desvíos ni intersecciones. Y de nuevo el mismo pueblo, las mismas casas, las mismas tiendecitas. No hay indicaciones, y cuando pregunta a un grupo de vecinos le dan poca información, pues la gente del pueblo, dicen, nunca salen. Recorre de nuevo la carretera, por si ha descuidado alguna salida, oculta tal vez entre árboles, pero no. Al volver a pasar, tal vez por cuarta o quinta vez, ve que ya no queda gente en el pueblo, y a nadie a quien preguntar.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Fuga del último demonio - Paulus Deluca


-Mares de fondo-

Estrellándosele un devoulé a la desesperada contra la estantería, escapó piernas al hombro el último de aquellos demonios mientras un castillo de libros escritos para enseñar sólo a los previamente convencidos, unidos por la autoridad de la costumbre se derrumba y se desparrama por el suelo.

Sólo un dique de esos que aguantan años escondidos en un pliegue de la razón sigue en pie, está seriamente dañado y es probable que no aguante ni hasta el alba... mañana cuando nadie me vea, caerá del todo.

Ahora sólo pienso en recuperar el aliento, en ponerle hielo a la rodilla y dormir. Sin soñar: Sólo yacer y dormir abrazado a la almohada de Elena porque sin su olor no puedo conciliar el sueño.

Los cadáveres y ese dique seguirán ahí por la mañana.

Con autorización del autor: http://paulus-de-best.blogspot.com/

El buscador - Gilda Manso


Dos días atrás me había mudado a mi nueva casa; era tan grande que, ya viviendo en ella, todavía me faltaban espacios por conocer.
Descubrí una puerta que daba a un pasillo, pasillo que empecé a recorrer. El pasillo se convertía en pasadizo a medida que lo caminaba. El trayecto habrá durado unos buenos veinte minutos.
Del otro lado había una habitación, y en la habitación había un viejo que trabajaba con líquidos y polvos y redomas y frascos.
—Llevo casi quinientos años tratando de descubrir la fórmula de la inmortalidad —me dijo, desesperado.
Lo miré fijo; era evidente que buscaba mi aprobación, aunque yo fuera una desconocida, y que no veía nada más que su norte.
—Siga intentando, así va bien.
El viejo sonrió y yo volví a mi casa.
No sé si quiero abrir otra puerta.

domingo, 21 de febrero de 2010

Albada (X) - Víctor Lorenzo Cinca


Me despierto sobre la dureza del suelo y hasta que no abro los ojos y veo la cama en lo alto, con la mesita al lado, y la ropa de ayer pegada en el techo, no comprendo que todo está bocabajo. Me paseo por mi piso invertido, comprobando que todo está al revés, armarios, lavabos, electrodomésticos, lámparas, y lo encuentro gracioso; al llegar a la ventana miro al exterior y comprendo con resignación que estoy encerrado, para siempre, en mi hogar: si intento cruzar la puerta, caeré al cielo.

Infancia – Pablo Moreiras


Sin pensar en las posibles consecuencias escaló hasta el último peldaño, se agarró fuerte al último hierro amarillo o azul, cruzó una pierna por delante y sobre si mismo se alzó todo lo que pudo hasta tocar el cielo.
Luego miró a su alrededor, el mundo entero a sus pies, ya nada podría resistírsele.
Era la grúa más alta de todo el barrio, y estaba deseando llegar a casa para contárselo a su madre.


Acerca del autor:

Génesis, capítulos del 6 al 9 - Daniel Frini


“…Y entonces, Moisés tomó una pareja de cada especie de pájaros, de ganado y de reptiles, para que pudieran sobrevivir. Además, recogió víveres de toda clase y los almacenó para que le sirviesen de alimento a él y a los animales. Cuando todo estuvo listo, Moisés entró en el arca junto a su familia, y se dispuso a cruzar el Mar Rojo…”
—Perdón, mi Señor —dijo el ángel—; me parece que se le están confundiendo los personajes y las historias…
—¿Quién escribe el Libro? — replicó Dios—: ¿vos, o yo?.

La otra vida del árbol - Víctor Lorenzo Cinca


Durante años, el árbol soñó con terminar sus días convertido en un libro. Creía que de ese modo ayudaría a sus congéneres, porque había observado que los hombres, entre otras cosas, no cortan árboles mientras leen. Por eso no se quejó cuando lo talaron, ni cuando lo trituraron para convertirlo en pasta, ni cuando, ya transformado en un montón de hojas de papel, lo introdujeron para su impresión entre los rodillos metálicos de la rotativa. El fin justificaba los medios. Ahora, tras alcanzar un inesperado éxito de ventas, reposa en los estantes de las librerías con el orgullo fingido de ser el mejor manual de tala de árboles que existe en el mercado.

La seriedad ante todo – Héctor Ranea


La primera víctima suya apareció cuando iba por la decimoquinta. Habían tardado casi veinte años en descubrirla. Era, había sido, como todas, una mujer. Al ver la foto del esqueleto se sintió defraudado por la estética que había generado. El maxilar inferior colgaba sin gracia, dándole al cadáver un aspecto de persona que fue fotografiada durante una carcajada. Decían que habían encontrado, además, los huesillos de un feto. Eso era una novedad, pero pasaba tan poco tiempo con las víctimas que era comprensible. Corrigió la cantidad de muertos, pues era un buen cristiano y consideraba al feto una persona, y se prometió que de ahora en más cosería con alambres los maxilares para que no den ese aspecto frívolo al ser fotografiados y quedasen algo más circunspectos. La muerte es una cosa seria, caramba.

viernes, 19 de febrero de 2010

De telenovela - Rita Vicencio



Ella me habló hecha un mar de llanto. Él la ha abandonado. Me dice que al menos si hubiese sido por una más joven podría entenderlo, pero no es así. Él la ha dejado. Sin explicaciones, sin amoríos de por medio. Simplemente se ha marchado tras dedicarle una última mirada de aburrimiento. Y me muerdo los labios por no decirle lo que hace tiempo era obvio, aunque muero de ganas por hacerlo. ¿Cómo explicarle que la emoción a su lado había terminado? ¿Cómo hablarle de lo repetitiva que se había vuelto? ¿Cómo, en pocas palabras, hacerle entender que en su afan de transformar su vida en una telenovela había acabado por perder con él su rating?

Adopción - Óscar Román Alconada



-He agilizado los trámites, y he hecho lo imposible para que vieran cumplidos sus sueños: les han concedido la adopción que solicitaron. Presentaron la correspondiente documentación, que yo mismo entregué en el Registro de Adopciones. Son responsables y mayores de edad, ochenta y dos, y ochenta y seis. Tienen una inmejorable estabilidad, tanto emocional como económica. Y todas las mansiones adecuadas a las necesidades del adoptado. ¿Dónde dejo las maletas?

Tomado de http://oscarroman.com/

Oniria – Sergio Gaut vel Hartman



Apenas apoyó su cabeza en la almohada, Borges soñó que se encontraba con Lovecraft en la terraza de un palacio de una ciudad crepuscular. En ese lugar Kafka era un apuesto muchacho que cortejaba y seducía a las damas más bellas, Beethoven no era sordo, Baudelaire trabajaba en una oficina de correos y se casaba con Amandine Aurore Lucile Dupin, en otros ámbitos conocida como George Sand, y él no se estaba quedando ciego. El escritor de Buenos Aires era feliz y se lo dijo al taciturno y sombrío constructor de abominaciones de Providence. Pero este no tardó en arruinarle la celebración.
—Estas caprichosas fantasías de su mente —dijo Lovecraft—, pertenecen al mundo de sus sueños personales y no al mundo onírico común; no existen, por lo que le aconsejo que no intente escribirlas. En todo caso, deje esa tarea a algún narrador menor, incapaz de soñar sueños verdaderos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El teatro de la nada – Sergio Gaut vel Hartman


Éramos dos personajes que habían olvidado los parlamentos de una obra insulsa.
—Diga algo, Don Rogelio —urgí—. La gente se impacienta. —Pero el sanjuanino siguió callado como si lo hubieran sorprendido con las manos en la masa, robando manzanas de la frutería. Así que no tuve más remedio que desempolvar el único poema que sabía. Di un paso hacia delante y recité—: “Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto...” —Rogelio pegó un salto.
—¿Justo ése? —me reprochó. Tenía razón: no había sido una elección afortunada. Fue suficiente que recordáramos nuestra condición para que sucediera lo inevitable: nos desvanecimos en el aire. Los espectadores, aliviados, aprovecharon para ganar la salida, y cuando estuvieron seguros de que ya no los veíamos también se esfumaron.

Robo 3 - Héctor Ranea


En la Torre la búsqueda era frenética. Hugo, cuervo de la dinastía de espalda espejada, no aparecía por ningún lado. No era demasiado especial, ni siquiera demasiado viejo, pero era el único que tenía la extraordinaria virtud de brindar a la salud de quien le convidara cerveza. Apareció sano y salvo el lunes sin poder explicar su desaparición, obviamente. Atribuyeron la ausencia a su natural perversión que lo llevaba a beber cerveza irlandesa negra. De hecho, se encontró entre sus plumas una tarjeta con la dirección de un Pub, famoso por la calidad de su Stout.

El mejor beso - María Pía Danielsen


¿Puede el aire transformarse en arena, densa correntada que con bravura inunda mi pecho?
¿Volverse tan, pero tan pesado, que apenas respirar levemente demande ahogos y suspiros sin freno?
Tal vez tu aliento se volvió llamarada que penetra e invade las cavidades de mi cuerpo, trasmutándolo en antorcha viva, consumiéndolo en ardores profundos, rojos de fuego. Entonces, es tu boca llena de urgencias, la que recorre mis labios sumisos al deseo y dibuja, con pasión infinita, el mejor beso.

Dos antiguos - Griselda García


Primero la pantalla mental en blanco y después aparece él, cigarrillos y pañuelo perfumado con colonia. Éramos un joven matrimonio de octogenarios paseando del brazo por las avenidas, de vez en cuando sentándonos a descansar en algún café. Nos gustaban las mismas películas viejas, hablábamos de un tiempo ya ido, de palabras olvidadas como honor, lealtad, dignidad. Parecíamos de un partido político extinto.
Un día decidió emprender la retirada. Ahora miro su recuerdo como un álbum de fotos atesorado largo tiempo. Es como si lo llevara conmigo, en mí. Lo incorporé para mantener largas conversaciones en las que siempre da sus respuestas típicas. Imposible siquiera mencionar el efecto de ciertos perfumes, ciertas calles. Son curiosos los mecanismos que tiene la memoria para conservar un recuerdo. La alegría le gana a la saudade por varios cuerpos de ventaja.

María Graciela - Héctor Gomis


María Graciela se jactaba de ser una persona muy consecuente, por eso, después de haberle repetido a su hija en numerosas ocasiones que ella de mayor podría ser lo que quisiera, y ante la tajante respuesta de la pequeña: Mamá, yo de mayor quiero ser un pulpo, María Graciela besó con cariño a su niña y salió a comprarle una pecera para que fuera entrenándose.

Tomado de http://uncuentoalasemana.blogspot.com

lunes, 15 de febrero de 2010

Esas famosas últimas palabras - Jorge X. Antares


El superhéroe estaba a punto de salvar al mundo. Su puño se levantó para descargar el golpe final. A todos se les desorbitaron los ojos cuando el héroe dijo en voz alta: "¿Es políticamente correcto matar a un enemigo caído?"

De pesca con los amigos - Jordi Cebrián


Me convencieron dos amigos de la fábrica para que fuera a pescar con ellos al lago. Hay que ir de madrugada, justo antes de salir el sol, cuando una neblina flota sobre el agua. Me dicen que entonces los peces suben a miles, me explican también la leyenda de un pez enorme y hambriento que habita bajo las aguas y cuando ven mi cara de terror se burlan de mi credulidad. Me siento feliz en esta barca, pescando con ellos y luego el golpe, ya está, y oírles y saber que no era una leyenda y yo soy el cebo.

Infierno - Antonio Cruz


Siento náuseas y mi cuerpo flota en el vacío. Un olor repulsivo hiere mi pituitaria. Abro los ojos y la luz lastima mis pupilas. Intento recuperar el ritmo de mi respiración todavía agitada. Hay murmullos apagados.
¿Dónde estoy? Me siento vulnerable y a merced de todo. ¿Estaré en el infierno?
Siento pasos. Enfoco mis pupilas. Descubro un rostro mordaz y una sonrisa sardónica. El sujeto, vestido de verde, agita un frasco ante mis ojos.
En ese preciso instante se hace la luz en mi cerebro. El cirujano acaba de quedarse con mi apéndice.
Guillamo Fracasitodo
(Tratado de Medicina y cirugía - 1943)

Yocasta - Lilian Elphick


No dramaticemos, Edipo. Lo que pasó, pasó. En el mundo de la sangre, siempre hay puertas de escape. Fui tuya. Sí. Besaste el óxido de mis palabras y gozaste con ellas, en silencio, cuando aún tenías ojos para comprender que mi cuerpo te necesitaba, y se enroscaba en ti con el placer que sólo da la ignorancia.

Yo era una soga al cuello, bien firme; un amor anudado. Y tú, una historia ciega y solitaria que mis lágrimas recogieron para devorarla.

Soy tuya. Aún. Mis huesos te reclaman; la unión posible en esta cárcel de tierra.

Tomado de: http://lilielphick.wordpress.com/

Oportunidad Nº 7 - Miguel Dorelo


Vamos a aclararlo de entrada para evitar confusiones: soy un gato.
No pretendan hallar pretenciosas metáforas, ocultas parábolas o improbables paradojas en este relato.
Seis veces he amado y otras tanto han roto mi corazón.
Sé, por instinto, que solo me queda una oportunidad y ayer por la tarde me he cruzado con ella.
Es hermosa, con su pelo azabache, sus ojos color caramelo y su andar, obviamente, felino. Otra vez estoy enamorado, no pude evitarlo.
Pero, sé que esta vez no hay margen para el error.

Soy solo un simple gato callejero.
Si no ¿De que otra manera podría explicarse que aún permanezca en este mundo?

Miguel Dorelo
Extraído de: La cuentoteca

sábado, 13 de febrero de 2010

Viento de palabras - María del Pilar Jorge y Rafael Vázquez


Cuando el temporal sacude las ramas y agita las hojas de los árboles, busco refugio en mundos escondidos en los poemas. Mientras el agua golpea los vidrios de las ventanas, abro un libro, me visto con sus cálidas palabras y me abrigo de la tormenta. Después, sólo quiero correr y dejar que la lluvia moje mi rostro, mi pelo, mi ropa. Entonces, cierro el libro y dejo de leer tus versos.

Ínfimos muros - J. Javier Arnau


Encerrado, entre ínfimos espacios que conforman un mundo, una galaxia, tal vez un Universo, de palabras sin explorar. La nave de la imaginación va descubriendo nuevos puertos y, quizás, ensanchando las fronteras de párrafos y viñetas.
Con el tiempo, realmente un pequeño desliz en la idea primigenia del creador, tal vez sea capaz de escapar a esta celda de minúsculas proporciones, a este calabozo de irrisorias pretensiones; tal vez no, y mi sino sea vagar eternamente entre acristalados muros de una cámara extempórea, fugaz destino de una mente que daría por bueno el ver un rayo de esperanza, un mínimo atisbo de certidumbre en su idea de crear un lugar más acogedor para sus hermanos en intelecto.

No me desampares - Daniel Frini


—Tiene derecho a un ángel de la guarda— me dijeron apenas antes de nacer —Si no puede pagarlo, se le proveerá uno de oficio.
Claro está, no pude pagarme uno. El que me tocó en suerte atiende unos veinte millones de humanos. No puedo esperar gran cosa de él.

En "Y" - José Luis Zárate


El corte forense en “Y”, la disección, la sangre centrifugada bajo los microscopios, los órganos cuidadosamente dispuestos en frascos, por fin nos han hecho creer en hadas.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

La conversión - Luciano Doti


Anoche salí con la chica que conocí por chat. Terminamos en su hogar, una vieja casona “okupada”. En el fragor del encuentro, ella me dio un fuerte beso en el cuello que me dejó marca. Hoy, noté que el sol me hace doler los ojos y arder la piel. Intento verme en el espejo, pero no me reflejo en él.

Tomado de: http://www.letrasdehorror.blogspot.com/

El examen del tesoro - Jorge De Abreu


El murmullo frenético de los estudiantes en el salón se interrumpió con la llegada del profesor. Éste entró renqueando, dejó las muletas en el sitio habitual y se sentó en el borde del escritorio.
Jim estaba nervioso, seguro había reprobado el examen.
Como presintiendo sus pensamientos, el profesor pronunció el nombre de Jim en voz alta. Le hizo una seña amable con la mano invitándolo a que se acercara, pero Jim no se engañaba: había reprobado. Todos se lo quedaron mirando cuando se aproximó al maestro.
El profesor Silver le lanzó una mirada inescrutable y le alargó un pedazo redondo de papel. En él estaba una marca negra y al reverso las palabras: “Tienes hasta el próximo examen”.
Jim sintió que las piernas ya no lo sostenían y cayó de nuevo en el fondo el barril, entre las manzanas.

jueves, 11 de febrero de 2010

Poco - José Luis Zárate


Poco sabemos qué ve cada persona en un hada. Algunos usan adjetivos: maravilla, magia, misterio. Otros renuncian a tratar de explicarlo siquiera.
Los cazadores, desde sus escondrijos, observan atentamente esos encuentros.
Miran los rostros, los gestos, las sombras y luces que bailan en las miradas.
Mientras no comprendan ese instante saben que aunque atrapen un hada no la habrán capturado por completo.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

Adicción - Carmen Carrillo


A Jaime Sabines

Colocó un billete enrollado entre su fosa nasal y el libro abierto. Aspiró con fuerza sobre el verso que decía “el amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable...” y la línea de letras entró velozmente a su cerebro. De su ojo izquierdo brotó, diáfana y tibia, algo parecido a una gota de luna.

Sobre la autora: Carmen Carrillo

Mi bestia - Oscar Darío Velásquez Lugo


Aspiré montar toda mi vida en un caballo inmenso. De color desconocido. Pasear sin atinar por las praderas de este mundo para conocerte vida. Para enterarme de tus hechizos.
Quise cabalgar en un caballo... sin nombre ni apellido y pasar incógnito. Para no ser masa urbana ni de pueblo. Más bien del universum.
Veneré trotar a lomo pelado.
Quise medir la fuerza de la bestia con la humana y tasar las desventajas entre ignorancia y razón.
Un día, a un caballo brioso sabanero quise soltar riendas y enfrentar sin temor lo desconocido.
Observé que la bestia de reojo me miraba. Meras ilusiones mías.
Me tenía más analizado que yo a ella. La bestia no era sólo ella.
De todas formas, jineteamos sabanas sin saber acaso el rumbo.
También es posible tenerlo todo sin poseer la nada

Sobre el autor: Oscar Darío Velásquez Lugo 

Arizona - Ruy Feben

Ricardo comprueba por sexta vez que su teléfono no tiene batería. De no ser por su estricto sentido de la razón, juraría que está en una película de terror: su auto se detuvo de súbito a mitad de la noche en la carretera que va de Nogales a Tucson, en medio de la nada.
Sólo queda esperar el amanecer. Bajo la noche estrellada como cuerpo acribillado, Ricardo duerme en su asiento. Afuera la oscuridad apenas sugiere rocas arenosas, víboras devorando ratas. Sueña que es sepultado en el desierto, justo antes de que una llamada improbable lo despierte de improviso.
Ricardo contesta con sospecha sin saber que, a dos metros de su rostro, alguien se dispone a disparar.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

Esto no pasa en cualquier lado – Héctor Ranea

Quería tantas cosas de regalo para la madrugada de Reyes que no hubieran bastado seis salarios de mi padre para darles satisfacción, tal vez más. Alguna vez recibí una lancha de lata impulsada por aceite como combustible. Dejaba un rastro negro en la bañera y un olor a murciélago muerto en toda la casa. Con esa nave fui pirata, claro. Modificamos al juguete hasta convertirlo en una nave espacial como las que habíamos visto en los rotograbados y los cómics y durante una siesta mi primo dijo haber volado con ella a la Luna y que de ahí se había traído un elefante. Reímos mucho del sueño hasta que del patio del vecino que vivía detrás de la carnicería se escuchó el berrido. Abrimos la ventana y ahí estaba la elefanta con un maravilloso moño rojo envolviendo su cuello. Quitándoselo nos cubrimos para todo el invierno con sus restos.

martes, 9 de febrero de 2010

Marte está lleno – José Vicente Ortuño




—¡Marte está lleno de marcianos! —gritó el astronauta mientras lo sacaban de la lanzadera inmovilizado con una camisa de fuerza—. ¡Os digo que Marte no está desierto, son invisibles para poder espiarnos!
—Denle un sedante y déjenlo dormir un par de días —dijo el médico de la Agencia Espacial Calagurritana—. El pobre diablo ha pasado por una experiencia traumática.
—Sí, ser el único superviviente de una expedición a Marte debe de ser terrible —dijo un científico bajito, calvo y monoceja.
—Además, volver solo en la nave es para enloquecer —añadió otro científico de aspecto tan anodino que no vale la pena describirlo.
—La mente humana tiene extrañas formas de reaccionar —intervino el camillero que ataba al astronauta con esmero.
—¡Vaya que sí, pero si no lo hubiésemos traído nosotros…! —exclamó un marciano, invisible a todos ellos. Pero claro, nadie pudo oírlo

Sólo una gota – Sergio Gaut vel Hartman


El marciano viajaba en el moderno subterráneo de Megápolis, la nueva capital de la Tierra Unida", y no salía de su asombro. Todo era tan nuevo, tan eficiente, tan perfecto. Estaba maravillado por las cosas que veía, estupefacto. Entonces, con los ojos abiertos y la respiración entrecortada, recordó el hacinamiento que soportaba diariamente en el inmundo subte de su planeta natal y evocó el estropeado vagón que recorría el fondo del canal entre nubes de polvo rojo. Esa reminiscencia desencadenó en él una ácida e hiriente melancolía, la desconsolada nostalgia del que se encuentra en el exilio. El cuerpo del marciano empezó a agitarse con el movimiento convulsivo que en su especie equivale al llanto, e incapaz de controlarse, derramó una gota de líquido viscoso, una preciosa gota que en Marte podía significar la diferencia entra la vida o la muerte de un ser vivo.

Los otros - María Fabiana Calderari


Desde que llegamos a este páramo, hemos habitado cuerpos salvajes de formas recortadas. Pieles suaves, miradas felinas. Fuertes y voraces. Apresados a un instinto de resguardo y dominados por la traición. Se les ha vuelto fría la sangre. Se les han entorpecido las manos. No hemos encontrado entre estos despojos de humanidad ningún corazón de hombre.

domingo, 7 de febrero de 2010

Algo en la boca - Claudio G. del Castillo




En una cueva de las Montañas Umbrías:
–¡Esther Lidia, el niño se metió algo en la boca! –se alarmó papá.
–¿Qué cosa es? –rugió mamá desde la cocina.
–Por el sombrero que asoma diría que es un gnomo. Abre la boca, nené.
–Pues que lo mastique y se lo trague que el almuerzo demora. Mierda de humano que me has traído y no se ablanda...
–¡Manda co…! –alcanzó a gritar el gnomo mientras desaparecía entre los labios del pequeño troll.



Acerca del autor:

El insólito despertar de Arturo Monteblanco - Jazmín Martínez


Esa mañana, cuando Arturo Monteblanco abrió los ojos llenos de lagañas, amodorrado aún, no notó el cambio. Se levantó de su cama y se metió a la ducha, como todos los días. Cuando quiso enjabonarse la cabellera, descubrió que su pelo había desaparecido. En ese momento, cual Buda iluminado, Arturo se dio cuenta de una cosa: jamás volvería a tener piojos.

Eskimales - José Luis Vasconcelos


Su alma se congeló cuando ella arribó a la edad del hielo. Comenzó a hablarle con frialdad desde su corazón de iceberg; después lo abandonó. Desde entonces, no hay aurora boreal que derrita el frío de su ausencia.