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viernes, 18 de junio de 2010

Pretensión - Julio Ricardo Estefan


Mademoiselle Leblanc, desde su tierna adolescencia, esperó la llegada del príncipe azul. Fatigaba los días entre las lecciones de francés, que dispensaba a sus alumnos, y las clases de piano a las que acudía, religiosamente, dos veces por semana.
Cierto día, cuando Mademoiselle Leblanc ya había pasado holgadamente la tercera década, el príncipe se presentó. Ella lo miró de soslayo e, inmediatamente, lo rechazó.
¿Cómo había osado presentarse con ese horrible color azul marino cuando ella siempre había esperado ese otro tono delicado, azul Francia?

domingo, 21 de septiembre de 2008

Ilusus - Julio R. Estefan


Atado al poste, semidesnudo, con la lluvia y el viento calándome el alma, escucho con deleite el canto de las sirenas y doy gracias al cielo porque pienso recuperar todas mis pertenencias cuando termine la redada.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Otra vuelta de tuerca - Julio R. Estefan



La tensión había llegado al límite. La pieza estaba montada con germánico rigor. El centro de la escena gravitaba sobre la mano rígida del asistente, quien decidió dar otra vuelta de tuerca. Se oyó un crujido agudo y al unísono, el mecánico vociferó: —¡Bestia, te dije que ese tornillo no aguantaba más!

viernes, 19 de septiembre de 2008

Fuera de peligro - Julio R. Estefan



El cuadro era así: una niña, al lado de una cama desordenada, sentada en una silla, junto a una mesa de noche, con la cabeza recostada sobre su brazo derecho y con la mano izquierda caída, pendular, hacia el suelo. Entendemos que no está dormida, está muerta. Ha estado cuidando de un enfermo: algunos frascos de medicamentos en la mesa de noche nos lo indican. Lo extraño es que sólo algunos observadores advertimos que en el gran ventanal, a espaldas de la niña, escapa furtivamente una silueta, aferrada a una guadaña.

Ilustración: M.C.Escher

Cuestión de tiempo - Julio R. Estefan


Cuando perdió el reloj (y la mano con él) estuvo seguro que, de ahí en más, el cocodrilo no volvería a sorprenderlo, merced al tic-tac que precedía sus ataques. Lo que Garfio no había previsto es que a él se le acabaría la cuerda al mismo tiempo que al reloj.