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sábado, 15 de octubre de 2011
Sátiro – Lucía Amanda Coria
Se desnudó con movimientos provocativos. Exhibiéndose sin pudor alguno. Espiando el estupor en los ojos desorbitados, fijos en su cuerpo.
—Te doy lo que querías maldito sátiro —dijo en voz alta—. Mira todo lo que quieras. Estoy harta de que me espíes todas las noches.
Se demoró ante el espejo, acariciándose. El hombre seguía en la ventana, con la cara pegada a las rejas. Aferrado a los hierros con ambas manos, el rostro enrojecido, la expresión extraviada.
Al fin, cansada de su propio juego, ella se calzó sus primorosas chinelas. Desnuda cruzó la habitación y fue hasta el enchufe. Desde allí miró con ojos seductores al intruso y luego desconectó el cable que electrificaba el hierro de las rejas.
Lucía Coria
lunes, 16 de mayo de 2011
Eslabones – Lucía Amanda Coria
La poderosa nave se elevó verticalmente desde la Tierra hacia el espacio. Segundos después era sólo un punto luminoso entre otros iguales que brillaban en lo alto.
Algunos animales que habían presenciado los preparativos de la partida, miraron asombrados al principio y luego comenzaron a aullar lastimeramente.
A bordo, el único tripulante estaba feliz de volver a su mundo después de permanecer tanto tiempo en ese planeta hostil. Ya podía olvidar sus relaciones obligadas con las bestias del lugar, que engendraron esas patéticas criaturas lampiñas, mezcla de simios y alienígenas.
Pero éstas jamás lo olvidaron. Pensaban en él como en un padre y siguieron esperando verlo regresar desde las estrellas.
martes, 10 de mayo de 2011
Cartas – Lucía Amanda Coria

El cartero era su peor enemigo. Lo veía llegar y pensaba en mil formas de hacerle pasar un mal momento. Pidió a la Oficina de Correos que suspendiera la entrega de cartas a su domicilio.
Pero éstas seguían llegando con precisión matemática, todos los días, a la misma hora, y en cantidad. Eso lo ponía de pésimo humor.
Ese día, un lunes cualquiera, había tomado su decisión.
Cuando las cartas entraron por la boca del buzón abierta en la puerta de calle, no pudo evitar una sonrisa.
Una a una fueron cayendo sobre su cuerpo ya frío y rígido. Hacía muchas horas que se había suicidado.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Perra - Lucía Coria

PERRA
Lucía Coria
El tipo semidesnudo, parado en medio de la cocina y con el paquete en la mano era repulsivo.
Y ella, la muy perra, en cuatro patas a sus pies, lamiéndoselos. Podía sentir el ruido de su lengua sobre el líquido blancuzco. Podía ver sus caderas moviéndose con placer.
Vi en sus ojos una invitación. Pero yo los ignoré por completo. A él por la torpeza de romper el sachet de leche y a ella por ser una cachorra abandonada.
Me fui por la ventana. Yo soy un gato con clase.
Y ella, la muy perra, en cuatro patas a sus pies, lamiéndoselos. Podía sentir el ruido de su lengua sobre el líquido blancuzco. Podía ver sus caderas moviéndose con placer.
Vi en sus ojos una invitación. Pero yo los ignoré por completo. A él por la torpeza de romper el sachet de leche y a ella por ser una cachorra abandonada.
Me fui por la ventana. Yo soy un gato con clase.
Arcadas - Lucía Coria

ARCADAS
Lucía Coria
Varias arcadas.
En la última su estómago le indicó que no podía más. Se detuvo.
Un líquido caliente y espeso le llegó a la boca. Se quedó mirándolo asombrado. No podía creer lo que veía. Algo verdoso en lo que flotaban trozos de carne, algunas arvejas, algo parecido a gusanos con manchas rojizas, restos de pan tostado. Y un olor…
El albañil tomó la cuchara y empezó a tomar su sopa.
En la última su estómago le indicó que no podía más. Se detuvo.
Un líquido caliente y espeso le llegó a la boca. Se quedó mirándolo asombrado. No podía creer lo que veía. Algo verdoso en lo que flotaban trozos de carne, algunas arvejas, algo parecido a gusanos con manchas rojizas, restos de pan tostado. Y un olor…
El albañil tomó la cuchara y empezó a tomar su sopa.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Placeres primitivos - Lucía Coria

PLACERES PRIMITIVOS
Lucía Coria
—Otro mas que deberemos descartar. Es imposible restaurarlo. —La científica lucía muy cansada.
—¿Está segura, doctora? Ya quedan muy pocos —dijo la ayudante con voz apenas audible.
—Le faltan partes esenciales. Las clientas no aceptan prótesis.
—Pero no son cuidadosas al usarlos...
—La racionalización produce este tipo de excesos. Ninguna sabe cuándo será su próximo turno y deciden aprovechar al máximo cada dosis.
—¡Maldita sea la reina lesbiana que mandó aniquilar a los hombres...!
—Pudimos salvar estos ejemplares, pero mantenerlos vivos resulta muy costoso. Aunque los aranceles por su alquiler aumenten a diario.
—¿Está segura, doctora? Ya quedan muy pocos —dijo la ayudante con voz apenas audible.
—Le faltan partes esenciales. Las clientas no aceptan prótesis.
—Pero no son cuidadosas al usarlos...
—La racionalización produce este tipo de excesos. Ninguna sabe cuándo será su próximo turno y deciden aprovechar al máximo cada dosis.
—¡Maldita sea la reina lesbiana que mandó aniquilar a los hombres...!
—Pudimos salvar estos ejemplares, pero mantenerlos vivos resulta muy costoso. Aunque los aranceles por su alquiler aumenten a diario.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Miedo - Lucía Coria

MIEDO
Lucía Coria
El chillido saturó el espacio, interrumpiendo el plácido goteo de energía visual y fue subiendo a varios decibeles por segundo.
Una voz melodiosa e impersonal preguntó:
—¿Qué sucede?
—Hay un hombre aquí. ¡Me está tocando con sus manos de carne! —respondió ella con temblor mecánico.
—¡Estúpida y vieja máquina! Los humanos no existen.
Una voz melodiosa e impersonal preguntó:
—¿Qué sucede?
—Hay un hombre aquí. ¡Me está tocando con sus manos de carne! —respondió ella con temblor mecánico.
—¡Estúpida y vieja máquina! Los humanos no existen.
miércoles, 27 de agosto de 2008
Louvre - Lucía Coria

LOUVRE
Lucía Coria
Se amaron durante toda la noche en la penumbra cómplice de las salas vacías. Amanecía cuando, recogiendo sus faldas oscuras, regresó al cuadro y colocó sus manos en la forma habitual. Mientras el recuerdo de las horas pasadas le devolvía la célebre sonrisa, el cadáver del sereno comenzaba a enfriarse.
lunes, 30 de junio de 2008
El endriago - Lucía Coria

EL ENDRIAGO
Lucía Coria
Sodoma, Gomorra y todos sus descarriados habitantes arden por los cuatro costados. Mientras Lot, su familia y unos pocos justos escapan. Entre éstos, está Marilyn Monroe.
El viejo patriarca, tiene una oreja extra que escucha sus pensamientos y a su vez le introduce ideas en ellos.
—Oh, el endriago viene tras nuestro —dice en voz alta.
—¿Qué es un endriago? —dice su mujer y se vuelve a mirar.
Inmediatamente se transforma en horrible estatua de sal.
Lot abraza a Marilyn agradecido de su oreja extra.
martes, 17 de junio de 2008
Amores turbios - Lucía Coria

AMORES TURBIOS
Lucía Coria
Dos niños pelean por el mismo juguete.
—Aparta a ese bastardo de mi hija —grita la elegante dama rubia.
El esclavo abraza a su hijo. Recuerda cuando su ama lo invitaba a compartir el lecho. Y la noche en que alumbró a ese mulato y le ordenó: —Hazlo desaparecer, o mi marido se dará cuenta de que es hijo tuyo.
El pequeño Obama, ya seguro en los brazos del Tio Tom, grita: —¡Algún día me las pagarás, Hilary!
jueves, 12 de junio de 2008
Problema sexual - Lucía Coria

PROBLEMA SEXUAL
Lucía Coria
-¿Con la sexóloga Alessandra Rampolla?
-Soy yo. ¿En qué puedo ayudarle?
-Usted me aconsejó que me masturbara para solucionar mi impotencia sexual.....
-Así es. ¿Y cuál es el problema?
-Es que cuando estoy por llegar al clímax, comienzo a arder...
-No use las manos, señor Pinocho. Cualquiera sabe que la fricción de la madera produce fuego.
miércoles, 11 de junio de 2008
Pobre gaucho - Lucía Coria

POBRE GAUCHO
Lucía Coria
Martín Fierro es resucitado por un accidente científico y es invitado al programa de Mirtha Legrand.
Sentado entre bailarinas de caño, políticos en desuso y cómicos de cuarta, el pobre gaucho intenta, vanamente, comer.
—¿Por qué cree que su mujer se fue con otro cuando usted no estaba?
—Ya me preguntó lo mismo en otros almuerzos a los que vine antes, señora.
—Es verdad querido. Pero el público se renueva.
Envidia - Lucía Coria

ENVIDIA
Lucía Coria
—Estoy segura de que me miró con admiración —dijo ella.
—Francamente, querida, me importa un bledo.
Pese a la arrogancia de su respuesta, el capitán Butler miró con envidia a Néstor, el príncipe consorte. Se reconoció incapaz de conseguir un reino para su amada. Tampoco podría alquilarle tantos admiradores.
En ese momento, atronadores aplausos recibieron la llegada triunfal de Cristina I.
—Mis vestidos son harapos al lado de los de ella —insistió Scarlett.
lunes, 9 de junio de 2008
Patagonia rebelde - Lucía Coria

PATAGONIA REBELDE
Lucía Coria
—Malhaya con el jue`perra —dijo por lo bajo—. No se conforma con haberse alzao con media Patagonia, por unas sucias monedas......
—Sería una oportunidad única para usted y su gente......
—Antes prefiero dejar mi osamenta pa pasto e`los buitres. Y más vale que te vayás antes de que hablen mis boleadoras......
Tinelli comprendió que hablaba en serio. Y se dijo:
—Estos indios brutos son los que frenan el progreso.
El showman-empresario no podía entender por qué, Patoruzú se negaba a cumplir el sueño tehuelche de recuperar sus tierras, bailando por un sueño.
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