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viernes, 5 de septiembre de 2008

Trampa para peces - Luis Solepow


Trampa para peces - Luis Solepow
TRAMPA PARA PECES
Luis Solepow

No podía durar. La novela era una trampa y yo no podría moverme sin desencadenar una catástrofe.
—¿Está seguro de que no me cambió de novela? —El caballero de bigotes sonrió complacido, como si ese hubiera sido su objetivo desde el primer momento. Ya no vestía una camisa azul oscuro ni el chaleco floreado sino un holgado camisón; se parecía más a Groucho Marx que a sí mismo.
—Lo moví, ¿y qué? Esta también es buena.
Examiné el depósito y tuve que admitir que era cierto. Había un montón de latas de porotos en conserva, formularios para redactar telegramas, dentaduras postizas, cigüeñales y revistas japonesas de animé o manga (nunca supe distinguirlas). Junto a la cama había un teléfono blanco que sonó de un modo demasiado estridente. Atendí. Era Dick.
—¿Ahora se da cuenta de que metió la pata? —dijo—. Vuelva, lo perdono.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Remanso - Luis Solepow


REMANSO
Luis Solepow

—Es una posibilidad interesante —dijo Kurt, buscándome un lugar en su libro—. ¿Tiene alguna preferencia?
Miré al caballero de bigotes; vestía una camisa azul oscuro y un chaleco floreado en contraste con el traje color tiza. Era diferente a la imagen de las fotos que recordaba.
—¿Puedo elegir?
—¡Claro! —dijo—. El párrafo que quiera.
Atrás quedaban las angustias del infierno de otras ficciones; había sido torturado por escritores llenos de dudas y maldad, temerosos de la opinión de los críticos, aunque al mismo tiempo las desearan. Había llegado el momento de disfrutar.
—Elijo este. “Gutenberg quedaría maravillado”.
—¿Nada más? —Kurt sonrió.
—Nada más. ¿Le parece poco? No creo que la cultura pueda automatizarse. ¿Usted sí?
—¡Claro que no! ¿Es tonto? ¿Cree que hubiera escrito lo que escribí si pensara eso?
—Seguro que no. ¿Puedo quedarme hasta otro cuento?
—¡Por supuesto! Es todo suyo.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 2 de septiembre de 2008

Nebulosa espiral - Luis Solepow


NEBULOSA ESPIRAL
Luis Solepow

Hay un tercer manuscrito. Para ingresar al mismo hay que parase junto a la entrada de artistas, con una docena de rosas de tallo largo en la mano. Cuando la estrella aparece hay que hacer de cuenta que es la reina de la nebulosa espiral, que todos los demás somos planetas que giramos obedientes a su alrededor, sumidos en el majestuoso caos de una órbita mística, profundamente espiritual, marcadamente anoréxica. Dijo el autor que las que giran son las almas y no los cuerpos. Bravo por él. Pero todos sabemos que los manuscritos son seres precarios, esclavos de los provisorio, que una tachadura puede más que las mil palabras que la rodean. Y cuando la heroína de la historia es una de las responsables desconocidas de la bomba atómica, las proezas individuales y significativas también pueden tacharse. Porque no lo son en absoluto. Otro manuscrito.

domingo, 31 de agosto de 2008

Hibiscos y picaflores - Luis Solepow


HIBISCOS Y PICAFLORES
Luis Solepow

Encontré el segundo manuscrito en Argelia, en una fortaleza que construyeron los romanos cuando ese país se llamaba Numidia. Versa sobre una muchacha obstinada que se enamoró de un ecologista inmaduro que sólo estaba interesado en los picaflores y los hibiscos. Pude ingresar a las páginas de este segundo manuscrito gracias a que tengo la conciencia limpia, nunca miento; no hay otro camino. Los picaflores y los hibiscos salieron furtivamente de su escondite y preguntaron qué había ocurrido con su sólido y misericordioso universo. Les expliqué a las desconcertadas criaturas que todos estamos enredados en las telarañas de sucesivos manuscritos, muchos de ellos compuestos en idiomas incomprensibles. Pero la muchacha también estaba buscando una salida, y machacó con un garrote a los picaflores y a los hibiscos hasta que los dejó convertidos en pulpa. No ganó el amor del ecologista, redunda decirlo.

sábado, 30 de agosto de 2008

Claves - Luis Solepow


CLAVES
Luis Solepow

Este es el secreto: hay un manuscrito escondido dentro de otro. Se puede ingresar a sus páginas a través de escotillas y bastidores giratorios, usando escaleras íntimas que conducen a entrepisos velados en los que, si uno lo desea, escucha las conversaciones que sostuvieron personas de tiempos pasados y que sostendrán personas de tiempos futuros. También hay orificios para mirar, y pasajes subterráneos que llevan a abismos sin fondo. Hay túneles, pasadizos, galerías, desfiladeros, recovecos, callejones y aberturas. Y nada más, porque el resto se lo llevó el conejo blanco que desapareció en el interior del enorme reloj de pared cuando se me ocurrió preguntar el nombre del autor de este párrafo que acabo de copiar del manuscrito.
—Soy muy afortunada —dijo la hoja cuando la doblé en cuatro y la guardé en el bolsillo del abrigo, como si fuera la carta de una amante.

viernes, 29 de agosto de 2008

Basura - Luis Solepow


BASURA
Luis Solepow

Había una vieja barriendo el patio. Lo que barría estaba formado por una mezcla del polvo que traía el viento, cápsulas de fármacos, hojas de roble y las hojas mecanografiadas de un manuscrito. Levanté una hoja al azar y traté de leer, pero era la hoja equivocada.
—Cualquiera se puede equivocar —dijo la hoja.
—Especialmente cuando uno no es quien todos creen que es —respondí, tratando de seguirle el juego. No sé por qué, en ese momento me acordé de un viejo amigo que había muerto y me puse a llorar. La hoja comprendió y acompañó mi sentimiento; nos abrazamos.
—Escriba algo sobre mí, cualquier cosa —pidió la hoja apretando mi mano hasta que el dolor se hizo insoportable— y seré lo que siempre ansié ser.
—¿Por qué no?
Esta hoja tiene filo, escribí. No era gran cosa, pero la hoja fue feliz.

Ilustración: Salvador Dalí

domingo, 24 de agosto de 2008

¿De regreso? - Luis Solepow

¿DE REGRESO?
Luis Solepow

He regresado al mundo real, parece. Pero ¿puedo estar seguro de que lo es? Es decir, siempre es real lo que uno percibe. No obstante, ¿es la misma realidad? La memoria juega su juego. ¿Siempre hubo caballos verdes, ánforas parlantes, arañas que se comunican dando martillazos contra las columnas de alumbrado?
—Bienvenido al manicomio —dijo un hombre regordete. Usaba anteojos gruesos montados sobre un armazón oscuro. Habló en ruso y lo entendí, a pesar de que no conozco el idioma de mis abuelos.
—¿No está molesto por los desastres que hice con su novela?
Boris sonrió. Me alcanzó un canapé con caviar y un vasito de vodka. Phil y Ted también sonreían. Entraron Arkadi y Kurt. Me sentí perdido. Empezaba un nuevo ciclo.
—Va a tener que elegir —dijo Kurt—. ¿Qué le parece una de las mías?


viernes, 22 de agosto de 2008

Compulsión - Luis Solepow


COMPULSIÓN
Luis Solepow

Imposible determinar cuánto tiempo permanecí encerrado. Hay una buena palabra, aunque un poco ambigua: mucho. Pero un día se hizo la luz, una luz fulgurante y cruda, azulina, fluorescente. Rodé por la página como si me hubiera arrojado por un tobogán, allá en la infancia, o por la barranca del parque contiguo a la Biblioteca Nacional. Y fue bueno, porque casi de inmediato la tapa del escáner cayó sobre el libro y lo aplastó. No tengan ninguna duda de que me hubiera aplastado también a mí, sin miramientos. Nada interesante, como a un mosquito. ¿Dónde informar de este atropello? Tiene que haber alguna organización que se ocupe, alguna oficina. Pero de algo estuve seguro desde el primer momento: el tipo era un obsesivo. ¿Qué sentido tiene escanear un libro como ese?
—Tendrías que ir a Escaneadores Compulsivos Anónimos —le dije. Él no contestó y siguió escaneando.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Resignación - Luis Solepow



—Tranquilo —dijo uno de los dos. Era un hombre hermoso, alto, de barba nórdica—. No tocamos el caviar. Te esperábamos.
—No teníamos intenciones de comer hasta que llegaras —dijo el otro. Este era bajo, achaparrado. Tenía cara de guardián de zoo.
—Comeré hasta hartarme, entonces —dije—, y me emborracharé. Me alegro de que hayan venido, muchachos.
—¿No estás sorprendido? —dijo el alto, sorprendido.
—Todo está claro. Esto es una novela, el caviar de las novelas es exquisito. Si no se puede ganar lo mejor es disfrutar la derrota, ¿no creen?
Pero nada salió como estaba planeado. En cuanto traté de meter un trozo de pan cargado de caviar en mi boca, el libro se cerró y quedé atrapado entre las páginas, unidimensional. Estaba muy oscuro.
—Es como el asunto del gato —dijo una voz profunda—. Cuando se cierra el libro, ¿existe la novela?


domingo, 17 de agosto de 2008

Cobarde y seguro - Luis Solepow

COBARDE Y SEGURO
Luis Solepow

Saber en qué novela te perdiste no es de gran ayuda, y mucho menos en una novela como esta, ambigua y taimada.
—Eso es pura cobardía —dijo el chico con claridad, saliendo de la nada.
—¿Por qué soy un cobarde? —pregunté sentándome en una silla que un segundo antes no estaba allí—. ¿Y por qué el insulto?
—No es un insulto —dijo el niño, observándome como si yo fuese un animal del zoológico—. Sólo lo describía.
—¿Estás en la trama?
—Sí, pero actúo por cuenta de Philip Dick.
—Esta no es una de sus novelas —protesté.
—¿Y a mí qué me dice? —se defendió el chico encogiéndose de hombros.
—De acuerdo. ¿Cómo se conecta? ¿Hay una palabra?
Los ojos del chico chisporrotearon. —¡Caviar! —dijo—. La palabra es caviar.
Vinculé los elementos. El universo llegaba a su fin, deduje, pero comenzaba otro.

sábado, 16 de agosto de 2008

Convivencia - Luis Solepow


CONVIVENCIA
Luis Solepow

Aprendí a convivir con criaturas de cristal y azogue. A fin de cuentas, me dije, esto no es más loco que leer a Rimbaud. Los primeros tiempos fueron penosos; no me parecía estar en una novela, y llegué a suponer que no lo era, y si lo era yo no conocía el título y el autor. Pero capturé una pista cuando las piernas me condujeron a una habitación cubierta de linóleo que se pegaba a las plantas de mis pies; avancé a través del denso calor amarillo y formulé la pregunta clave. ¿Qué mierda pasa? ¿Han descubierto que estamos en el umbral del universo? ¿Temen la competencia, decidieron frenarnos? La respuesta fue tan desagradable como el dolor de una muela cariada.
—Esto es ficción, ficción barata, como la de las revistas con tapas de monstruos.
Decidí que sabía en qué novela estaba. Aunque tal vez...

viernes, 15 de agosto de 2008

La sartén sobre el fuego - Luis Solepow


LA SARTÉN SOBRE EL FUEGO
Luis Solepow

Había un espejo. Allí estaba yo, desnudo. Pero toda mi melancolía había desaparecido.
—De la sartén al fuego —dijo mi yo del espejo. No me sorprendí, por cierto.
—Así vestido podría caminar sobre brasas —respondí. En ese mismo momento el espejo se pulverizó. Un millón de partículas como escamas de pescado saltaron por el aire y reflejaron todos los colores posibles, pero vinculados a sensaciones bizarras, un cruce extravagante que producía asperezas, rigideces y oquedades. Estoy en el fuego, pensé, y hasta la sartén sería un avance notable. Se puso en marcha un reloj que había estado detenido y eso solidificó el aire hasta convertirlo en una jalea filosa, llena de aristas y protuberancias. Cerré los ojos; cuando me animé a abrirlos, los cristales estaban formando una patética, monstruosa criatura, obedeciendo el mandato impreso en cada minúsculo fragmento de cristal y azogue.


miércoles, 13 de agosto de 2008

Expulsión - Luis Solepow



EXPULSIÓN
Luis Solepow

—El señor Dick me dio instrucciones para que lo comunique —dijo una joven materializándose delante de mis narices—. Desea atenderlo personalmente. ¿Le molestaría esperar un momento, señor Solepow? La próxima voz que oiga será la del señor Dick, si Dios quiere.
Si Dios quiere, pensé. La chica me alcanzó una banana con la mayor seriedad; quería que aceptara que eso era un intercomunicador. —Hola —dije.
—Salga de mi novela, Solepow —dijo Dick—. La está cagando. Váyase a una novela de Vance. ¡Déjeme en paz!
—¿Habla en serio? —Un sudor frío corrió por mi espalda. ¿Qué me podía hacer el escritor?
—Le voy a freír los sesos —dijo, leyendo mis pensamientos.
—No puede matarme, no tiene poder sobre mí.
—Quédese diez segundos donde está y se enterará si tengo o no poder.
Solté la banana y antes de cinco segundos estaba en otra novela.

martes, 12 de agosto de 2008

Intrusión – Luis Solepow


INTRUSIÓN
Luis Solepow

El intercomunicador que había al lado de la puerta chilló con su voz de insecto metálico.
—¿Diga? —Sabía que estaba solo en aquel lugar, si descontamos a Dick, pero responder fue un acto reflejo. Y fatal.
—I know –dijo la voz de un androide bien entrenado— that this speak will come to you as a surprise since we have not known or met before now…
Colgué, ya que no hablo inglés. Pero una inquietud ácida empezó a corroer mis entrañas. El intercomunicador atacó de nuevo.
—Ponga fin a sus inquietudes: acudiendo a la organización UBIK usted podrá saber si es víctima de una intrusión no autorizada y en tal caso, siguiendo estas instrucciones, la organización eliminará tal intrusión... a un precio muy accesible.
Centavos, pensé, como siempre.

domingo, 10 de agosto de 2008

Demasiados androides - Luis Solepow



DEMASIADOS ANDROIDES
Luis Solepow

—¡Corten! —Welles contempló a la Davies con ojo severo—. Está interpretando a una marciana, madame, no a la hija de un hacendado de Richmond. No soy Wyler, ¿está enterada?
—Sé que no es Wyler —replicó ella—. Si lo fuera filmaría como se debe.
Welles levantó el brazo para abofetear a la diva, pero la poderosa garra de Schwarzenegger lo frenó en el aire.
—Tranquilo —dijo el ex gobernador con su típico acento de Estiria.
—¡Chicos! —palmoteó Angelina—. Piensen en esta maravillosa oportunidad. ¡Estamos vivos de nuevo!
—¿Vivos? —Rocié a los androides con desintegrador Ubik en aerosol y busqué a Dick que se retorcía de risa en las sombras.
—¿Quiere saltar a otra novela? —dijo cuando pudo dominarse.
—No —respondí—. Sigo en esta.

viernes, 8 de agosto de 2008

Rey negro - Luis Solepow


REY NEGRO
Luis Solepow

En los ojos negros del rey había un fulgor de orgullo, pero vestía una ridícula camisa floreada y calzas de látex fucsia.
—Ese hombre —dijo señalando a Phil con un ademán— controla el futuro.
—¡Chocolate por la noticia! Es el autor y usted una invención marginal; ni siquiera está en la novela.
—¿Acaso pretende ser más importante que yo, un rey?
—Estoy de vacaciones; puedo irme cuando lo desee.
Dick empezó a reírse; primero una risita, que no tardó en convertirse en carcajada. —¿No se siente estúpido, declarando cosas como esa? —dijo cuando pudo contenerse.
—No puedo demostrarlo ni precisar cómo lo haré, pero... estoy en condiciones de irme de su novela cuando se me ocurra.
—Se equivoca —dijo Dick. Y era cierto, no logro salir.

martes, 5 de agosto de 2008

Ubicación preferencial - Luis Solepow


UBICACIÓN PREFERENCIAL
Luis Solepow

—Esto es otra cosa.
—¿Vino a descansar?
Arqueé una ceja y miré a Dick con displicencia. —El asunto era salir de esa pocilga.
—No estoy tan seguro de que esta novela sea más confortable.
—¿Dónde está la llave? —pregunté, súbitamente aterrado.
Dick metió la mano en el bolsillo y sacó un estuche de piel rectangular; me lo tendió.
—El asunto no es la llave —dijo, encogiéndose de hombros—, sino saber qué puerta abre.
Así son las cosas, reflexioné con profundo desaliento. Examiné la llave que estaba dentro del estuche, preguntándome para qué serviría. Con eso no se podía abrir otra cosa que un buzón. Encontré el buzón. Giré la llave. La puerta se abrió. Vi la carta: un rey negro. Tréboles. ¿Azar en el ajedrez?

Saltador - Luis Solepow


SALTADOR
Luis Solepow

—Somos gente adulta —le dije a Dick un día que estábamos tomando cerveza en el jardín. Él me contempló con un rictus de irritación en los labios. Acurrucado en una silla y frotándome la frente, yo trataba de eliminar el terrible dolor de cabeza que me torturaba—. Déjeme pasar a una menos árida —solté. El “no” ya lo tenía. ¿Por qué no jugarle algunas monedas al “sí”?
—¿A cuál? —dijo finalmente—. ¿Lo pensó?
—Ubik.
—No pide cualquier cosa —se burló él.
—Usted lo dijo: la existencia es transitoria. Y la no existencia, la paz, es eterna; la poseemos antes de nacer y la recuperamos después de la muerte.
—De acuerdo —dijo—. Recuerde que cada resurrección mata un poco de semivida.
—Estoy preparado —respondí.
—Salte.

domingo, 3 de agosto de 2008

Sumisión - Luis Solepow


SUMISIÓN
Luis Solepow

Un pájaro monstruoso cubría el cielo. No me gustó. Volaba en círculos, como si fuera bebiendo el agua de un pozo lóbrego e impenetrable a medida que descendía. Luego, los edificios que me rodeaban empezaron a disolverse. Extendí los brazos y desaparecieron por completo, como si hubiesen sido devorados por dentro. Sentí miedo, un miedo que envolvía un núcleo de terror viscoso y subía un peldaño en dirección al pánico; un calor asfixiante me apretó el cuello y todo mi cuerpo reaccionó débilmente, entregado. En ese instante el espanto alcanzó la cota más alta y la necesidad de obedecer me envolvió por completo. Desperté.
Phil dijo: —Puedo hacer eso y más. Es mi universo. ¿Comprende ahora? Perdió la oportunidad de regresar.
—Me gusta —repliqué—. Seguiré probando.

sábado, 2 de agosto de 2008

Pasaje - Luis Solepow


PASAJE
Luis Solepow

—No tiene autor ni título —dije, luego de examinarlo con cuidado. Se lo devolví.
—Está escrito —dijo Phil mientras caminábamos hacia los edificios. Había prometido que me ayudaría a salir de su novela; nada me entusiasmaba más que volver a mi mundo. Pero había una historia completa en la uña y eso definía el resto de la trama. Phil se escarbó los dientes, sacó una porción de sustancia gris, extendió la mano y me entregó la piltrafa.
—¿Qué quiere que haga?
—¡Cómaselo! Es su pasaje de regreso.
—¡Está loco! Usted habría sido un gran escritor, pero está loco, y muerto. Prefiero quedarme.
—Lo que sigue no le va a gustar.
—No voy a comer mierda —dije, airado. Pero tenía razón: lo que seguía no me gustó nada.