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lunes, 29 de diciembre de 2008

Otro final para una fiesta de colores - María Cristina Rolnik


OTRO FINAL PARA UNA FIESTA DE COLORES
María Cristina Rolnik

Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caída. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, la corrupción y la Muerte Roja lo dominaron todo.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 9 de diciembre de 2008

La cantidad de ojos y la superioridad en las hembras - María Cristina Rolnik


LA CANTIDAD DE OJOS Y LA SUPERIORIDAD EN LAS HEMBRAS
María Cristina Rolnik

La señorita Nicole Reuman vio una arañita en el rincón de la habitación y se paralizó de horror. La araña vio a ocho señoritas en una señorita y se paralizó de horror. La señorita pagaba sus cuotas a Greenpeace con religiosidad moderna, por lo que no mató a la arañita para conservar el equilibrio ecológico. Por la noche, la arañita Lactrodectus mactans mordió a la señorita y la mató, para conservar el equilibrio ecológico.

Foto: Vista de Valencia (J.V.Ortuño)

viernes, 21 de noviembre de 2008

Quién sabe Alicia - María Cristina Rolnik


QUIÉN SABE ALICIA
María Cristina Rolnik

Encontraron a Alicia frente al espejo. Vestía harapos y medias blancas, zapatos de charol. Había fogatas de fotos, fotos de niñas sepias, en cada rincón. Aferraba un frasco “Bébame”. Todos los relojes de bolsillo se detuvieron. Desde entonces, té y lágrimas para los no cumpleaños. El críquet continúa siendo el deporte nacional.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Como quieren los gatos - María Cristina Rolnik




Susurré en la oreja de la gata: Dido, lo voy a dejar. La gata cerró los ojos. Él nos miró desde la silla.
—Quiero mucho a esa gata —dijo.
—Ella también te quiere —traduje—, aunque no de la misma manera.
—Sí —dijo—, me quiere cómo quiere un gato.
Dos horas más tarde me lamió toda, agudizamos la siesta y Él se marchó.