Mostrando entradas con la etiqueta María del Carmen Arellano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María del Carmen Arellano. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de agosto de 2008

Las cortinas - María del Carmen Arellano


LAS CORTINAS
María del Carmen Arellano

Las cortinas de baño eran amarillas y baratas, con dibujos de sirena y manchurrones rojos. La sirvienta los limpiaba cada mañana y estos volvían a aparecer, una y otra vez. Para las cortinas, el baño se había convertido en el escenario de menstruaciones. Del padre con la amante. De las flagelaciones de la hija. Del cuartel de despanzurramiento de gatos del hijo aburrido. De las perversiones sádicas de la madre. De la hija menor y sus dibujos satánicos en sangre de sus amigas vírgenes.
Pero para la sirvienta, que rara vez los ve, eso es algo divino. Y cada mañana se persigna ante los manchurrones rojos que esconden la cruz de Cristo y el perfil de María entre sus enigmáticos contornos.

sábado, 9 de agosto de 2008

La pesca - María del Carmen Arellano


LA PESCA
María del Carmen Arellano

El tiburón que los pescadores cogieron entre sus redes les puso una sonrisa en el rostro. Imaginaron al comprador y sus fajos de dinero. El tiburón por su parte se limitaba a boquear y a moverse desesperado, tratando de escapar de las redes.
Cuando lo lanzaron a la playa y se llenó de arena murió. No tuvo el suficiente aliento para ofrecer a los pescadores un deseo a cambio de su libertad.

domingo, 13 de julio de 2008

Cadenas - María del Carmen Arellano


CADENAS
María del Carmen Arellano

Enciende la computadora. Abre una página en blanco de su correo. Escribe. Selecciona una dirección cualquiera de su lista de contactos. Enviar. Se levanta. Remueve su caldero. Regresa. Cambia la página del libro de hechizos. Abre otro mail en blanco. Termina con un “Envía esto a todos tus contactos”. Enviar. Clic en el icono del MSN. Kokanica revive para hablar con Warnat99 y Biefall. Se levanta de nuevo. Las cadenas que la atan tintinean. Remueve el caldero. Llega un mail. Más cadenas. Cadenas que tintinean. El tipo que convirtió en zombi la semana pasada la mira, perplejo y se desnuda para ella en la cámara web. Entre la humareda del caldero que envuelve su prisión ella le guiña un ojo. Teclear. Clic. Enviar.