Mostrando entradas con la etiqueta Néstor Darío Figueiras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Néstor Darío Figueiras. Mostrar todas las entradas
jueves, 15 de septiembre de 2011
Abuso de los FX en el cine extranjero - Néstor Darío Figueiras
Intento escuchar a la teniente encarando a la Reina. Debo aparecer cuando le grita “¡Deja a Rodney, bestia!”. Espero.
Me da el pie. O eso creo. Usando dientes y garras, irrumpo provocando una explosión de vísceras sangrientas.
—¡Corten! ¡No ahora, maldición! ¡Repasa el guión!
Agitando su cola rabiosamente, el director pide un nuevo clon de Rodney.
Sobre el autor: Néstor Darío Figueiras
jueves, 12 de mayo de 2011
Traición - Néstor Darío Figueiras

Fue socorrista en cada terremoto, auxilió a los inundados como voluntario, donó sangre, ocultó a los refugiados, marchó contra la guerra. Y cuando él apareció rezumando ira, dijo:
—¿Qué esperabas, padre? ¿Acaso no está escrito que esta es una lucha perdida?
Sin más explicaciones, el anticristo continuó vendando heridas.
Acerca de Néstor Darío Figueiras
martes, 12 de abril de 2011
Fugitivo - Néstor Darío Figueiras

Lo llamaban don Paz, y era el linyera deforme del barrio.
Todo barrio tiene su linyera. Uno que no asusta, que ni siquiera provoca lástima. Sólo una simpatía mayor que la que se tiene por los perros callejeros. En Caraza, ese era don Paz. Todos lo querían, aunque siempre desvariase como mamado: contaba una y otra vez cómo había logrado escapar de cierto laboratorio orbital, en una nave que se había estrellado detrás de la estación de Fiorito. Pero nunca se le sintió olor a vino.
Los andrajos no lograban disimular su joroba simétrica. La melena hirsuta no impedía que sus ojos saltones reflejasen la inconfundible herida del rechazo.
Cuando desapareció, todos se afligieron. Hasta había aprendido a cortar el pasto a cambio de comida.
domingo, 10 de abril de 2011
Según como se mire (Noche de insomnio) - Néstor Darío Figueiras

Acurrucado, arrebujado bajo las sábanas gastadas como un feto, pero tenso a pesar de la seguridad que me brinda mi uterina cama, intento ver mi dormitorio.
Pero es inútil.
(Qué desagradable es descubrir que da lo mismo abrir los ojos que cerrarlos, que la negrura sobrevive.)
La oscuridad me rodea. Y tengo miedo. No quiero dejar caer mi brazo inerte al lado de la cama por temor a que una garra monstruosa se aferre ferozmente a mi muñeca.
¿Quién se esconde?
¿Qué es lo que va a hacerme?
Todo eso me pregunto sin saber que el que se esconde es mi otro yo, temeroso y refugiado tras las sábanas. Sin saber que él se pregunta por mí, el monstruo que se esconde bajo su cama. Cara o ceca.
Néstor Darío Figueiras
Néstor Darío Figueiras
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
