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jueves, 20 de marzo de 2014
Maternidad – Nicolás Ferraiolo
–Ahí se acerca alguien, mamá, ¿abro, abro?
– Hijo, nunca abras a un desconocido.
– Está bien, mamá, ufa –dijo el nene, ya cerrando la puerta–. ¡Ahí viene papá!, ¿¡abro, abro!?
– Ahora sí hijo.
– ¡Ay, mamá! ¡dónde dónde dónde!
– ¿Qué cosa hijo?
– ¡Sos re tonta!, ¡dale!, ¡el cuchillo!
– Lo tenés en la mano hijo.
– Ay…, acá está.
– Vas y me venís eh.
– ¡Sí! Voy y te vengo.
Sobre el autor: Nicolás Ferraiolo
miércoles, 31 de octubre de 2012
Los extranjeros - Nicolás Ferraiolo
Dos extranjeros iban por Villa Lugano buscando el centro de Buenos Aires. "Al final no es tan parisino...", dijo uno. Con cámaras en mano buscaban la Casa Rosada; mientras, por hacer algo, sacaban fotos a la entrada de La Oculta. Quisieron preguntarles a unos muchachos de anchas ropas y espaldas, y estos, cordialmente, los invitaron a dar las cámaras. Que para entrar tienen que pagar comisión. Que para volver atrás también, que (acá fueron buenos) si no pagan algo puede pasarles, que "ésta" dice que paguen (ojo, mostrando un arma). Meursault se encogió de hombros, Camus lo miró, volvió la vista a sus interlocutores y dijo: "me tiene sin cuidado". Los muchachos se miraron y no entendieron bien el porqué de esa frase. Por las dudas los mataron. Y sus cuerpos inertes quedaron tirados en la puerta de La Oculta. Los transeúntes pasan. Indiferentes.
Sobre el autor: Nicolás Ferraiolo
sábado, 4 de agosto de 2012
La histeria se repite - Nicolás Ferraiolo
Dios invitó a Moisés a golpear la piedra, de ahí saldría el agua que calmaría la sed de los israelitas. Moisés resueltamente salió al encuentro de éstos, golpeó dos veces y brotó la saciedad. Pero quién sabe por qué, luego de hacerlo como Dios manda, Yahvé se enfureció con Moisés; en castigo nunca pisaría
Acerca del autor:
Nicolás Ferraiolo
miércoles, 21 de marzo de 2012
Avances científicos - Nicolás Ferraiolo

—¡Ah, cómo adoro la lectura!, libros, revistas, reseñas, ahora me estoy encariñando con el diario, como verás, mi amor.
—¡Qué bueno, cariño! —Ella seguía planchando.
—¡Qué sorpresa!, dicen que acaba de salir el DSM CCVII, que hay nuevas patologías mentales, que el catálogo es un "excelente avance científico". Alguien llama a la puerta mi amor, y no me puedo concentrar, ¡tengo tanto para leer, estoy tan apasionado!, atendelo, por favor.
—¿Sí, qué necesitan? Ah, bueno, ¡cariño!, unos señores de guardapolvo están preguntándome por "el lector".
—¿Qué querrán?
Nicolás Ferraiolo
miércoles, 10 de agosto de 2011
Limpieza - Nicolás Ferraiolo

Las pastillas psiquiátricas nunca me funcionaron; el cianuro es doloroso; y si me tiro al río sé nadar. ¿Y si lo hago en mi casa?, no, me van a ver sobre el suelo, todo ensangrentado. Un horror. ¿Si me tiro bajo el tren?, voy a traumar al pobre conductor. ¿Si me tiro por el balcón?, tal vez un bebé pase por ahí y la imagen lo martirice en el inconsciente. Yo soy una persona correcta, sana y sobre todo muy limpia, no soy un enfermo ni un egoísta. Pero descubrí el otro día que la vida monogámica le era tan imposible a mi novia, que ahora sólo deseo suicidarme.
¿Matarme aquí, en lo de ella? En la casa ya no habrá nadie, pero no, tampoco; no quiero ensuciar todo otra vez.
Nicolás Ferraiolo
lunes, 30 de mayo de 2011
Eco - Nicolás Ferraiolo

Luego de matarlo, descubrió que por fin la casa estaba sola. Podía hacerlo: cerró los puños y empezó a gritar, enervada por la ira. De repente abrió los párpados en pánico y oyó algo lejano; era extraño, pero el sonido de su grito estaba disminuyendo sin que lo decidiera. Casi le estallan las venas por intentar retenerlo, sin embargo su alarido finalmente desapareció, aunque la intención de gritar, igual de intensa que inaudible, no había cesado. Así lo supo con terror: alguien, dentro de ella, que ya no era ella, seguiría gritando. El recuerdo de la tragedia también la abandonó.
Quizás lo sucedido en esa habitación sólo le dejó cierta sensación de ahogo inexplicable. Es posible que ese ahogo sea el que siento ahora. Es probable que aquel ahogo deba soltarlo de otra forma. Ya no es impropio, sí aterrador: ese grito existió, existe, es éste.
Nicolás Ferraiolo
jueves, 11 de noviembre de 2010
Tiempo perfecto - Nicolás Ferraiolo
Mi ingenuidad comenzó cuando antiquísimo estudiaba gramática en el profesorado, y me resignaba a que sí existía el contradictorio tiempo verbal “futuro perfecto”. Me invadía la idea de que si había una posibilidad mental de nombrar perfectamente lo que pasaría en el futuro, yo debía tener un proyecto armado: una esposa, amantes, hijos, muchos nietos… El sueño americano se filtraba sobre mis deseos libertarios. Conseguí una novia, nos casamos y tuve todas esas cosas.
Hoy, divorciado, viejo y arruinado, mi gran satisfacción es el Esbozo del Diccionario de la Real Academia, donde el "futuro perfecto", que me arruinó la vida, no existe. No existirá más. En consecuencia, voy todos los días a los piringundines de todo el país, tomo fernet con coca, entre otras cosas. Se preocupan por mi salud. Los muy ingenuos no saben que ya no pueden afirmar ni que vamos a morir.
Nicolás Ferraiolo
domingo, 29 de agosto de 2010
La paradoja - Nicolás Ferraiolo

Lo obsesionaban tanto las paradojas que un día comenzó a atormentarse por componer una. Recordaba la del Quijote, la del barbero de Russell. Buscaba estructuras comunes en fórmulas de una lógica poco entendida. Sufría tanto que pensó en cortarse las venas, hasta que una desvelada noche escribió: “y el genio dijo que para colocarte esas manos de oro primero deberás cortarte las que llevas”.
¿Cómo ponerse las manos sin manos?, pensaba, orgulloso de su mero acertijo. Cuando se dio cuenta, perdido en la frustración, confirmó el suicidio.
Debatiéndose entre la melancólica necesidad de una carta y el odio a su familia por haberlo parido idiota, escribió rabioso, alienado, sin pensarlo, solamente: “esto no es una nota de despedida”
Lo descubrió segundos antes del impacto con el suelo.
Nicolás Ferraiolo
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