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miércoles, 28 de enero de 2009

La aldea - Ricardo Bernal


LA ALDEA
Ricardo Bernal

Cruzamos de noche en una balsa. Del otro lado, los faroles apenas alumbraban una espectral aldea rodeada por un velo de niebla. Conforme nos acercábamos, la niebla se desvaneció y pudimos distinguir las formas: el barco que nos hundió, las casuchas grises, el bosque. Alrededor de una fogata ellas danzaban totalmente desnudas mientras el capitán tocaba los tambores. Otros hombres, con las caras pintadas de negro, tocaban instrumentos de viento o cantaban con voces desconsoladas. La niebla volvió a cubrirlo todo. Cargamos nuestros rifles y desembarcamos. Nunca encontramos nada, aunque de vez en cuando, en alguno de nuestros viajes o en un sueño, volvemos a escuchar los tambores del capitán como un eco lejano.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El primer beso - Ricardo Bernal


EL PRIMER BESO
Ricardo Bernal

Ella vivía cerca de mi casa. De cada poro de su cuerpo brotaba un pelo largo, rubio, muy sedoso al tacto. Sus enormes ojos destellaban con tonalidades violetas, pero su mirada era muy triste. Nunca conocí su voz, nunca. Lejos de asustarme, me enamoré de ella irremediablemente. Pedí permiso para visitarla, y aunque con reservas, me fue concedido. Gastaba todo mi sueldo en comprarle obsequios para alegrarla, pero ella los guardaba sin abrirlos y se quedaba seria, mirando al vacío como esperando algo. La única vez que nos dejaron solos, entrelazamos nuestras manos, también sus palmas eran peludas. Cerramos los ojos, lentamente acercamos nuestras bocas… nos besamos. Su lengua peluda invadió mi boca como una gruesa oruga, me bebió por dentro, trituró mi lengua, se amontonó esponjosa en mi garganta. Desperté en mi casa, aturdido, apestando a vómito. Ella jamás quiso volver a verme.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Invitados a cenar - Ricardo Bernal


INVITADOS A CENAR
Ricardo Bernal

—Creo que los amigos terrícolas todavía no se acostumbran a nuestros hábitos alimenticios —dijo el ñumonita a su esposa.
—Ya se acostumbrarán —contestó ella, mientras abría sus enormes muslos verdes, y desovaba un viscoso coágulo en la boca de cada uno de los comensales atados que se retorcían alrededor de la mesa.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Pintando desiertos - Ricardo Bernal


PINTANDO DESIERTOS
Ricardo Bernal

En el fondo del corazón un relámpago sacude las rejas. Nosotros imaginamos signos, cifras, dragones cuadriculados. Cada noche, este laberinto de espinas es el espejo donde se miran las galaxias. Hormigas artificiales recorren el lienzo: pululan en las manos y sus andares trazan colores fosforescentes. Se pierde Saturno. Días después lo encuentran, ebrio, soñando sueños de agua en un lecho de cactus, cuarzos y plumas. Hay ebullición de planetas. Cada era geológica forma una ardua cáscara que cubre el sistema solar hasta convertirlo en un ejército de caracoles gigantescos. En el estudio del alquimista suenan las cacerolas, los pinceles ruedan debajo de los muebles y hay que usar las manos para modelar el barro primitivo; pues la vida, después de todo, es tan solo un rastro de madera roja desmoronándose en las huellas dactilares de los dioses.

Publicado en Se ha detenido un pájaro en el aire
http://www.sehadetenidounpajaroenelaire.blogspot.com/

lunes, 24 de noviembre de 2008

Presentación de libro - Ricardo Bernal


PRESENTACIÓN DE LIBRO
Ricardo Bernal

El teatro más importante de la ciudad está repleto, a varias calles a la redonda se puede oír la tormenta de aplausos. Además del numeroso público, adentro se reúnen los editores y escritores más poderosos del país. El presentador, calvo y circunspecto, habla del novelista y de su nuevo libro; de su capacidad para jalar los hilos internos del terror y crear delirantes tramas que ni Clive Barker, ni Peter Straub, ni Stephen King hubieran imaginado en sus peores pesadillas. Otro minuto de aplausos. Cuando se hace el silencio, el novelista se acomoda los anteojos, se acerca el micrófono, carraspea y se dispone a leer algunos fragmentos de su nueva obra. Afuera del teatro se escucha un zumbido eléctrico: la señal para que nosotros despertemos, salgamos de nuestros escondites milenarios y comencemos a arrastrarnos rumbo a la ciudad.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Nuevo mundo - Ricardo Bernal


NUEVO MUNDO
Ricardo Bernal

Apenas despertó fue descubriendo cosas inesperadas: el cielo era intensamente azul, las nubes blancas y brillantes, el mullido pasto donde descansaba su cabeza era verde… Un par de vivaces mariposas revoloteaban entre flores rojas y amarillas, y más allá de los aterciopelados montículos de hierba dorada, un arroyuelo de cristal desenredaba su canto milenario. A lo lejos, la cadena de imponentes montañas nevadas vestía su regazo de bosques ocres y esmeraldas llenos de murmullos. Dificultosamente se levantó, todas sus articulaciones crujieron y entonces descubrió que estaba desnudo. De pronto una voz intensa llenó el aire: “objetivo, encontrar la salida hacia el siguiente nivel”. Pegado a la pantalla, el niño se dispuso a seguir disfrutando de su nuevo videojuego; ésta vez los diseñadores habían logrado un escenario realmente terrorífico…

miércoles, 29 de octubre de 2008

El eterno peregrinaje del diminuto cocodrilo de plástico - Ricardo Bernal


EL ETERNO PEREGRINAJE DEL DIMINUTO COCODRILO DE PLÁSTICO
Ricardo Bernal

Un diminuto cocodrilo de plástico camina por la superficie blanca de la hoja, en cada paso deja una palabra y al final del renglón voltea hacia atrás para leer: Un diminuto cocodrilo de plástico camina por la superficie blanca de la hoja, en cada paso deja una palabra y al final del renglón voltea hacia atrás para leer: Un diminuto cocodrilo de plástico camina por la superficie blanca de la hoja, en cada paso deja una palabra y al final del renglón voltea hacia atrás para leer: Un diminuto cocodrilo de plástico…

sábado, 25 de octubre de 2008

Cabeza hueca - Ricardo Bernal


CABEZA HUECA
Ricardo Bernal

I)
Tengo la cabeza hueca: las palabras me entran por un oído, revolotean distraídas por el interior de mi cráneo y salen por el otro oído. Decido visitar al viejo Ulises para pedirle consejo.
II)
Enorme la casa. El mayordomo, un elegante cíclope bizco, me invita a pasar al salón. Al poco rato baja Ulises, barbón, bata azul. Le explico mi problema y me lleva a un pequeño estudio donde me da un frasco lleno de cera.
—No sé si sirva —dice—, nunca la he usado… —Echada en la alfombra, una sirena gorda con tubos en la cabeza y la cara llena de lodo verde, come chocolates. Salgo de casa de Ulises. Llueve.
III)
Me pongo cera en un oído, las palabras entran por el otro, revolotean pero no salen. Empiezan a llenar mi cráneo, bajan por el brazo, llegan a los dedos: las escribo.

Ilustración: M.C.Escher

jueves, 9 de octubre de 2008

Ruido - Ricardo Bernal


RUIDO
Ricardo Bernal

Insomne, doy vueltas entre sábanas candentes: enciendo la luz: leo a Machen: veo borroso: apago la luz. Por la ventana entran los ruidos: el ruido. Carcajadas, un automóvil alarmado, violado, escandalosos perros de juerga, cumbias, cristales rotos. Enciendo la TV: un hombre gritón anunciando crecepelo en oferta: gordas estridentes bailando semidesnudas: el héroe gringo atravesando una explosiva tormenta de balas, sale ileso, mata a cada villano con una bala: apago la TV. El vecino ronca, su esposa rezonga, la pared es delgada. Pasan aviones ensordecedores, se me eriza la piel: el ruido, el ruido. Me acuerdo: salto de la cama y abro un cajón, encuentro la lámpara: al frotarla surge el Genio, instantáneo, somnoliento, monstruoso. Pide un deseo: que se termine el ruido… Desaparecen los aviones, el automóvil, los perros, los vecinos: desaparece la TV, mi corazón y el universo. Insomne, doy vueltas entre sábanas candentes.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Esfera - Ricardo Bernal


ESFERA
Ricardo Bernal

La esfera es Dios y Dios es la esfera. Afuera de la esfera, el tiempo está congelado y varios universos se esfuerzan por ser, sin lograrlo. Adentro de la esfera hay otra esfera y dentro de ésta, otra esfera y otra esfera y otra esfera. La esfera encerrada dentro de todas las demás esferas es un punto. Dentro del punto hay una lámpara, una silla y una mesa. En la mesa hay una hoja de papel donde se lee: “La esfera es Dios y Dios es la esfera…”

jueves, 25 de septiembre de 2008

Deseo de cumpleaños - Ricardo Bernal


DESEO DE CUMPLEAÑOS
Ricardo Bernal

25 de septiembre de 1967: cumplo cinco años. Madre organiza fiesta: muchos niños, muchos regalos. Ni triciclos, ni patines: insignificantes figuras de plástico, una bolsa de canicas, un suéter horrible. Los infaltables gorritos de cartón, canastas con dulces de azúcar para cada niño, qué detalle. El pastel: de chocolate, claro. Las velas encendidas, todos desentonados cantando las mañanitas, el deseo (con los ojos cerrados para que se cumpla), el soplido, los aplausos. Tía organizando los juegos ridículos, niños en estampida huyendo al patio: las pelotas. El momento cumbre de la fiesta: se abre la puerta. Entran cinco payasos en hilera: sonrientes, embadurnados de colores. Sombreritos de gángster, zapatotes como lanchas. Cuentan chistes. Los niños ríen. Yo no. El payaso más pequeño hace un gesto, los otros payasos sacan pistolas de sus sacos: matan a los niños. Yo: feliz. Se cumplió mi deseo de cumpleaños.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuerdas - Ricardo Bernal


CUERDAS
Ricardo Bernal

Todos los gurús, hierofantes y monjes están de acuerdo: para alcanzar el Reino de los Cielos hay que trepar por las cuerdas que cuelgan desde lo alto. Una cuerda para cada quien, personal, intransferible. Sin embargo, desde hace varias semanas numerosos monstruos bajan por las cuerdas e invaden los bosques, las islas, las ciudades. Se alimentan de carne humana, beben sangre fresca directamente de las venas, nunca duermen. En la desesperación, hombres temerarios encuentran algunas cuerdas libres, pero al trepar pronto descubren, a veces a varios kilómetros del suelo, que un nuevo monstruo baja, hambriento, vertiginoso, apocalíptico.
Nadie hubiera imaginado este final… la luz del sol es más tenue cada día; la enorme luna madre pare nuevas lunas cada noche: por cada ser humano hay ahora veinte monstruos.
Arriba, en las praderas del Cielo, Dios también corre de un lado a otro buscando una cuerda libre.

Ilustración: Grant Wood

sábado, 6 de septiembre de 2008

Relojería - Ricardo Bernal


En la parte superior del reloj de arena: ciudades milenarias rodeadas por desiertos de lumbre sólida, soles agudos que calcinan huesos de estegosaurios, caravanas de camellos sedientos y esclavas vendidas mil veces. En el centro: un hoyo de arenas movedizas que arrastra hacia el infierno a todo aquel que osa acercarse demasiado…
En medio del reloj de arena: granos que caen, cada grano una vida, un planeta, una galaxia que muere para reencarnar en otro plano.
En la parte inferior del reloj de arena: océanos sin islas ni continentes, monstruos marinos devorando monstruos marinos, un esquizoide barco fantasma bailando al compás de mareas abstractas. Dentro del barco: un camarote, dentro del camarote: una mesa, encima de la mesa: un mapa carcomido y la única foto de Dios: sonriente, barbado, sudoroso y enrojecido, mirando de frente a la cámara y saludando desde la entrada de la relojería.

Fotografía: J.V.Ortuño

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Mecanografía - Ricardo Bernal


MECANOGRAFÍA
Ricardo Bernal

Mis manos dejaron de obedecerme. Tocaron en el piano conciertos desconocidos, se humedecieron con los tiernos jugos de vírgenes azoradas, cocinaron bebitos, robaron amuletos, arrancaron murciélagos de sus alas. Tomaron un bisturí y con virtuosismo de director de orquesta dibujaron extravagantes mapas en carnes ajenas. Mis manos dejaron de obedecerme. Ahora oprimen las teclas de mi máquina: son ellas quienes escriben este cuento.

domingo, 31 de agosto de 2008

Calidoscopio - Ricardo Bernal


CALIDOSCOPIO
Ricardo Bernal

La abeja reina, oculta en lo más profundo del panal, duerme un sueño de hexágonos pegajosos. Todas sus obreras salen volando hacia el sol, con las alas percudidas y un disgusto inocente que no se atreve a ser memoria. Mil abejas: nube de diminutas cornetas zumbantes, agudo aguijón de pocos decibeles que nadie escuchará en el reino de los muertos. Mil abejas, mil mandíbulas, cien mil caminos en el cielo deslumbrante. El sueño de la abeja reina es ahora un laberinto de cristales, rombos quebrándose, triángulos concientes de sí mismos: el hilo invisible que la atan con las demás abejas se rompe y todo el universo es arrojado a un precipicio. Entonces las abejas enloquecen, y allá lejos, en sus aposentos, la abeja reina muere completamente sola.

Abajo, en las sombrías oquedades donde el bosque es infierno, un océano de flores carnívoras se relame los colmillos.

sábado, 30 de agosto de 2008

Naufragio - Ricardo Bernal


NAUFRAGIO
Ricardo Bernal

Hasta donde alcanza la vista, el océano está cubierto de cajas oblongas, baúles, cofres herrumbrosos; todos cerrados con llave o con cadenas y candados de bronce. Las olas los mueven en una alucinante danza, y la luna, amarilla y menguante, vierte una líquida telaraña de luz sobre la escena. Nosotros permanecemos en la isla, hablamos poco, nunca nos miramos: sabemos que ningún barco vendrá a recogernos. La única salida: caminar de baúl en baúl, brincar de caja en caja con el miedo revoloteando alrededor de nuestras cabezas y el hambre como un cangrejo destrozándonos las tripas. Entonces la mano de Dios, brutal, incandescente, surge de entre las nubes y nos arroja un racimo de llaves.

martes, 26 de agosto de 2008

Sombras - Ricardo Bernal


SOMBRAS
Ricardo Bernal

I
El guerrero se pierde en un bosque de lluvia: sus pasos recorren senderos invisibles, entre árboles de piedra y piedras de luna.

II
El guerrero llega a la cima del montículo, la lluvia arrecia, se convierte en espadas de agua glacial y gritos sin eco. Arriba: un cielo morado donde danzan esqueléticos relámpagos; abajo: el guerrero inmóvil sosteniendo su catana, la arcaica cuerda que ata al cielo para que no huya.

III
Lentamente llegan las sombras, se colocan a prudente distancia, miran sin ojos, escuchan sin oídos; en silencio, las fieras del aire y las fieras de la tierra aguardan el desenlace.

IV
Pero no hay batalla… ninguna sangre beberá la tierra, ninguna sombra volará hacia el cielo: todo se congela en un instante perpetuo. Conforme se adelgaza la lluvia, el guerrero se convierte en sombra. Allá lejos, el amanecer avanza con pasos de tortuga.

jueves, 21 de agosto de 2008

Uno de marcianos - Ricardo Bernal

UNO DE MARCIANOS
Ricardo Bernal

Cuando llegaron los marcianos, nadie se sorprendió de su color verde, ni de su baja estatura, ni de que tuvieran nariz de corneta, ojos saltones y antenas de grillo. Tampoco se nos hizo raro que sus platillos voladores fueran esos discos dorados y plateados de los que tantas fotografías hemos visto desde los años cincuenta. Lo verdaderamente extraño fue que en vez de dirigirse a los líderes políticos y religiosos del mundo para dar su mensaje de amor universal, o enseñar a los humanos tecnologías avanzadas para conquistar el espacio, se dedicaran a recolectar todos los cómics de superhéroes que encontraron en las tiendas. Y así, felices con su cargamento, partieron de regreso a Marte donde seguramente hay escasez de talentos.

domingo, 17 de agosto de 2008

Amigos - Ricardo Bernal


AMIGOS
Ricardo Bernal

Cuando cumplí nueve años tuve un amigo. Era un amigo imaginario, pero igual jugábamos todo el día y a veces toda la noche. Dibujábamos dinosaurios con acuarelas verdes y azules, armábamos rompecabezas dificilísimos, o simplemente brincábamos enloquecidos en el jardín. A las pocas semanas era aburrido. Mi amigo se quedaba serio, silencioso; respondía con poco entusiasmo a mis propuestas de nuevos juegos. Entonces tuve una idea de esas que te hacen chasquear los dedos: inventamos a un tercer amigo. Al principio fue maravilloso. Podíamos jugar al escondite o hacer concursos donde uno fuera el juez de dos competidores. Una noche desperté y mis amigos no estaban. Por la ventana los vi brincando, enloquecidos en el jardín. No me habían despertado para invitarme a jugar, pero pensé que al día siguiente me platicarían todo. Al día siguiente mis amigos se habían ido. Nunca más volví a verlos.


jueves, 14 de agosto de 2008

Dos minutos - Ricardo Bernal


DOS MINUTOS
Ricardo Bernal

Lo recuerdo bien. En aquellos años yo vivía solo en el último piso de un condominio. Fue un jueves catorce de agosto a las once y media, después del noticiero. Se plantaron en el cielo y ahí se quedaron, tapando la luz de la luna y moviendo sus enormes membranas transparentes. Sólo estuvieron dos minutos, los dos minutos más largos de mi vida. Luego desparecieron tan misteriosamente como habían llegado y al día siguiente nadie había visto nada. Desde entonces sólo he conocido a un centenar de personas que también los vieron: todos recuerdan la fecha exacta, todos saben que sólo fueron dos minutos. El resto del mundo puede dormir por las noches sin sobresaltos ni pesadillas.