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sábado, 27 de octubre de 2012
La noción del espacio – Ruy Feben
Crash (parece lejano: “la sorpresa”, se dijo): sintió un mínimo temblor, un descontrol minúsculo antes de perder noción del espacio y estrellarse con una camioneta. El sol no le daba de frente; no hubo humo cegador. Sólo un rasguño en la defensa y el tedio por los gastos imprevistos: el íntimo apocalipsis citadino reptando por la avenida a diez cuadras por hora.
Baja del auto consternada, con el celular en mano. En cuanto el tacón toca el suelo, otro temblor. Mínimo. Crash (un poco más cerca, trepidando). La calle desierta y, sobre el rascacielos que corona su pequeña tragedia, una nave inmensa levitando, un enorme cañón que justo ahora le apunta a la cabeza.
*Nota: Este cuento, de 666 caracteres exactos, tuvo en su primer draft 777 caracteres exactos. Ahí otra noción de otro espacio.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
Sobre el autor: Ruy Feben
domingo, 17 de junio de 2012
Púrpura – Ruy Feben
Para MZ y su Tlayacapan
Hundido en el matorral, Manuel tiembla. Mira a lo lejos piquetes certeros, ojos que explotan, pus brotando de los cuellos: el enjambre voraz embestir una procesión, guarecida bajo figuras de porcelana y estandartes de santos, atrapada en el camino escarpado que bordea el monte. Arriba el cielo es púrpura.
Por el acantilado vuelan cuerpos aterrados que semejan cruces, miembros hinchados, gritos dolientes, abejas cazando a muerte. Manuel escucha un zumbido acercarse y aprieta los ojos.
Despierta de un salto, sudado por la pesadilla. A lo lejos, la figura de San Juan Bautista; al fondo, un niño agita un panal; en el horizonte, el cielo apenas se pinta de púrpura.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
Acerca del autor:
Ruy Feben
miércoles, 19 de octubre de 2011
Las otras noches - Ruy Feben

El plan se trazó durante muchas noches: tras un discurso de furor patriota, el Candidato sería asesinado: sería mártir de un Partido que otras noches había sometido Anónimos a torturas indecibles.
El Candidato bajó del podio y recordó el brindis donde pactó con el Partido su propia muerte y la gloria. Oyó el disparo: su corazón como estampida de una turba. Cerró los ojos.
Los abrió de nuevo. No estaba junto al podio; su corazón aún trepidaba. Vio en la oscuridad una puerta abrirse, en el reflejo de la navaja su rostro parecía el de otro; con terror supo que el martirio le costaría una tortura Anónima cada noche, para siempre. La navaja se incrustó en su pecho.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
lunes, 21 de febrero de 2011
La letra E – Ruy Feben

Ilán Loew conoce de memoria la cábala y el gueto de Praga, en el que vive desde siempre. Sabe el alfabeto de sus ancestros: que la verdad hebrea, EMET, da vida al gólem que volverá a ser arcilla al borrar la E y dejarlo todo en MET, la muerte. Encerrado, forma el pequeño figurín que se convertirá un gigante a sus órdenes. Sigue el rito: le escribe en el paladar la E, una M, otra E. Un golpe tumba la puerta cuando traza la primera línea de la T: el bip entrecortado de una legión de robots que lo toman por la fuerza y entran por su boca hasta el paladar y lo rascan hasta borrarle a Ilán por completo la E, con la que se va su último suspiro de vida para siempre.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
martes, 7 de diciembre de 2010
Romeo – Ruy Feben
Un tocadiscos revoluciona lento en sentido contrario: se convulsiona, intenta palabras, tropieza. Lo demás es oscuro: nicho de velas rojas, pentagrama de piso, libros negros, pócimas: todo navega en silencio nocturno.
El teléfono repica a las doce. Una y otra vez. De la contestadora emerge ella. En llanto. Le ruega desistir de conquistarla; se está volviendo loca: sueña con él muriendo en garras de cancerberos. Tres minutos de explicaciones. Termina: “deja ya la brujería, no te llevará a ningún lado”.
Un beep entrecortado como respiración de moribundo. Él en el piso, inconsciente, con cientos de pastillas verdes lo rodean: náufrago en un mar de antidepresivos.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
martes, 26 de octubre de 2010
El hilo – Ruy Feben
El Almirante cayó preso del Imperio Indígena en la batalla del altiplano: se le daría muerte pasadas dos lunas. Ese día, el pueblo se reúne en el templo; el condenado espera al pie del patíbulo. El Sumo Sacerdote le susurra al oído:
—Estarás al pie de un risco muy hondo; a tu derecha estará el Paraíso, el Reino del Sol, donde siempre amanece; a la zurda los infiernos inundados de ocaso eterno. Cruzarás sobre un hilo, ancho como libélula. Cargarás en la diestra tus virtudes; en la izquierda, tus pecados. El peso de cada mano decidirá tu suerte.
La cabeza del Almirante cae sin saber si el lado opuesto del hilo depara otro risco donde el sol nunca nace ni muere.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
jueves, 16 de septiembre de 2010
La trágica muerte del Dr. Porter – Ruy Feben

Conocí al Dr. Porter en el aeropuerto, dos días después de su descubrimiento. Yo no sospechaba que es un genio de los números. Pero lo es. Hablo de él como si siguiera vivo porque sé que halló un algoritmo para salvarse, o eso espero.
—Cuando descifré el código, apareció una frase —dijo, y apuró un trago de vodka—: “esta noche el Dr. Porter morirá”. El mensaje era del servicio secreto, y no hablaba de un asesinato, sino de un infarto. Alisté mi funeral y muchos, desconcertados, vinieron de lejos. Llegó la noche, pero ningún entierro. Ya ves: ser genio puede ser un serio inconveniente social.
Así que se fue lejos, a Nueva Escocia. No he vuelto a saber de él.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
jueves, 5 de agosto de 2010
Génesis – Ruy Feben

Y la luz se fue.
Epifanio había escrito como nunca: como iluminado. Pero el apagón cayó también sobre su novela, que quedó irrecuperable dentro de la lap-top, como la nada.
Resignado, en fondo negro, imaginó otra historia: mientras el mundo volvía a sus ojos desde la oscuridad, pensó un planeta nuevo, “creándolo de la nada”, se dijo, “como un dios”. Urdió sus ciudades y armas y cielos y tierras y aguas. Al final, con euforia literaria, creó una humanidad que (“¡será sci-fi!”) se volvía jauría al tocar la luz.
El furor no lo dejó oír el ruido reptando al otro lado del cuarto.
Entonces, por capricho de algún fusible, una garra saltó sobre Epifanio: la luz se hizo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
viernes, 18 de junio de 2010
El orden de las cosas – Ruy Feben
Coloqué la penúltima y metí la mano a la caja: la última pieza del rompecabezas (juraría que la vi minutos antes) no estaba. Busqué por todos lados (“la fe arma rompecabezas”), pero a mi Mona Lisa le faltaba aún una pupila.Miré de nuevo el rompecabezas, con vértigo: le faltaban ahora más piezas; la Mona Lisa había perdido una manga de vestido, media sonrisa. Volteé para buscarlas bajo un sillón que (estuvo ahí siempre) no pude hallar. Más cosas se esfumaron cuando no las veía: ventanas, jarrones, la foto de mi hijo muerto, el rompecabezas entero (el horror): todo haciéndose nada.
Temo dormir: dejar el universo (desvaneciéndose pieza por pieza) a mis espaldas.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
domingo, 6 de junio de 2010
El cristal – Ruy Feben

Para Javo, que siempre se acuerda de sus sueños
Esta noche Javier tendrá tres pesadillas:
Primero aparecerá en un auto corriendo a la velocidad del miedo, sin poder controlar su cuerpo; se impactará contra un muro, sentirá su rostro explotando contra el cristal. Despertará sofocado.
Volverá a dormir. Soñará que vuela sobre su cuerpo tendido en el pavimento, sobre el río de sangre. Intentará despertar miles de veces: cada intento revivirá el rostro contra el cristal, como mosca contra la ventana.
Finalmente tendrá su tercera pesadilla: aparecerá en este momento exacto, escribirá estas líneas, estas palabras que ahora escribo sin poder detener mis manos, mirará con horror cada letra, y todo comenzará de nuevo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
domingo, 23 de mayo de 2010
Mordaza – Ruy Feben

Desde hace semanas tiene encerrado a un hombre, amordazado, con ojos vendados, extremidades atadas; sabe que ese hombre tiene un plan para escapar. Pero no sabe cuál.
Así que el escritor borra y reescribe. Todos los posibles planes le parecen inverosímiles, hipócritas, burdos. Arroja a la basura la décima versión del cuento, y se dice que estaría dispuesto a cualquier cosa por saber cuál es el maldito plan. Afuera, el sol parece irreal.
Desesperado, el escritor sale a caminar. A los pocos pasos siente un golpe en la cabeza. Despierta con ojos vendados y extremidades atadas, amordazado. Se tranquiliza: pronto, y sin ayuda de su hombre, habrá descifrado el plan.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
lunes, 17 de mayo de 2010
Sandstorm - Ruy Feben

Una tarde de sol, el azar pone a dos hombres en la misma banca del mismo parque neoyorkino.
Uno es japonés y, consecuencia de lecturas atropelladas y demasiada fe en sí mismo, escritor. Escribe sobre un hombre que se embarca a Oriente tras años de cárcel. Las razones, inciertas; las acciones, desmesuradas. El cuento acaba con un disparo y un odio añejo pero inexplicable.
El otro, por recomendación, lee esa tarde por primera vez a Murakami, sin entenderlo. No sabe que un mes después será arrestado en el Barrio Chino, que irá a la cárcel con un rencor creciente como el sol que nace al Este.
Ambos ignoran que, mucho tiempo después, el azar los encontrará de nuevo.
Uno es japonés y, consecuencia de lecturas atropelladas y demasiada fe en sí mismo, escritor. Escribe sobre un hombre que se embarca a Oriente tras años de cárcel. Las razones, inciertas; las acciones, desmesuradas. El cuento acaba con un disparo y un odio añejo pero inexplicable.
El otro, por recomendación, lee esa tarde por primera vez a Murakami, sin entenderlo. No sabe que un mes después será arrestado en el Barrio Chino, que irá a la cárcel con un rencor creciente como el sol que nace al Este.
Ambos ignoran que, mucho tiempo después, el azar los encontrará de nuevo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
martes, 11 de mayo de 2010
Damn you, Charlie Parker - Ruy Feben

Contesté el teléfono pero nadie me habló. Fue el morbo, su maldición, lo que me hizo escuchar, aún con el jazz flotando en mi sala, una conversación que transcurría angustiosa al otro lado de la línea.
—¿Cuándo te liberan? —preguntó ella.
—Pronto —él, como en llanto—. O eso creo: en esta celda el silencio es el único modo de medir el tiempo.
—¿Qué harás después?
—No sé —la voz encerrada como el silencio de noche—. Un rumor en mi cabeza me pide escuchar jazz.
La llamada se cortó, se volvió remolino: mi jazz cesó como escalofrío y aparecí aquí. Sólo me queda ese recuerdo al escribir estas líneas, esperando una llamada en el silencio de la celda, sintiéndome otro.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
—¿Cuándo te liberan? —preguntó ella.
—Pronto —él, como en llanto—. O eso creo: en esta celda el silencio es el único modo de medir el tiempo.
—¿Qué harás después?
—No sé —la voz encerrada como el silencio de noche—. Un rumor en mi cabeza me pide escuchar jazz.
La llamada se cortó, se volvió remolino: mi jazz cesó como escalofrío y aparecí aquí. Sólo me queda ese recuerdo al escribir estas líneas, esperando una llamada en el silencio de la celda, sintiéndome otro.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
domingo, 9 de mayo de 2010
El nido – Ruy Feben

“Granujas”, susurra a su esposa, que lo sigue, dios sabe por qué, con un cuchillo: el detective, con todo y Fedora, busca el nido de las hormigas que invadieron su casa.
Hace veinte años se retiró tras el robo que no pudo resolver (esos malditos rubíes). Se mantuvo cuerdo jugando al detective: buscando cosas perdidas en la sala, ratas en el ático. Con casos como el de las hormigas, cuyo nido busca, desesperado, por toda la casa.
Así que abre un cajón que nunca había abierto. Ver dentro le duerme el brazo izquierdo: mal envueltos en un mantel roído, los rubíes brillan con la tarde. “¿Qué pasa?”, pregunta su esposa, que finge sorpresa mientras alza el cuchillo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
Hace veinte años se retiró tras el robo que no pudo resolver (esos malditos rubíes). Se mantuvo cuerdo jugando al detective: buscando cosas perdidas en la sala, ratas en el ático. Con casos como el de las hormigas, cuyo nido busca, desesperado, por toda la casa.
Así que abre un cajón que nunca había abierto. Ver dentro le duerme el brazo izquierdo: mal envueltos en un mantel roído, los rubíes brillan con la tarde. “¿Qué pasa?”, pregunta su esposa, que finge sorpresa mientras alza el cuchillo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
viernes, 7 de mayo de 2010
Superstición – Ruy Feben
El dulce cayó en cuanto el gato negro pasó frente a la nieta de Don Epifanio, quien, por primera vez en ochenta años, supo lo que debía hacer. Tomó la mano de la niña y fueron hacia la avenida, ella aún con ojos mojados.Para calmar el llanto, relató la vez que chocó tras pasar bajo una escalera (la niña viéndolo absorta). La vez que perdió el empleo tras tirar sal en la mesa; la fortuna tras romper un espejo. Todo es pura mala suerte, nenita; pero calma: a ti no va a pasarte eso.
Subieron al puente que cruza la avenida. Arriba, Don Epifanio escaló con trabajos al barandal, la nena en hombros. Un gato negro pasó tras ellos en el instante que saltaron al vacío.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
jueves, 29 de abril de 2010
Altar – Ruy Feben

Una mano no dejaba de temblar sobre el altar, como si latiera aún pegado a sus arterias el corazón que palpitaba con furia dentro de mi torso desnudo. Junto a la pirámide, miles celebraban con ojos encendidos otro sacrificio para el dios que nos dejaba vivir, con una sola mano, desde siempre. Pero pasó algo nuevo esa noche: el dios bajó y con mi mano cercenada mató a todo el pueblo.
Cuando mi propia mano alcanzó mi cuello, desperté.
En medio de la noche negra, no sé si lo que parpadea es el despertador o el ojo lejano de un dios. Me percato de mi brazo dormido hasta que en la oscuridad mi mano se mueve contra mi voluntad, escala las sábanas, alcanza mi cuello.
Cuando mi propia mano alcanzó mi cuello, desperté.
En medio de la noche negra, no sé si lo que parpadea es el despertador o el ojo lejano de un dios. Me percato de mi brazo dormido hasta que en la oscuridad mi mano se mueve contra mi voluntad, escala las sábanas, alcanza mi cuello.
Tomado de http://elclaxon.arts-history.m/
domingo, 25 de abril de 2010
El otro mundo – Ruy Feben

R cae en coma sabiéndose el único en el mundo que conoce la Clave. Con el cuerpo entubado, entra en una pesadilla en la que espera nervioso, en un cuarto blanco, junto a un teléfono.
Ring.
R contesta, sueña que contesta, tiembla. Una voz que no parece de este mundo exige saber la Clave: de ella depende la salvación de este mundo u otro, R ignora cuál. En cuanto R responde, el auricular suelta un tono agudo que llega al infinito.
El cuerpo entubado de R yace en la cama del hospital. Si despertara, vería por la ventana lo que en sueños había previsto: una explosión acercándose hasta calcinarlo, una salvación detonada con alguna Clave, desde quién sabe qué mundo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
viernes, 23 de abril de 2010
Apocalipsis - Ruy Feben

Meses después me percaté del tamaño de mi error: haber dejado el ejemplar de El Principito, que había tomado del anaquel de literatura universal de la biblioteca, en el de literatura infantil. Cuando volví, la lenta calma del recinto encerraba monstruos silenciosos reptando cada letra: en política estaba el Golem de Meyrink, en arquitectura las Ruinas Circulares de Borges, en filosofía libros de JG Ballard y en autoayuda el Quijote. Quién sabe cuántas cartas de relación se lean ahora como manuales de ingeniería.
El terror golpea: me abalanzo sobre la sección de libros religiosos, esperando con toda mi fe no encontrar ahí a la Biblia hablando de dios de nuevo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
El terror golpea: me abalanzo sobre la sección de libros religiosos, esperando con toda mi fe no encontrar ahí a la Biblia hablando de dios de nuevo.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
jueves, 15 de abril de 2010
La tregua (profecía) – Ruy Feben
A las 6 de la tarde el enjambre de gotas invade sin clemencia el valle de México. Una pequeña multitud huye hacia las resbalosas escaleras de metro Viveros, rústico refugio del nuevo siglo para sobrevivir la batalla que se libra desde que comenzó la memoria. El lago reclama su tierra desde el cielo: Tlaloc en avanzada sobre una horda en retirada. El embiste final: a punto de estar bajo techo, una niña resbala, cae de nuca contra el escalón de mármol.
Arriba, Tlaloc observa. Llama a sus generales para cantar victoria. Abajo, la niña se convulsiona frente a una multitud ensombrecida, que no se percata de que afuera la lluvia cede: el sacrificio ha sido saldado.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
Imagen: Max Ernst "Europa tras la lluvia"
lunes, 5 de abril de 2010
Dear Mr. Blank - Ruy Feben

Este mensajero sólo entrega cartas mortales: los destinatarios las abren y caen muertos en cuanto ven el contenido. Como tú ya intuyes el desenlace, sobra decir que cada misiva explica con detalle sus motivos: infarto, muerte cerebral, el veneno atrasado de una venganza.
Pasemos pues al final, que ya conoces: el mensajero saca de su bolso un sobre; lee el nombre, se queda perplejo: duda. ¿Debe entregar esa carta? Pensarás que ha visto el nombre de su mujer o hasta el suyo propio, y te quedarás tranquilo, creyendo que descifraste el trágico destino del cartero.
Desconoces que, justo ahora, lamentándose por el lector de su historia, se dispone a tocar tu puerta.
Pasemos pues al final, que ya conoces: el mensajero saca de su bolso un sobre; lee el nombre, se queda perplejo: duda. ¿Debe entregar esa carta? Pensarás que ha visto el nombre de su mujer o hasta el suyo propio, y te quedarás tranquilo, creyendo que descifraste el trágico destino del cartero.
Desconoces que, justo ahora, lamentándose por el lector de su historia, se dispone a tocar tu puerta.
Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/
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