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lunes, 2 de febrero de 2009

La plaga - Santyago Moro


LA PLAGA
Santyago Moro

El concurso de creaciones divinas era para él lo más grande que ocurría en el Universo cada varios ciclos. Por eso, ver cómo su obra maestra se había llenado de minúsculos seres que amenazaban su equilibrio, tuvo la virtud de desquiciarle.
“Pero”, pensó, “todavía estoy a tiempo de arreglarlo”.
Dicho y hecho: a tan sólo un par de décimas de ciclo del concurso de creaciones divinas consiguió terminar con la plaga que estaba estropeando el precioso planeta azul con el que confiaba en ganar el primer premio.
Desde su hogar, en una dimensión vetada a los seres materiales, sonrió satisfecho: había logrado atajar la contaminación orgánica sin afectar al planeta ni al resto de seres vivos creados por él.
Fue el día en el que, misteriosamente, desapareció la Humanidad de la faz de la Tierra…

domingo, 17 de agosto de 2008

A ver si me pillas - Santyago Moro


A VER SI ME PILLAS
Santyago Moro

Edgar había nacido con un extraño don: era capaz de ver a la Muerte. Siendo así, no le costaba esquivarla cada vez que la sentía aproximarse para llevarse con ella a alguien cercano o al propio Edgar.
El día que a punto estuvo de atraparle con su huesuda garra, él se volvió y gritó entre carcajadas mientras huía:
—¡A ver si me pillas!
Transcurrieron mil años de intensa vida, hasta que, cansado y hastiado de todo, decidió que había llegado el momento. Buscó a la Muerte y anunció:
—Puedes llevarme ya contigo.
Ella, en lugar de hacer lo que le pedía, sonrió y, antes de desaparecer de su vista, se limitó a decir:
—¡A ver si me pillas!
Desde entonces, Edgar deambula por el mundo condenado al terrible tormento de vivir eternamente.


sábado, 16 de agosto de 2008

El accidente - Santyago Moro


EL ACCIDENTE
Santyago Moro

Mi vida cambió el día que sobreviví al accidente de tráfico que casi me cuesta la vida. Pasé de preocuparme de cosas banales a valorar lo que de verdad importa.
Gracias a ello, a mi nueva forma de afrontar mi vida, superé la pérdida de mi empleo, que mi mujer me abandonara y que mis hijos me ignoren cada vez que intento hablar con ellos.
Ya no me importa más que sentirme pleno, y no me preocupa ver cómo pasan a mi alrededor oscuras e intrascendentes personas que ni se dignan a mirarme.
Ahora que lo pienso… ¿Y si no sobreviví al accidente?...

viernes, 15 de agosto de 2008

Ingrediente secreto - Santyago Moro

INGREDIENTE SECRETO
Santyago Moro

La sopa que servía Dani Da Vito en su restaurante no tenía un sabor especial, sino una extraña virtud muy apreciada: quien la tomaba recordaba su infancia.
En la primera cucharada, uno volvía a escuchar a su anciana abuela contándole cuentos antes de dormir; a la siguiente, se veía feliz junto a sus padres paseando por el campo… Y así, hasta terminar el cuenco: emocionado, con los ojos llenos de lágrimas y una dulce e inigualable sensación de felicidad.
Le ofrecieron cuantiosas sumas de dinero por la receta, le suplicaron, le amenazaron, le extorsionaron… Llegaron a secuestrar y torturar al pobre Dani, que, incapaz de soportarlo, confesó antes de morir:
—El ingrediente secreto no era más que el rumor que difundí hace tiempo de que mi sopa era capaz de hacer recordar la infancia…


jueves, 14 de agosto de 2008

Vivir cien años - Santyago Moro


VIVIR CIEN AÑOS
Santyago Moro

El día en el que el Diablo me preguntó qué quería a cambio de venderle mi alma, no lo dudé: vivir cien años. Tendría que ver a los míos sufrir y era consciente de que el Maligno se apuntaba un tanto a mi costa en su lucha contra el Bien, pero, ¿quién no obviaría esos “efectos colaterales” sabiendo que iba a llegar al siglo de edad pleno de salud y vigor?
Cuando cumpliera los cien años, nada podría impedir que muriera. Yo miraba de reojo a mis semejantes, cuya esperanza de vida era de apenas ochenta.
¿Por qué me siento ahora ridículo y traicionado?... Hace un año, llegaron “ellos”. Venían de un mundo muy lejano y, como muestra de su buena voluntad, legaron al Ser Humano un maravilloso descubrimiento: el secreto de la droga capaz de prolongar nuestras vidas más allá de los cuatrocientos años…