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sábado, 18 de agosto de 2012

No todos los ciegos son inocentes - Sebastián Chilano


Ella salió con una amiga. Las 2 de la mañana y no llega. Él se levanta. Va al baño. Se acuesta. Las 3, las 4. Ella llega a las 6 de la mañana. Silenciosa se acuesta en la cama. Está agitada. Viene de bailar. Eso piensa él. Se lo pregunta. Ella no contesta. Él se enoja. Te juro que la próxima vez que pueda salgo solo y me voy a bailar solo. La amenaza. Ella lo acaricia. Él se duerme. Ella no.


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lunes, 31 de octubre de 2011

El escritor que espera - Sebastián Chilano


Sábado. Ocho de la mañana. En el televisor emiten uno de los pocos programas sobre literatura. Mejor no usar nombres, ni del programa ni de los protagonistas. Tres escritores hablan de un escritor legendario y olvidado que murió la semana pasada. Una de las mujeres habla. Dice: "Ahora vienen los diez años más difíciles de un escritor: sus primeros diez años de muerto. Si alguna editorial lo reedita vivirá, de lo contrario pasará al olvido". Me acuerdo del final de una famosa película donde el protagonista descubre que todo lo que le pasa le pasa porque está muerto. Salgo de la cama. Son las ocho y cuarto. Me miro en el espejo: ¿estoy muerto?

Acerca del autor:
Sebastián Chilano

domingo, 25 de septiembre de 2011

Las falanges - Sebastián Chilano


Tocaba el piano en la casa de una amiga cuando no había nadie. Abajo de las teclas encontró oro. Lo metió en la cartera. La amiga la llamó esa noche para decirle que el piano estaba desafinado. Que no volviera por su casa hasta que lo arreglara. Al mes la amiga llamó y dijo que podía volver. Ella dijo que no, que tenía ya su propio piano. Su amiga le preguntó si había levantado las teclas del nuevo piano. Cuando lo hizo, no encontró nada. Pero antes de sacar los dedos, las teclas cayeron y le partieron las falanges. Todas.

Sobre el autor: Sebastián Chilano

martes, 19 de julio de 2011

La apariencia no es sincera - Sebastián Chilano

No sé qué me rompe más las pelotas, si las moscas que me dan vuelta por la cara todo el día o tener que cagar parado y sobre el pasto. La dualidad me tiene podrido. A los estudiosos de la mitología les parezco un ser hermoso. ¿Qué carajo saben los eruditos de mi sufrimiento? ¿Saben que no puedo ir a la playa por la prohibición al ingreso con animales? ¿Que no encuentro dónde sentarme si quiero ir al cine? ¿Que soy puto si un tipo se quiere subir a mi lomo para dar una vuelta? No hay nada que hacer. En mi caso todo está perdido, mi vida es una mierda.
Soy la prueba, mitad hombre, mitad caballo: las cosas a medias no sirven.

lunes, 27 de junio de 2011

Dios - Sebastián Chilano


Un hombre silencioso sentado en una silla, en una sala amplia, lee un libro. La sala está en silencio. El silencio se interrumpe cada vez que el hombre pasa una hoja. La hoja está en blanco y las palabras se escriben a medida que el hombre lee. Cuando el hombre se cansa de leer, sale de la sala y entra en un mundo ruidoso y caótico que le es cada vez más desconocido. Por eso en los últimos años, el hombre silencioso prácticamente no abandona la sala.

Sebastián Chilano

martes, 24 de mayo de 2011

Apocalipsis - Sebastián Chilano


Dios le pidió a San Pedro que descargara películas para no aburrirse un fin de semana que iba a ser lluvioso. Vieron 2012, Matrix, Armagedón, Hijo del hombre, Terminator (toda la saga) y El día que la tierra se detuvo. El lunes, Dios seguía indignado: "Estos tipos parece que solo se divierten destruyendo el planeta. Ahora van a ver. Los voy a hacer mierda”, dijo. Y todo empezó.

martes, 10 de mayo de 2011

El oficio de tatuar - Sebastian Chilano


No te va a doler, me dice el hombre. Grito cuando la aguja toca la piel, pero el hombre sigue. La aguja traspasa la piel, se mete entre los músculos, llega a la sangre, va al corazón, al cerebro, a los ojos. Veo el infierno. Todos los muertos quieren hablarme. Todos ruegan que los libere. Entonces veo al Diablo. Me veo en sus ojos. Me ataca. Me quema la piel. Pero no me mata. Lentamente me curo y me convierto en el hombre que un día sale de la oficina, deja el maletín sobre la mesa, ojea el libro de tatuajes y se sienta para dejarse marcar, para recordar quién fue y así saber quién es. Viste que no duele, me dice el hombre, Si hasta te quedaste dormido. Me da el espejo para que mire el nigromante tatuado en mi espalda. Es horrible. Es, también, quién realmente soy.

miércoles, 20 de abril de 2011

El don - Sebastián Chilano


Lo que menos me gustaba de ella eran sus uñas. Las tenía puntiagudas. Perfectas. Y cada vez que respiraba le crecían un centímetro. O dos, dependiendo de cuán profundo fuera el estertor. Ella pulía sus uñas, y cada vez que lo hacía, se representaba en ellas todo una escena. A veces un presagio. A veces una tragedia. El mundo entraba en el reflejo de sus uñas. Y mi vida también. Mi hermana tenía trece años y mis padres nunca le habían cortado las uñas. De todas partes venían a mirarlas. Las uñas mágicas. Pasen y vean. Algunos se iban contentos. Otros tristes. Algunos lloraban. Otros, de rabia, querían pintárselas. Una noche soñé con tijeras. Soné que alguien le cortaba las uñas mientras ella dormía. Me desperté con la tijera en la mano. Alrededor, y por toda la cama, estaban sus uñas muertas. Ella me miraba. No lloraba. Estaba feliz.

Sebastián Chilano

jueves, 31 de marzo de 2011

Refutador de ciertas propiedades de los espejos - Sebastián Chilano


La realidad demuestra que los espejos no hablan. Que no ocultan universos. Que no son la puerta de entrada a ninguna parte. Y que no esconden monstruos que salen durante la noche para atemorizar a los durmientes. No hay nada excepcional en ellos. Lo único digno de mención, mágico, si se quiere decir, es que tienen la particularidad de envejecer a quién se atreva a mirarse en ellos. Basta hacer la prueba. Mirarse un día. Ese mismo día más tarde. Al día siguiente. Al mes. Al año. Si no existieran los espejos, probablemente el ser humano no envejecería. Y si lo hiciera, al menos no le importaría tanto.

domingo, 27 de marzo de 2011

La broma - Sebastian Chilano


Como músicos eran mediocres. Como compositores, limitados. Eran, ante todo, bromistas. Por eso el bajista electrificó las teclas del órgano, el baterista le cortó las uñas al guitarrista mientras dormía y el guitarrista, en venganza, metió un gato dormido en uno de los tambores de la batería. El recital fue un éxito. El tecladista nunca puso tanta energía en la interpretación como esa noche, el guitarrista, por primera vez en la historia, tocó la guitarra con los dientes durante dos horas y media, y durante todo ese tiempo, el baterista no perdió ni una sola vez el compás.

Sebastian Chilano

sábado, 26 de febrero de 2011

Proposición – Sebastián Chilano

Ella, después de mucho renegar, desenchufó la heladera y con un cuchillo removió una capa de hielo que convertía al congelador en una réplica en miniatura de la Antártida, donde, además, tres milanesascongeladas emulaban las instalaciones de la base Marambio.
Él se agachó debajo de la cocina para arreglar la pileta. No sabía nada de plomería, pero era voluntarioso. Y menos sabía de matrimonio, pero al ver a su mujer removiendo el hielo, tuvo un impulso que no pudo reprimir.
Ella dejó de golpear y lo miró. No lo insultó porque sabía que hablaba en serio. En cambio, lloró. Y no de emoción. ¿Cómo se le ocurría proponérselo tirado en el piso de la cocina, con las manos engrasadas, sin remera y tratando de arreglar la pileta?, se quejó ella. ¿Y por qué no? Preguntó él. Sos un animal, gritó ella. Y entonces él se ofendió.

martes, 9 de noviembre de 2010

La legendaria ciudad de los vientos - Sebastián Chilano


Las llamaban Tokio, New York, Buenos Aires. Quienes las construyeron estaban empecinados en llegar al cielo. Dicen que tienen capa sobre capa de cemento. Y de tierra también. Y que por eso colapsaron. Nadie sabe qué será de ellas en 1000 años. Hoy son inhabitables, y a la vez son las mayores atracciones turísticas. Hacia ellas parten y se pierden distintas expediciones. Viajeros de todo el mundo entrenan para soportar las inclemencias. Dicen que no se puede respirar. Que el ruido es ensordecedor. Que para dormir hay que atarse tres veces y boca abajo. Que si algo se cae o se tira puede destruir las ruinas de cualquier edificio antiguo y colapsar el santuario. Dicen que nadie ha vuelto. Dicen que los pocos que han vuelto fueron confinados. Dicen, también, que nadie quiere volver. Mañana partimos hacia Buenos Aires. Confió en regresar.  

lunes, 1 de noviembre de 2010

Morir todavía - Sebastián Chilano


El hombre busca la inmortalidad. Para esta vida, para la otra; cualquier tipo de inmortalidad: escrita, sonora; como sea, el hombre quiere ser recordado. Hace dos siglos, tras ensayos randomizados y experimentación fase 5 se conoció la vacuna Ab aeternum que prolongó la vida hasta el límite de la capacidad celular: 163 años. Nadie moría antes, al menos por enfermedades. Pero pronto se vio el primer efecto adverso. A los 109 años las personas se deprimían. Se trató de ocultar pero, como en las antiguas películas de zombis, la peste se esparció. La vacunación masiva se detuvo, pero el daño no. Las personas al cumplir 109 años se deprimen y suicidan; algunos con métodos cruentos, otros dejan de alimentarse. Hoy leí que un hombre cumplió 110 años y aún es feliz. Eso nos da esperanza. Se cree que es por el arroz que consume. Pero no se sabe nada más.

viernes, 1 de octubre de 2010

Arte - Sebastián Chilano


En medio del barrio más antiguo y más viejo de la ciudad mataron a un travesti. No lo mataron, lo descuartizaron. Lo cortaron en pedazos: dedos por un lado, muñecas por otro, y después codos, hombros, caderas, rodillas, vértebras, veinticuatro costillas, ojos, hígado, riñones, siete metros y treinta y tres centímetros de intestino delgado, oídos, aorta, corazón, cerebro, cerebelo y un solo pezón. Con la misma precisión lo volvieron a unir. Dos vértebras y entre medio de ellos el riñón, la aorta seccionada al medio y sobre ella las uñas en hilera, cosidas con el pelo y la cejas.
Un hombre joven confesó el crimen y fue condenado al destierro. También ganó el premio de la Bienal de arte costumbrista.

Tomado de Prometheus http://www.pmdq.com.ar/