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miércoles, 7 de agosto de 2013

Opciones alimentarias - Serafín Gimeno


A la muerte de su madre, asesinato en realidad, Bambi se convirtió en un mal huérfano. Belicoso, irascible, intransigente, ahuyentó a todos los padres adoptivos y familias de acogida. La herida de la pérdida y la amargura de la soledad llegaron a trastocar de tal modo sus instintos, que terminó por adoptar una dieta más acorde con su irreductible agresividad. Bambi se hizo carnívoro.
Con el paso de los años consiguió estabilizarse en algo, comprendió que debía cambiar, que su naturaleza había sido violentada; por otros y por él mismo. Buscó ayuda y tras muchas terapias, conforme a los nuevos tiempos, se hizo macrobiótico.

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lunes, 5 de agosto de 2013

El equilibrio de las cosas - Serafín Gimeno


Llegó un día en la sociedad de los lobos en que la escasez de caperucitas no pudo ocultarse por más tiempo. Ya no había almas cándidas suficientes a quienes engatusar y devorar, la pervivencia de los principios sacrosantos de la depredación se encontraba en peligro. Tras muchos simposios, congresos y cónclaves los lobos decidieron que una parte de la población lobuna pasase a adquirir los rasgos y las costumbres de las escasas e irreversiblemente condenadas caperucitas. Y así fue como el lobo se convirtió en un lobo para el lobo.

Acerca del autor:
Serafín Gimeno

lunes, 6 de agosto de 2012

La verdadera historia de Hansel y Gretel - Serafín Gimeno



Cuando Hansel y Gretel llegaron a la casita de chocolate, en realidad sólo tenía una mano de pintura color caoba, la bruja les recibió con ojos golosos; o eso pensaron los dos hermanos. Tras asesinarla en defensa propia, eso se dijeron el uno al otro, Gretel suplantó la identidad de la bruja. Para verificar la presencia de la vieja ante los vecinos y poner coto a las suspicacias de eventuales registradores de la propiedad que por allí pasaran, andaba encorvada y azuzaba al gato con voz ronca. Un día Gretel miró a su hermano con ojos golosos, o eso pensó Hansel, de modo que este último no tuvo más remedio que asesinarla; o eso se dijo a sí mismo.
A Hansel no le quedó otra que envolverse en los ropajes de la vieja si quería continuar en la casita de chocolate, que en realidad tenía una mano de pintura color caoba. Andaba encorvado y azuzaba al gato con gran pericia, aunque la voz ronca no le salía. Un día llegaron dos huérfanos frente a la puerta de la casita que no era de chocolate. Hansel no hizo mucho por defenderse.


Acerca del autor:
Serafín Gimeno

domingo, 29 de julio de 2012

Infidelidades - Serafín Gimeno


De la mano de Gustave Flaubert acabé atada a un matrimonio de conveniencia, casada con un aburrido médico de provincias. Opté por la rebeldía dándome al derroche, a la coquetería y al engaño. No tarde en pagar mis cuitas, mis pecados de amantes y mis despilfarros por medio de la ingesta de un matarratas. Según me dijeron, un tal Tolstoi le hizo lo mismo a una tal Ana Karenina. Solo que, en lugar de una lenta agonía provista de fiebres, vómitos e inútiles lavados de estómago, la piedad del tal Tolstoi le llevó a ejecutar a la tal Ana de forma rápida e indolora. Le seccionó la cabeza del tronco con ayuda de los raíles de un tren y de un tren mismo. Y es que la moral burguesa no concibe la infidelidad sin castigo.

Acerca del autor:
Serafín Gimeno

Pucherazo - Serafín Gimeno



En cierta ocasión, la biología se reunió en sesión urgente. La crisis de la extinción se cebaba entre sus filas. ¿La causa?, el ser humano, ¿cuál si no? Los organismos vivos convocaron un referendum acerca de la conveniencia o no de nuestra erradicación. Una mayoría de plantas y animales estaba a favor de la eliminación de todos los seres humanos, mientras que un reducido número de especímenes, pertenecientes a una escasa zoología urbana, mostraba una postura en contra. Ratas, cucarachas, palomos cojos... Siendo así, se preguntarán el por qué de nuestra continuidad como especie, ¿cuál es la causa de que sigamos aquí? Porque las ratas, señores, tienen el poder y la voluntad de comprar votos a mansalva. 

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sábado, 25 de diciembre de 2010

Los pastorcillos - Serafín Gimeno


Una vez acabé en el “trullo” condenado por atraco a mano armada sin violencia. Siempre fui cortés con mis víctimas. En navidad, los presos convencimos a las autoridades penitenciarias para representar una obra teatral adecuada a las fechas: “Los pastorcillos”. Durante los ensayos y en el transcurso de la representación de la misma, construimos un túnel por el que nos fugamos. Nuestra huida desembocó en otro teatro donde también se escenificaba la mencionada obra navideña. Cuando quisimos salir del recinto, nos dimos cuenta que, de igual modo, estaba ubicado en una prisión. Estamos atrapados en el bucle consumista de la navidad, dijo un carterista con dedos de filósofo. Pero si nosotros no hemos consumido nada, le repliqué. Una fuga, me respondió.

domingo, 24 de octubre de 2010

El banquete de Robinsón - Serafín Gimeno


La mañana de un viernes, Robinsón descubrió el hilo vaporoso de una fogata en el extremo de su isla, no muy lejos, a sotavento. El humo de la combustión le trajo un aroma a carne sazonada. Se armó con su arcabuz y fue a averiguar el motivo de la barbacoa, qué se celebraba y quién organizaba el banquete.
Apostado en la selva, descubrió a sus vecinos antropófagos en la playa, ocupados en el sacrificio y cocción de varios condenados. En grandes fuentes, los cocineros servían las partes troceadas y condimentadas sobre una mesa en torno a la que se sentaban el rey caníbal y su séquito. El monarca descubrió a Robinsón oculto en la floresta y mediante gestos le invitó a sentarse a su mesa. Harto ya de tanta fruta, el naufrago aceptó la deferencia. Al fin y al cabo, ¿quién era él para juzgar las preferencias gastronómicas de nadie?

viernes, 22 de octubre de 2010

Desprendimientos cárnicos - Serafín Gimeno

Un día me cayó una oreja, pude enmascarar el asunto con el uso de un sombrero. Al siguiente, fue el dedo anular el que se desprendió de mi mano derecha y al otro, el pulgar de mi izquierda. Tuve que ponerme guantes en pleno agosto. Cuando perdí la nariz, aquello fue más dificultoso. Al principio pensé que sufría de lepra, pero mi psiquiatra me dijo que tenía el ego poco afianzado.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tras la cortina - Serafín Gimeno

En el Departamento de Estudios Psicológicos Avanzados, Universidad de Yale, sección cuarta a mano derecha, se realizó un interesante experimento sobre el poder de la sugestión femenina. Para ello, fueron escogidas tres chicas y se las encerró en tres habitaciones distintas. El estímulo de la prueba consistía en unos zapatos depositados bajo una cortina, de modo que la punta de los mismos sobresaliera de un modo evocativo; como la insinuación de una presencia oculta.
La chica de la habitación A juró que, por encima de los zapatos, vio una forma humana recortada tras la cortina.
La chica de la habitación B, además de ver una forma, escuchó una respiración entrecortada.
La chica de la habitación C murió asesinada.

martes, 31 de agosto de 2010

La tozudez y la muerte - Serafín Gimeno


Descubrí a Manuel calle abajo. Iba como es él, cabizbajo, huraño, torpón en el andar. Le comenté mi visión a un amigo en común.
—Ayer vi a Manuel en la calle Tucumán, camino de la plaza del Generalato.
—Imposible —me respondió—. Hace dos semanas que murió de un tiesto desprendido de una azotea.
Así era Manuel, le costaba “Dios y su madre” reconocer las cosas.

domingo, 29 de agosto de 2010

Cuestión de excesos - Serafín Gimeno


Los humanos son criaturas de excesos, de aspavientos que nos impiden tomar el rumbo de nuestras vidas. Tomen ejemplo sino: ¿A dónde nos conduce el exceso de Dios?, a la Edad Media. ¿Dónde el exceso de leyes?, a su incumplimiento. ¿Y el de amor?, al olvido. Con esta idea en la cabeza decidí ser parco en todos mis afectos y delirios. Pero, como me quedaba a medias en todo, decidí volver al exceso.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Universos paralelos - Serafín Gimeno



Una vez encontré un montón de universos paralelos en el interior de una caja de cerillas. Toda vez que encendía un fósforo, vislumbraba a través de su llama espuria, débil y breve, un tipo distinto de realidad alternativa. Me vi junto a un yate, junto a un carrito de supermercado, con todas mis pertenencias a cuestas, junto a un obús, ocupado en verificar la espoleta, junto a una pancarta por la paz. Me vi mujer, jardinero en Roma, penitente en Santiago, loco en Estambul. Me vi a mi mismo encendiendo un fósforo. Una vez encontré un montón de universos paralelos en el interior de una caja de cerillas…