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miércoles, 19 de agosto de 2009

Precipitación - Sergio Patiño Migoya


Voló con pericia varias veces alrededor de la catarata que caía a pico sobre el níveo paisaje de la hondonada. El lago era al fondo un fervor rugiente. Entonces la catarata se movió, la alcanzó de lleno y la mando directa a lo profundo. El travieso dios, no conforme con ello, tiró de la cadena.


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jueves, 18 de junio de 2009

Filósofo en zapatillas - Sergio Patiño Migoya


Se quedó mirando la suela de la pantufla, los restos lechosos mezclados con el caparazón reventado de la cucaracha que había sorprendido en la cocina. Notó un amago de arcada en la garganta, pero peor, se dijo, habría sido que Gloria se la hubiese encontrado por ahí. Limpió la suela con una servilleta y, con tal mortaja, dio sepultura al espachurrado dictióptero en el cubo de la basura. Luego llenó un vaso de agua, lo bebió y se volvió a la cama, pensando en que, si los hombres fuéramos cucarachas, no habría tantas guerras sólo del asco de matarnos. "¿Viste? La sangre es otra cosa". Se sonrió de su ocurrencia, abrazó tiérnamente a su esposa y se durmió.

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Imagen: Viviana Hinojosa, "Flautista" (detalle)

lunes, 11 de mayo de 2009

Citrosis - Sergio Patiño Migoya


CIRROSIS
Sergio Patiño Migoya

Ella era su media naranja. Él era su media naranja. Se conocieron en un ascensor. Hablaron del tiempo y de lo caras que estaban las nueces en esa época. ¡Nueces, pobres tontos! Ni modo de sacarles el jugo. Tan fundamental mirarse para reconocer las atracciones cítricas... Pero el protocolo ascensoril anatemiza las miradas, sólo si se estropease podrían. Si funciona, no funciona. Si ascensor, no atracción. Ella se quedó en el quinto y se puso a ver una reposición de "Pretty Woman". Él bajó en el octavo para su cita con una media manzana ocasional. Un leve olor a azahar permaneció flotando unos segundos en el ascensor. Apenas eso y la amargura de un cupido por la ocasión fallida. No de naranja, se entiende, amargura de verde limón.

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viernes, 1 de mayo de 2009

Venganza alimentaria - Sergio Patiño Migoya


En aquel país, los hombres crían cuervos para que se alimenten de gusanos, tradición rencorosa contra los que habrán de devorar sus carnes después de silbar la guadaña. Aunque la verdad es otra: los cuervos no comen gusanos por adiestrados, sino por el sabor a humano que guardan en sus cuerpecillos. Odian a los hombres y, con gusto, les arrancarían los ojos si esto no fuese perder la compostura, cosa que un cuervo de bien nunca haría. Por mucho que la gente diga.

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Foto: Héctor Ranea

jueves, 9 de abril de 2009

Tragedia de identidades - Sergio Patiño Migoya


Le dices a Laura que la quieres, aunque tu yo sabe que no es cierto. También lo sabe su yo pero no se atreve a contárselo, porque ama profundamente a tu yo (amor correspondido). Ambos temen que, si ella descubre que no la quieres, no puedan volver a verse.
Por tu yo, dices, es que sigues con esta farsa. No debieras.

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Foto: Héctor Ranea

jueves, 26 de febrero de 2009

Enfermedad de transmisión genial - Sergio Patiño Migoya


ENFERMEDAD DE TRANSMISIÓN GENIAL
Sergio Patiño Migoya

Un genio estornudó una bolsa de monedas infinitas, un reino y la mujer más bella, para el hombre que había frotado la lámpara. Curado de ambiciones, el genio se marchó feliz, no sin antes contagiar la enfermedad al hombre, que fue absorbido por la lámpara. Desde entonces permanece a la espera de que otro desdichado lo libere. Llevará su tiempo porque, tanto o más que hermosa, la mujer resultó inteligente: con la bolsa y una loable habilidad para la intriga, llegó a ser soberana del reino. En el rincón más profundo de Palacio permanece la lámpara, a salvo de manos avariciosas.

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domingo, 22 de febrero de 2009

Dádivas - Sergio Patiño Migoya


DÁDIVAS
Sergio Patiño Migoya

Lorenzo es cincuentón y ciego. Doña Emilia lleva mucho más larga la vida para compensar su diminuto cuerpo. Día tras día, acuden a su cita en el paso de peatones de la calle México. Se paran cada uno en una acera y aguardan. La espera se puede hacer algo larga pero, tarde o temprano, aparece alguien que se ofrece para ayudarlos. Si uno atraviesa la calle, el otro también lo hace y, al cruzarse, golpean con disimulo plástico contra madera, como un secreto rito de bastones. Y vuelta a esperar. Así pasan las tardes.
Hay quien alguna vez se ha fijado y les ha preguntado. Los dos contestan entonces la misma cosa:
—Se les nota tan felices al despedirse…
Hace tiempo que olvidaron quién tomó el hábito de quién y nunca se han dirigido la palabra.

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miércoles, 18 de febrero de 2009

Por la boca muere el pez - Sergio Patiño Migoya


POR LA BOCA MUERE EL PEZ
Sergio Patiño Migoya

La fiesta de despedida del XIV Congreso Mundial de Divinidades estaba en su apogeo. Mayahuel ofrecía el pulque que manaba en catarata de sus cuatrocientos pechos a todo aquel que quisiese arrimar la boca. Jesús y Dioniso mantenían inagotables las reservas de vino mientras Osiris hacía otro tanto con la cerveza. Ménades y bacantes se mezclaban con los Centzon Totchtli y algún que otro ángel borrachín en una apoteosis de alcohol y sexo.
Alá contemplaba el espectáculo sentado en un rincón. De vez en cuando, lanzaba una mirada de súplica a su profético ayudante.
—¡Ah! —se encogía entonces de hombros Mahoma—, pues no haberlo dicho.

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sábado, 14 de febrero de 2009

La aparecida - Sergio Patiño Migoya


LA APARECIDA
Sergio Patiño Migoya

—Que te digo que es una fantasma.
—No, tío, no. Que los fantasmas dan miedo, ¿no ves lo guapa que es, atontao?
—¡Pero mírala cómo brilla!
—Aura, se dice.
—Pues eso, ¿no ves tú o qué? ¡Y además flota!
—La verdad es que lleva sábana blanca.
—Lo que yo te diga: un fantasma.
—¡Boh! Pues si que... ¿Y eso da miedo?
—Para nada. Anda, vamos a decirle al Perolas, que lo va a flipar.
Los dos niños se alejaron, no sin varias veces girarse para enseñar la lengua a la Virgen, sonrojada en su beatífica pose de brazos abiertos.

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martes, 10 de febrero de 2009

La verdad está ahí adentro - Sergio Patiño Migoya


LA VERDAD ESTÁ AHÍ ADENTRO
Sergio Patiño Migoya

Una noche, aquel borracho descubrió en el fondo de un vaso que debía seguir bebiendo para descubrir cosas en el fondo de los vasos hasta llegar a ser tan sabio que un día descubriese por qué las cosas están en el fondo de los vasos y no en la superficie, donde sería más fácil descubrirlas sin tener que malgastar tanta salud y dinero y amores rotos.

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viernes, 6 de febrero de 2009

Dearistocradencia - Sergio Patiño Migota


DEARISTOCRADENCIA
Sergio Patiño Migoya

En aquella mansión, ante la mirada ilustre de los ancestros que atisban desde su atalaya enmarcada, la familia se reúne para cenar. Ropa de etiqueta para sentarse a la mesa; mantelería fina, los ángulos bordados con el escudo de armas. Orfebres minuciosos repujaron la cubertería, que brilla bajo la luz vacilante de augustos candelabros: platos de porcelana con ribetes dorados, cucharas de plata, cuchillos con el mango de oro.
El servicio, dos señoras de edad improbable cuya juventud viviera el apogeo de una casa que ahora gime por sus heridas centenarias, acerca el alimento en bandejas impolutas.
Los comensales mastican despacio, prolongando el instante plácido de engañar a sus estómagos. Una noche más, deciden postergar la decisión de qué hacer cuando se acaben las ratas, ya escasas merodeadoras en los sótanos de su hogar.

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lunes, 2 de febrero de 2009

Principio y final de una odisea - Sergio Patiño Migoya


PRINCIPIO Y FINAL DE UNA ODISEA
Sergio Patiño Migoya

Recién partido de Ítaca, Odiseo rezó a Poseidón:
—Protégeme y guárdame, buen dios.
Así lo hizo Poseidón, mandándolo al fondo del mar, a buen recaudo. Y Penélope espera que te espera, enredada por Homero.

viernes, 30 de enero de 2009

Cuestión de colores - Sergio Patiño Migoya




Que el señor gato lleve un esmoquin blanco cuando sube a lo alto de la valla, no es casualidad. Las ovejas escuchan mejor a alguien que viste su color. En el fondo, ellas saben que, bajo la tela impoluta, el pelaje del señor gato es negro, pero se sienten mejor así.
Con los años, el señor gato ha refinado tanto el arte del disfraz que hasta las palabras que salen de su boca parecen blancas. Las ovejas las comen con gusto. Están felices de vivir en la granja porque fuera, dice el señor gato, merodean los lobos, negros como la noche.
Menos mal que el señor gato cuenta con el impagable servicio de los halcones. Si tuviera que hacer ciertas faenas, no podría lucir su esmoquin blanco. Al menos, mientras la sangre siga siendo roja.

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lunes, 26 de enero de 2009

La verdadera historia del cántaro y la fuente - Sergio Patiño Migoya

De tanto ir el cántaro a la fuente, acabaron por enamorarse. Cada día, el cántaro más se llenaba de amor y, por consiguiente, menos de agua. Su dueña, harta de tanto viaje para llevar a casa la misma agua que antes en un ir y venir trasegaba, terminó por montar en cólera y estrelló el cántaro contra un muro.
De las potables lágrimas de la enamorada nacería una oda hermosísima y triste que aún cantan cada mañana las fuentes de todo el país, para solaz de sus habitantes. Sólo las personas, que tan poco tiempo tienen para escuchar a las fuentes, han olvidado esta historia. Apenas conservan de ella la expresión “amor destrozado” y un refrán, siempre más práctico de usar según conveniencia.

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martes, 20 de enero de 2009

Resueños - Sergio Patiño Migoya


RESUEÑOS
Sergio Patiño Migoya

Un hombre sueña que sueña que sueña que sueña que está soñando. Al rato sueña que sueña que sueña que sueña que se despierta. Luego sueña que sueña que sueña que se despierta del sueño en que se despierta. Y también que, mientras se levanta remolón de la cama, se queja de lo tarde que va a llegar hoy al trabajo, cuando al fin logre despertarse.

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lunes, 12 de enero de 2009

Con certeza, certero - Sergio Patiño Migoya


CON CERTEZA, CERTERO
Sergio Patiño Migoya

Cuando Tell acertó, el pueblo entero prorrumpió en una ovación que hizo que el gobernador de Altdorf se removiera en su asiento. Eso no era bueno, nada bueno. Levantó una mano para ordenar silencio:
—Wilhem Tell, buen ballestero eres. Demuestra que en vez de bueno eres el mejor. ¡Vendadle los ojos!
La segunda manzana saltó de la cabeza del hijo de Tell destrozada por otra certera flecha. El gobernador, rojo de ira, gritó trampa, gritó engaño, gritó venda movida, gritó sacadle los ojos a ver si la gracia divina guía su ballesta entonces.
Después de cumplida la orden, una tercera flecha voló silbando libertad por el aire y, esta vez, la manzana se mantuvo intacta.
—¡Ha fallado! —dijo el gentío.
—Tal vez —dijo Tell.
La garganta atravesada del gobernador no dijo nada.

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martes, 6 de enero de 2009

Circus interruptus - Sergio Patiño Migoya


CIRCUS INTERRUPTUS
Sergio Patiño Migoya

La tensión se palpa en el ambiente cuando el hombre empieza a caminar sobre la cuerda floja. De repente, la tensión se apodera de la cuerda. El equilibrista sale despedido, atraviesa la carpa y se pierde en la infinitud. La cuerda saluda con un giro de comba infantil agradeciendo su colaboración al público, que se parte las manos a aplaudir.

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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Hasta el fondo - Sergio Patiño Migoya


HASTA EL FONDO
Sergio Patiño Migoya

Era una mujer de cuerpo diez salvo por la arracimada, insoslayable, protuberante verruga en medio y medio de su entrecejo. Lo había probado todo, incluso la cirugía. A las pocas semanas, volvía a estar ahí. Hasta que una mañana, la mujer que de niña soñaba con ser princesa, se encara con su trauma frente al espejo.
—Hasta aquí llegamos.
En su mano las tijeras de las uñas, que atacan en un primer corte quirúrgico. Su enemiga responde con un chorro de sangre a borbotones. Siente como laten las raíces en su carne, dispuestas a regenerarse, así que vuelve a la carga, desollando, rebanando, horadando hasta tocar hueso. Con el índice, hace una comprobación final recorriendo el agujero. Segundos de gloria. Hasta el momento en que, justo en la punta del dedo, siente un pálpito.
En la otra mano, las tijeras de las uñas...

lunes, 29 de diciembre de 2008

Inconveniencia - Sergio Patiño Migoya


INCONVENIENCIA
Sergio Patiño Migoya

Estimada Sra. Villanueva:
Roberto y yo quisiéramos invitarles a usted y su marido a la fiesta de compromiso de nuestra hija Lorena. El convite tendrá lugar en nuestra residencia el día 23 del mes corriente. Agradeceríamos confirmación de asistencia.
Atentamente,
Emilia Bengoechea

Mi apreciada señora:
Siento no poder asistir a la celebración. Mi amado esposo sufrió en el día de ayer un repentino infarto y ha fallecido. Comprenderá mi aflicción en tales circunstancias.
Respetuosamente,
Luisa Villanueva

Querida amiga:
Lamento profundamente lo sucedido. Por favor, no deje de avisarnos si encontrase antes de la fecha un nuevo acompañante.
Con afecto,
Emilia Bengoechea.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 23 de diciembre de 2008

Mismamente - Sergio Patiño Migota


MISMAMENTE
Sergio Patiño Migoya

En media hora se despierta, se levanta de la cama, se va a la cocina, se toma un café y dos bollos, se va al baño, se quita el pijama, se ducha, se afeita, se estruja una espinilla, se peina, se echa desodorante, se pone el albornoz, se vuelve a la habitación, se quita el albornoz, se viste y se calza, se dirige a la puerta, se echa un último vistazo en el espejo del recibidor, se ajusta la corbata, se marcha.
En la calle, cuando se dé cuenta de que una vez más se ha olvidado las llaves dentro de casa, se maldecirá fuera de sí a sí mismo y se volverá a recriminar el actuar siempre de forma tan irreflexiva.

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