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viernes, 4 de mayo de 2012

La paradoja de Narciso - Tanya Tynjälä


Se encontraba bella, bellísima. Muchos pensaron que era solo un decir su famosa frase —repetida hasta el cansancio—: “Si me cruzara conmigo por la calle, me enamoraría al instante”. Y fue por culpa de ese exacerbado ego que no recordó el famoso efecto Blinovitch (también conocido como la paradoja de Narciso) mientras cumplía una importante misión de reorganización temporal para la agencia en donde trabajaba.
De nada valieron los gestos de advertencia de sus compañeros de viaje. Segundos después de juntar sus labios, ella y su imagen del pasado (tres años más joven, tres años más bella) se convirtieron en polvo del tiempo.
—Qué falta de profesionalismo —comentó alguien.

Acerca de la autora: Tanya Tynjälä

domingo, 11 de marzo de 2012

Ley cero - Tanya Tynjälä


Recibir el premio Nobel solo agudizó su esquizofrenia.
Esa misma noche le confesó a Ajeeb (el único capaz de escucharlo sin juzgar) que vivir le hacía daño y se puso a llorar como un niño. Ajeeb no lo abrazó, pues pensó que su cuerpo de acero solo le causaría más frío al ya estremecido Genio.
La autopsia rezaba: “muerte por sobredosis de benzodiazepinum bio modificado”. Ajeeb se encargaba de administrárselo todas las noches. Era lo único que lograba mitigar el insomnio crónico del que sufría el Genio.
Cuando la fuerza del orden lo interrogó, Ajeeb solo dijo, lanzándoles su inexpresiva mirada y con esa voz calma y monótona que lo caracterizaba:
—¿Acaso no se matan a los caballos?

jueves, 16 de febrero de 2012

Los cadáveres exquisitos (Una de zombis) - Tanya Tynjälä


Les cadavres exquis boiront le vin nouveau
(Primer cadáver exquisito de la historia - 1960)

Regla número uno: Caminar retorciéndose y murmurando “cerebro…cerebro…”
Regla número dos: Alejarse lo más posible de los guardias armados con sables. ¡Sobre todo no perder la cabeza!
Regla número tres: Esperar a que todos hayan huido para gozar del festín.

Mientras disfrutaban del champán francés y se embotaban con el caviar de Beluga, (¡Marie! ¡El caviar se te sale por el corte de la garganta! ¡Por favor, un poco Más de compostura! ¡Qué barbaridad!) Alphonse se preguntaba dónde habría nacido la estúpida idea de que ellos se alimentaban con los cerebros de los vivos (¡Qué asco!).

jueves, 27 de noviembre de 2008

El hombre-roca - Tanya Tynjälä


EL HOMBRE-ROCA
Tanya Tynjälä

El Hombre-Roca vive solo en su isla, rodeado de carteras marroquíes, cadáveres de arpas, lámparas sin terminar y restos de galletas de coco. Lo protegen cuatro sanguinarios perros calvos que desgarran hasta la sangre más fiera.
Dicen que en un reino dividido había un principito que nunca llegó a ser personaje de cuento, pues su madre le mordió el corazón. Él, adolorido, cubrió su palpitar con rocas de odio e indiferencia, buscó la isla más sucia y olvidada, se inventó recuerdos sin pasado y decidió vivir sin cerrar los ojos.
Alguna vez una ninfa se acercó a llorar entre sus brazos; sólo encontró frío y las agudas aristas le causaron dolor.
Ahora el único ser que osa visitar sus costas es el León Marino de las Nieves, quien le ha contado a los delfines que todas las noches escucha el débil llanto de un niño.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El caballo ardiente - Tanya Tynjälä


El Caballo Ardiente regala su lengua a doncellas y brujas. Entrega su savia aunque se sequen sus vetas y vaga sin rumbo buscando el sueño. Pero el mundo gira y la arena cae desorbitando sus ojos. (Aún recuerdo la ternura de su cuello).
No pretendas cabalgarlo al verlo pasar, detén su marcha descarriada. No mires sólo el pétalo de su piel o la luna de su cadera o el mármol de sus muslos. Mira la sal en sus mejillas, el grito en sus pupilas y el azul en su alma.
Limpia la sangre de su camino, llévalo a descansar entre las amapolas, dale de beber con tus manos el agua pura del olvido, ante de que deje de ver las estrellas.