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jueves, 4 de julio de 2013

Panegírico - William E. Fleming

El platillo volante se situó entre dos coches negros. De su interior, ante la expectación de las gentes que poblaban la extensión verde, coronadas de pequeñas piedras blancas; aparecieron dos figuras antropomorfas de exagerada cabeza. Mientras todos se asombraban del primer contacto, los dos seres entonaron una canción de despedida junto al lado de una fotografía de un personaje de pelo cano sonrisa benévola y gafas de carey.
Sobre el autor:

viernes, 19 de octubre de 2012

El Genio - William E. Fleming



—Bueno la verdad es que si deseara algo —dijo con la antigualla entre las manos— sería quizás paz. Que tuviera todo el tiempo para escribir, sabe, es que soy escritor.
El genio con su cola, saliendo desde el interior del pitorrito de la lamparita, sonrió con su brazos cruzados sobre el pecho y dijo:
—Sim salabim Calim Borá que ahora lo que piensas sea tu deseo ¡YA! —ligeros golpes de humo en la frente del agraciado y al desaparecer este, vio cumplido su pensamiento. Su carne mutada en metal, sus ojos convertidos en verdadero vidrio. Y como corazón el sonido de los engranajes del pecho. Ahora si tendría todo el tiempo que deseara, mas entre truenos las nubes dejaron caer gotas de lluvia...

Sobre el autor:
William E. Fleming

miércoles, 30 de mayo de 2012

Strike - William E. Fleming



Cansada de tanto trabajar, decidió que no sería más un peón en la baja jerarquía de esa sociedad. Lanzó al suelo lo que estaba portando y con un grito de ira empezó a corear algunas frases rimadas. Pronto, muchas compañeras se unieron a su canto. Fue la primera de las epidemias de rebelión en los hormigueros cercanos.


Sobre el autor: William E. Fleming

domingo, 20 de mayo de 2012

Peste - William E. Fleming


—Doctor, ¿me pondré bien? —preguntó insistente agarrando la camisa de un anciano con una mascarilla—. ¿Y mis hijas, se encuentran a salvo? —tosió supurando sangre entre los dientes. —Sí —le respondió compasivo el médico. No sabían a qué se enfrentaban, pero mientras miraba a los hombres de negro con máscaras picudas que lanzaban dos pequeños cuerpecitos a la pira, no pudo más que rezar porque todo aquello no fuera una plaga bíblica.

 Acerca del autor: William E. Fleming