martes, 30 de marzo de 2010

Nadar en tierra firme - Silvia Rodríguez Ares


Desde muy chica me gustaron los cuentos. Y todo lo que estuviera escrito sobre papel: poemas, crónicas, noticias, frases célebres, hasta avisos clasificados.
Me sumergía en la lectura como un buzo que explora los mares infinitos. Pero cuando emergía, la luz del día lastimaba mis ojos y los ruidos de la calle me sonaban extraños.
¿Cómo expresar con palabras de este mundo lo que yo sentía? Ese deseo profundo de que el mar fuese la tierra y la fantasía se volviera realidad…
Navegué, navegué mucho tiempo en las tinieblas, naufragué varias veces, hasta que por fin bajé a la orilla, acomodé mis pies en la arena y aprendí a nadar entre las piedras.
Aunque, de vez en cuando, mi voz es un canto de sirenas.

En la mansión campestre de Madame Sevigné - Alejandro Ramírez Giraldo


—Madame —dice el cocinero—, el mayordomo está muerto en la cocina. ¿Desea que le traiga algo antes de retirarme?
—Sí, por favor un pedazo del gâteau au chocolat.
—¿Y el mayordomo?
—Ahora no. He tenido un día terrible y quiero leer un poco antes de dormir.

Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com/

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

De aves - José Luis Vasconcelos


Madame Latubisse estaba harta de todos, y de todo. Cansada de arropar órganos entre sus piernas, decidió que el momento de partir había llegado. Desabotonó su blusa, la arrojó a un costado del lecho circular y se recostó; cerró los ojos y esbozó una inusual sonrisa: sus senos blancos y diminutos agredieron al aire con dulzura.
Trató de relajarse mientras su amigo llegaba. Había adiestrado muy bien a esa ave; le enseñó que no debía sacar ojos... los corazones saciaban mejor el hambre.
El cuervo llegó, los helechos apenas dejaban ver una porción de su ojo enorme.

Tomado de: http://rojanota.blogspot.com

domingo, 28 de marzo de 2010

Potencia - Héctor Ranea


Hieronymus Bosch tenía tanta potencia en su imaginación que, antes de que ésta se expresara al pintarla en sus cuadros como figuras y escenas terribles, se esculpían en el corazón de la lava que los volcanes habían escupido hacía miles de años. Hay pocos artistas capaces de semejante proeza. Cada uno de nosotros conoce al menos dos. Lo extraordinario será cuando alguien pueda sacar de la obsidiana lo que sobra y encuentre los personajes del Bosch en vidrio oscuro.

Borrón - J. Javier Arnau


Sólo de pensar estoy ya harto intentando definir una soledad soterrada entre páginas en blanco, índice perpetuo de mi asolada imaginería. Un borrón hace cuenta nueva, y vuelvo a empezar desde mi autoimpuesto abandono a rellenar absurdos epígrafes con los que conquistar la memoria. Una imagen onírica de los pecados devueltos a su original creador regresa hacia mi escasa ya capacidad de resolución, por lo que me siento incapaz de afrontar su origen.
Cierro los ojos, apesadumbrado por no haber podido definir una ficción más perfecta, y pienso que, tal vez, habrá más ocasiones para malograr unas cuantas páginas en blanco.

Señales de humo - Sergio Gaut Vel Hartman & Rafael Vázquez Suárez



Dijo el parapsicólogo: —Los fantasmas pueden leer el humo de los libros que arden. —Nos contempló y siguió preguntando—. Pero, ¿qué ocurre cuando no entienden un capítulo especialmente abstruso? —Arrojó al fuego la “Metafísica” de Aristóteles y fuimos testigos de que las llamas, luego de consumirlo, reconstruían una y otra vez el indescifrable texto.


El monstruo del armario - Rita Vicencio


Marcos estaba cansado de no poder dormir bien. La misma historia cada noche, la misma interrupción, los mismos gritos y llanto desesperados. Cansado de tanto drama se decidió y entró a la habitación de su hijo pistola en mano, cartucho completo cargado. El pequeño de 5 años le miró lloroso, hasta que su padre le tendió el arma y le dijo que ya era hora de ponerle un alto al monstruo del armario. La sonrisa del niño, y su alivio, fue todo un poema.

Esa madrugada se oyeron, en lugar de llantos y gritos desesperados, tres tiros secos en la habitación de al lado. Marcos sonrió satisfecho pensando que, de ahora en adelante, por fin podría conciliar el sueño.

A la mañana siguiente acudió contento a la habitación del niño, que dormía a pierna suelta, y procedió a buscar un abrigo para llevarle a visitar a los abuelos. El horror vino cuando descubrió el rastro baboso y sanguinolento que se perdía en el fondo del armario hasta un hueco de la madera. A partir de esa noche, Marcos es quien duerme con la pistola amartillada.

Tomado del blog: http://saborajenjo.blogspot.com/

viernes, 26 de marzo de 2010

En el subte – Sergio Gaut vel Hartman

Una mujer lee Un mundo feliz de Aldous Huxley. A su lado, un hombre de mediana edad, aunque muy deteriorado, estira el cuello y ve, en la página 217, esta frase: “La felicidad es un patrón muy duro, especialmente la felicidad de los demás”. No lo puede soportar. Es desdichado y sabe que nunca dejará de serlo. Ha perdido su trabajo, nadie lo ama, cree que está enfermo. Saca un cuchillo y degüella a la responsable de su desgracia. Debería prohibirse, reflexiona, la lectura de ciertos libros en lugares públicos.

Recuerdos - Víctor Lorenzo Cinca

Hace un par de días, cariño, mientras paseaba solo por el parque, un chico que no conocía de nada, Juan dijo que se llamaba, se acercó para saludarme. Me comentó que fue un buen amigo tuyo durante un tiempo, y me dio recuerdos para ti. Desde entonces me vienen a la memoria playas en las que jamás me he bañado contigo, evoco habitaciones de hotel en las que no hemos dormido juntos, revivo abrazos y besos que nunca nos hemos dado, y otras cosas que prefiero no mencionar.


Tomado de Realidades para Lelos

Matrimonio por conveniencia - Óscar Román Alconada

A las seis y media nos levantamos y nos preparamos para la hora de la Prima. Rezamos el Ángelus y asistimos a la misa de ocho. Después, unos días hacemos lectura meditada de la Biblia, y otros lo dedicamos a Oración. Más tarde la Tercia, unas horas de elaboración de dulces hasta la hora de la comida. Mientras hacemos la digestión, dedicamos unas horas a la lectura tomando el sol en el patio del convento. Sobre las tres de la tarde, arreglamos la ropa o hacemos alguna labor. A continuación, dedicamos un rato a la lectura de la Palabra de Dios. Lo último es el Ángelus, la versión completa. Y, antes de acostarme, le pido perdón al señor por no creer en él, y vivir en el convento por comodidad.

Tomado de http://oscarroman.com/

Un asesino en el supermercado - Carlos Alvahuante

1 cuchillo aserrado.
1 ramo de flores.
2 litros de pino (de marca libre, no importa).
1 paquete de velas.
1 rallador de queso.
1 kilo de arrachera (marinada, de preferencia).
4 metros de cable.
1 botella de vino tinto (del que esté de oferta).
1 sonrisa para la cajera.

Cepillo - Mario Capasso


La otra tarde, mientras paseaba por una plaza, encontré un cepillo de dientes. Lo levanté y, en lo que a sentimientos se refiere, me dejé guiar por su forma y su color. Comencé a acariciarlo. Como se mostró dócil y amable conmigo, busqué un banco libre, me senté en el medio y le pregunté la hora a un señor que pasaba. Me alegré al saber que no faltaba demasiado para la noche, aunque la espera se me haría interminable, me dije, mirándolo con ternura, mientras se humedecía bajo la presión de mis dedos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Omnipresencia - Esteban Dublin


Carmelo Serrano posee el magnífico don de la ubicuidad. Y gracias a su habilidad ha podido desarrollar un sinnúmero de conquistas en espacios distintos y tiempos exactos. Con el paso del tiempo, a pesar de eso, Carmelo se ha enamorado de Jimena, una de sus tantas mujeres, y poco a poco ha ido deshaciéndose del resto. Pese a todo, él mismo se ha convertido en su principal enemigo, porque cuando, estando en un lugar, sabe que Jimena está con otro de sí mismo, unos celos enfermizos se apoderan de él sacándolo de sus cabales. Es entonces cuando el orgullo masculino se desborda y la lucha entre todos los Carmelo Serrano por el amor de Jimena deriva en una sangrienta guerra sin cuartel en la que no hay espacio para la tregua ni la compasión. Mañana se celebrarán catorce exequias simultáneas.

Mientras dure la belleza – Héctor Ranea


Mientras Orazio Elche escribía la que, según su opinión, la de su esposa y la de su editor, sería la novela del siglo y lo acercaría aún más al Nobel. Mientras Prudencio Algañara resolvía por más de seis meses, preso por propia voluntad, y alimentado a manzanas y otras frutas, el problema del origen de todas las cosas. Mientras Ludmilla Stegoralya encontraba por fin la secuencia invariable en un retrovirus que estragaba a los humanos. Mientras Artermisa Flores pintaba el cuadro más sensible sobre la condición humana. Mientras Gerardo necesitaba morir para no seguir sufriendo. Mientras el Jefe de la Central Energética se sentía orgulloso porque estaban por fin resolviendo el drama del colapso ecológico con energía renovable y sustentable. Mientras, mientras, mientras, un asteroide de veinte kilómetros de diámetro, entraba en la atmósfera de la Tierra.

El payaso - José Vicente Ortuño


El payaso hizo alarde de toda su panoplia de trucos y la parafernalia propia de su oficio, pero el público permaneció en silencio, ajeno a las gracias con las que intentaba provocar su hilaridad. Al término de su actuación salió de la pista cabizbajo, arrastrando la guitarra con la que había efectuado su último intento para hacerlos reír.
Comenzó el siguiente número, el de una trapecista que realizaba increíbles proezas. Tampoco el público se sintió impresionado por la habilidad de la muchacha, ni siquiera cuando un soporte del trapecio se rompió y ésta cayó al vacío, estrellándose en el centro de la pista.
El payaso corrió a socorrer a su compañera y amada, pero no pudo hacer nada, sólo llorar sobre su cuerpo roto. Durante unos instantes, bajo la carpa sólo se escuchó el llanto del payaso, luego, el público comenzó a reír.

sábado, 20 de marzo de 2010

Boy scout por horas - Jorge X. Antares

Cuando nadie le veía, se dedicaba a hacer de bienhechor anónimo. Ponía dinero en buzones, regalaba flores a vecinas tristes, etc. Nunca supo que la mayoría de las veces había errado el tiro y que condenó a los más horribles destinos a los que quería ayudar.

Línea de cajas – Sergio Gaut vel Hartman


Se ubicó en la fila de la caja rápida y se enamoró de ella perdidamente, de inmediato. Esa forma de registrar los productos, su estilo incomparable para emitir los tickets. Estaban destinados a ser el uno para el otro. Pero, de pronto, todo se oscureció. Nunca imaginó que se cerraría dejándolo afuera. Reflexionó para reformular su estrategia y decidió que iría tras ella hasta el fin del mundo. No llegó muy lejos. La supervisora ordenó el arqueo y él no tardó en ver las cosas como realmente eran: estaba ante una caja vacía, vacía por completo.

Al séptimo día - Mario Capasso


Mi mundo está acabado, dijo. Enseguida pensó, con un dejo de satisfacción, que por única vez en su vida, la siesta de los domingos estaría justificada. Así que se acostó nomás. Pero no logró conciliar el sueño. Abandonó la cama. Se asomó a una de las ventanas y vio lo que había hecho. Entonces abrió bien grandes los ojos y así continúa, con los ojos abiertos, inmóvil, en silencio.

jueves, 18 de marzo de 2010

De titanes y dilemas - Héctor Ranea


El águila llegó temprano a cenar. Venía a comer otra vez hígado de Prometeo y la verdad que estaba harta de semejante dieta. Esa noche, el Titán le preparó dos hígados. Cuando llegó al lugar adecuado le dijo al desdichado:
—¿Y ahora, dónde me meto el otro? ¡No pretenderás que me coma los dos!
Prometeo le dijo:
—Respuesta obvia, metételo en el culo.

Wishful thinking - Ruy Feben


Sentirán el olor dulzón del ron; especularán con las frecuentes desapariciones y el aire de sospecha que tengo cuando llega la resaca. De cierto sólo sabrán que estoy desnudo sobre la alfombra roída, tieso de días, las costillas astilladas y el antebrazo sobre el rostro, rigor mortis.
Reconstruirán la escena: "en venganza, asesinaron a este hombre de manera brutal y de rodillas por haber presenciado negociaciones entre capos del narco". Harán hincapié en mis córneas mutiladas, sin saber que sacármelas antes de matarme de dolor fue lo mínimo que tuve que hacer.
Desconocen que no es asunto fácil tener la facultad de ver el futuro, que es la peor de las mafias.


Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

martes, 16 de marzo de 2010

El proyecto de la velocidad de la luz - Héctor Ranea



Estábamos todos excitadísimos. La Directora del proyecto apenas podía respirar. Después de cuatro años de intenso trabajo (que no despreció burocracia infame, por cierto) el jinetillo de titanio iridio estaba listo para comenzar el experimento. La primera etapa fue elevarlo mediante un potente láser y que levitase a la altura del haz de neutrinos. Se suponía que se producirían taquiones beta, los que iban del futuro al pasado después de interactuar en el vacío. Esos taquiones deberían traernos noticias que quedarían impresas en la nave del jinetillo. Algunas cámaras de alta velocidad captaron un destello y después simplemente nada. Al escrutar el jinetillo con el microscopio de fuerza atómica, leímos un mensaje, efectivamente. A esta altura la Directora casi estaba desmayada. El mensaje decía: "Me enviaron esto al pasado. Me temo que el experimento ha fracasado. Albert Einstein". Lloramos amargamente una semana pero después retomamos la labor.

Salto mortal - Víctor Lorenzo Cinca


La presión es máxima, pues sólo dispone de un intento. Se lo juega todo en ese salto: su presente y su futuro. Los dedos de sus pies, apoyados en el canto del trampolín, soportan su cuerpo tenso. Respira hondo, toma impulso y salta.

El doble mortal, de impecable ejecución, se enlaza con un difícil tirabuzón y medio dibujado en el aire, consiguiendo un salto casi perfecto. Lo único que le falta para rematar el ejercicio es no salpicar demasiado, y lo consigue: apenas unas pocas gotas de sangre que salen despedidas de su oído cuando impacta con las baldosas de la piscina vacía.

Fotostática – Ruy Feben


Para JC(mex), que se cruzó con dos clones míos

No tengo más opción que despedirme de ellos. Así que lo mejor es explicarles.
Hoy por la mañana el Partido Oficial decretó que todos los clones deberían destruirse. La polémica ardió con un asesinato por el cual no se supo si incriminar al clon o a su dueño. Tras una serie de pesquisas, se descubrió que los clones habían adquirido independencia: vivían vidas propias cuando sus dueños no los urgían a salvar citas duplicadas. Así que volveremos al mundo anterior, de cancelaciones y decisiones.
Mis tres me miran sin entender. El timbre suena. Vienen por ellos; indico que están en la sala. El soldado me mira extrañado y apunta a mi cabeza, mirándome sin entender.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

domingo, 14 de marzo de 2010

Revisión rutinaria - Alejandro Ramírez Giraldo



Asisto a una revisión médica de rutina.

El doctor, como hacen todos, me revisa las amígdalas, los pulmones, me toma el pulso y me pesa para constatar que estoy en mi peso ideal. "No tiene problemas, me dice, goza de una excelente salud". Antes de salir me anuncia que me recetará algo para mejorar la calcificación de los huesos, pero por error diligencia una partida de defunción con mi nombre. Me exalto y le hago el reclamo. "Tranquilo, no pasa nada, váyase tranquilo y descanse en paz."


Tomado del blog: http://cuentominicuento.blogspot.com/

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

Deshojando la margarita - Víctor Lorenzo Cinca


Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere... se iba diciendo mentalmente a medida que caían al suelo uno a uno los pétalos de la margarita. Me quiere, no me quiere, me quiere... Cayó el último ―no me quiere― y la margarita, desnuda y avergonzada, convertida en un feo tallo apétalo, supo que el chico ya no la amaba.


Tomado de Realidades para Lelos

El asesino - Samanta Ortega


El amigo del amigo de mi amigo acababa de llegar a Madrid y acepté hospedarlo. Fue un error. No bien abrí la puerta me disparó a quemarropa. Lo curioso fue que, desde ese momento, el corazón comenzó a latirme cada vez más deprisa.
No le quedó otra a mi marido que dejarme, para él ya estaba muerta.

Juegos I (Hibernación) - Walter Böhmer


Jugar juegos estaba bien, pero algunos eran peligrosos. El mago lo sabía ahora, siempre había tenido la sospecha de que sus actos lo eran, la confianza era su arma más potente y a la vez su peor enemiga.
La práctica hacía al maestro.
La práctica.
Sentado en relajación miraba esos ojos marrones como si fuese la primera vez, los estudiaba buscando la chispa adecuada.
La vio.
Dejó que de sus labios saliesen las palabras mágicas.
–Duérmete –dijo en un susurro.
Captó los labios frente a él abrirse apenas y decir una palabra también.
–Duérmete –escuchó.
Solo tenía un poco de conciencia, la suficiente para decirse que usar el espejo había sido una mala idea.

jueves, 11 de marzo de 2010

Insectos – José Luis Zárate


El doctor admiró el trabajo: minúsculos insectos en la piel, increíblemente detallados a pesar del tamaño. La minuciosidad del obsesivo compulsivo. El cuadro clínico indicaba que la percepción objeto-idea se diluía. Pronto los insectos serían reales para el paciente. Debían evitarlo.
Drogas, electroshocks, incluso tal vez la remoción quirúrgica de los dibujos.
Al paciente le esperaban días duros.
Tal vez lo sospechara ya. Había signos claros de stress. Presión arterial alta, tics nerviosos. Sobreexcitación. Reacción extrema a estímulos mínimos.
El doctor le dijo que se tranquilizara y le palmeó la espalda.
La piel vibraba, los músculos cargados de adrenalina.
Eso, el cuerpo a punto del colapso.
Sí, eso.
Miró de nuevo los dibujos, nervioso.
La verdad, había sentido bajo esa piel millones de insectos, pululando, tratando de salir.

Mano - Antonio Cruz


Salgo del quirófano, me siento y enciendo un cigarrillo; mi mano derecha tiembla ligeramente.
La miro con atención. Es menuda, con dedos cortos y delgados. Sus articulaciones son huesudas y arrugadas y en su dorso sobresalen tendones y venas.
La miro fijamente y me sorprendo de todo lo que ha podido hacer hace un rato en la sala de operaciones esta mano que ahora enciende un cigarrillo.

Premonición - Juan Armando Epple


Con la seguridad de que ella siempre regresaba al amanecer, compraba algo de pan en el puesto de la esquina y luego tomaban un café juntos, él manipulaba a tientas el televisor para oír las noticias o los diálogos insulsos de alguna teleserie, y luego se dormía. Podía distinguir por el olor con quienes se encontraba ella cada noche. Compadecía los olores tímidos, los olores marinos le producían celos, el olor a ternura solía impregnársele en la ropa.

Una noche ella volvió sorpresivamente, y se notaba alterada. El captó con alarma ese olor ácido que emana de los tipos celosos, propicios a la violencia. La sintió registrando unos cajones, mover las perchas del ropero, dirigirse a la puerta de salida.

El intentó prevenirla, pero ya era tarde.



Tomado de http://www.letrasdechile.cl/