jueves, 20 de febrero de 2014

El novato - Sergio Fabián Salinas Sixtos




Juan despertó al dragón arrojando una piedra al morro de la bestia. Chasqueó los dedos, invocó la fuerza primigenia de Hüestel, lanzó las cenizas de lengua de dragón mezcladas con saliva de mandrágora. El fuego del dragón lo consumió en segundos. El hechizó paralizador de dragón que tanto practicó: falló.


Acerca del autor: Sergio Fabián Salinas Sixtos

martes, 18 de febrero de 2014

Sobre los tejados - Christian Lisboa





Sólo ella podía escuchar las suaves pisadas felinas en el piso flotante. Por la puerta de la cocina, desde el patio de luz comenzaron a entrar más gatos. La salida hacia la calle estaba bloqueada con cerraduras imposibles de franquear. No necesitó abrir el paso hacia la habitación del amo, pues él dejaba un resquicio para escuchar sus movimientos y dormía con la pistola al alcance de la mano. Cuando la sala de estar estuvo llena de cuerpos peludos que se acariciaban contra sus piernas, ella hizo un gesto y los invasores comenzaron a entrar en el dormitorio.
Salió al patio interior rodeado por muros de seis pisos de altura y comenzó a trepar, introduciendo la punta de los dedos entre los ladrillos. Lo hizo bastante rápido. Los gritos le llegaron cuando estaba en los techos. Aunque podía tomar posesión de esa casa, no volvería allí en mucho tiempo.


Acerca del autor:  Christian Lisboa

Glóbulos, kingkestrujas, flucsios – Daniel Alcoba



Omnívoro consecuente que soy, a la hora de comer vacilo entre los glóbulos iguales a naranjas de dos metros de diámetro, sobre seis patas de zancuda y los kingkestrujas, sus predadores, que recorren los humedales de las selvas sud ecuatoriales de P 3268 G Alpha Centauri con exprimidores mecánicos de tamaño colosal que arrastran en carretas de treinta y ocho ruedas tiradas por flucsios dodecápodos corniveletos de pelaje overo rosado.
Los flucsios, tienen una carne excelente para guisar. Se asan los todavía jóvenes, con cuernos no más grandes de un jeme.
En este planeta la naturaleza es tan cruel como en cualquier otra parte donde hay materia orgánica, vida en todas sus formas. Los kingkestrujas pasan a los glóbulos por los exprimidores como si éstos fueran naranjas, como si no fuesen animales inteligentes capaces de gritar, llorar, y entregarse a la muerte cantando una canción la mar de triste.


Acerca del autor: Daniel Alcoba

martes, 28 de enero de 2014

Objetivo — Patricia Olivera


Su labio inferior se tiñó de rojo, la sangre corrió por su mandíbula. Lo miró, en el fondo de sus ojos negros destelló una luz. Sonrió al ver cómo el último aliento de la víctima escapaba de su cuerpo. Miró hacía el púlpito, donde se hallaba su verdadero objetivo: el libro que había venido a buscar. Amanecía, podía imaginar al sol levantándose tras los vidrios de las ventanas. Huyó, ahora podría descifrar el acertijo que lo tenía condenado. En el camino volvió a alimentarse, esta vez de un de racimo de uvas que colgaba firme de un pedúnculo adherido a una vieja parra. No era lo mismo que la sangre robada al capellán que dejó colgado del campanario, pero al menos era algo...

La autora: Patricia Olivera

lunes, 20 de enero de 2014

Enseres - Sergio Fabián Salinas Sixtos


El microondas golpeaba al tostador y la licuadora intervino en la pelea —sentí miedo y salí corriendo de la cocina—, en la sala: la lámpara de pie arremetía contra el tocadiscos que en ese instante reproducía un disco de jazz; entonces la pianola —cual rinoceronte enfurecido— se abalanzó sobre mí, la esquivé de milagro y se estrelló contra el ventanal cayendo hacía la calle. Es todo lo que tengo que decir, señor Juez.

Acerca del autor:
Sergio Fabián Salinas Sixtos

Barbarismos mortíferos - Daniel Alcoba


–Es inútil y peligroso –observó el Instrúmeno de la Constelación β Orionis– ejercer una gran presión exterior & interior sobre una gran masa GM: la masa grande, casi siempre oblonga, se atasca en el agujero negro como corcho en gollete o dedo en anillo estrecho, y la fuerza gravitatoria no consigue hacerla, ay, entrar.
Fueron las palabras “corcho”, “gollete”, “dedo” y “anillo”, las que sublevaron a los delegados de la asamblea. Hasta entonces no se habían pronunciado nunca en esa región del universo. Y ellos sabían, por haberlas leído en Internet, que procedían de la Tierra. Los parlamentarios se cambiaron a un programa de contrainteligencia estelar. Apresaron al Instrúmeno, a quien identificaron como ser humano, agente de inteligencia de la ONU. Como no eran coléricos, lo condenaron a muerte entre chistes, y como eran piadosos lo mataron de un tiro invisible cuando reía el chiste introductorio a la ejecución.

Acerca del autor:
Daniel Alcoba

viernes, 17 de enero de 2014

Aroma - Paula Duncan


La madrugada me regala un firmamento estrellado, alguna nube con forma de duende regordete que guiña un ojo al pasar por sobre mi cabeza, antes de desaparecer en viaje a su reino, el jazmín después de la tormenta ha perdido casi toda su corona; de pronto un aroma golpea mi cerebro, el aire huele a lavanda… el aire huele a vos; mis ojos, mi garganta, mis oídos, se llenan de ese aroma inconfundible, te siento a mi lado; tu presencia me cubre entera, el corazón corre al compás de la sangre bullendo en mis venas; quiero hablar pero al abrir mi boca siento que el aire de mi aliento se ha vuelto lavanda; ya no tengo dudas: te fuiste pero vives dentro de mi.

Acerca de la autora:
Paula Duncan

El afán comercial pierde a las yinns creyentes - Daniel Alcoba




domingo, 12 de enero de 2014

Caníbales - José Alfredo Padilla



-“Seres irreverentes e incultos. Gustan de caminar desnudos, pues son economistas ante la crisis. En la mesa, no guardan etiqueta, eructan frente a otros. Siempre comen con la boca abierta y en excesos. Apenas se limpian los dientes. Sienten un extraño y morboso placer por la carne de humanos, salvo por esa costumbre no son peores que nosotros y le atribuimos defectos que solo tenemos los más civilizados”.- Leía la página ocho del Diario No Encontrado De Robinson Crusoe.

Acerca del autor: José Alfredo Padilla

Daños colaterales - Anna Rossell Ibern


El estruendo invadió su cerebro y un violento latigazo le sacudió las piernas. No sentía el tacto de su mano derecha, que en aquel mismo segundo se había agarrado con insólita fuerza al libro y a la pizarra. Le estallaban los pulmones. Murió a los diez minutos con la mirada fija en la porción de cielo encendido que aún podía intuir, a través de la densa humareda, por un resquicio de los escombros.

Sucedió en Basora, un día de mayo de 2003.

Sobre la autora: Anna Rossell

La intriga - Paula Duncan



La noche me atacó por la espalda; todos sus oscuros personajes parecían estar acechando, mientras buscaba por todos lados la respuesta. 
Llegué a la iglesia, desde la cruz del campanario un pedúnculo de luz dibujaba la cruz en la vereda, que aparentaba ser de vidrio rojo brillante.
La incógnita persistía en mi cerebro, sin encontrar solución comencé a caminar dando vueltas y vueltas a la plaza.
Un vagabundo dormía abrazado a su perro en un banco escondido; las hamacas se movían solas a mi paso; hasta podía escuchar voces y risas, pero no había nadie, ellas estaban en mi cabeza, en la última vuelta un zorzal comenzó a cantar y en ese momento veo en un banco cercano un libro abierto boca abajo, lo dí vuelta y al leer la página marcada encontré el resultado del acertijo; volví a casa y dormí miles de días.


La Autora: Paula Duncan

viernes, 10 de enero de 2014

Recursos extremos – Sergio Gaut vel Hartman


—Si durante la Tercera Guerra Mundial se lanzan bombas atómicas —dijo Albert Einstein—, la Cuarta se peleará con palos y piedras.
—Se equivoca, amigo —dijo Joe Facebook—. La Tercera Guerra Mundial ya la estamos peleando en la web. —Joe Google y Joe Twitter movieron sus cabezas virtuales, pero se dieron cuenta de inmediato que era una treta del enemigo para distraerlos y sacar alguna microscópica ventaja, por lo que se esfumaron sin completar el gesto.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

Reflexiones de un paisano pampero – Héctor Ranea


—Don Silva, lo veo pensativo, hombre. ¡Acérquese pa'l corral a comer questo está güeno!
—Es que lo veo crudo al chancho como pa' dentrarle al cogote.
—¡Vamos, don Silva. No se amilane aparcero, que de tanto corcoviar el chancho estira la pata en cualquier momento!
—Mis tiempos de vampiro mozo ya han pasáu, Gumersindo. Vampiro viejo quiere lechoncito tierno.
—¡Vamos, no se haga el estrecho, que la otra noche lo vimos con la Pancracia y a esa le sobran lustros pa' ser lechona!
—¿La Pancracia? Es que ella usa una crema antiarrugas que le deja la piel como parche 'i bombo legüero y hasta yo puedo dentrarle. Modestamente.
El silencio de la pampa sólo quedó cortado por los chillidos del cerdo y de los siete vampiros de la estancia El Murciégalo Escondido, partido de Lapenalevalga, pampa húmeda.

Sobre el Autor (y foto): Héctor Ranea

miércoles, 8 de enero de 2014

Santos imperfectos - Héctor Ranea


—Así como le digo, estimado Magister —comentó el doctor Unicatum dando cátedra a pesar del largo vaso de moscato que habíase clavado— algunos santos han tenido deslices memorables, imperdonables.
—¿Qué me cuenta! —contestó el Magister Volublí— ¿Se les pasó a los advocati diaboli del Vaticano?
—¡No, pardiez! Es que han sopesado sus virtudes y superan tales errores.
—¿Recuerda algún ejemplo, Destellante Doctor?
—Muchos. Le daré uno: el Prior del Concilium, Gurgueamoli. Creía que el tiempo no se aplicaba a Dios. Mire lo que digo.
—¡Horror! Entonces Él no podría participar de los eventos humanos. Con esa postura hoy sería quemado sin piedad. ¡Y resulta que es Santo!
—Sólo porquerías. Pero fue quien encontró la mejor manera de elaborar el moscato.
—El cielo en vaso. Y por cierto, el cielo bien vale una herejía.
La conversación siguió versando sobre otras Santas, pero prefiero mejor no referir tales horrores.


Acerca del autor: Héctor Ranea

Palabras que nunca olvidé - Rafael Blanco Vázquez


Con estas palabras, mi difunto amigo Indalecio Puerta me explicaba un lejano día mi triste destino, que era el suyo:

“Ella te saca de quicio. Desorientado, te sientes fuera de lugar. Nada como la soltería para reestructurarse y que todos los goznes vuelvan a su sitio. Pero entonces un nuevo vendaval pasará por ahí. O simplemente una empresa de mudanzas. O, lo más probable, una empresa de mudanzas llamada El Vendaval.”

Sobre el autor: Rafael Blanco Vásquez

viernes, 3 de enero de 2014

Primera vez - Ana Rossell Ibern


Con dedos trémulos y ansiosos recorrió aquella superficie curva, suave y velluda al compás de los movimientos lentos de su cuerpo, acariciando la ignota orografía. Deseaba ardientemente conocer los secretos que encerraba aquel Monte de Venus que sus predecesores hacía tiempo ya habían descubierto. Para esto se había hecho astronauta. Era su primer viaje.

Sobre la autora: Anna Rossell

Que llueva - Isabel Mª González


La de los días de lluvia era diferente, mimetizaba con la suya: no era una tristeza solitaria. La de los días de sol era mucho más dolorosa, desgarradora su ausencia, hiriente su distancia, absolutamente muerta su mirada. Salió a la calle, sin paraguas, nadie podría distinguir entre la lluvia y las lágrimas.

Sobre la autora: Isabel María González

miércoles, 1 de enero de 2014

Final con polleras caídas – Héctor Ranea


Sputafuocco Trizbolov, mandoble carnicero del condado de Jatchaturian, se quejaba desde 1946 porque no autorizaban a su habilidad como deporte olímpico. Decía que nadie hubiera podido ganarle en los cien metros llanos si aplicaba mandoblazos a los oponentes con su destreza sin par. Declaraba también que podía ganar jugando él solo al básquet e incluso al fútbol. En el Centro Jatchaturiano de Deportes no le daban demasiada importancia hasta que pretendió demostrar dichas habilidades en las escuelas zonales, aunque estaban seguros de que a su edad ya no podría hacer daño con la tremebunda espada curva. Eso fue hasta que intervino en tenis femenino. El último mandoblazo, que coincidió con el primero de Don Trizbolov le bajó la pollerita a la competidora. Ahí nomás el tape Gutiérrez, novio de la mencionada, le descerrajó una carga completa de AK-47. Se terminaron las quejas del mandoble carnicero del condado de Jatchaturian.

Sobre el autor: Héctor Ranea

lunes, 30 de diciembre de 2013

Encuentro en la cumbre – Sergio Gaut vel Hartman



—Lo que importa es el corte final —dijo Ingmar.
—Disiento —dijo Orson sacudiendo su habano—. Si la cosa viene mal barajada no hay Cristo que la pueda arreglar.
—¡Cristo! —vociferó Luis—. Me junto con ustedes para oír hablar de Cristo. ¿No podemos dejar de filosofar y hacer lo que vinimos a hacer?
—No se alteren —dijo Woody, encogiéndose en la silla—. Y por favor no griten.
—Da Luis —dijo Orson—. Y espero que me toquen mejores cartas que la última mano.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

Osiris, rey - Candela Robles Ávalos


El culto del Cuerpo de Osiris era dirigido por la familia Zafirat. Lo que hacían era ayuda a los pobres, refugio a los necesitados, donaciones a los hospitales y museos. Sólo eso impedía que el cinismo de los medios recayera sobre ellos por la palabra culto. Las continuas visitas del público ayudaban. Después de todo, ellos no sabían los caminos subterráneos que llevaban a la cámara secreta. También varios miembros lo ignoraban. Era fácil justificar la unión de la humanidad que fundaba el cuerpo, siempre que no vieran los actos incestuosos entre padre e hijo, madre oficiando la ceremonia. Habría sido difícil convencer a las personas que fue el muchacho quien incitó todo el rito y los guiaba en su composición.

Acerca de la autora:  Candela Robles

La pesadilla de Fermín - Christian Lisboa


La peor pesadilla del ministro de bienes nacionales no era aquella en la cual un peso asfixiante aprisionaba su cuerpo en la oscuridad. En su sueño recurrente más temido, un delincuente de poca monta corría con una pistola en la mano, apuntando a todo el mundo. Fermín Alcayaga huía por calles oscuras y llegaba al linde del bosque, en el cual se internaba. A poco de andar, se encontraba con un gorila y temiendo ser atacado, comenzaba a retroceder lentamente. Pero el gorila era hembra y se acercaba cariñosamente a Fermín, quien terminaba acostado con ella sobre los helechos. La pesadilla terminaba bruscamente cuando un gran chimpancé se acercaba, vestido como un gentleman, con una biblia en una mano y una escopeta en la otra. Fermín no sabía si sería ajusticiado o sería obligado a casarse con la mona y despierta reconociendo al simio: su nombre era César.

El autor: Christian Lisboa

sábado, 28 de diciembre de 2013

Todo profeta sabe dónde está su whisky – Héctor Ranea


La obra dejada por Kirlian Josephson: miríada de cuentos brevísimos, plétora de poemas que nadie podrá recordar, ensayos ensayados pero nunca finiquitados, un impresionante muestrario de novelas comenzadas hasta el punto de saber cómo iban a terminar. Esto afligía al prolífico escritor, pues conocer el final lo inhibía de seguir su escritura. En efecto, razonaba: si sé cómo termina, cualquiera podría adivinar el final mediante la lógica, el álgebra, la teoría de fractales y la asociación ilícita de Freud, todas cosas archiconocidas por mis lectores, bastante escasos, por cierto.
La dulce Ariabella conoció poemas dedicados a ella, pero los recibió con la misma alegría con la que recibía el vaso de escocés enfriado (no toleraba el hielo) que usaba como aperitivo. En ese sentido, K-J no llegó a ser profeta en su tierra ni falso dios de falsos profetas. Quien pueda leer, que lea y entenderá de qué hablo.

Acerca del autor:
Héctor Ranea

martes, 24 de diciembre de 2013

Tonantzintla – Héctor Ranea


El volcán duerme, la volcán se desnuda, el meteorito cala hondo en la embocadura del caldero, la tierra se estremece. Todo visto desde tan lejos parece ser una película muda.
La lava de la volcán se derrama. Con seguridad ahí va también el meteorito, fundido en los estertores de la montaña desnuda.
Poco después, todo ya en calma, el volcán despierta, seguro de ser el dueño de todo.
Tonantzintla se despierta con una sonrisa y el bullicio de los chicos masticando golosina de caramelo con cacahuate.

El Autor: Héctor Ranea

Foto: HR

Un cuento más - Sergio Fabián Salinas Sixtos


Llegué a París de vacaciones con un morral y mi ejemplar manoseado de Rayuela bajo el brazo. El morral contenía: una muda de ropa, una libreta de apuntes, estilográfica, un frasco de tinta verde y un guijarro blanco. La piedra era una ofrenda del jardín de mi casa para la tumba de Cortázar. En un café ordené: un croissant y café con leche. Desplegué el mapa de París sobre la mesa y busqué con avidez el Pont des Arts: "¿Encontraría a la Maga?". Sabía que no; pero sería delicioso soñar despierto: hallarla y hablar con ella hasta que París sea una fiesta.

Acerca del autor:

Supuestos Desastres - Virginia Cortés


A – Es todo muy interesante, pero si me disculpa usted, debo retirarme; la naturaleza llama…
B – Ah, claro. Desea usted ir al toilette, por supuesto.
A – No aclare, discúlpeme y listo.
B – Por supuesto.
A – ¿Y?
B – ¿¿Y qué??
A – ¿¿¿Y me disculpa o no???
B – ¡¡¡Que sí, que por supuesto!!! Vaya de una vez o nos va a dejar el charquito acá nomás. El charquito… ¿entiende?
A – Sí, sí… no aclare que oscurece.
B – No soy yo. Se acaba de cortar la luz.

Sobre la autora:
Virginia Cortés

Estupor - Mayda Bustamante


Luna llegó temprano como no acostumbraba, llegó a ese café del Madrid de los Austria donde en más de una ocasión se había encontrado con Adolfo a desnudar sus almas. Ocupó una mesa, la de siempre, y por primera vez observó que estaba rodeada de espejos. Dirigió la vista hacia uno, el de enfrente.
Luna sabía, ¿sabrá?, que no podía cumplir las expectativas de Adolfo. Era consciente de que algo le tenía que decir esa noche. Amaba su brillantez, su energía, su inteligencia, su lucidez, pero experimentaba la certeza de que su cuerpo no podría nunca encontrarse con el suyo.
Del estupor pasó al temblor porque mientras se miraba intensamente al espejo, deseó con fuerza transformarse en eso que Adolfo necesitaba.

Sobre la autora: Mayda Bustamante

domingo, 22 de diciembre de 2013

Otorgar valor – Cristian Cano


“La profundidad de una melodía es proporcional a la condición humana. Siendo que en su principio las melodías quisiesen no decir nada.” No hablo de sólo saberla contemplar y otorgarle un lugar, digo de estar a la altura y ser consecuentes de su resonancia en nuestra vida. Cierto esto, mucha más emotividad en una misma melodía percibida por alguien bajo los avatares de la vida. Por consiguiente, muchas más vibraciones emocionales en la composición de una persona controversial y penante.
Sobre el autor: Cristian Cano

Sobre la importancia de las oraciones y las conjunciones copulativas - Ginés Mulero Caparrós


La inocencia del recién nacido no sabe de escatologías al regalar el contenido del pañal a aquel ser llamado madre. La mujer de la vida hace con dos dedos una pinza sobre la nariz, desprecia la dádiva dejando el ser y el estar y el parecer del neonato con el atributo al aire. Ignorándolo en otro portal de mala muerte, se marcha a su cuchitril y llora, y aparta el visillo de la ventana, y… mirando al mundo, se abandona al té esperando la noche más fría del universo… Y bisbisea. Y reza. Y es entonces que baja a buscarlo.

De Gaviota de azogue 139
Sobre el autor: Ginés Mulero Caparrós

Diario de peregrinos pajueranos pentecostales – Daniel Alcoba


El siete de noviembre entramos en Cochabamba con el Zurdo, disfrazados de otros. Íbamos de derviches giróvagos, moviéndonos como trompos dormidos sin parar de cantar los versos de al-Rumi mediante altavoces diminutos que ocultábamos en los turbantes (ignoramos el árabe y los derviches son letrados místicos).

El ocho buscamos el potrero del Diario de Bolivia, expuestos a las garrapatas como el comandante. Había también mosquitos, jejenes y zancudos. Y una rata, que se comió la puntera de la bota y un pedazo del dedo gordo derecho del Zurdo. (Debió dormirse durante la guardia, algo que sin duda nunca admitirá.) Esta es una baja que nos infligió una rata el nueve.
El diez de noviembre el Zurdo, con la bota agujereada en la punta y el pulgar vendado, llamaba la atención como un caballo con bufanda; esta vez la de perros cimarrones que se lo almorzaron, comenzando por el pulgar.

Acerca del autor:

viernes, 20 de diciembre de 2013

Instrucciones para mi entierro – Jordi Cebrián


No habrá oraciones en mi entierro, sólo los salmos antiguos que adjunto a esta carta. No habrá plegarias, pero podrán venir los reyes y los sacerdotes a llorar por mí. Quiero un panteón de mármol, sin imágenes ni inscripciones, con mi tumba en el centro. Quiero canciones cuando llegue el invierno. Quiero olor de incienso, con aroma de almizcle. Quiero 13 velas a mi alrededor, siempre ardiendo. Quiero las más hermosas doncellas del templo velando mi féretro, que se turnen para que en mi panteón siempre haya alguna virgen. Y la tapa debe abrirse desde dentro, para cuando tenga hambre.

Tomado de: Cien Palabras

Acerca del autor: Jordi Cebrián