miércoles, 10 de junio de 2009

Dilema con el Plan B – Héctor Ranea



Tengo todo bien aceitado. El plan A es no morir. Es cierto que es bastante improbable que se cumpla. Hay pocos que alcanzaron ese nivel, lo admito. Pero bueno. Ése es mi plan favorito. El plan B tiene algunos tropiezos. Por ejemplo, no sé si morir de cara a la huesuda, enfrentármele vis à vis y entender todo el proceso, o, como prefieren mis amigos, dormir y en el sueño dar el paso final. El dilema con ese plan es que no sé qué carajo voy a hacer al despertar de aquel sueño.

Invitación - José Luis Zárate



—Parece un suicidio colectivo.
El comisario se acercó al primer cadáver. Ropas bastas, zapatos de minero. Que raro se veía el plumero en sus manos callosas. Otro sostenía un trapo con pajaritos. Esos objetos: limpios del polvo de la mina. No les pertenecía. Era de alguien más. Los aferraron como si no quisieran perderlos en la muerte.
El lugar estaba sucio, pero podía verse aquí y allá cosas relucientes. Alguien, hasta hace poco, limpiaba con esmero este lugar. Tal vez con amor.
¿Eso fue lo que impulsó el brindis de veneno? ¿ese silencio?
Parecían tener sólo ese cariño y la mina. Y cuando desapareció…
El comisario suspiró. Por amor había visto cosas aún más tristes.
Encontró una hoja de papel que lo explicaba todo.
Una invitación de bodas ricamente adornada.
Leyó el nombre del inocente culpable, la razón de esas muertes.<
Blancanieves.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

sábado, 6 de junio de 2009

Vecinos - Maria Fabiana Calderari

Vecinos - Maria Fabiana Calderari

Este episodio entre mis afectos, signó nuestras vidas para siempre. Asombroso y devastador, mas no por ello menos sensible.
Crecí junto con mi madre, quien me tuvo de muy joven. Con Juan, fuimos vecinos toda una vida. El mismo jardín, las aventuras de secundaria, las noches de parranda, la universidad. Nos aunaba la complicidad y las semejanzas.
Cuando conoció a mi novia, quedó encantado al instante. Fue el padrino de la boda. Desposados, buscamos refugio en la casa materna. Mi amigo se convirtió en un estorbo; permanecía horas interminables entre nosotros.
Al cuestionarle su extraña soltería, confesó su amor silente y acorralado hacia una mujer prohibida.
Temí el peor desenlace para nuestra amistad. Los esposos decidimos, por consideración, mudarnos lejos.
Ocasión que aprovechó el enamorado, y venciendo barreras, declaró su amor a mi madre.

Tomado de: http://facalderari.blogspot.com/
Foto: Cuadro de Bruno Busnelli http://www.brunobusnelli.com.ar/

El incidente del mono - Héctor Ranea

El incidente del mono - Héctor Ranea

El explorador Nukak que se hacía llamar ojo de mono, iba con su prole escrutando las copas de los árboles para enseñarles cómo encontrar los monos arahuacos para comer. De atrás de un árbol gigante, surgió un mono nunca visto, sin pelo, rosado como la carne. El guerrero creyó que el mono no tenía piel y se le acercó amistoso tendiéndole la mano aunque éste pronunciaba palabras ininteligibles. Los niños se le acercaron sin miedo y al mono sin pelos le saltaron lágrimas, pero poniendo la boca como los Nukak cuando ríen. El explorador lo vistió en sus partes y lo llevó a su aldea, le dieron comida y lugar donde dormir. Al día siguiente el mono pálido se fue solo. El explorador cree que encontraron un mono loco.

Las maravillas en el país de Alicia - Esteban Dublín


Las maravillas en el país de Alicia - Esteban Dublín

Un conejo blanco descansaba en su madriguera cuando vio a lo lejos una niña corriendo. La curiosidad lo asaltó y la siguió hasta su casa. Maravillado, empezó a ver cosas que ni siquiera concebía en su imaginación: líquidos en botellas que al tomarse no agrandaban a la gente, un palo de cróquet que no tenía forma de flamenco, una baraja de cartas inmóvil sobre una mesa, una oruga diminuta que no fumaba y humanos vestidos con ropa tradicional. Aún sorprendido, vio a la niña que se acercaba a él y que lo agarraba de las orejas. Asustado, el conejo despertó respirando aliviado al comprender que sólo era una pesadilla.

Tomado de: http://estebandublin.blogspot.com
Foto: Cuadro de Bruno Busnelli http://www.brunobusnelli.com.ar/

Dulce aviso fallido - Jorge X. Antares



Dulce aviso fallido - Jorge X. Antares

La niña miró al demonio haciendo signos amenazadores por detrás de la cabeza de sus padres. Intentó avisarles pero no le entendían.
- ¡Qué ricura de bebita! Mira como mueve las manitas. ¿Qué querrá?
- Cualquiera sabe. Tal vez tenga hambre. Ahora viven el mejor momento. Sin preocupaciones, ni tensiones.

Besos II - Martin Gardella


Besos II - Martin Gardella

Desde que un insólito hechizo me condenó a vivir como un batracio paso mis días cantando y comiendo bichitos en los márgenes de una laguna. Pensé en solicitar un beso sanador a alguna de las doncellas que se introducen en el traslúcido espejo de agua para disfrutar de relajantes y sensuales baños matinales, pero preferí no molestarlas. La vida de sapo tiene algunos beneficios: ¡se las ve tan felices y hermosas, moviendo sus cuerpos desnudos al ritmo del viento!

jueves, 4 de junio de 2009

Beber tu cuerpo - Sarko Medina Hinojosa


Se acercó lentamente a esos labios que se teñían de rojo con una lentitud excitante… pensó por un instante que lo que iba a hacer no era natural, pero —¡que más natural que beber el jugo del propio cuerpo humano!— se respondió a sí mismo mientras hundía su rostro en ese específico lugar.

La mala educación - Paola Cescon


La mala educación
Paola Cescon

Era necesario volver. Llevaba años de rejas sin poder depositar flores a mi secreto.
Martillan a diario el sonido de los tacones lejanos que anuncian su llegada. Mi carne, trémula, aguarda que se acerque. Como todas las noches, luego de atarme a la cama y encubierta por las tinieblas de mi cuarto, hace a un lado los prejuicios: —No se puede luchar contra la ley del deseo —repite entre gemidos que abofetean mi llanto.
Acá, en el pueblo, mirándome de soslayo, me han apodado “el matador”. Nunca supieron porqué la maté; jamás tuve el coraje de contar todo sobre mi madre.

Tomado de http://minimoanimaldemente.blogspot.com/

Exangüe - Héctor Ranea



Todos los visitantes asintieron con una sonrisa condescendiente cuando el guardia del Museo les comentó, casi como al pasar, que la estatua de David no tiene sangre. Que eso que surca su cuerpo es mármol. Como el anciano guía nota el sarcasmo de los sabelotodo, se acerca a la escultura de San Mateo y sin pronunciar palabra, saca una navaja y le hace un tajo del que mana sangre blanca y la imagen se retuerce de dolor.

Una nostalgia de algo - José Luis Vasconcelos


Una nostalgia de algo
José Luis Vasconcelos

Plantó semillas y cosechó la Vida. Los cantos de las aves anidaban en frutos. El venado en su estar y no estar era esto y lo otro. Descifró los signos que la sierpe trazaba sobre el suelo; los universos ocultos en la arena le hicieron suspirar.
Maravillado, atestiguó el despertar del hombre en su primera comunión con el silencio.
Orgulloso de su Obra sonreía porque todo estaba en su sitio, hasta la ponzoña del alacrán.
Una nostalgia de algo quebró su corazón cuando la soledad murmuró tempestades a su oído, y entonces el Creador se fue desvaneciendo entre sollozos.

martes, 2 de junio de 2009

Sin hilo de Ariadna - Sergio Gaut vel Hartman


Jorge Luis Borges terminó recibiendo, de parte de la impiadosa Caissa, un merecido castigo por aquel poema que hablaba de torres homéricas y reyes tenues, postreros. Por eso, en los clubes lúgubres y mohosos de las barriadas periféricas, cuando los aficionados juegan interminables partidas, es común ver una pieza fantasmal, que no es caballo ni alfil, y tal vez sí minotauro, tambaleándose ciega y sin lógica entre las laberínticas casillas.

Ventanas - José Luis Zárate


Las ventanas ansían contar historias. Los espejos se limitan a repetir lo que ven pero ellas siempre buscan un detalle exacto que dice más de lo que muestra. Creemos ver a través de ella la ciudad, la soledad, la distancia, el olvido pero no vemos más que una anécdota a medias.
Si uno se asoma al millón de ventanas abiertas en la ciudad tal vez podría ver al millón de almas absortas que escuchan una historia sin saber siquiera si tendrá final feliz.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

Unicornio - Héctor Ranea


Conjetura Borges (Manual de Zoología Fantástica) que los unicornios existen sólo que no responden a la descripción mítica, por lo cual seríamos incapaces de distinguirlos de otros seres imaginarios (The Book of Imaginary Beings).
De parte de un gambusino de Punta Dungeness me llega la confirmación de que esta aseveración es cierta. Él conserva la piel de un puma y sus dientes, pero dentro de los colmillos del felino tiene encerrado un cáliz de gulden, con una miniatura grabada por el mismo Unicornio con sus dos manos hábiles.
Dice él (y yo le creo) que las otras dos manos le flaqueban a la provecta edad que manifiesta. Considera este hombre, a mitad de camino hacia Cabo Vírgenes a recoger cholgas que, al menos en la Patagonia, no queda otro Unicornio. Debe ser cierto. Lo busco, aún sabiendo cómo es, y no lo encuentro.

Ángulos del amor imposible - Lilian Elphick


El fantasma  me escribe día a día; cuando yo respondo, él es mi reflejo. Y así han pasado estos meses de permanente vacío. El silencio es lo que más nos gusta y si pudiéramos no escribirnos lo haríamos, sólo que siempre hay un espejo que nos devuelve las palabras que nosotros mismos hemos desechado, como el mar arroja un cadáver a la orilla de la playa.
Y sin embargo, lo amo.
Tomado de: http://www.letrasdechile.cl/

Vocación - Esteban Dublín


Debido a lo incontrolable que se ha vuelto, Martín Franco ha decidido cortarse la mano. Ya no soporta que no descanse de la escritura ni un instante. Si no está redactando un artículo, está escribiendo una columna. Y si no está realizando una colaboración, está escribiendo su novela. Su extremidad se ha independizado de él y ha adquirido una autonomía que Martín no aguanta más. Una noche, toma un hacha con su otra mano y, sin piedad, corta a la caprichosa de la que ha perdido el control. La mano, agonizante, se mueve por última vez y, con la sangre que queda en el suelo, escribe la historia que acabas de leer.

Maneras de hacer - Jordi Cebrián


Abro la puerta y los muertos están allí, esperándome. Uno a uno les dibujo en la frente el signo que aprendí hace tiempo, cuando los continentes tenían otras formas. Les doy órdenes, observo sus miradas vacías y sus colmillos amenazadores. Finalmente les enseño la fotografía. Salen fuera, a la oscuridad.
Sé que no es bonito, ni caballeroso, ni acorde con los días que hemos disfrutado, pero la vida no es justa, ni la muerte. Habría sin duda mejores maneras de dejarlo, pero al fin y al cabo tú tampoco eres humana. Miro la foto y sé que te encontrarán, querida.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

domingo, 31 de mayo de 2009

Cuestión de conciencia - Cristian Mitelman


El hombre se baja del auto para auxiliar a la persona que acaba de atropellar. No hay nadie en la calle; la noche pareciera girar en derredor de esos dos cuerpos: el caído a un costado y el que mira con desesperación. Se dice a sí mismo que lo mejor será colocarlo en el asiento de atrás del coche, pero para eso debe levantarlo con suavidad infinita. Reconoce entonces a un viejo compañero de escuela al que una vez odió por haberle quitado su primera proyección amorosa. ¿Será posible? Es él. No puede ser otro. Los años pasaron, pero lo esencial de aquel rostro se mantiene.
Entonces piensa. ¿Fue en verdad un accidente? ¿Acaso, en medio de la noche, no pudo haber reconocido a su antiguo contendiente y atropellarlo por su viejo rencor?
Hay un hombre caído y otro que mira. Segundos después, el auto arranca.

La reconquista - Fabián Casas


Un niño de dos años fue el único capaz de disuadir a los invasores. Cuando el mega-ejecutor alienígena estaba a punto de destrozar a esa pulga morena que se acercaba asomando los pañales por debajo del pantalón corto, el pibe le ofreció un trozo medio comido y algo babeado de su postre preferido: un panqueque. Los megaejecutores se detuvieron. Tras una pausa interminable, levantaron vuelo, olvidándose de la Tierra condenada. Ahí está el pelotudo del padre, orgulloso, hablando por la tele, como si él hubiese tenido algo que ver.

Síndrome Solaris – Héctor Ranea


Los infantes que nacen con el Síndrome Solaris tienen una sensibilidad muy particular al comer. No pueden deglutir cosas que hablan porque recientes análisis muestran que ellos, al oír las voces y gritos, se sugestionan y adquieren imágenes extrañas en sus mentes. Es inútil inducirlos a comer lo normal que comen nuestros hijos. A ellos las cosas que hablan les dan fea sensación, vómitos y malestar permanente. Se aconseja cocinar antes a los seres que hablan. Un leve hervor bastará y las proteínas conservan gran parte de su poder nutritivo. Tal vez se requiera una dieta de mayor ingesta para compensar la leve pérdida proteica. 
Nota: no es necesario afeitar a los humanos.

Jobis 1 – Sergio Gaut vel Hartman


Adquirí el nocivo hábito de escuchar con gran atención las conversaciones ajenas, hasta el punto de que esa vigilia, ese tiempo robado al sueño, se convirtió en mi hora preferida de la jornada. Y lo hice con tal empeño que, en la quietud de la noche, junto a la puerta entornada de la sala, cuando aquella familia desangraba sus reproches y se mortificaba con purulentas acusaciones, mis antenas crecían tres o cuatro metros y llegaban a hacerles cosquillas en los tobillos desnudos, lo que elevaba el nivel de la irritación por encima de los límites tolerables. Dejé de hacerlo cuando el mayor de los hermanos mató a la abuela. No tenía sentido poner el peligro la diversión y verme obligado a buscar otra familia.

Edulcorante autorizado - Jorge X. Antares


La maestra vio como su alumno predilecto desaparecía convertido en una masa gelatinosa que se esparció por el suelo de la clase. Todo ocurrió después de ingerir esa nueva golosina en forma de diamante. El resto de los niños miró sus manos. Algunas tenían aun el dulce en ellas... Otras estaban vacías.

viernes, 29 de mayo de 2009

El adelantado- Alejandro Bentivoglio


Estamos al borde del precipicio, pero no sabemos quién dará el siguiente paso. Nos miramos unos a otros, en un silencio que ya lleva horas. Creemos que finalmente alguien tendrá el valor de saltar y seguir adelante, hacia lo desconocido.

Pero llega la noche y nos encuentra reunidos alrededor de una fogata. Todavía en silencio, pero hermanados por una cobardía que terminará la mañana siguiente, en ese glorioso e inolvidable amanecer cuando, casi con descuido, empujemos a cualquiera de nosotros hacia el abismo.


Tomado de Dakota/memorias de una muñeca inflable

Abducidos- Héctor Ranea


Entre las personas que abduje en mi interior están dos payadores: uno argentino, el otro cubano. El cubano es medio holgazán el otro, holgazán del todo. El argentino sabe expresarse bien pero es incoherente, vago y malambeador de profesión. Compone décimas en octavas, pero ni es prolijo ni se le entiende. En realidad, me divierten, sobre todo cuando el argentino se pone a contar cómo hace el menjunje chimichurri, o canta en coplas a cualquier cosa que ande por mi cabeza. Pero, la verdad, me hace perder tiempo. Eso sin contar con que muchas veces se pone a enseñarle al cubano cómo se juega al truco, cómo prepara el locro o baila zamba con los demás. Un día de éstos tiro por la borda a estos dos vagos y veo si puedo abducir un astrónomo o un físico serio que me dejen pensar en mis cosas.

El tablero de la vida- Sergio Gaut vel Hartman


Norman Bates y Bobby Fischer juegan una encarnizada partida de ajedrez. Un caballo muere en circunstancias misteriosas en la ruta 65, cerca de Wichita. El rey del trapecio da un salto al vacío. Una dama desengañada se suicida en Suiza. Un peón mata a su patrón y se refugia en la torre de Babel. El Obispo Negro se vuelve loco e incendia medio juego (el otro medio es blanco); el Sumo Pontífice muere carbonizado y el Gran Rabino de Jerusalén lo acompaña, transido de dolor. ¿Es posible relacionar todos estos hechos? Sin lugar a dudas: el tablero de la vida, una vez más, se ha cubierto de sangre y fuego. Norman Bates resulta derrotado, como todos habrán imaginado, pero él, lejos de angustiarse, lo disfruta. Bobby no se entera de nada.

Urgencia- Esteban Dublín


Mientras la sirena aturde a los transeúntes, el piloto les suplica por megáfono a los automóviles que abran paso. Sus palabras son inentendibles, pero eso no es impedimento para que la solidaridad aparezca repentinamente en los agresivos conductores. Gracias al esfuerzo de movilidad y al altruismo ciudadano, la ambulancia llega rápidamente a su destino. Con prisa, los paramédicos se bajan a atender la urgencia. El primero de ellos toma la palabra y pide el menú del día.



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miércoles, 27 de mayo de 2009

Remedios para melancólicos - Graciela Pérez Aguilar


Es sabido que los pacientes internados durante cierto tiempo experimentan un síndrome que, a veces, se llama hospitalismo y produce depresión y melancolía. Modestamente, imagino que se podría paliar llevándoles ramos de malvones o crisantemos, olor a pis del gato familiar, pasto mojado por la lluvia, ruidos del tránsito de la calle en que viven, olor a guiso de mondongo o a ternerita con arroz, conversaciones de los vecinos y el tacto de las sábanas de sus propias camas. Claro que no siempre es posible introducir subrepticiamente todo eso dentro del bolso que intentamos pasar por la guardia.

¿Dónde? - José Luis Zárate


Con qué sorpresa miró la foto del hada en el bosque. El vértigo de tener una prueba de lo inexistente.
—¿Dón-dónde encontraste….?
La voz lo traicionó.
Calma, calma.
Tantos susurros, secretos, misterios sobre el tema, tanta necesidad de recobrar lo que perdimos, tanta fe derramada que al fin tenía respuesta.
Se recobró.
Una prueba no era suficiente. Era un principio firme después de siglos de niebla, pero sólo era un principio.
Había que ir ahí, había que tocar lo increíble, había que…
Su voz fue firme.
—¿Dónde encontraste un bosque?


Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

El maní me recuerda a Cuba - Héctor Ranea


A Carmen Carrillo quien me prestó: título y parte de la anécdota.

Estábamos paseando por La Habana Vieja. Buscábamos un lugar donde comer. La noche anterior habíamos cenado en una casa naranja en una avenida cuyo nombre no recordábamos. Decorada sobriamente, con excelente comida y mejor ron, ahora la extrañábamos. Se acercó un señor muy circunspecto que ofreció cucuruchos de papel con cacahuates, maní como los llaman ahí y nos pasó un papelito de estraza de dos por cuatro en el que había escrito las cosas que coleccionaba: tapas de gaseosas, estampillas, trebejos, frascos de remedio, trozos de vidrio azul, cintas de envolver, banderines, doblones, papeles de chocolates, cajetillas vacías de cigarrillo, cosas mil. Quizás tostaba el maní con esas cosas, porque sabía de maravillas. Nos quitó el hambre hasta la noche en que volvimos a esa mansión, ya dorada.

Palabricidio - Esteban Dublín


Lentamente, una a una se acomodan en una pared cubierta de sangre y, temblando, se ponen en posición. Al frente, Leo levanta su fusil, apunta con detenimiento y, con una tremenda precisión, dispara en el centro de cada una de las condenadas a muerte. En segundos, caen un beso, un secreto, un miedo, una tormenta, un viaje, un delirio, un escalofrío, un final, un adiós, una grieta, una puerta, un ave, un reflejo y una necesidad. Una vez culmina el fusilamiento, Leo deja su arma en el suelo, levanta las palabras asesinadas y las incluye en su nuevo poema.