jueves, 11 de noviembre de 2010

Tiempo perfecto - Nicolás Ferraiolo



Mi ingenuidad comenzó cuando antiquísimo estudiaba gramática en el profesorado, y me resignaba a que sí existía el contradictorio tiempo verbal “futuro perfecto”. Me invadía la idea de que si había una posibilidad mental de nombrar perfectamente lo que pasaría en el futuro, yo debía tener un proyecto armado: una esposa, amantes, hijos, muchos nietos… El sueño americano se filtraba sobre mis deseos libertarios. Conseguí una novia, nos casamos y tuve todas esas cosas.
Hoy, divorciado, viejo y arruinado, mi gran satisfacción es el Esbozo del Diccionario de la Real Academia, donde el "futuro perfecto", que me arruinó la vida, no existe. No existirá más. En consecuencia, voy todos los días a los piringundines de todo el país, tomo fernet con coca, entre otras cosas. Se preocupan por mi salud. Los muy ingenuos no saben que ya no pueden afirmar ni que vamos a morir.

Nicolás Ferraiolo

martes, 9 de noviembre de 2010

Demografía del otro lado – Sergio Gaut vel Hartman



—¡Es inadmisible! —El lujoso personaje, envuelto en una capa roja protestaba ante la taquilla de admisión.
—¿Usted o quién? —replicó, aburrido, el tipo que revisaba las credenciales—. ¿No le debo permitir el ingreso o quiere decir que es inaceptable que hayamos organizado esto?
—¿Se da cuenta? Usted no registra la realidad que lo circunda.
—¿No? ¿Usted sí?
—Yo sí. Veo a Ahab, Obama, Sandokán, Samsa, Saramago, Joe Silver, Bufalo Bill, Stallone, Raskolnikov, y ni le digo de los otros, que no conozco o no registro.
—¿Es estúpido o qué? ¿No leyó el cartel?
—¿Qué cartel? —dijo el de la capa roja.
—Ese. —El admisor apuntó con el dedo hacia arriba. Rezaba: I CONGRESO UNIVERSAL DE METAFICCIÓN.


Acerca del autor:
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/sergio-gaut-vel-hartman.html

Morgue - Héctor Ranea


—Entendí la causa del deceso —dijo el Jefe de Terapia Intensiva Alimenticia.
—¿Sólo porque dejó esos garabatos que ella llamaba escritos? —dijo la escultura viviente que venía de Guardia e Incertidumbres del mismo Hospital.
—¡Qué generoso soy —exclamó el Jefe— que no la despido!
Todos callaron, ocultando su cobardía. El Jefe siguió: —Verán al lado del cuerpo de la difunta una bolsa de supermercado. Esa blanca de ahí —señaló—. En ella, la occisa separaba los restos para comerlos en un festejo regado con licor generoso que compraba a treinta por caja.
Maribel comentó por lo bajo al experto en Alimentación Alternativa: —Depende. Yo, por ejemplo, encuentro seductora a la persona que bebe esos licores.
—El problema —concluyó el Jefe— estribó en que, aparte de seguir la dieta antropófaga que le recetamos, comerse las uñas de sus víctimas por separado le causaba tanto placer que no pudo parar, hasta morir.


Acerca del autor:

Epicureísmo - Claudia Sánchez


El festejo estaba por comenzar. Ni bien terminó de limarse las uñas, sirvió un vaso generoso de sangría helada, encendió las velas aromáticas y puso esa música seductora que tanto le gustaba. En terapia había llegado a la conclusión que tenía que hacerse tiempo para el placer. Era difícil, porque el tiempo escaseaba. Pero ahora disponía de media hora antes de que llegaran los chicos y la aprovecharía al máximo aunque dudaba  en superar el tercero. Igualmente era un buen número. Se acomodó en el sillón, abrió su  laptop y comenzó a leer los escritos químicamente impuros. Murió de placer.

Enojo libresco - Saturnino Rodríguez Riverón


Un libro rebelde y contestatario que al abrirlo cualquier lector desaprensivo en una página determinada —digamos la 53— todas las letras le saltan a la cara y comienzan a entrarle por la nariz, los oídos, mientras otras le aprietan el cuello fuertemente y le gritan enojadas: “¿Por qué, por qué vienes a pasear tus ojos intrusos precisamente aquí en nuestro mundo?” y aprietan, aprietan hasta asfixiarlo. Después ellas mismas se encargan de cerrar el libro y borrar las huellas del crimen.

Miseria - José Luis Vasconcelos


Llevarse algo a la boca, tras días de no hacerlo, fue tan doloroso como el hambre. Los labios de la pareja estaban cuarteados. Lloraron, tal vez de gusto, rabia o resignación. La saliva era una masa espinosa que raspaba sus gargantas. Jamás olvidarían esa comida; sólo tomaron lo que estaba a su alcance. Instantes después masticaban tenazmente esa carne rancia y blanquecina. La mujer alzó los hombros, y él dijo: —Tu hija iba directo a la fosa común, qué más da; además, las ratas tienen mejor sabor.

Blanca y radiante - Víctor Lorenzo Cinca


La de hoy me recibe como todas las anteriores, seductora, desnuda, indefensa, entregada por completo a mi voluntad. La observo, la acaricio, clavo mis uñas en su pálida piel... y ella aguarda sin palabras. Me encantaría colmarla, como he hecho con otras, pero no, hoy no puedo ser generoso con ella, no puedo prodigarme. Nada de preliminares. Debo darme prisa, alcanzar rápido esa sensación de placer que siento siempre después de la descarga. La situación lo exige.
Terminada la contienda, aliviado, la dejo encima de las otras hojas, con nueve renglones escritos y el punto final colocado, y me fumo un cigarrillo a modo de festejo. La escritura es mi única terapia.

Muñeca – Fernando Puga


Dobla las rodillas con una elegancia superlativa; sin permitir que su cuerpo pierda la vertical. Un movimiento estudiado sin duda, pero tan bien aprendido que sorprende con su naturalidad a los galanes que clavan los ojos en su estilizada figura.
Con la bolsita que acaba de sacar del estuche enganchado en la correa del caniche, levanta el excremento que el can dejó sobre la acera.
El caniche es macho.
El único macho que no la abandonó luego de conocerla un poco.

La espera - Luisa María García Velasco


La mujer de la foto sonreía. Seguía siendo el amor de su vida, después de tantos años. Inconfesado siempre, oculto al mundo. Oculto incluso a los ojos de ella, que finalmente escogió a otro y fundó una familia. Pero ahora tenía su imagen, aquella foto suya que desde el papel enmarcado lo miraba a los ojos y le sonreía. A él le bastaba. Disfrutó de aquella primera experiencia de intimidad con ella, bajo el sol de mayo, con multitud de flores (lo demás no existía) rodeándoles. Decidió repetirla cada día. Le devolvió la sonrisa. 
Y después, lentamente, salió del cementerio.

Costumbre devoradora – María Fabiana Calderari


—Festejo la decisión de conservar finalmente sus escritos —anunció con voz seductora, mientras, indulgente, daba por concluida la terapia de tantos años. No es fácil superar la costumbre de devorar papeles. Ella lo comprendía mejor que nadie. Nos saludamos con un generoso quejido, ensordecedor y enigmático, moviendo apenas las rabadillas. Y  por puro placer, nos comimos las uñas.

La legendaria ciudad de los vientos - Sebastián Chilano


Las llamaban Tokio, New York, Buenos Aires. Quienes las construyeron estaban empecinados en llegar al cielo. Dicen que tienen capa sobre capa de cemento. Y de tierra también. Y que por eso colapsaron. Nadie sabe qué será de ellas en 1000 años. Hoy son inhabitables, y a la vez son las mayores atracciones turísticas. Hacia ellas parten y se pierden distintas expediciones. Viajeros de todo el mundo entrenan para soportar las inclemencias. Dicen que no se puede respirar. Que el ruido es ensordecedor. Que para dormir hay que atarse tres veces y boca abajo. Que si algo se cae o se tira puede destruir las ruinas de cualquier edificio antiguo y colapsar el santuario. Dicen que nadie ha vuelto. Dicen que los pocos que han vuelto fueron confinados. Dicen, también, que nadie quiere volver. Mañana partimos hacia Buenos Aires. Confió en regresar.  

Alturas - Javier López


La multitud, que se arremolinaba en los alrededores del edificio, comenzó a abuchear al hombre que acababa de saltar al vacío desde el piso 93.
—¡Cobarde, farsante! —gritó, con las manos haciendo de bocina, el hombre del maletín de piel.
—¿Para esto nos tienes esperando? —vociferó la mujer del caniche.
El resto de los congregados ululaba afeando la conducta del suicida arrepentido. Éste, tras saltar al vacío, había desplegado un paracaídas con la enseña de la compañía a la que representaba.
A la altura del piso 71, iban a llevarse una sorpresa. El entonces supuesto suicida pasaba las cuerdas del paracaídas alrededor de su cuello.
Poco después se posaba sobre el firme de asfalto, con la lengua colgando hacia el lado derecho entre sus labios.
—¡Bravo, bravo! —los vítores del gentío se mezclaron con aplausos.
Se dispersaron, satisfechos de que la espera había merecido la pena.

Acerca del autor:
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/javier-lopez.html

Control de plagas - Carolina Fernández Gaitán


A pesar de que Ana se sentía afortunada, había dos cosas que la sacaban de quicio: los reclamos de Sergio y los mosquitos. Durante años aguantó los reproches por las tardanzas, los platos sucios, las visitas de sus amigas, la camisa sin planchar y la mar en coche. Sin embargo al llegar la noche, su tormento se perdía en los ojos turquesas de Sergio. Era sobre aquella piel suave y bronceada, donde Ana olvidaba los martirios. Y en el preciso instante en que escalaba los firmes pectorales de su novio, aparecían los mosquitos torturando sin clemencia.
Una noche estrellada, Ana, comenzó a poner en práctica el plan perfecto: dejó de besar a su amado. Al cabo de unas semanas, Sergio volvía a ser un gordo y verrugoso batracio.
Desde entonces, en su casa no hay mosquitos.

Cibercafé - Daniel Sánchez Bonet


OJOS AZUL VAQUERO- ¿Hay alguien?
RUBITA69 – Claro que sí, guapo.
RUBITA69 – Yo siempre estoy disponible. ¡Qué nick más picante!
OJOS AZUL VAQUERO - jejeje
RUBITA69 – Todo en esta vida puede ser muy picante
RUBITA69- ¿Qué dices?
OJOS AZUL VAQUERO- …
RUBITA69 – Si quieres podemos quedar en mi casa que no hay nadie.
RUBITA69 – yo no me lo pensaría…
RUBITA69 – Maestro Giner 1  4º A, quedamos abajo.
OJOS AZUL VAQUERO- ¿Papá?

Recuerdo - Esteban Dublín


El escritor se toma su tiempo, reflexiona frente al papel en blanco y detenidamente empieza a escribir sobre un personaje con la capacidad de predecir el futuro a través de certeras visiones. Una de ellas trata de un vidente que pierde la memoria y que para recuperarla se dedica irremediablemente a la literatura. De repente, el escritor suelta el bolígrafo alterado y, casi de inmediato, recuerda.

Ilustración de Macías.

El fin del mundo - Carlos Alvahuante


Ayer fue el fin del mundo. Así lo pronosticaron los científicos. Así lo vaticinaron las profecías. Hoy, al amanecer, mientras todos salimos de los refugios subterráneos, compartimos miradas, sonrisas, palmadas amistosas en la espalda. Nos sentimos exultantes. Renovados de los pies a la cabeza. Los edificios se ven más sólidos. El cielo, más hondo. No nos atrevemos a decirlo en voz alta, pero sé que todos deseamos que el próximo fin del mundo esté cerca.

Por esa palabrita - María Taltavull



La crisis fue secreta. Una ruptura tranquila y susurrada. Sin exclamaciones ni declaraciones. Fue de ausencias, de frío y un poco de azar. Partió el poeta un tanto enamorado aún, pero casi resignado. La pintora siguió acomodando sus oleos. Imperioso era, sin duda, cortar ese cordón de encuentros y lejanías incomprensibles. ¿Por qué me voy? Pensó él, si supuestamente la amo.
—Te vas —dijo ella a viva voz; además de pintora era encantadora y bruja—, por esa palabrita...

El poeta giró, la miró fijo. Y ella, sin levantar la vista de la tela, pronunció con lentitud: “supuestamente”.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Si no fuera... - Martín Gardella


–Si no fuera porque estás tan lejos, iría esta misma noche a dormir contigo –dijo la voz en el teléfono.
–Te abriría las puertas encantada –respondió la mujer–. Si no fuera porque hoy regresa a casa mi marido, tras haber cumplido la condena por tu asesinato.

Tomado de: http://livingsintiempo.blogspot.com/

Otro traje invisible – Sergio Gaut vel Hartman


El joven periodista, recién egresado del Instituto, logró aproximarse al Zar de la Tele y le preguntó a bocajarro: —¿Sabe que está haciendo unos programas de mierda?
—¿Yo? —El Zar de la Tele contempló al imprudente como un gato que tiene al ratón a su merced—. ¿Te parece, pendejo, que si llegué hasta acá fue porque tomo en consideración las pelotudeces que dice alguien como vos?
—Seguro que no —respondió el novato, muy suelto de cuerpo—. Pero el problema es que nadie, hasta ahora, se atrevió a decírselo. ¿Conoce el cuento del traje nuevo del emperador? Lo escribió Hans Christian Andersen. El inocente dijo que el emperador estaba desnudo, ¿comprende? No existen las preguntas estúpidas. 
El Zar de la Tele captó la moraleja y en el programa de aquella noche se suicidó ante las cámaras. El índice de audiencia trepó a 100… en las repeticiones, claro.

Y decirte adios - David Moreno


Los aviones, al llegar la noche cruzan el océano sin cesar, uno tras otro. También lo hacen las estrellas fugaces. Y yo, asomado en la ventana de mi habitación, intentaré no dormir. Quiero verte pasar.

Publicado en No Comments

viernes, 5 de noviembre de 2010

Clarividente - Oriana Pickmann



Entré. Allí estaba ella, sentada, haciendo lo suyo. Por un segundo cruzamos nuestras miradas, tiempo suficiente para que ella adivinara cuáles eran mis intenciones.
—Léame la fortuna —le pedí.
—Setecientos cincuenta y nueve euros —respondió.
—Gracias —le dije, y salí del banco.

Perspicacia marciana- Javier López


Al poco tiempo de nacer el pequeño Fubijiz, su padre, el señor Krenx, descubrió la infidelidad de su esposa, la señora Birgli. Las antenitas del bebé no emitían en la frecuencia familiar, sino en la del señor Zwinks, el lechero.

Pasarela - Héctor Ranea


La modelo empezó su caminata saliendo de la doble bambalina, atrás tenía un nombre famoso del arte inigualable de la Haute Couture. El vestido décolleté, tenía unas volutas hechas en una tela moderna que mostraba sin dejar ver. A medida que paseaba, con un paso que asemejaba el de los caballos sevillanos, rígida, maquillada como una máscara veneciana, se pudo ver que estaba adelgazando a ojos vista. A la mitad de la pasarela las damas, los artistas, los empresarios que chupaban en el ring side, se sorprendieron ya que la transparencia del vestido dejaba ver sus genitales. Más allá, vieron sus costillas, sus fémures. Al final del pasadizo, ya era un esqueleto que caminaba erguido. Se rompieron copas y botellas de champán y vino caro al notar que era, nomás, la Muerte. Pero todos se tranquilizaron al punto, al entender que la Muerte había venido por la Doncella.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Retorno - David Moreno



La guerra había terminado. Los soldados recogieron sus pertrechos y limpiaron los tanques, fusiles y el resto del armamento. Los generales guardaron sus medallas y limpiaron sus uniformes. Todos pensaban en regresar a casa para abrazar a sus familiares. Y todos regresaron. También, junto a ellos, los fantasmas de los fallecidos en combate.

Tomado de No Comments

Hado - Claudia Sánchez



Aquel día supe que las predicciones se estaban cumpliendo. La luz alternaba con las sombras minuto a minuto. Finalmente los planetas se estaban alineando. No sentí miedo, ni siquiera cuando las gárgolas cobraron vida y sus casas desaparecieron. Tampoco lo sentí cuando una luz cegadora me arrancó de la tierra.
Nunca supe qué fue lo que me salvó ni por qué. Sé que, desde entonces, me rodean seres extraños, la mayoría alados, en un lugar como el que debió ser la tierra en sus orígenes.
No sufro. Pero, cada tanto, el gigante descorre la cúpula celeste y derrama agua salada de sus ojos, cubriéndolo todo. La sal, para siempre, permanece en nuestras alas.

Tomado de: Cortitos

Legítima defensa - Javier López



—Protesto —exclamó sin dejarme terminar la argumentación el abogado de la parte contraria. Lo que usted cometió contra mi cliente es un homicidio pues, sabido es en derecho, sólo puede considerarse defensa propia cuando la fuerza empleada sea proporcional a la amenaza recibida. Mi cliente le amenazó con una navaja y usted lo descuartizó de un tajo con una espada.
—Tenga a bien considerar, señor letrado —contesté— que su cliente intentó robarme esgrimiendo una navaja de Ockham, y yo respondí usando contra él una espada de Damocles.

Juego de niños - Kalton Bruhl



—Me gustaría que te fueras a dormir —le dijo la madre al niño. —Éste pareció no escucharla y siguió absorto, modelando un trozo de arcilla—. ¡Te he dicho que vayas a dormir! —insistió la madre, aumentando el tono de su voz.
—Pero, mamá —reaccionó por fin el niño—, me falta mucho para terminarlo. Quiero que quede igualito a mí.
—Nada de peros —concluyó ella—, a tu habitación.
El niño se levantó enfadado y apretó los puños al ver su obra inconclusa. Pensó que ni siquiera era tan tarde, ya que apenas era el sexto día de la creación.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Diagnóstico acertado - Víctor Lorenzo Cinca


Mientras aguarda los resultados de las pruebas clínicas, con los dedos cruzados y un ligero temblor en las rodillas, el paciente intenta tranquilizarse mirando los diplomas que cuelgan en las parades. El doctor, con frialdad, extrae del sobre una hoja repleta de gráficos, números y palabras incomprensibles, sellada y rubricada en la parte inferior, y carraspea antes de leerla.

—Umm... los análisis médicos no suelen equivocarse, joven, y aquí dice que uno de nosotros debería estar seriamente preocupado, porque le queda muy poco tiempo de vida —arroja a bocajarro el doctor, sin poder reprimir una sonrisa macabra.

—Pues espero que esta vez tampoco se equivoquen —contesta el paciente sacando la pistola de su bolsa de mano.


Morir todavía - Sebastián Chilano


El hombre busca la inmortalidad. Para esta vida, para la otra; cualquier tipo de inmortalidad: escrita, sonora; como sea, el hombre quiere ser recordado. Hace dos siglos, tras ensayos randomizados y experimentación fase 5 se conoció la vacuna Ab aeternum que prolongó la vida hasta el límite de la capacidad celular: 163 años. Nadie moría antes, al menos por enfermedades. Pero pronto se vio el primer efecto adverso. A los 109 años las personas se deprimían. Se trató de ocultar pero, como en las antiguas películas de zombis, la peste se esparció. La vacunación masiva se detuvo, pero el daño no. Las personas al cumplir 109 años se deprimen y suicidan; algunos con métodos cruentos, otros dejan de alimentarse. Hoy leí que un hombre cumplió 110 años y aún es feliz. Eso nos da esperanza. Se cree que es por el arroz que consume. Pero no se sabe nada más.

Aviso - Carlos Feinstein


¿Cansado de los cumpleaños aburridos, harto de la torta con velitas y de los parientes pelmazos? Planee algo memorable para su próxima fiesta, una verdadera matanza de zombis. Nada de cine 3D, películas con efectos especiales asquerosos o realidad virtual. Sienta en vivo y en directo el ruido de los cráneos estallando ante el disparo de la escopeta, sienta el calor de la sangre cuando se enfrenta a una horda despiadada de zombis asesinos reclamando por su cerebro. Nuestra empresa le brinda las mejores escopetas anti-zombi, con munición expansiva. Cascos de seguridad electrificados (sienta el horror y dolor del zombi cuando intenta morder el casco y reciba unos 10.000 voltios) y una cantidad considerable de zombis frescos garantizados para su diversión. Sus amigos disfrutarán la matanza y hablaron de su fiesta durante semanas. Anímese, llame ya al 0-800-tendaldezombis.

Sobre el autor: Carlos Feinstein