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jueves, 3 de diciembre de 2009

Yo, planta - Adriana Alarco de Zadra


¡Oh, no! ¡Me he convertido en una planta! Un vegetal que no se mueve de su sitio. ¡Mis brazos son hojas y mis piernas tallos! Abro la boca y los pétalos se zarandean. ¡No puede ser, debo estar soñando!
Lo que me queda es abrazar a cualquiera que pase por aquí; veo a una mosca. Abro mis pétalos sin sueños y la trago. Adiós, amigos, si pasan o pasean por el Jardín Botánico no dejen de visitarme. Quizás se queden sin un ojo, sin un dedo, sin nariz. Pero tendrán el placer de conocerme... íntimamente.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Miedo - Adriana Alarco de Zadra


En la oscuridad, a veces me vienen convulsiones cuando las hormigas me llenan la boca, las orejas, la nariz. Me he mordido la lengua y el piso junto a mí está lleno de sangre, saliva y orines. Creo que si no tuviera convulsiones, mi padrastro me dejaría salir a respirar el aire fresco. Me da de comer pero ni veo lo que como de tan hinchados que tengo los párpados. Quizás la gente que está afuera piensa que soy un animal en vez de un niño. En esta oscuridad, tan lejos de todo, en una bodega bajo el suelo, llena de bichos que me muerden, ya casi no puedo ver, ni oír, ni hablar, ni caminar, ni moverme mucho. Pero no debo tener miedo. Quizás algún día pueda ser feliz y ver de nuevo un rayito de sol, aunque sea un ratito.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

viernes, 19 de diciembre de 2008

Parto y Nacimiento - Adriana Alarco de Zadra


Últimamente he crecido mucho. Siento que de un momento a otro voy a estallar. Reboto pesadamente aunque me dejo arrastrar con lentitud por las corrientes de aire. Si en mi núcleo hay dos seres que conviven, revienta y se convierte en dos, porque no puedo vivir en paz con dos en mí. ¡Peleo continuamente conmigo misma! Por tal razón me armo de valor, ajusto bastante la cintura, hago fuerza en sentidos opuestos, empujo, siento que cambio de color, me revuelco, hasta que al fin, ¡me desprendo de mí misma! ¡Me rompo!, ¡me divido en dos! ¡Mi otro yo es igual a mí y cada cual toma un camino diferente!

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra
 

viernes, 28 de noviembre de 2008

La mujer del sol - Adriana Alarco de Zadra


—Estos rayos que ves son el algodón que estoy hilando —le dijo un día el Sol a su mujer—. Vete y enseña a pescar a los habitantes del río Amazonas, pero cuando yo corte el primer hilo de algodón debes regresar rápidamente y no demorarte.
Ella les enseñó a pescar con hojas de barbasco que hace dormir a los peces. Así los cogían fácilmente.
El sol cortó un hilo de algodón y la mujer dijo:
—Tengo que volver donde mi marido.
—No —dijeron los hombres —ayúdanos más.
El Sol se enojó al ver que su mujer no regresaba, la trajo de vuelta en un rayo de sol y no la dejó regresar más. Por eso los hombres deben pedir la ayuda a su propia mujer y no a la mujer de otros para no hacer enojar al Sol.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

sábado, 15 de noviembre de 2008

El maíz del cielo - Adriana Alarco de Zadra


Hace mucho tiempo los habitantes del Ande tenían tanta abundancia de alimento que desperdiciaban la comida. No importaba si se pudrieran los granos en los depósitos, porque había en exceso.
Un día, el dios Sol se enojó y mandó a la tierra tantas tormentas que arrasaron con los sembríos. La gente suplicó que terminaran las tempestades pero hubo hambruna. Cuando las aves comenzaron a desfallecer, alzaron vuelo y, acercándose a las alturas, pidieron al dios que enviara comida a la tierra.
El Sol se compadeció y entregó una semilla a cada una de las aves que llegaron hasta él. Dejaron caer el maíz de sus picos y desde entonces se llenaron nuevamente las alturas de la sierra del alimento enviado por el dios. Ese fue el día que el maíz cayó del cielo.

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jueves, 3 de julio de 2008

Bailarinas - Adriana Alarco de Zadra


—A mí me pintó Degas…
—Y a mí, Lautrec..
—Yo soy más graciosa,
—Yo soy más ardiente…
—¡Soy la más hermosa!
—¡Soy la más ferviente!
—No sabes el “pas fleuret” ni el “pas menu”
—Ni tú el “can can” o el “charleston”…
—Veamos quién es superior…
—Arístides hará un buen juez…
—Con Arlequín es mejor…
—Será esta noche a las diez…

Al oscurecer, bajaron las figuras de los cuadros que se volvieron telas desteñidas. Pero ganó el concurso la calavera con su erótica danza macabra. Las bailarinas, desencantadas y desilusionadas, no regresaron jamás a su lugar y siguen bailando en teatros y cabarets.

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domingo, 29 de junio de 2008

El escultor - Adriana Alarco de Zadra


Después de quitar el mármol que sobraba alrededor de la Desesperación y del Pensamiento, Rodin esculpió a Eva y se enamoró de ella. Antes, había deseado a Danaide pero luego descubrió a Eva en la piedra. La abrazó, la acarició y la amó con pasión.
Era arisca pero Rodin se repetía: no hay infidelidad en la belleza sino en los ojos de quien la mira. Y la metió a su cama.
Al día siguiente, el artista estaba inmóvil con los ojos fijos en el vacío.
Eva se levantó, exhausta de su primera noche de vida y, a paso lento, salió de los aposentos y se refugió en lo que quiso llamar, el Paraíso Terrenal.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

viernes, 27 de junio de 2008

Molinos del infierno - Adriana Alarco de Zadra


Nunca había podido creer que los molinos fueran gigantes hasta que corrió delante de ellos como alma que lleva el diablo.
Sí, eran ogros espantosos de madera y metal con aspas veloces que querían devorarlo. Por todas partes yacían cadáveres y restos putrefactos de anteriores visitantes al planeta maldito. Vio un portal a lo lejos y decidió gastar su última energía para llegar hasta aquel refugio que se encontraba lejos pero era la póstuma esperanza de sobrevivir a la catástrofe.
Casi no tuvo tiempo de observar el escrito encima de la entrada que le trajo antiguas reminiscencias: “¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”
Y luego se perdió en el laberinto.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

Un amor imposible - Adriana Alarco de Zadra


Era un amor desaforado. Tan ardiente y tan cruel que le dolía todo el cuerpo. Vivía para mirarla de reojo. No se atrevía a contemplarla por miedo a que desapareciera como un espejismo. Sentía el dolor en el bajo vientre y el cosquilleo que le subía por los muslos. No soportó más. Ese día se dio cuenta que no podía ser suya jamás, borró la visión de sus pupilas, se recostó sobre la fría piedra del convento y bebió el veneno.
Cuando la luna, ignorando la emoción que producía, volvió a resplandecer en el oscuro firmamento en medio de estrellas y planetas, su Romeo ya había fallecido.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

jueves, 26 de junio de 2008

Bajo el Símbolo - Adriana Alarco de Zadra


Era el rey de la guerra, el látigo de los seres híbridos, sin raza conocida, sin porte marcial. Un soberano inicuo, sin piedad ni misericordia. Arrasaba con pueblos enteros que se volvían humo. Lo que quedaba después de la matanza eran sólo monedas que recogía para llenar sus talegas cada vez más opulentas.
No discriminaba a niños ni mujeres, todos iban al matadero. Sus seguidores marchaban al compás de música rítmica bajo el símbolo imperial. Se sentía orgulloso e invencible.
Un día se miró al espejo. Estaba más viejo, horrendo y deleznable que el retrato de Dorian Gray. Y tuvo un único gesto decente en su vida, librar al mundo de su presencia.

Publicado en Ficticia
Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

martes, 24 de junio de 2008

Nunca más - Adriana Alarco de Zadra


Francisco recomendó a los animales que debían ser buenos, quererse y amarse entre sí.
El cuervo observaba la reunión, con incertidumbre e incredulidad mientras el lobo feroz se proponía seguir los consejos del santo varón. Naturalmente, su intrínseca naturaleza pudo más que él, y al poco rato se tragó a dos ovejas con su lana, a un asno que servía a Francisco de transporte y al perro guardián que no ladraba de puro miedo.
Se asomó el cuervo y repitió, como era su costumbre:
Nevermore, amigo. Nunca más hay que confiar en la perpetua bondad de los seres. Lo digo y lo repito en todos los idiomas…

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

domingo, 22 de junio de 2008

Muerte Roja - Adriana Alarco de Zadra


El contagio de la nueva bacteria mortal a través de los canales de oxígeno es inmediato. Los moribundos levantan los brazos frenéticamente tratando de desenterrarse y respirar, aferrados a la vida. Se revuelcan, chillan estrepitosamente, tienen el pecho sangrante, los ojos saltones. Les echo piedras y rocas encima. Finalmente, el último queda bajo un cúmulo de rocas metálicas que brillan bajo la luz de las cinco lunas. Un monumento al desastre.
¿Fue Poe quien inventó la Muerte Roja? ¿Es E.T. un robot de juguete o un ser de otra galaxia? No puedo saberlo. Soy la única sobreviviente humana de la Colonia Symca que respira oxígeno. Y quedamos solamente ella y yo.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

Apocalipsis - Adriana Alarco de Zadra


Gates tuvo una idea genial. Pero a veces funciona y otras no. Ahora, por ejemplo, el ordenador no se cierra. Aprieto de todo y sigue con la luz prendida. Ni el botón suprimir obedece. Lo desenchufo y nada, luego pruebo con autorecuperación. Sorpresivamente, aparezco reflejada en la pantalla. He entrado en el programa con otra apariencia, ridículamente semejante a Serafina la mujer de Popeye. No me gusta. Aprieto eliminar. ¡Mi imagen está desapareciendo del ordenador! Ya no soy yo: me disuelvo, me destiño, ya no existo, ¡ESTOY DESVANECIÉNDOME! ¡Socorro! No tengo cuerpo ni original ni copia ni plantilla personal ni…oooooooooooo

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sábado, 21 de junio de 2008

Volar como las aves - Adriana Alarco de Zadra


En el País de las Maravillas le obsequiaron una chistera. Se la encasquetó sin miedo y decidió volar. Para eso hacía parte de un cuento.
Observó que el sombrero energético que llevaba en la cabeza lo impulsaba hacia lugares más altos, más peligrosos, más abruptos. Desde la perspectiva de las aves, no sentía el viento entre los dedos, ni en la cara, ni tenía miedo de la altura. Cuando Wright se quitó el sombrero, estaba aún sentado en el sillón.
—¡Albricias! —le gritó su hermano—. ¡Has inventado un nuevo modo de viajar!

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

Jardín Botánico - Adriana Alarco de Zadra


Me presento, soy Linnaeus y… ¡Oh, no! ¡Me he convertido en una planta! Un vegetal que no se mueve de su sitio. ¡Mis brazos son hojas y mis piernas tallos! Abro la boca y los pétalos se zarandean. No puede ser, ¡debo estar soñando!
Lo que me queda es abrazar a cualquiera que pase por aquí. ¡Veo una MOSCA! Abro mis pétalos sin sueños y la trago. Adiós amigos, si pasan o pasean por el Jardín Botánico no dejen de visitarme. Quizás se queden sin un ojo, sin un dedo, sin nariz. Pero tendrán el sumo placer de conocerme... íntimamente.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

viernes, 20 de junio de 2008

Amazonas - Adriana Alarco de Zadra


AMAZONAS
Adriana Alarco de Zadra

Orellana navegaba por el río mar. No encontraba la orilla por la fuerte lluvia que caía sin cesar durante la tempestad de rayos y truenos que devastaba la selva. Él y sus hombres estaban perdiendo la razón. Debía encontrar pronto a las amazonas, aquellas bellísimas mujeres selváticas que montaban sobre unos animales peludos y patihendidos o volaban con lianas a través de los espacios entre los árboles y arbustos.
Cuando naufragaron cerca de la orilla, Mowgli les indicó el camino en la espesura. Después de nueve meses, nacieron con júbilo muchos orellanitos en medio de las selvas, ahora no tan vírgenes, pero nadie nunca les creyó la historia.

miércoles, 18 de junio de 2008

Locura - Adriana Alarco de Zadra


LOCURA
Adriana Alarco de Zadra

—¡Completamente equivocado! ¡Cómo puede asegurar semejante blasfemia! ¡Debe abjurar de su idea insensata y declararse no un científico, astrónomo y matemático sino un astrólogo de feria, porque la tierra es plana y se acabó! ¡Si se moviera alrededor del sol, no tendríamos equilibrio!
—E pur si muove… —repetía Galileo en el hospital psiquiátrico. Y dirigiéndose a su compañero de habitación, le preguntó—: Amigo, ¿nos declaramos vencidos?
— Jamás de los jamases. Uno es lo que es o sino no lo es. Ser o no ser, he ahí el dilema —le contestó Hamlet.

martes, 17 de junio de 2008

Edén - Adriana Alarco de Zadra


EDÉN
Adriana Alarco de Zadra

Eva se sentía la primera mujer en el tiempo. La rodeaba una luz azulada que la hacía resplandecer. Era seductora, cautivante, fascinante y embelesaba a su compañero.
—Debo irme porque voy a llegar tarde —repetía él, amostazado.
—No obedezcas. No puede obligarte a trabajar, a estudiar, a podar o lo que hagas en este jardín encantador.
—Te digo que no —suplicaba con una vocecita cada vez más débil.
—Y yo te digo que si no lo haces, a mí no me ves más…
Y, Pinocho se comió la manzana.

lunes, 16 de junio de 2008

La Cena - Adriana Alarco de Zadra


LA CENA
Adriana Alarco de Zadra

Feliz, feliz no cumpleaños… cantaban durante la cena los invitados, alrededor de una mesa larga. Quizás era la última.
Uno seguía mirando su reloj de arena, porque no quería llegar tarde. Otro no se quitaba el sombrero para no quemarse con el sol del desierto. Un tercer invitado observaba desde lejos con mirada torva, envuelto en su capa de algodón.
Debe de estar tramando algo. Tengo que encontrar la forma de detener a ese traidor, pensó la niña.
Y Alicia se levantó de la mesa y le dio un beso a Judas.

domingo, 15 de junio de 2008

Ajedrez - Adriana Alarco de Zadra


AJEDREZ
Adriana Alarco de Zadra
Por su desmesurada codicia, había encerrado al indio en una celda hasta que le llenara una habitación con oro y plata. No le costaría más trabajo que bajar las planchas y estatuas de los templos para llevarlas hasta el cuarto del rescate. Y le enseñó a jugar ajedrez a Atahualpa mientras se llenaba de oro... hasta que empezó a perder.
Jaque mate, todas las noches.
—¡Que le corten la cabeza a este indio desgraciado, que a mí nadie me gana…! —gritó la Reina de Corazones.
Y así terminó la historia del Imperio Incaico.