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miércoles, 6 de agosto de 2008

Asadito - Jorge Ariel Madrazo



Dedos de él, masajeando cuello y nuca de ella. Acaban de conocerse. Le ha revelado él la magnitud de su deseo: "Te quiero comer". El reencuentro, seis meses más tarde, será dulce e interminable. Lo que le demore asarla en el horno a leña de su casa de campo.

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martes, 5 de agosto de 2008

Azucena dejó el pie - Jorge Ariel Madrazo


El señor Litis decidió no dejarse carcomer, ya más, por su amor obsesivo a la señorita Azucena. De modo que cuando oyó el pregón del vendedor del elixir del olvido, corrió a comprarle un frasco, el último disponible. Una cucharada y la cabeza de Azucena se borró de su mente febril; otra, y se disiparon los senos deliciosos. Y así, en su alma atormentada fueron extinguiéndose los brazos de seda, la cadera pletórica, los muslos resbaladizos, una de las piernas de gacela, enseguida la otra. Y un piececito y… advirtió, con angustia, que no le quedaba más elixir. El señor Litis tuvo que cargar en su corazón, hasta el fin de sus días, el pie derecho de Azucena, el más adorable y afelpado.

De Quarks


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lunes, 4 de agosto de 2008

El león - Jorge Ariel Madrazo


Plegó las patas, al acecho. Alzando la cabeza oteó el aire, husmeó el viento: olía a presa segura. Ah, sí, allí, perfilado en el horizonte, tembloroso por la intuición del peligro, se erguía el cervatillo. Al verlo se encogió y reptó con la seguridad del depredador. Mientras saltaba intentó un rugido victorioso. Le salió un chirrido que no asustaría ni a una anciana. El salto fue de cinco centímetros. Su compañera lo miró con lástima. No había caso: aquel grillo, más loco que una cabra, se empeñaba en creerse león.

De Quarks


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domingo, 3 de agosto de 2008

Los piqueteros pálidos - Jorge Ariel Madrazo


Aquel día, un grupo de muertos argentinos (quiénes, si no) resolvió protestar; entendían que la cosa era injusta, y algo de razón tenían. Aparte de la carta documento al jefe del Más Allá se lanzaron a bloquear nubes celestiales y vereditas de rescoldos humeantes; apoyados por el gremio de camioneros fallecidos armaron tal despiporre que el Supremo y Satán, ambos a una, debieron negociar: cada año, un núcleo selecto de esos muertos made in Argentina vuelven por una semana al terruño. ¿No alcanzó a verlos, esos hombres y mujeres más bien paliduchos a los que todo, aquí abajo, les parece una maravilla y hasta hablan bien del país?

De Quarks