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viernes, 1 de agosto de 2008

El dulce sabor - Gonzalo Dávila y David Callón González


EL DULCE SABOR
Gonzalo Dávila y David Callón González

Juntos, planeamos la venganza. Nos hemos unido para demoler esta babel de iniquidades. Profesores, sabios, académicos. ¿De dónde sacaron sus títulos? ¿Quién los habilitó para enseñar a vivir, y lo que es mucho más grave, a crear? Entre docenas de botellas y latas de cerveza vacías trazamos las rutas que llevan a sus cuellos, afilamos las garras que nos permitirán seccionar las palpitantes carótidas...
—¡Aquí están! —exclama el jefe de todos ellos—. Escondidos como ratas y borrachos como pianistas de madrugada. ¡Bernal, por favor! Tenemos que darle un final adecuado a esta locura.
—Me da asco —se queja Bernal.
—Yo me ocupo —dice Chimal. Y tomando una línea de grey deja el lugar limpio, como si nosotros nunca hubiéramos existido.

domingo, 27 de julio de 2008

Uno cada diez - David Callón González


UNO CADA DIEZ
David Callón González

Rotundo, el profesor Sergio le informó a Gonzalo Dávila que no publicaría un cuento suyo cada diez; que la norma era repetir autor cada treinta cuentos; que él era una, no dos personas. El prolífico Gonzalo sintió menospreciado su enorme talento y, rojo de ira, vomitó sus más terribles improperios. Pero sus gritos fueron mudos. Su boca sólo gesticulaba como un mimo. Ante el patético espectáculo, el profesor Sergio se retiró esbozando una sonrisa de triunfo.
Cuando la boca del frustrado Gonzalo se detuvo, empezó a planear el suicidio o el asesinato. Pero al bajar la vista vio a sus pies un cuerpo muy parecido al suyo.
—¿Quién eres? —le preguntó Gonzalo.
—Soy David Callón González, y he nacido de tus gritos mudos.

sábado, 26 de julio de 2008

Ilegales - David Callón Gonzalez


ILEGALES
David Callón Gonzalez

Para poder escapar de las leyes migratorias marcianas, el profesor Sergio, Bernal, Edgar Omar y Chimal deciden disfrazarse. Bernal elige un disfraz de Bob Esponja, Edgar Omar se viste de Patricio, Chimal de Calamardo y el profesor Sergio de Don Cangrejo. Van caminando en cámara lenta por las lúgubres callejuelas marcianas cuando de pronto un platillo patrulla los atrapa y los lleva frente a un juez de muchos ojos. ¿La sentencia? Actuar para la TV marciana, con los disfraces puestos durante seis temporadas.
—Por suerte —dice en voz baja Bernal— el sastre demoró con los disfraces de las Chicas Superpoderosas...
Los cuatro asienten, suspirando de alivio, pero uno, al final del suspiro, languidece al imaginar lo linda que le hubiera quedado la faldita rosa...

viernes, 25 de julio de 2008

Instinto animal - David Callón González


INSTINTO ANIMAL
David Callón González

Los dos Gerardos (Porcayo y Sifuentes) degustaban sus paletas de mantis religiosas acarameladas, cuando pasó frente a ellos una ciborg contoneando las caderas. Ricardo Bernal, asustado, tragó a medio masticar el bocado de perringo para explicarles sobre algunos sonidos que nunca deberían de proferir en Marte. Pero los Gerardos ya habían emitido su aprobación con sonoros chiflidos ante aquellas prominentes caderas.
Bernal sólo pudo invitarlos a apresurar la carrera, pues el piso empezó a trepidar por la manada de koalas gigantes que prestos atendían el llamado de apareamiento.

miércoles, 23 de julio de 2008

Monasterio - David Callón González


MONASTERIO
David Callón González

Saurio estaba en el Monasterio.
—¿Qué hacés acá? —le dijo el profesor Sergio. Saurio se encogió de hombros.
—Me pasé a la secta del Regreso Lovecraftiano de los Antiguos.
—¿Esos no son una escisión de los samaelanos? —pregunté sin poder reprimir un escalofrío. Los ojos de Saurio se iluminaron de gozo.
—¡Sí, sí! En medio una ráfaga de lucidez, embriaguez, insomnio y amor, creamos un satélite etéreo para evitar un incidente termonuclear en Marte.
Porcayo, que se había venido con nosotros tras el incidente frital con Zárate, inquirió: —¿Eso fue cuando los eruditos caoístas del claustro electrónico descubrieron una ruptura en el velo que cubre nuestra realidad consensual?
—¡Sí, sí! —palmolteó Saurio.
Saurio resultó mucho menos sabroso que Zárate. O será que ya no teníamos hambre.

martes, 22 de julio de 2008

Suburbios - David Callón González


SUBURBIOS
David Callón González

Nos internamos en el Bajo Sirte, recorriendo las callejuelas con infinita prudencia. Edgar lamentaba la pérdida de su móvil, pero Bernal lo consoló asegurándole que Dyrbubar tendría que pagar una cuenta astronómica. El profesor Sergio comenzó a reírse con socarronería argentina, tan típica. Seguramente estaba pensando algo feo de los mexicanos. En ese mismo momento tropezamos con Zárate y Porcayo que jugaban a los dados.
—¿Qué están haciendo, par de iguanas? —Bernal había pasado de cero a cien en medio segundo—. ¿Pensaron en el honor de la patria?
Los escritores miraron a Bernal como quien sabe que no va a llover —en Marte jamás llueve— y los dados rodaron.
—Triple uno —dijo Porcayo—. ¡Estás frito!
Jamás pensé que un Zárate frito sería tan sabroso.

lunes, 21 de julio de 2008

Miércoles - David Callón González


MIÉRCOLES
David Callón González

Las hamburguesas de perringo eran horrendas. Edgar presentó una queja formal, pero el superintendente de xenoquejas de los miércoles era Alberto Chimal, que en el momento de la llamada estaba viendo Megalexandros de Angelopoulos.
—¿Qué quiere? —dijo el toluqueño poniendo la pausa—. ¿No ve que estoy viendo una peli culta?
—No veo —dijo Edgar—. Estamos en Marte. Queremos presentar queja por la calidad de los perringos que se venden en el McDisney.
—Se los regalé —dijo el marciano—. Ellos me quisieron estafar con unos cuadros negros.
—¿Usted es el famoso Bydrabur, el tocador de dozerda?
—No, ese es mi hermano. Yo soy Dyrbubar, el marchant de arte.
Siguieron conversando, gastando horas y palabras, un lujo que yo no puedo permitirme en este cuento.

domingo, 20 de julio de 2008

Marte - David Callón González


MARTE
David Callón González

Llegamos a Marte con ocho cuadros negros miniaturizados y enrollados en las orejas. El marciano de la franquicia McDisney tocó los cuadros con sus veintiocho finos dedos de pianista (siete por cuatro) y apreció el arte perceptual contenido en la rugosa textura.
—Es cera —susurró Bernal
—Para parir cuadros hay que ser una Kahlo —sentenció el profesor Sergio.
—Pagaré ocho sirtes; ni medio bradbury más. ¿Se cree que no me doy cuenta que son estafadores?
—¿Sólo ocho? ¡Fueron alumbrados por un sol negro! —se exasperó el michoacano.
—¿Vinimos a Marte por ocho miserables sirtes? —dijo Bernal.
—En otro viaje se fueron a la mierda —recordó el marciano—, y no lograron regresar a este plano espaciotemporal. Pero les daré cuatro hamburguesas de perringo dulce sin cargo.

sábado, 19 de julio de 2008

Secuestro - David Callón González


SECUESTRO
David Callón González

Creía que el profesor Sergio había venido a México a dictar un curso de literatura y pensaba anotarme, pero no; vino a hacer chingaderas junto con el Bernal y yo los ayudé.
Me citaron en Xapalote para planear la cosa. Secuestramos a Edgar Avilés y lo obligamos a unirse carnalmente con Frida Kahlo. Me molestó, porque Frida es sagrada, como la Doña, pero ellos son unos pervertidos. No podía entender los motivos de tal cosa por lo que puse un cuchillo en la garganta a cada uno de esos dos pretendidos literatos.
—¿Por qué, para qué? —dije.
—Para parir cuadros negros —barbotó el profesor Sergio.
—Se venderán en los McDisneys de Marte —susurró Bernal.
—Los marcianos son ciegos —agregó el argentino—, pero les encanta la pintura.

Errare humanum est - David Callón González


ERRARE HUMANUM EST
David Callón González

El profesor Sergio estaba por llegar a México y Bernal me dijo que fuera a buscarlo al aeropuerto. Pero me dio una foto equivocada, la foto de otro Sergio, Prokofiev. El ruso resultó ser un tipo malhumorado que para colmo viajaba con un chavo y una chava que no dejaban de besuquearse todo el tiempo, y un generalote del siglo XIII que estaba creído de haberle ganado una batalla en el hielo a los nazis y cantaba como una tubería oxidada. Terminamos en una cafetería del Zócalo y uno de los rusos (no recuerdo si el músico o el militar) me puso una madriza por agarrarle las tetas a la chava, que se llamaba Julieta, creo. No le hago más mandados al Bernal.