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sábado, 24 de noviembre de 2012

De eternos retornos y revoluciones - Fernando Puga



Saltó un pez y depositó el huevo entre las rocas. De inmediato volvió al mar.
El sol abrigó al huevo que en la playa dejó el pez y al calor de los hilos solares el huevo se quebró.
Asomó el renacuajo y aguzó sus sentidos. Su andar inauguró el camino animal sobre la tierra.
A poco de caminar el sendero se bifurca y el instinto lo lleva hacia la izquierda. Acaso optará por la derecha cuando el tiempo lo devuelva a la misma encrucijada. 
¿Será entonces cuando los dinosaurios dejemos de ser dueños del planeta?

Sobre el autor: Fernando Puga

domingo, 21 de octubre de 2012

Responso - Fernando Andrés Puga


El cura dice que descansarás en paz, que ahora sos verdaderamente libre.
No sé.
No puedo negar que la cadena con la que te tenía atada a la pata de la cama no permitía que te alejaras mucho y también es cierto que, cuando dormías, tu respiración se agitaba y pataleabas y dabas unos alaridos que ¡mama mía! Si hasta tuve que taparte la boca con una buena cinta de embalar.
Sin embargo, no sé si creerle.
A mí me parece que estás muerta.

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga

viernes, 19 de octubre de 2012

Picaflor - Fernando Andrés Puga


No cree poder hacerlo. Sospecha que un raro sentimiento que aún desconoce se lo impedirá. No es cobardía, como acaso esté pensando el individuo que cómodo en su sillón ahora esto escribe, sino más bien pudor salpicado de dudas. Pero el afán por atravesar ese sentir finalmente lo empuja a llevar a cabo eso que cree no poder.
Toca el timbre. Suda la otra mano sosteniendo el ramito. Espera. Vuelve a tocar. Empieza el cosquilleo en el bajo vientre y de a poco se expande hasta la coronilla y la punta de los pies.
Cuando ella abre, no se sorprende al ver el charquito sobre la acera. Levanta la vista y lo ve correr justo antes de doblar la esquina. ¡Uy! Dejó tres jazmines enganchados en el candado del portón. ¡Mmmm...! ¡Qué aroma! Pero... no hay ninguna nota. No importa. Olerán muy bien desde el potiche del toilette.


Sobre el autor:
Fernando Puga

domingo, 7 de octubre de 2012

Viajeros - Fernando Puga


Viajaron. Breves viajes cotidianos. Aventuras. Vacaciones all-inclusive en lujosos hoteles. En familia. En pareja. Con amigos. Viajaron en aviones, en trenes, a pie, en automóviles. Viajaron hasta el confín de la tierra. Mucho viajaron y al cabo de los años decidieron que era hora de parar.
Hoy en día se dedican a navegar frente a la pantalla y volver a recorrer los lugares donde tanto disfrutaron. Reconstruyen cada detalle de aquellos días maravillosos en que tuvieron el placer de conocer el mundo. A veces dudan. No logran precisar si estuvieron o no en tal o cual lugar. Discuten. Pasan a otro sitio. Se entreveran en largas conversaciones.
Se los ve bien. A pesar de todo, se los ve bien.


Sobre el autor: 
Fernando Puga

miércoles, 3 de octubre de 2012

Cristal de roca - Fernando Puga


—Me recluiré en un monasterio —juró el gran tenor cuando supo que la afonía que nació el frío día en que te marchaste era irreversible.

Nadie volvió a oír su voz, salvo los pájaros que anidan en el campanario y tú que desde entonces no dejas de escuchar los ecos atrapados en la copa de champagne y en la fina bandeja en que la apoyas mientras te maquillas frente al espejo de tu camarín antes de salir al escenario.


Sobre el autor: 
Fernando Puga

miércoles, 22 de agosto de 2012

Vos quedate en el molde que te corto los huevos... - Fernando Andrés Puga


Ella, sentada en la mesa del rincón con la cabeza gacha, revolvia con lentitud el pocillo de café. Te acercaste creyendo que no te veía, pero apenas te tuvo a su alcance saltó de la silla y se te vino encima. No necesitó armas para inmovilizarte. Le bastó con doblarte el brazo y apretarte contra la pared.
¿Qué te susurró al oído antes de soltarte? Ha de haber sido muy convincente, porque te quedaste manso como un corderito. Habías perdido ese arrebato furioso que te hizo aceptar esa cita en el bar en la que pensabas hacerle pagar por lo que había hecho.
Blanco como quien le vio el rostro a la muerte, saliste del bar a los ponchazos. Por poco no te lleva puesto un motociclista que logró esquivarte de casualidad. Subiste, encendiste el motor y me dijiste:
—Vamos, a toda máquina. Esta batalla está perdida.

Acerca del autor: Fernando Puga

domingo, 12 de agosto de 2012

Balsa - Fernando Andrés Puga


Algo me dice que falta poco. ¿Las gaviotas que graznan y planean sobre las olas? ¿La señal radiofónica que empieza a emitir balbuceos entre el zumbido que nos acompaña desde hace días? ¿Tu cara que empieza a envejecer?
En altamar los días son largos. Azul es la distancia; también la cercanía. Azul marino como un blues ronco en el humo de un bar a altas horas de la noche, ya de madrugada, después del alcohol y los besos.
Se divisa en este despertar una línea de tierra en lontananza. ¿Habrá un sitio donde guardar tu último suspiro o tendré que abandonarte y verte bajar a las profundidades donde morderán los peces los restos del amor que nos trajo hasta aquí?

Acerca del autor: Fernando Puga

Sin base - Fernando Andrés Puga



Cuando abrió el botiquín rodó al suelo el frasco de base de maquillaje que usa todas las mañanas para vestir su cara. Se rompió en mil pedazos y al ver derramada sobre los mosaicos esa segunda piel que la protege de las babosas lenguas masculinas, sintió que el piso se movía bajo sus pies de cisne. No pudo mantener el equilibrio. Cayó cuan larga era y, como el frasco, terminó hecha trizas.
Todo lo que barrió la señora de la limpieza cuando entró a pasar el trapo, lo arrojó al mismo tacho, cuidando de no cortarse con los pequeños trozos de cristal.

Acerca del autor:
Fernando Andrés Puga

sábado, 4 de agosto de 2012

Vos, yo y la lluvia de otoño- Fernando Andrés Puga


Tu silencio lo decía todo.Aturdía.Pensé en taparme los oídos para no escuchar tu remordimiento, pero eso te pondría en evidencia. Opté por invitarte a cenar.Después de unos instantes de desconcierto, empezás a sugerir restaurantes mientras te arreglás frente al espejo. Comprendo entonces que aunque afuera la lluvia cae con violencia, la tormenta pasó.Te pondrás el piloto, abriré el paraguas y caminaremos juntos bajo el aguacero.En silencio, claro. ¿Para qué arruinarlo con palabras? Mejor escuchar las gotas que rebotan en el asfalto y el frenar de los automóviles y el rumor de la noche que recién empieza.

Acerca del autor:
Fernando Puga

domingo, 29 de julio de 2012

Gustavo - Fernando Andrés Puga



Cansado de dormir, se desperezará. Tomará la guitarra que lo espera al borde de la cama y con los dedos la hará volar otra vez a las estrellas. La música ligera de su canción animal provocará un gran temblor en la ciudad de la furia. Se agitará la persiana americana cuando el monitor del cardiógrafo vuelva a mostrar signos de vida.
Cae el sol, pero no la esperanza de que escapes de tu neblinosa zona de promesas. Dale, Gustavo; basta de pulsar. No amo dejarte así. Quiero llevarte para que me lleves a tu locura de amor amarillo.

Fernando Andrés Puga

Imagen de Leo250

domingo, 15 de julio de 2012

Estatua de sal - Fernando Puga



Ya entendí. Si nos quedamos, morimos. Lo que dejamos atrás, no importa. Al fin y al cabo lo esencial va con nosotros y Yahvé proveerá. Será un largo viaje.
Lástima perder esas mañanas, cuando los chicos estaban en la escuela y Lot iba al templo a dar sermones. ¡Cómo nos revolcábamos con mi asistente personal y las chicas de la limpieza, acariciados por el suave sol, relajados en las tibias aguas de la fuente, olvidados de todo...! Ardo de sólo pensar...
Aún han de estar en la puerta de calle, viendo cómo nos alejamos a paso lento con la caravana. Me muero por darles un último adiós.
¡Ma'sí! ¿Qué puede pasar?


Acerca del autor:
Fernando Puga

miércoles, 4 de julio de 2012

¿Quién fue? - Fernando Andrés Puga


¡Ella fue!, dice ella y él sabe que fue ella. También sabe que ella tendría que haber dicho ¡fui yo! y que lo dirá cuando él lo pregunte con más calma.
¿Por qué?, y ella no contesta. Lloriquea, grita, otra vez la acusa a ella, a la otra, a la que él no puede castigar.
¿Qué fue lo que pasó?, y entonces sí. Ahora ella hilvana un relato que va desenredando la madeja. Él pregunta detalles, ella detalla. Él percibe alguna luz en las respuestas de ella, ella camina por las preguntas de él.
La toma de la mano. Cambió el semáforo y cruzan la calle. Ella lo suelta y se le cuelga del brazo. Él la arrastra un poco; le cuesta aminorar la marcha para que ella no tenga que andar a los saltos. Ya aprenderá. No hay prisa.

Acerca del autor:
Fernando Puga

viernes, 29 de junio de 2012

Comer vidrio - Fernando Andrés Puga


Ansioso por contárselo a mamá, cruza el jardín y corre hacia la cocina. No advierte que la puerta de vidrio está cerrada. La atraviesa. Intentando escupir las esquirlas que se le meten en la boca, tropieza y cae sobre las puntas que asoman desde el borde inferior del marco de la puerta. Un fragmento filoso se clava en la arteria de su brazo derecho. Incontenible, la sangre fluye a borbotones.
Nadie en casa.

Sobre el autor: Fernando Puga

domingo, 3 de junio de 2012

Como al descuido - Fernando Andrés Puga



Al terminar de leerla, la estruja y la arroja al fuego recién encendido de la chimenea. Va al dormitorio, la mira dormir, la besa en la mejilla, apaga el velador y se decide. Mientras se aleja a paso rápido por la acera, el cielo empieza a despertar.
Abrigada bajo la frazada que trajeron del norte en el último viaje que hicieron juntos, ella no se sorprenderá al encontrar vacío el lado izquierdo de la cama.

Acerca del autor: 
Fernando Puga

viernes, 1 de junio de 2012

Tres son multitud - Fernando Andrés Puga



Cuando estoy solo somos dos y vos llegás a interrumpir. Terminarás enamorándote. No resistiré y juntos nos encerraremos. Nos recorreremos como si fuéramos caminos vírgenes en lo más enmarañado de la selva. Nos abandonaremos detrás de la puerta. No puede ser. Yo de él no puedo deshacerme sin acabar conmigo ¿entendés? Será mejor que vuelvas por donde viniste. Realmente lo siento, pero no te hará bien mi compañía. Aunque parezca, no estoy solo. No me obligues a cerrarte la puerta en la cara.

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga

viernes, 4 de mayo de 2012

El tiempo no perdona - Fernando Puga


Ese espejo le resultaba muy útil. Absorbía todo lo inservible, ya sea por deterioro o por desuso. Que un vestido viejo ocupaba espacio en el placard, pues bien: lo colocaba frente al espejo e inmediatamente desaparecía detrás de esa superficie enigmática. Que el amante de turno dejaba de cumplir con las expectativas, no hay problema: sólo basta sugerirle que se plante frente al espejo, él se encargará de borrarlo del mapa.
Hace ya tiempo que se deshizo de mí. Desde entonces la espero de este lado y planeo mi venganza. No ha de faltar mucho para que empiece a perder sus encantos.

Acerca del autor: Fernando Puga

miércoles, 2 de mayo de 2012

Trabalenguas - Fernando Puga


El joven compositor descompuesto, pero sin perder la compostura, salió del concierto con cierto desconcierto. Fue directo al camarín del recto director.
—Aunque digan que usted es un genio, yo no congenio con ese arreglo falto de ingenio— le dijo de un tirón.
—No es lo que tú crees —contestó sonriente el divo—. La próxima vez no pondré la partitura del revés.

Acerca del autor: Fernando Puga

martes, 24 de abril de 2012

Heráclito - Fernando Andrés Puga


Hoy me zambullo en las aguas del río de la infancia que de tan limpias me salvaban del baño cotidiano y transformaban tus golpes en caricias.
Al salir siento un escozor que recorre mi piel. Me rasco a cuatro manos y cada poro florece hasta supurar un líquido viscoso de sabor dulzón a juzgar por la atracción que ejerce sobre las moscas que revolotean entre los juncos de la pantanosa orilla.
Busco mi reflejo en el agua para evaluar el daño, pero no está; o sí, pero es tan marrón que no se distingue del lodo de este río estancado.

Acerca del autor

domingo, 8 de abril de 2012

Clase media - Fernando Andrés Puga


No desaparecí. No fui ultimado en algún enfrentamiento. No recibí amenazas, no estuve en listas negras, no fui al exilio. No nací en un centro clandestino ni terminé en brazos extraños.
Aun así, no acabo de encontrarme.
Soy argentino. Tenía dieciocho cuando la oscuridad se apropió de mis sueños, cuando el grito de gol inundó el estadio ahogando el desgarro que se descomponía entre las catacumbas. Ahí estaba yo, con mi bandera.

Acerca del autor

lunes, 2 de abril de 2012

Jette en Los Andes - Fernando Andrés Puga


Jette bajaba de un mundo acomodado; vos subías desde la sucia noche del sur. Jette cruzó el Atlántico en busca de aventura; vos saliste de casa despedido.
Los cuerpos se enredaron en un hotel de La Paz. El sol de tu llanura en su pelo; su noche boreal en el tuyo. Jette quiere más tierra que la que le ofrecés; vos, más estrellas que las que hay en sus ojos.
Jette será nostalgia de lo que no fue; vos, una gota en el mar de su olvido.

Sobre Fernando Puga