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martes, 28 de febrero de 2012

ReC - Jesús Esnaola Moraza


—Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada —dice Micky agravando la voz, casi tanto que hasta se le arruga su carita imberbe—. No podrás soltarte las cuerdas, así que para ya, ¿ha quedado claro? Si no... Ya estoy harto de ti y de tu madre, parece que solo vivís para joderme.
El grito de mamá anunciando la cena interrumpe el juego. Micky desata a Mónica que se levanta de la silla y seca sus lágrimas para no dejar rastro. Le sonríe a su hermano para que sepa que está bien.
—Joderme —repite Micky saboreando la palabra.

Tomado del blog: Frankenstein, supongo

sábado, 7 de enero de 2012

La verdad - Jesús Esnaola Moraza


Este año he notado al abuelo especialmente cansado. Confieso que me preocupa. No tiene mal aspecto físico, siempre lo he conocido con la cara surcada de arrugas y ese ligero encorvamiento que lo lleva a ensimismarse mirando al suelo como si temiera pisar mal. Parece más un problema de actitud, de tristeza, de carga invisible.
Como cada año en Nochevieja, desaparece de la sala unos segundos antes de medianoche, con la excusa de ir al baño. Nunca está presente durante las campanadas. Regresa cuando todos hemos brindado y gritado y besado a todo el que tenemos cerca. Y lo hace un poco más erguido, más sonriente, más ligero. Y yo, al mirarlo, recuerdo el día que el Trufas, en el cole, me dijo muy serio, y al oído, que los Reyes eran los padres.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Hambre – Jesús Esnaola Moraza


Para que no se enteren de que me he marchado he sido muy cuidadoso. Repaso mis movimientos. He recogido los jarrones con las flores que se habían ido al suelo, incluso el tiesto con geranios que, seguro, trajo la abuela Modesta, siempre tan generosa. He limpiado de polvo los marcos de las fotos del abuelo Paco y la tía Matilde, con la manga de la chaqueta. Me he dado cuenta de que había dejado la lápida un poco desplazada y la he empujado para que encajara. Perfecto. Lo malo es que este apetito de carne fresca con que he despertado no me va a ayudar a pasar desapercibido.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Estampa - Jesus Esnaola Moraza


Seguro que a vosotros se os ocurren un montón de motivos por los que un hombre puede decidir saltar desde la azotea de un edificio de cristal de cuarenta plantas. No os aburriré con eso.
Lo que me importa es que salta, que comienza un vuelo desgarbado, picado con la vida, convertido en una lágrima de carne y hueso que recorre la fachada del edificio.
Lo que me asombra es el público expectante que aguarda el desenlace, no por conocido menos hipnótico, señalando la trayectoria con el dedo para que ni los más miopes se pierdan el descenso.
Lo que me sorprende es que el suicida desaparezca a la altura de la ausente planta trece, residuo supersticioso del dueño del monstruo de cristal.
Lo que me aturde es el sentimiento general de decepción.