
EL PERDÓN
Ana Silvia Mazía
Homenaje inconsciente al añorado maestro Isidoro Blaisten
—Perdón, ¿es aquí donde perdonan?
—Sí. ¿Qué deseaba?
—Perdón.
—¿Cuánto? ¿De qué calidad?
—Yyyyy... no sé. Usted., ¿qué me recomienda?
—Depende. ¿Qué tiene que hacerse perdonar? Uno, muchos, grave, light...
—Bueno, le diré... No sé si es para perdonar.
—¿Tan grave fue?
Risas.
—¡No, al contrario! Le dije la verdad a alguien, y... enloqueció. Y eso me mortifica mucho. —Pausa—. Por eso quiero pedir perdón. —Pausa, suspiro—. Uno... no sé cómo, pero muy sentido, muy sincero.
—¡Ah, ya sé! —dijo el que despachaba perdones—. Aquí tiene.
Le entregó una cajita cuadrada, envuelta en papel dorado, y con un moño rojo.
Lo recibió. Sonrió. Pagó, agradeció, y...
Se fue, feliz, con su perdón.