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viernes, 2 de enero de 2009

Universos paralelos – Javier Alfaro Martínez


UNIVERSOS PARALELOS
Javier Alfaro Martínez

Un ser decrépito, sin recuerdos, casi ciego, con las piernas tan temblorosas que apenas podía caminar, llegó hasta una caverna gigantesca de la cual salía una luz de gran intensidad.
Ella lo aguardaba con su negra guadaña, y al tiempo que lo invitaba a pasar, con un certero y profundo tajo le abría el pecho.
—Así no puedes entrar —le dijo con voz autoritaria—, despójate de la carne y déjala ahí tirada. Los perros y los gusanos se encargarán de ella.
En ese mismo momento, un forense practicaba la autopsia de un hombre viejo, que había llegado muy enfermo al hospital. Los médicos consideraron que su deceso se había producido por causas desconocidas.

Ilustración: Foto de Valencia.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Estrategia - Javier Alfaro Martínez


ESTRATEGIA
Javier Alfaro Martínez

Mira ese sol en la lluvia y ese manzano en el huerto. Observa esos jóvenes adolescentes elaborados de barro. ¡Somos tú y yo, Lilit!
De nuevo pretende jugar. Esta vez tienes que dominar tu rebeldía; no deseo perderte. Ni tampoco quiero que me quiten parte de mi costilla. Lo primero que haremos es aniquilar a la serpiente y después nos multiplicaremos sin ser redimidos del pecado original.
Ganaremos la partida. ¡Crearemos la raza aria y evitaremos el Holocausto!

lunes, 24 de noviembre de 2008

El perdón - Javier Alfaro Martínez


EL PERDÓN
Javier Alfaro Martínez

Esa noche me acosté temprano. La seguridad de pasearme eternamente por el infierno me causaba emoción. Para conseguir mi objetivo mentí, manipulé, engañe e hice todo el daño posible, sin sentir por ello remordimiento alguno. Había cortado en forma certera mis miedos. Un cálido torrente color púrpura manaba de mis muñecas. El sueño me vencía cuando sentí que mi pecho se templó para darle paso a un aliento gélido. Mis ojos débiles se cerraron lentamente.
Cuando desperté unas figuras etéreas me condujeron ante una gran puerta. De ella sobresalía un enorme letrero con la leyenda “Bienvenido al paraíso”. Los miré lastimosamente. Con una sonrisa que poco a poco se fue convirtiendo en una mueca de ironía, me respondieron: “Dios te ha perdonado”.