jueves, 11 de junio de 2015

Hongos al pil-pil - María Ester Correa Dutari


Luego de que siete mares surcaran las acequias; luego de que siete días, siete noches, siete lunas, lloviera, lloviera, lloviera, al filo del séptimo día dejó de llover de forma mágica. Entonces, comenzaron a florecer hongos de todos los tamaños y colores, por doquier. Como es época de cuidar los bolsillos rotos, y las esperanzas truncas, salí con el cuchillo de carnicero y comencé a cosecharlos, y ahora me voy a hacer una ricos champiñones salteados al pil, pil!!!!

Acerca de la autora: María Ester Correa Dutari

Regio - Sergio Fabián Salinas Sixtos


En la corte de los percebes, gobiernan dos reyezuelos (gemelos); hombres letrados los educan en filosofía y arte. Ingenieros espaciales los adiestran en las leyes del éter y los principios de los mecanismos de movimiento perpetuo. Los reyezuelos gobiernan con tesón, imparten justicia y hacen prosperar al reino.
Un día, uno de ellos enloquece y cegado por la sinrazón apuñala a su hermano. Las leyes son claras, el regicidio se castiga con la muerte. El monarca chalado da un golpe de estado y se depone él mismo. Ya no es el soberano, ahora es sólo un mercenario al servicio de oscuros propósitos. La anarquía domina el feudo. Una señal divina muestra el camino de la redención al pueblo: entre pompas y fanfarreas los súbditos coronan al rey loco.

Acerca del autor: Sergio Fabián Salinas Sixtos

domingo, 31 de mayo de 2015

Periferias - Paula Duncan


Sentada mirando la TV, sin verla demasiado, solo utilizando el tiempo muerto entre una cosa y otra, y en mi eterna costumbre de mirar periferias y no centros, descubro que la puerta ventana que da al patio, donde ya duermen mis duendes con zapatillas de cascabeles, se ha convertido en un espejo, y al tener reflejo veo que el espacio se ha desdoblado, y ahora tengo dos estancias casi iguales: una en la que estoy yo con mesa sillas y los gatos durmiendo amuchados por la fresca brisa nocturna, y otra, con mesa sillas y otro ordenamiento espacial, donde yo no estoy; todo esto ha conseguido ponerme en un estado ideal de no-normalidad. 
¡Por fin! estaba entrando en un estado demasiado real de invisibilidad, ahora puedo salir a pasear por planos paralelos con la seguridad en mi mirada y disfrutando. 

Acerca de la autora: Paula Duncan 

miércoles, 20 de mayo de 2015

El actor - Raquel Barbieri


Desde sus ojos rojos sostenidos por pedúnculos que parecían no resistir más el peso de esa mirada, observaba al público que embelesado y temeroso no sabía si el color de esos ojos era producto de la luz teatral o un efecto de caracterización. El personaje tomó un libro y leyó en voz alta el acertijo. Cerró las tapas con furia e hizo mutis por el foro atravesando un vidrio sin siquiera dejar un rasguño.

Acerca de la autora: Raquel Barbieri

Imagen: "El holandés errante", obra de la misma autora.

jueves, 14 de mayo de 2015

El retrato de Oscar W. - Claudia Isabel Lonfat


El retrato estaba terminado. Tenía cierto desorden en la proporción de los rasgos, es decir, los ojos más juntos, la nariz más pequeña, los labios más delgados, aunque en conjunto, no existía duda que se trataba de Oscar W.
Después de treinta años, cuando de a poco se fue convirtiendo en ratón, se dio cuenta de que debería haber sido más preciso con las proporciones.

Acerca de la autora: Claudia Isabel Lonfat

jueves, 12 de marzo de 2015

Dibujarte - Daniel Diez Crespo


Me negaste. Te negué e afirmaste. Me desnudaste, te vestí y me abofeteaste con caricias. Me hiciste y deshiciste. Me olvidaste y no dejo de recordarte. Encendido por ti, me apagaste. Silenciosos, grito delirios en la oscuridad. Me estrangulaste y te resucito. Me rayaste con el filo de tus labios. Me borraste, y yo no dejo de dibujarte.

Tomado del blog El País de la Gominola

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

Minic(r)uentos con inventos tristes: El verdadero error – Rubén Vedovaldi


Un ingeniero militar inventa una goma para borrar aciertos humanos y dejar solamente errores.
Va por todas partes borrando el arte, la ciencia y la técnica; el amor, el deporte y todo quehacer y saber humano y dejando solamente errores y más errores, hasta que todo el mundo es nada más que humanos errores. Cuando en todo el mundo no queda más que ese hombre con su goma y todos los errores,el ingeniero quiere borrarse, pero sin querer comete un error y se convierte en dos ingenieros. Los dos se miran perplejos y el inventor ya no sabe cuál de ellos es el verdadero y cuál el error.

Sobre el autor. Rubén Veldovaldi

jueves, 12 de febrero de 2015

Mi abuela tenía razón- Ana Caliyuri


Él estaba desesperado. Sólo se escuchaba el suave susurro de su voz, a modo de plegaria, que decía: no me cuentes demasiado, ni me expliques tanto. No me describas lo que hemos visto, ni cercenes mi imaginación. Déjame la pausa, permíteme respirar y deslizar mis manos sobre tu verdad; descubriré la explosión del sentir a medida que crece el misterio y el resultado si puedes dímelo sólo a mí. ¡Sólo a mí!. Hoy tengo un día egoísta, dijo él. Sólo a mí, por favor.¿ A quién le hablas? Le preguntó su esposa mientras introducía los tentáculos de calamar en la salsa. Él visiblemente alterado respondió: al pulpo, querida, al pulpo le hablo. Leí en el diario que vaticina los resultados del fútbol. Si querido, pero éste es un pulpo cualquiera, no es el pulpo famoso. Él, resignado murmuró: mi abuela tenía razón, en todos lados hay privilegiados…

Sobre la autora: Ana Caliyuri

La espera – Maritza Isabel Álvarez Rodriguez


Sabía que esperaba volver a verse reflejada en aquellos ojos de mar, pero también sabía que era casi imposible porque el objeto de su amor estaba muerto y enterrado. Además había donado sus órganos y entre ellos figuraban sus enormes ojos, pozos de mar azul.

Sobre la autora: Maritza Isabel Álvarez Rodriguez

jueves, 29 de enero de 2015

Inspiración rota – William E. Fleming


—Has de saber, muñeca –lanzó una bocanada de humo con un rictus torcido de labios– que si te quedas conmigo; puede que sufras los efectos de mi trabajo, pero sabrás que te llevas a un amante a la cama todas las noches.
Ella sonrió picaronamente y deslizó una de sus manos cerca del detective, robándole el cigarrillo. Se lo colocó entre los labios y muy despacio dio una calada sin dejar de mirar al sabueso. Era como hacerle el amor. Este se estremeció. Colocó el cigarrillo manchado con el carmín sobre los labios temblorosos del hombre y recogió su bolso.
Mientras se alejaba, contoneándose lascivamente, echó la mirada hacia atrás.
—Habitación 217, Hotel Overlook. Allí te espero… –y salió por la puerta.
—¡Qué allí te espero! –una voz más ronca sacó de la letanía inspiradora al escritor– ¡Vale, en unas horas ahí estaré cariño!

Sobre el autor:  William E. Fleming

El primero de la fila - Gonzalo Santos


Detrás de sí no había nada, nadie. Era el primero de la fila. Se había levantado a las tres de la mañana: esta vez sería el primero. El primero de la fila. No le importó qué ropa se puso, ni cuántas horas durmió. Ni si saludó debidamente a su esposa. Llegaría primero a cualquier precio, aun a costa de un desayuno caliente.
El día anterior, por llegar tarde, había tenido que hacer colas de varias horas, y su día todo consistió en eso: hacer cola. Nunca más volvería a pasar por lo mismo. De ningún modo.
Ahora estaba ahí, era el primero, y eso ya no se lo quitaba nadie. Ni siquiera le importó que estaba en calzoncillos.

Sobre el autor: Gonzalo Santos

Ahora, en el espejo, estoy yo. Antes… - Fernando Andrés Puga


¿Será que al abrir esta puerta ya no seré el mismo? ¿Los espejos me devolverán otro rostro? ¿Me reconoceré en el gesto resuelto de ese hombre de barba que clava sus ojos en mis ojos desde la vieja foto, una entre miles que empecinadas se niegan al olvido y vienen al encuentro de tantos como yo que no fueron hasta hoy más que vestigios de sí mismos? ¿Remontaré el barrilete que perdió su piolín el día en que otras manos pretendieron llevarlo hacia otros cielos?
—¡Pase, está abierto!— invita la voz gastada de una anciana.
Y empujo la puerta…

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga

jueves, 15 de enero de 2015

Oveja - Mario Cesar Lamique


La Oveja tan distraída y desorientada como era, alcanzo a oír a ese nene que extendiendo su mano hacia ella exclamo :” papá mira una Abeja...” , mientras el padre lo arrastraba del brazo, el nene, seguía señalándola.
Desde ese momento, la Oveja tan crédula e ingenua como era, se comporto como una Abeja, zumbando por todos lados, volar nunca pudo,aunque un día, el lobo, tan hambriento y feroz como el era, la ataco y ella asustadiza e impulsiva le clavo su aguijón,pero,la pobre Oveja tan exagerada y cabeza dura como era, tristemente murió.

Sobre el autor: Mario Cesar Lamique

Los cuerdos – Héctor García


"El falo verde deber quiere un palo verde", dijo Gutiérrez, y entonces concluimos que estaba loco y que había que matarlo. Así que tomamos a Mjölnir (siempre lo llevo conmigo) y procedimos. Acto seguido, le quitamos sus ropas y las devoramos.
Después del banquete desollamos el cadáver y con el cuero cubrimos nuestra desnudez. Se acercaba el invierno y el enfermero aún no había podido dar con un gasista como la gente...

Sobre el autor: Héctor García

Gira, gira - Rafael Blanco Vázquez


Hace diez días que estoy tomando antibióticos y que no pruebo una gota de alcohol (para ciertas cosas soy muy obediente).
Esta noche, por fin, me voy a meter semejante lingotazo de whisky sin hielo que ya se me está haciendo la boca agua.
Será un momento de una intensidad poco común, tan poco común que la vida seguirá su curso.

Tomado del blog: El hámster y otros cuentos

Sobre el autor: Rafael Blanco Vásquez

jueves, 1 de enero de 2015

Los últimos de Howland - Xavier Blanco


Regresa otra vez la muerte disfrazada de ángel y los habitantes de Howland la aguardan, sentados en la quebrada, con sus túnicas blancas y sus collares de nautilo. Los seres que moran esas tierras son enjutos, como maderas carcomidas por la existencia, barbados de tundra, los ojos glaucos y sus cuerpos erosionados por la lluvia y el viento. Esos hombres son sólo memoria, un ovillo deshilachado de recuerdos: sin poder sucumbir y  sin poder engendrar, eternos pero solos. Y en el día de San Matías, porque así está escrito, el ángel negro retorna, señala con su dedo y, tensando su arco, dispara una flecha. Y ese haz de luz marca un único elegido que fallece y vuelve a germinar muerto, pero humano, en la luz que lo fosiliza. En ese relámpago, cuando la vida y la muerte interseccionan en una espera minúscula, los seres de Howland gritan en silencio, con los ojos, con el cuerpo, y lloran odio,  sollozan sangre. Para ellos el tiempo anida vacío como un erial pedregoso y solo queda volver a esperar sedientos, en el desierto de la perennidad, que retorne el querubín de la expiración y los enhebre con su estilete.

©  Xavier Blanco 2011.
Tomado del blog Caleidoscopio 

Sobre el autor: Xavier Blanco

El chocolate y el paladar - Cristian Cano


¿Por qué empalagan los libros de poemas? ¿Por qué un escritor rompe en enojo y ríe en la soledad al escribir una novela?
El poema: es la máxima significancia en el mínimo significado… y como una andanada de chocolate, si se lee un libro en poco tiempo, empalagarse es posible. No seas angurriento como los poetas.
Y en la novela: Uno vive, a veces, con menos compromiso; pero eso no quita que se vivan dos vidas; por eso la rabieta, por eso… pequeños bombones comprados en los kioscos de un largo tiempo en soledad.
Sobre el autor: Cristian Cano

miércoles, 31 de diciembre de 2014

El documento perdido - Carlos Rodríguez Arévalo


Había perdido sus papeles en un país ajeno al suyo, la pesadilla de todo viajero, había perdido todo, todo hasta su dinero, además no sabía hablar el idioma de esa nación y se preguntaba ¿ahora, qué haré? No le quedaba más que empezar a caminar hacia su país, lo único que le hacia falta era saber hacia donde quedaba el sur.

Tomado de Microtexteando

Sobr el autor: Carlos Rodríguez Arévalo

Siempre hay lugar en el fondo – Héctor Ranea


—¡Vamos que hay lugar, che… pasen! ¡Dejen lugar que en el fondo hay para todos! —grita el conductor.
—¡Pare, pare, que no somos ganado!
—¿Tas loco, tas? La tengo clara que no son ganado. Si lo fueran los trataría mejor. ¡Je!
—¡Sarnoso! —gritan los pasajeros.
—Griten… me importa medio rábano por no decir cosas más groseras por el lugar donde estamos.
—¿Dónde estamos? —dice un pasajero medio desorientado.
—Nunca falta un despistado —comenta el conductor al gil acompañante—. ¡No leyó las noticias, Don? Los trasladan a todos. Ahora que su Papa limpió el limbo, los sacan a todos. ¡Vamos, que no tengo toda la eternidad, suban, suban, carajo!
—¿Y adónde nos llevan? —se preocupa el despistado.
—¡Ah! No sé. Eso no es cosa mía. Pregunte en la oficina de deportación.
Mientras, la punta del alfiler se llenaba…

Sobre el autor: Héctor Ranea

Reestructuración – Sergio Gaut vel Hartman


─Prometo ─dijo el anciano encargado del depósito─ respetar y hacer respetar las normas de este lugar.
─Me alegro ─respondió sonriendo el nuevo gerente─; pero no se olvide de dejar salir alguna microficción de tanto en tanto.
─Mmm. ─La expresión del rostro del viejo guardián se tornó agria y desconfiada─. Soy el encargado del depósito, no el chico de los mandados.
─Alguna, de vez en cuando ─dijo el gerente, a sabiendas de lo que significaban las microficciones para el anciano. Es más celoso de lo que imaginaba, reflexionó.
─¿Puede ser esta? ─dijo el encargado después de una larga pausa, con la esperanza de no tener que gastar ni una de las microficciones que atesoraba desde hacía tanto tiempo.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Todo sigue igual... - Héctor Ugalde

Todo sigue igual:
El Sol sale para todos...
Lo cortés no quita lo valiente.
El necio cree que todo lo sabe.
Más vale maña que fuerza.
El que busca encuentra.
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
El que mucho abarca poco aprieta.
Quien mal anda mal acaba.
El que calla otorga.
La esperanza es lo último que se pierde.
El que parte y reparte se queda con la mejor parte.
Nadie escarmienta en cabeza ajena.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Más vale prevenir que curar.
El que ríe el último, ríe mejor.
El que siembra vientos recoge tempestades.
Y sin embargo, a pesar de todo, ya nada es igual...


Sobre el autor: Héctor Marcial Ugalde Corral

Frente a la tormenta - María Ofelia Ceballos

La tormenta de la noche anterior azotó los árboles cercanos la casa. Y comenzó la destrucción: ramas pequeñas, ramas grandes, muchas ramas se quebraron. Hasta un tronco comenzó a quebrarse. Sin embargo, cuando menos se lo esperaba, apareció una luz en el paisaje. Y no se trataba de rayos ni de relámpagos. Simplemente era una luz roja que comenzó a tener sobre los árboles su magia protectora. Y fue a sí que esa poción de la naturaleza comenzó a salvarse.

Las mariposas se suicidan - Maritza Álvarez

En el mes de agosto las mariposas acuden a suicidarse. Lo hacen en cualquier lugar. Vi como miles de ellas volando se pegaban contra el parabrisas de la camioneta donde viajaba, eran de muchos colores pero todas tenían un mismo norte: morir allí. Para otros quizás es un espectáculo trivial, pero para mí adoradora de las mariposas, era una elegía. Sí, ese canto triste, no podía entender por qué se suicidan, si son tan hermosas y además Dios les dio el don de volar. Así absorta en el paisaje, vi como de una bosta de Vaca salían miles de mariposas multicolores, todas pequeñitas. Fue allí cuando entendí el misterio; solo se estaban renovando, púes así como morían, nacían. Pensé en la levedad del ser, en el alfa y el omega, el principio y el fin.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Terremoto - Estefanía Páez

Estaba en hora de clase; la profesora de geografía daba un tema que hasta el momento desconozco en un idioma extraño.
Sólo yo percibí el movimiento inverosímil del banco que se tambaleaba sin razón aparente, antes de que cualquiera lo notara.
Atiné a esconderme bajo el banco, antes de que el techo se derrumbara sobre nosotros.
Después del descalabro salí de mi escondite y vi, con horror, a mis compañeros yaciendo ensangrentados, entre escombros, ninguno parecía estar vivo. Intenté salir de la destruida aula por un agujero que se había formado en la pared, entonces escuché la voz débil de mi compañera de banco llamándome desde un lugar lejano; y desperté cuando sonaba el timbre y todos mis compañeros salían alborotados al recreo.

Tomado del blog de autores santiagueños En Los Esteros

El robot - Raquel Sequeiro


«Soñamos con un mundo de máquinas. Soñamos con un mundo de construcciones blancas inteligentes. Te digo que no dejo de soñarte...» «Era el miedo, ese miedo a abandonar lo que somos y ser de otra manera, embalsamados como momias, para que nuestros sentimientos -que conocíamos tan bien- desapareciesen. El Mutante dice que han mutado. Yo observo el gris del cielo, las bombas cayendo, mutando, mutatis mutandis: Son como balas onomatopéyicas, esquivando la muerte durante tantos siglos; la raza humana ha conseguido una transformación enorme, sobre todo en la robótica y en el capital, entendido como algo distinto a los execuo-Bonos del Estado Ulterior de Lanisppolaneuss».
«Soñamos un mundo de máquinas, habitamos un mundo de máquinas. Todo el mundo tiene miedo a pensar que esto es positivo. ¡Vivir en uno de esos enormes planetas a los que se les ha condonado la sentencia!». Me llama con la mano extendida.

Sobre la autora: Raquel Sequeiro.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sontag – José María Pallaoro

En el breve atardecer, la noche desnace al hijo. La lluvia cae salpicando las naranjas que aún no pude juntar. Hace frío en el galpón de los sueños, y a ella le agrada la fotografía perfecta del amor. Su nombre vibra lejos, como el negro cigarrillo que seguro se consume entre sus dedos. Hay un humo que se disipa junto al corte de luz involuntario. A oscuras, cierra los ojos y, en el hueco que dejó mi corazón extirpado hace más de seis años, ve nuestro atardecer mojado de jugos ilícitos.

El autor: José María Pallaoro

El Conde Marco - Guillermo Rossini

Recordó el salón, atiborrado de muebles de ébano e iconos tribales: un ambiente místico, cálido. Las tardes con el Conde Marco, que hablaba rápido un pésimo ingles y era apasionado por la temática africana, eran casi mágicas cuando contaba del sórdido continente, el manejo del látigo y hacía algún cáustico comentario sobre el vástago del Rey Ammbu, el bárbaro gobernante de la tribu de los Rajiies, que usaban un cartílago atravesado en la frente.
El Conde no necesitaba mucho estímulo para hablar: con sólo mencionar la famosa película “El pestífero mundo de la selva” y teniendo un interlocutor válido, era imparable.
La casa estaba abandonada. El Conde –según los diarios- había muerto en un accidente. Se acercó hasta la ventana del frente y miró a través de un mínimo resquicio entre las tablas. Le pareció ver una mano alzando una copa delante del rostro de un niño asombrado, feliz.

Sobre el autor:  Guillermo Rossini

Superella - Lucio Maggi

—Ésto tiene menos desarrollo que Sudán.
Quiso ser cáustico, pero quedó pésimo.
—Personaje flaco. Ni ícono de la moda, ni heroismo mínimo. Coger un poco, bueno; es válido porque sabemos que los superhéroes no la ponen. Pero esta mina es del porno sórdido, de película berreta.
Apagué la estufa. El ambiente había pasado de "cálido" a "calor bárbaro". Y el machaqueo seguía.
—Demasiado trola. Cualquier estímulo, rápido polvete. Y cero vínculo con la realidad.
Me tiré un pedo pestífero. Sonó como un cartílago roto. Restalló como un látigo. Abrí la ventana.
—Temática pobre. No pretendo algo místico, no; ¡pero bueno!
Agarré una lapicera con el tanque explotado. Carajo. Y cuando me quise lavar, el vástago de la canilla giraba en falso. Dios.
—¿Vos que opinás?
Corté el teléfono. Encendí el audio. Empezó a sonar "Ébano y marfil", de Jackson y Mc Cartney.
Suficiente por hoy.

El autor: Lucio Maggi

Pampa y Lavía - Ana Silvia Mazía

Pampa y Lavía eran inseparables. A todas partes, juntos.
Así se les había ido la vida, casi, pero ellos, nada. Si no era juntos, nada.
Incluso cuando el dueño llamaba, severo:
¡Pampa! porque él, Pampa, se había parado a mear junto a un arbolito.
Incluso entonces, Lavía andaba cerca. Sólo se habría detenido unos minutos a olfatear un rastro ajeno. Pero en cuanto oía que el patrón lo llamaba a él, se apresuraba a ponerse, ella también, a la par.
Flacos y estropeados, tanto él como ella, pero juntos, qué tanto.

La autora: Ana Silvia Mazía

martes, 25 de noviembre de 2014

Cierto pacto – Alejandro Bentivoglio & Carlos Enrique Saldivar




—Quiero tres deseos —dijo el hombrecillo.
—Soy el diablo, no soy un genio, no concedo deseos —objetó el Príncipe de las Tinieblas. Intentaba disipar la nube de azufre que lo envolvía dando manotazos aleatorios.
—Pero quiero tres deseos —insistió el otro.
—Mmm, la jurisprudencia diabólica —dijo el Oscuro, mientras sacaba pergaminos de su negra capa—, no tiene nada al respecto. Bueno, te ofrezco tres deseos a cambio de tu alma, solo firma aquí.
El hombrecillo firmó y dijo:
—Quiero ser el hombre más rico del mundo. El más famoso del mundo. Y el más bello del mundo.
—Hecho.
—Uhm… no sentí el cambio.
—Sí, eres dueño de una inmensa fortuna, está escondida en algún rincón del planeta, búscala; eres más famoso que el mismísimo Adolf Hitler, y eres una verdadera hermosura, mírate en el espejo. Adiós.
El hombrecillo buscaba una fuente para contemplarse cuando lo rodearon los violadores.


Los Autores: Alejandro Bentivoglio, Carlos Enrique Saldivar