martes, 14 de octubre de 2014

Supersticiones. Museo de la palabra - Daniel Sánchez Bonet


La última de nuestras discusiones conyugales se produjo con la llegada al mundo de una niña y es que nunca pensamos que sería tan difícil elegir un nombre. Mi mujer deseaba una niña hermosa y risueña: la llamaremos Rosa o Violeta, o mejor, Afrodita, me importunaba. Pero yo lo tenía ya demasiado claro: ansiaba una hijita triunfadora, Victoria o Estrella…
Es cierto que por un momento pensé que terminaríamos poniéndole Remedios o Milagros porque no lográbamos llegar a un acuerdo pacífico, pero bastó un nombre de tres letras para sellar por fin nuestra definitiva reconciliación.


Tomado del blog Microrrelatos a peso http://microrrelatoapeso.wordpress.com/

Sobre el autor: Daniel Sánchez Bonet

Una viborita larga y finita - Fernando Andrés Puga


Entré sigilosa en el oscuro espacio húmedo, maloliente. Con el vientre frío sobre la áspera superficie de piedra de la cueva, deslicé mi ladina intención hasta envolver por completo el cuerpo apetitoso del pequeño animal lampiño que chillaba en el rincón, oculto en un cántaro de barro, tapado por un trapo sucio que apenas dejaba ver sus ojos brillantes aun en esa negra soledad. Apreté hasta apagarle la voz; luego dormí largamente.
Ya entra el sol por la hendija que se abre al precipicio. Después del largo silencio del invierno se acerca la hora de partir en busca de alimento, aunque no siento hambre. ¡Qué extraño! ¿Será por el sabroso recuerdo que sobrevive entre mis fauces? ¡Mmmm! Se me hace agua la boca. Saldré a dar un vistazo. Quizás me tope otra vez con tan irresistible bocado.

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga

Historias bastante tristes – Héctor Ranea



Neso estaba buscando una centáuride especialmente bella que había visto en un canal erótico en Tesalia. Me lo encontré despachando nafta en Cajón de Ginebra Chico. Después de contarme su triste historia de desencuentros con la bella, me pidió que le explicara por qué todos le decían que fuera a la ciudad de Mierd…
— Ya entendí —le dije— se han estado mofando de usted.
Se quedó muy triste. Sereno, pero triste.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Clases intensivas – Sergio Gaut vel Hartman


—Esto es una encina —dijo el maestro—. Y esto es un pato. —Caminó unos pasos y tomó un arco de los que solían usar los quapaw de Tourima—. Esto es un arma destinada a enviar dardos para que se claven en la carne de los enemigos. —Se rascó la cabeza tratando de definir una estrategia para explicar “solipsismo”, “promoción” y “desamparo”. Recorrió con la mirada a la decena de theghianos recién llegados de Theg que lo contemplaban con la boca abierta. No entendía nada y nunca entenderían. Definitivamente, educar a esos extraterrestres anaranjados, de ojos acuosos y tantos brazos que se parecían a la diosa Kali, era una tarea que lo superaba.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

jueves, 9 de octubre de 2014

Criaturas de fantasía – Ana Caliyuri y Esteban Moscarda

Es probable que su tiempo expire, me dijo el guerrero de espada láser. Nunca he creído demasiado en el tiempo, y menos aún siendo una robótica del porvenir. Lo miré con cierto aire de Fausta cósmica; luego desprendí el fruto de la fantasía y volqué la última gota de piedad en una frase:

—Haz de tu prestigio la humildad del mundo.

Él me miró con su ojo químico. Su alma de carbón y acero tembló. Yo lo sentí y supe que mi misión estaba cumplida. Saqué de mi bolsa un poco de polvo de hada y me suicidé.

El guerrero derramó su primera lágrima. Guardó entonces su sable láser y enfiló hacia el palacio. En su pensamiento estaba mi cara envuelta en rocío. El sol se levantaba despacito por el este.


A buen discípulo justa excusa – Ana Caliyuri


Ella era maga en cuestiones de excusar a su esposo. Su amiga le preguntó cuántas veces le había dicho él que la amaba. Se quedó pensativa y luego le respondió:
—Mi esposo es discípulo de Platón y como ya sabes “La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.”

Sobre la autora: Ana Caliyuri

La descuidada – Carlos Enrique Saldivar


A una linda jovencita le gustaban mucho las flores. Tenía un vivero repleto de ellas. Flores conocidas, hermosas, otras muy extrañas, de diversas formas y colores. Casi todas las especies del mundo Pero no las cuidaba como debía ser. Eran demasiadas. Muchas morían por descuido. A ella no le importaba mucho, era bastante acaudalada, podía reemplazarlas con facilidad. Hace unos días compró «las flores más maravillosas del mundo». Ayer fue a verlas y a platicar con ellas.
Hoy la joven amaneció muerta en el vivero. Su piel estaba arrugada y enjuta, totalmente deshidratada. No había en su cuerpo una sola gota de sangre. Torpemente, en su momento, la muy distraída no se había percatado de que «aquellas fascinantes flores» necesitaban agua.

Lima, abril de 2006

Sobre el autor: Carlos Enrique Saldivar

miércoles, 8 de octubre de 2014

Inocente - Isabel Mª González


Al rato apareció Paco, sonriente, con la gaseosa en la mano. Privilegiado, me llamaban los colegas de celda. Qué iban a saber ellos de mi pacto con el guarda de planta, pero en fin, más vale que te jodan por algo, digo yo. El caso es que Paco decía estar enamorado de mí, si no de qué. A otros, sin trueques, les jodían igual.
Recuerdo su mirada triste, una hora después, intentando contener las lágrimas, cuando desde el banquillo oí como aquel recibo de hotel se convertía en prueba irrefutable de mi inocencia.

Sobre la autora: Isabel María González

Dos puntos, comillas - Rafael Blanco Vázquez


Augusto Monterroso: “Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto)”.
Emil Michel Cioran: “Para no tener que resolverlas, he transformado todas mis dificultades prácticas en dificultades teóricas. Frente a lo Insoluble, por fin respiro”.
Arthur Schopenhauer: “En un joven es una mala señal, tanto en el aspecto intelectual como también en el moral, que sepa orientarse muy pronto en los asuntos y manejos humanos, que enseguida se encuentre en ellos como si estuviera en su propia casa y entre en ella como si ya estuviera preparado. Es un anuncio de vulgaridad. Por el contrario, un comportamiento sorprendido, vacilante, torpe y errado en los citados aspectos indica una naturaleza de índole más noble.”

Sobre el autor: Rafael Blanco Vásquez

Desaforismos – Sergio Gaut vel Hartman


El poeta despertó. Se había quedado dormido a la sombra de un frondoso roble. A su lado, abierto en la página 149, estaba el libro de refranes que había estado leyendo. No sabía por qué lo eligió: era una colección de vulgaridades y mediocridades, lecciones de vida para reforzar la cobardía de los que no se atreven a moverse, los que no se arriesgan a disfrutar la fragante libertad.
—¿Estoy equivocado? —le dijo al gorrión que buscaba semillas y lombrices a un metro de su mano.
—Estás en lo cierto —respondió el gorrión. El poeta no se sorprendió de que el gorrión le hubiera contestado. Más aún, desestimó la posibilidad de atraparlo, se puso de pie, extendió los brazos, y voló en busca de los otros cien gorriones parlanchines que lo esperaban en el aire, deseosos de iniciar una conversación que les permitiera, juntos, demoler las idioteces del refranero.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

Por escrito gallina una - Julio Cortázar


Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a.
Cresta nos cayó en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.

Acerca del autor: Julio Cortázar
Tomado de: “La vuelta al día en ochenta mundos” - 1967

sábado, 4 de octubre de 2014

La fábrica - Daniel Sánchez Bonet


La fábrica tiene 80 personas, tanto hombres como mujeres, que pasan allí una media de 14 horas diarias. A pesar de los extensos horarios y de la condiciones infrahumanas en las que viven, el ambiente es tranquilo y la convivencia, cordial. Entre sus cuatro paredes, todo es orden y disciplina: a la hora de comer, todos se reúnen para fomentar la conciencia de grupo y a la hora de salida, todos se avisan para evitar cualquier tipo de marginación social. Esa es la filosofía de la fábrica que hay al lado de mi casa. La única, sin patrones ni asalariados.

Tomado del blog Microrrelatos a peso http://microrrelatoapeso.wordpress.com/

Sobre el autor: Daniel Sánchez Bonet

Acompañantes extraños - Héctor Ranea


Las grandes organizaciones internacionales están preparando el lanzamiento de una nueva ocupación: acompañantes de solipsistas. Desde luego, para poder ocupar los puestos tienen que ser personas convincentes y despiertas, con alta autoestima y condiciones de existencia mínima. Solipsistas, abstenerse.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Los insospechados caminos del subconsciente - Anna Rossell


Sostenían una relación sórdida. Su vínculo no era cálido, sino correoso como un cartílago, era pésimo. Hablaban lo mínimo y las escasas palabras que cruzaban, provocadas siempre por algún cáustico estímulo, tenían sobre el otro el efecto de un látigo, una rápida descarga de veneno pestífero que rasgaba la tenue película que les unía. Que el vástago de aquel nexo fuera un místico parecía tan insólito como el ébano blanco. Sin embargo la ciencia psiquiátrica trató la temática explicando el fenómeno como un intento válido de huída de una realidad bárbara. Se convirtió en un icono. Muchos individuos con infancias traumáticas siguieron su ejemplo y eludieron así la locura.

Sobre la autora: Anna Rossell

jueves, 25 de septiembre de 2014

Literatura keriana – Esteban Moscarda & Guillermo Vidal


En una de las lunas de Ker II se puso de moda una novela muy inquietante. La trama gira en torno a los avatares de una civilización postindustrial muy maligna que descubrió el viaje interdimensional. Digo muy inquietante porque los ciudadanos de Ker II, luego de leer dicho volumen, se atan un cordón de metal lipo a su cuello y se lanzan de uno de los puentes interagujero conocidos como Minus-1.
El único que dejó mensaje antes de arrojarse al vacio interdimensional decía: Estoy harto de ser tan bueno, organizado y perfecto, nuestro mundo parece una propaganda de leche chocolatada, un texto sacado de la novela de esta civilización maligna amantes de la imperfección, la improvisación y las pasiones desatadas como parte esencial de la vida de su planeta. Lo peor era que estos desdichados creían que arrojándose a los pozos alcanzaban este mundo fantástico al que denominaban cielo.

Sobre los autores: Esteban Moscarda y Guillermo Vidal

Sin garantía - Fernando Andrés Puga


—No le des manija. Una vez que arranca ya no hay quien lo pare.
—Pero si no lo estimulás se va a oxidar.
—Quizás, pero si empieza ¿te vas a quedar acá hasta que se detenga?
—Bueno, un rato. Después tengo que seguir con mis cosas.
—Claro, ¿y yo?; atado. ¿Ves que el asunto no es tan sencillo como parece?
—¿Por qué? ¿Qué pasa si te vas y lo dejás andando?
—Se recalienta y pueden llegar a saltar los tapones. ¿No sabés que le falta un tornillo? ¿Por qué te creés que consultamos a tantos especialistas?
—Bueno, che. Entonces tiralo y conseguite uno nuevo.
—¡Claro! ¿Vos te pensás que porque es de lata no tiene sentimientos?
—Él no sé, pero a vos me parece que se te va la mano.
—¡Cómo se ve que las fallas de los tuyos pasan inadvertidas!
Se fue refunfuñando. Creo que no entendió nada.

Sobre el autor: Fernando Puga

Cambios en la programación – Fabián García


Lo aplastó un auto: el chofer iba mandando mensajitos de texto. Él, que iba hacia el supermercado, quedo abierto sobre la avenida. Temblaba. Abría y cerraba la boca, como los pescados. La sangre que perdía iba hacia el cordón de la vereda, y la gente la seguía con los ojos. ¡Era tan roja! Les pareció mas divertida que la tele, que el tipo que en el suelo se moría, apretando en la mano la lista de las compras.

Sobre el autor: Fabián García

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Omisión fatal - Sergio Gaut vel Hartman


Fue a la Velada Literaria de Lilita Carreta con la serena convicción de que sería la estrella de la noche. Pero leyeron ficciones de Galeano, Arreola, Ranea, Dujalde, de la Serna, Hemingway, Carrillo, Lagmanovich, Ramos Signes, Avilés Fabila, Brasca, Shua, Perone, Escandich, Bernal y Frini, pero a él, Amadeo Meteosat, el humilde personaje de "Ferrari a toda marcha", una microficción de 149 palabras pergeñada por Brian Tylor, ni lo nombraron.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

Historia de película o película histérica - Anna Rossell


Le habían enseñado a reaccionar rápido al látigo como a un estímulo. Cada golpe sobre el suelo devolvía la flexión de la rodilla, a menudo tantas veces que hasta le dolía el cartílago aunque el movimiento fuera mínimo. Después, todo lo demás. Siempre la misma temática. Si la ejecución del ejercicio había sido válida, el premio era aquel dulce sabor en la boca y el cálido aplauso de una multitud de ojos que lo observaban con repulsión y arrobamiento místico. Luego lo devolvían a su cuchitril pestífero donde su existencia discurría en condiciones pésimas desde su nacimiento. Allí había visto por primera vez la luz cuando su madre lo trajo al mundo de su realidad cáustica, él, vástago deforme de un vínculo sórdido y bárbaro, destinado a producir un icono de feria. Era el hombre-elefante.

Sobre la autora: Anna Rossell

Reunión cumbre - Héctor Ranea


—A ver explícanos. ¿Cómo cuerno hiciste para zafar de tantas denuncias de abuso contra menores? ¿Pagas mucho? —dijo el banquero internacional con un hilo de baba que empezaba a colársele por la comisura de los labios.
—¡Qué voy a pagar! Las hago meter en la cárcel —contestó el primer ministro.
—¿Cómo? ¿Encima que las violas las mandas entre rejas? Incomprensible —se preocupó el gobernador.
—¡Aja! Pero enseguida llamo al comisario para que la saquen, total es amigo del partido —dijo sonriente el ministro.
—¡Ahora entiendo! ¡Así saben de qué lado están los canas! —gritó el que no había entendido.
El ministro asintió con la cabeza, lentamente, varias veces, mientras sonreía. El banquero ya se refregaba las manos.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Te queremos, Lucía - Isabel María González


―Aquí vinimos a descansar ¿no? ¿No recuerdas las palabras del médico? Para o acabaremos muriendo en el intento. Tenemos que seguir el tratamiento o nos separarán, mi cielo. Lo sé mi vida, es duro pero este mono sólo es al principio, después verás que puede ser incluso más bonito. No, mi amor, estate quieta. Entiéndelo ¿no? ¡Pues deja ya de moverte de ese modo! ¡Dios mío, vístete que no respondo!
A la mañana siguiente, cuando le llegó el turno, con suma vergüenza, se levantó y mirando a su marido dijo:
—Me llamo Lucía, tengo 87 años y soy adicta al sexo.
—Te queremos Lucía.

Sobre la autora: Isabel María González

jueves, 11 de septiembre de 2014

El final - Nélida Magdalena González y Cristian Cano

Luego de una tempestad que duró dos semanas, escampó. Los lugareños salieron de sus casas a observar el cielo: temían por la siembra y era probable que se hubiese perdido todo.
Don Héctor, un anciano del lugar, estaba quieto. Parecía inmovilizado.
—¿Qué pasa abuelo? —le dijo su nieto—. La lluvia calmó, no cae una gota
—Demasiada calma —respondió preocupado.
El aire denso inquietaba a todos. Las miradas cómplices daban a entender que esperaban algo raro. No sabían lo que podía ser y tampoco era una sensación familiar.
Menos los niños, que jugaban en los charcos, estaban todos en vilo.
—¿Por qué no vas con esos chicos? ¿No te gusta embarrarte?
—No —respondió su nieto—. Quiero estar con vos. Hace mucho que no hablamos.
—No es un buen momento para hablar. Mañana, si querés.
—No mirés más el piso, abuelo —Héctor lo miró—. Me da miedo.


In - Mario Benedetti


―Veamos ―dijo el profesor ―¿Alguno de ustedes sabe que es lo contrario de “in”?
―¡Out! ―respondió prestamente un alumno.
―Bueno, no es obligatorio pensar en inglés. En español, lo contrario de “in” (como prefijo privativo, claro), suele ser la misma palabra, pero sin esa sílaba.
―Sí, ya sé, profesor: “insensato” y “sensato”, “indócil” y “dócil”, ¿no?
―Parcialmente correcto. No olvide, muchacho, que lo contario del invierno no es el vierno, sino el verano.
―No se burle, profesor…
―Vamos a ver… ¿Sería Ud. capaz de formar una frase, más o menos coherente, con palabras que si son despojadas del prefijo “in”, no confirman la ortodoxia gramatical?
―Probaré, profesor. “Aquel dividuo memorizó sus cógnitas, se sintió dulgente, pero dómito. Hizo ventario de las famias, con que tanto lo habían cordiado, y aunque se resignó a mantenerse cólume, así y todo en las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la flación y su cremento.
El profesor admitió sin euforia:
―Sulso, pero pecable.

Acerca del autor: Mario Benedetti

Precio Reducido - William E. Fleming




El presentador de la TV con su sonrisa plateada gritó al público…

—Y Juan es nuestro afortunado ganador… ganó el premio de... —esperó unos segundos para que coreara el público— el precio reducidooo.
Todos estallaron en aplausos.
—Díganos —le colocó el micrófono en la boca— en qué se gastará el dinero…
Juan miró al presentador y a la cámara nervioso. —Bueno yo, tengo tan pocas ganas de volver al trabajo… que creo que lo compraré y seré uno de esos jefes que solo están en una silla llamando por teléfono.
—Ah, sí, ¿en qué trabaja usted?
—Bueno yo soy, vendedor… vendedor de aire acondicionado.
La cámara enfocó al presentador luego a Juan.
—Sabe que esto es Suecia, aquí siempre hace frío.
—Sí, eh, por eso sólo los vendo en verano.
—Eso es ser un mercader inteligente… —dijo riendo el presentador.


El Autor: William E. Fleming

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Intentos - Héctor Ugalde

Intenta dormir. No puede.

Recuerda los intentos hablar, de aclarar las cosas.

Los intentos de acercarse.

Los intentos de reconciliarse.

El intento de no sentir dolor.

El intento de olvidar.

El intento de cerrar los ojos.

El intento de esquivar el auto.

El intento de no sentir dolor.

El intento de no cerrar los ojos.

Intenta despertar. No puede.


El autor: Héctor Marcial Ugalde Corral

Sonámbulo - Silvia Milos

Dormido tomó las pastillas. Estaba seguro de que se olvidaba algo.

Todavía con los ojos cerrados y los puños apretados volvió hacia la cocina.Abrió lentamente el cajón de los cubiertos como si fuera una película.

Tanteó y agarró el cuchillo del lado del filo, ni eso lo sacudió. Luego

Con pequeños y seguros pasos llegó hasta donde estaba Ella. Levantó con fuerza lamano, y se despertó.

La autora:  Silvia C. Milos

Cuántos más Otelos más Pinochos – Ana Caliyuri

El libro amarillento dejaba ver las telarañas que lo envolvían. Soplé con inquietud el polvillo antiguo, después de todo siempre se aprende de aquello que el tiempo no ha destruido. Llamó mi atención el título: De Otelos y Pinochos, rezaba la tapa en rojo púrpura. Parece ser que en este depurado libro el mentado moro (Otelo) padecía raptos agudos de melancolía que lo impulsaban a continuas infidelidades con distintas damas de la época. Obviamente que la historia escrita por masculinas plumas han ocultado la verdadera versión y es más, parece ser que el caballero de su confianza fue Pinocho. En todos lados se cuecen habas, y en la literatura también. Cualquier similitud con el hoy es sólo cuestión de naturaleza humana…

La autora: Ana María Caliyuri

La entrevista - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Un estudio de televisión, dos sillones, una mesita de centro y dos personajes. El escritor fuma, entorna los ojos y escucha con paciencia a su interlocutor, en ocasiones asiente. Ante una pregunta, el escritor se quita las gafas y contesta: «Creo en fantasmas». El periodista hace una acotación, cita a Henry James, habla de la psicología de la narrativa, la proyección del autor en su propia obra, el fin último del cuento y con sorna, manifiesta la incertidumbre y falsedad de lo fantástico. El escritor sólo sonríe, se eleva en el aire y desaparece.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Mal necesario – María del Pilar Jorge


La criatura observa al hombre dormido. Para su gusto, es un ser rústico: los pelos le sobresalen de la cabeza, del cuerpo, de las piernas y hasta de la punta de la nariz. Su apariencia es realmente desagradable. Pero debe aceptar que el humano tiene la suficiente fuerza y agilidad para desenvolverse en su hábitat. Utilizando su mente le escanea la memoria: el hombre posee aptitudes sociales favorables para interconectarse con sus semejantes. 
La criatura se decide: es eso o desaparecer en un mundo hostil. Su plástico cuerpo se alza, se estira, se afina hasta alcanzar las dimensiones necesarias para penetrar por la boca del humano. 
El hombre se ahoga, tose, se despierta, se incorpora.
Luego, sonríe.

Acerca de la autora: María del Pilar Jorge

Guerra – Patricia Nasello






Una bala destinada al enemigo impacta por error en el vientre de la jirafa que se estremece y cae, presa de pánico y dolor, sobre las hierbas húmedas de la sabana.

El soldado que disparó el arma desaparece dentro de la herida que provocó por accidente, herida que no ha manado sangre: agujero de bordes redondeados, profundamente negro, a través del cual, pronto, también desaparece otro soldado compañero del primero y el avión que les servía de apoyo.
La jirafa agoniza, el olor que exhala repele incluso a los carroñeros.

La Autora: Patricia Nasello