jueves, 28 de agosto de 2014

Asunto de gravedad - Héctor García


Aquella noche también le robé el coche al Dr. Brown sin que se diera cuenta, pero con un objetivo bien definido. Secuestré a Guillermo Tell a punta de pistola y lo llevé derecho al manzano donde descansaba Newton. Acto seguido intimé al arquero a disparar, y la manzana que caía en ese momento, en lugar de golpear la cabeza del genio, reventó en mil pedazos. De vuelta en el vehículo, encontré bajo el asiento la prometida bolsa con monedas de oro y una nota de agradecimiento.
Ya en casa, me di una ducha rápida y fui a ver a mi hijo. El pobre se había quedado dormido sobre sus apuntes; parecía que al día siguiente tenía un examen sobre la ley de gravitación de Hooke...

Acerca del autor: Héctor García

Patear el tablero – Héctor Ranea

—Tal vez te diste cuenta —grita la Muerte, disfrazada de Bengt, a Antonius Block— y te niegas a aceptarlo. Si llevo mi Dama al escaque del Caballero, es Jaque Mate.
Y dicho y hecho. Mueve su ficha displicentemente con su mano invisible. Ríe exultante:
—¡Jaque Mate!
—¡Pero esto es un juego de Truco, imbécil! —grita el Caballero, tirando sobre la mesa el ancho falso de Copas. Endgame.
Nada que hacer para la muerte. Deberá esperar a que pasen otra vez la película en el Canal de los Sollozos Hundidos.

Acerca del autor: Héctor Ranea

No era posible - Paula Duncan

Esa noche el mundo y sus adyacencias le eran desfavorables; el universo entero sentía una marcada oposición hacia su irreverente manera de pensar; no era posible que alguien pusiese en su mirada las decisiones más relevantes de su propia existencia, no podía, no; el motivo era exactamente porque nunca veía lo que los demás y sobre todo porque sus resoluciones eran perfectas... el hábito se estaba haciendo contagioso y eso no era posible de aceptar...

Acerca de la autora: Paula Duncan

miércoles, 27 de agosto de 2014

Terapia de choque - Raquel Sequeiro.


Demian sentía un terrible dolor de cabeza. Pronto comenzaron a asaltarlo malos pensamientos, algunos sueños purulentos y el deseo apelmazado de regresar con su mujer, Carol, cuando los niños tuviesen la edad suficiente para comprender que el señor del salón no era su padre sino una copia perfecta hecha por los laboratorios Burroughs. Los malos pensamientos se materializaron, lo ataron a una silla y lo amordazaron, cuando todavía no habían salido los demás- quienes no tardaron en salir, vestidos de percebes, gritando “¡Fiesta, fiesta!” con un perentorio tono de voz que le recordó a sus hijos pequeños-. Pronto irían a la universidad de Washington ( mientras, Demian se curaba de una enfermedad venérea, que había cogido en Somalía y que lo mantenía aislado en una celda para enfermos).

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro.

Prodigio - Sergio Fabián Salinas Sixtos


Cthulhu el que es nombrado y temido se desplaza etéreo por el paisaje, la presencia divina hace que los humanos se postren a su paso. Sólo vivimos para adorarlo y cumplir los deseos de nuestro amo. Cthulhu el infinito, el dador de vida y de muerte extiende su visión ufano en el valle de las cosechas (hombres y mujeres esclavos) listos para alimentarlo. Es un honor el día de hoy, entregar a mi hijo para que sea devorado…

Acerca del autor: Sergio Fabián Salinas Sixtos

En el viejo país del viento - Raquel Sequeiro & Carlos Enrique Saldivar


En la fragua de Macinger Tan había dos baúles. Uno de ellos contenía las más hermosas tentaciones de la creación, el otro, los más afamados males. Cuando ardieron ambos y se evaporaron, mezclándose con la gente como un hálito, el mundo dejó de ser un lugar seguro. En el país del viento, donde se originó tal desbarajuste, los contenidos de ambos baúles se fusionaron a la perfección, cosa que no ocurrió en el resto del globo, donde los bienes y los males no se distribuyeron de forma equitativa. Es decir, en el país del viento todo es bueno y malo a la vez, esto confunde a los ciudadanos, los cuales se resguardan en sus casas, en bosques y otros lares, temerosos de ellos mismos y de quienes les rodean. 
En aquel sitio Dios posee cuernos, rabo y tridente, y Satanás realiza de vez en cuando alguna obra de caridad.

Acerca de los autores: Raquel Sequeiro & Carlos Enrique Saldivar

Better to explode than fade out - Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio


Decidió que lo sagrado no podía encarnarse y que entonces había que pensarse otra religión. Algo más etéreo que nunca pudiese solidificarse. Se entregó por completo al arte del aire puro, de los estados abstractos y de los gestos.
Corrió por todos lados, acelerando y desacelerando, trazando todos los caminos imposibles. 
El nirvana le llegó bajo la forma de una combustión espontánea. Sus cenizas quedaron esparcidas en la nada.
Hubo escépticos, pero el silencio posterior a cualquier risa, a cualquier ruido, era la consumación de su doctrina.

domingo, 24 de agosto de 2014

El rey de la Patagonia – Luciano Doti


Tomando coñac en Francia, Orélie lo planeó todo. Iría a la zona austral de Sudamérica, y sería proclamado rey de la Araucanía y la Patagonia. 
El viaje lo hizo cargado de sueños y proyectos; instauraría una monarquía constitucional; estaba seguro de que los aborígenes lo amarían.
Al llegar, se encontró con una región inhóspita y poca acogida para sus ideas que, entonces, ya parecían delirios.
Las autoridades lo declararon insano y fue deportado.
De regreso en Francia, Orélie pensaba: “A pesar de que otros crean que mi aventura fue un fracaso, yo supe ser un rey. Así que, por más que me llamen loco, ¿quién me quita lo bailado?”. Y volvía a tomar el mismo coñac, que ahora sabía a triunfo.

Acerca del autor: Luciano Doti

Un diente del sistema (pinchazo a la anestesia) — Cristian Cano


Hay un germen que despierta y florece: una etapa en la que predomina hasta que despertamos. Sí, existen otras realidades. Mientras nos usan inconscientes, las otras formas siguen su curso. Dirección que, dicen, buscamos. Es lamentable, porque esta fuente está aplacada por la preocupación y el miedo: terror que transforma en alimento. Nos dan de comer. Si se logra germinar la posibilidad que llevamos encima, esas flores van a enseñar las intenciones más lindas. Entonces, el miedo seca. 
Ejemplo
¿Por qué, acá, conducimos tan mal y no respetamos las leyes? Esta misma persona, en otro país, es un conductor ejemplar que asevera: ¡Ah, ahora sí! Recuerdo que las normas dan forma al respeto por los demás, acá y en cualquier otra ciudad: pequeño ejemplo de que las leyes funcionan. La inoperación nos pertenece. Enfoquemos en esto.

Acerca del autor: Cristian Cano

Mucho cariño — Ada Inés Lerner & Carlos Enrique Saldivar


Un empresario de Titán firmó hoy un contrato con nuestros gobiernos para estudiar la instalación, en el futuro, de una industria de pequeños robots cariñosos. El Ministro del área afirmó que este tipo de máquinas hacen sonreír a la gente y esto es bueno para la salud pública. La Directora de RRHH dijo que el «Noni» saldrá a la venta en febrero en Titán. «Noni» brinda cariñitos suaves con las manos y emite susurros y otros ruidos. El producto resulta un éxito en todos los mundos, sobre todo en la Tierra. Los Nonis se venden por millones. Casi todos los hogares del sistema tienen, al menos, un Noni. Surgen ciertas complicaciones: los nonis son excesivamente cariñosos, los individuos abusan de aquello hasta límites perversos, argumentan ser correspondidos por los robots. Hace unos meses se autorizaron los matrimonios entre humanos y nonis. Hoy se apreciará el nacimiento del primer bio-noni.

Acerca de los autores: Ada Inés Lerner & Carlos Enrique Saldivar

Calor extremo, frío extremo – Sergio Gaut vel Hartman & Eduardo Poggi


Advertí que algo penetraba en mi cerebro y me producía un dolor insoportable. Era como si me hubieran perforado el cráneo con una aguja de acero al rojo y luego esa misma aguja se transformara en un puñal de hielo. Perdí el sentido, por cierto, y cuando desperté me encontraba en un lugar desconocido y me rodeaban unos seres sin forma que podían comunicarse conmigo sin pronunciar palabra. Algo habían cambiado en mí para que percibiera sus mensajes, incluso mi forma, ya que el reflejo de mi figura en el vidrio de la ventana me lo confirmaba. Después me prometieron miles de cosas: potabilizarían el agua del planeta, erradicarían las miserias, eliminarían las enfermedades. Siempre que yo lo consintiera, claro. Pero pensé: si ni siquiera respetaron mi forma. Nada de lo que prometían debía ser cierto. ¡Tanta experiencia tenía yo en estas actitudes de promesas incumplidas!

Acerca de los autores: Sergio Gaut vel Hartman & Eduardo Poggi

jueves, 14 de agosto de 2014

Palabras que matan —Nélida Magdalena Gonzalez


Jorge, estaba a punto de casarse. Recorría una avenida que le habían recomendado donde vendía lindos trajes.
Mientras miraba una vidriera apareció una gitana. 
—No compres, el matrimonio no se va a realizar —dijo.
—¿Quién le dijo que me voy a casar? —asustado.
Ella sonrió, le dijo que era vidente y se fue. Jorge, decidió seguirla. La tarea no fue fácil, la gitana se escondía y él quería que le dijese algo más.
La vio en la vereda de enfrente. Cruzó la avenida sin mirar el semáforo que no le daba paso.
El chofer de una camioneta intentó frenar, pero fue en vano, Jorge yacía bajo las ruedas.
La gitana que miraba lo sucedido expresó:
—¡La gente cree todo lo que uno dice! —riendo.

Acerca de la autora: Nélida Magdalena Gonzalez

Para no salirse del hilo – Daniel Alcoba


Pen Thin, mi verdulero chino, nació en Junan pero vivió en Beijing (Pekín), hasta que defenestraron a Jiang Qing, viuda de Mao, con la Banda de los Cuatro. Ho Dan Thin, padre de Pen, era el joyero exclusivo de Jiang Qing. E hizo por encargo de ésta un retrato del presidente Mao Gran Timonel, dibujando la cara de Mao con el texto completo del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. El Gran Timonel estaba tallado en bajo relieve en un troquel de acero que quizá pronto serviría para acuñar millones de medallas o botones metálicos.
Ho Dan Thin fue tan buen maestro de su hijo Pen Thin, que sólo aceptó morirse después de que Pen Thin recibiera su primer encargo artístico: una historia de China de diecisiete millones de caracteres sobre un hilo de plata que no tuviese más de dos milímetros de diámetro; sin salirse del hilo.

Acerca del autor: Daniel Alcoba

Franquicia - José Manuel Ortiz Soto


Son muchas las cosas que se han dicho sobre el origen de la carne para hamburguesas utilizada por conocidas cadenas de comida rápida transnacionales. Entrevistado al salir de uno de estos establecimientos la noche de ayer, el Flautista de Hamelin dijo estar retirado del negocio y tener la conciencia tranquila.

Acerca del autor: José Manuel Ortiz Soto

miércoles, 13 de agosto de 2014

Viaje por el río Leteo — Ada Inés Lerner


El crepúsculo asomaba débilmente. No sabía dónde estaba. Navegué hacia el poniente, supongo, para esconderme cuanto antes de la luz y de mis enemigos. 
Mis amigos y enemigos son seres vivos. 
Mis amigos son los pecadores más "cercanos" a Dios y la luz, es decir puestos en los primeros círculos, son los incontinentes, es decir aquellos que usaron el menor uso de la razón en pecar. 
Mis enemigos siguen siendo los violentos, cegados por la pasión, aunque tienen, como suele suceder un nivel de inteligencia mayor que los primeros. 
Los fraudulentos y los traidores, que quisieron y realizaron el mal conscientemente, y que no desean olvidar: como los que confiaron en Satanás, los traidores a la patria, los que abandonaron a los niños. 
Quizás éstos últimos desearían seguirme en este viaje por el río Leteo, en este viaje hacia el olvido.

Acerca de la autora: Ada Inés Lerner

Slurp - Raquel Sequeiro


Llueve. Todos los blasones se han dormido, las puertas y las escaleras. Llueve. El agua inunda los pozos, las baldosas ramificadas por raíces de árbol lloviente. El sol llueve, con lágrimas doradas de acuosa dulzura. Simplemente, llanamente, paralelamente al mundo de los Gorps, aquí llueve. Y, si no quieres que llueva, llora, los árboles llovientes odian todas las lágrimas.

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro

Oso Antártico Original – Daniel Alcoba


Lo que por fin inventaron los genios de la secretaría para el desarrollo de las pampas gélinivosas del sur fue importar de Groenlandia parejas de osos polares. La primera en llegar, concebir y parir, Arturo – Mamma, acabó en una región del territorio antártico, que es un bosque de hielo. La tentativa de colonizacion sub specie Ursus albino no resultaría gratuita a los osos polares, obligados a disputarle la comida a las orcas multiplicadas, e invictas en esas aguas; predadoras de todos los animales de la región, y también de los osos polares recién llegados del extremo norte.
Yogui, el primogénito de Arturo y Mamma, no llegó a los dos años. Mamma se distrajo, Yogui se acercó a la orilla. La orca blanquinegra que lo acechaba voraz e invisible bajo el agua, dio un gran salto y se zampó de un bocado la cabeza y el cogote del osito .

Acerca del autor: Daniel Alcoba 

La plaga. Una maldición antigua (I) - Raquel Sequeiro


-¿Y qué se acercó?
-Un enjambre de abejas y arena. En el Palatino no se escuchaba otra cosa que el relato de la terrible plaga que había asolado Egipto, por la furia del dios Set, dicen, quien no quería a su hermano y osó hacerlo pedazos. Recuerdo- le dijo al muchacho sentado en la posición del loto, a sus pies, en el Jardín de las Hemérides- un sol frío y glauco, unas manos arteras que se posaron sobre el cuello de Seti I, lo demás son historias sin concluir.
Y el amanuense se pregunto si el rey, en su silla de oropeles, se había vuelto loco, pues la locura toca a los débiles y a los sabios por igual. Fue acompañado hasta la salida. El rey murió un poco después, sobre el enigmático y misterioso trono asirio.

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro

sábado, 9 de agosto de 2014

Juegos - María del Pilar Jorge


—Ese cura no es tu padre— dijo Amanda y se alejó corriendo. Reía. 
La perseguí. Cuando pasé junto al anciano sacerdote lo escuché murmurar. Nunca supe si estaba orando o si acababa de condenarme al infierno.
—Esa vieja de bigotes es tu abuela— le grité a Amanda, mientras señalaba a una señora entrada en años y en carnes. La mujer nos amenazó con su bastón.
Mientras huíamos, atravesamos toda la plazoleta, hasta que, al final, Amanda quedó acorralada entre el paredón de la última casa de la cuadra, un enorme árbol y yo. 
—No me toques —chilló—. Estás todo sucio.
Amanda jadeaba, yo también. Era primavera, teníamos doce años y su boca estaba muy cerca de la mía.

Acerca de la autora: María del Pilar Jorge

Erecciones nacionales — William E. Fleming


Dos ancianos pasan el tiempo en una mañana soleada de elecciones. En el pueblo la gente hace cola en la entrada del colegio electoral. Sus miradas se cruzan mientras ven pasar a jovencitas con cada vez menos ropa.
—Esto no lo levanta ya nadie —dice uno mirándose los pantalones.
—No digas eso Manolo —sentencia el otro—, recuerda cuando estaba vivo Franco. El país se recuperará.

Acerca del autor: William E. Fleming 

Segundo encuentro — Laura Velázquez.


Ella lo quería y después se dio cuenta que él también la quiso.
Desde el momento en que cruzaron sus miradas en aquel colectivo, se reconocieron.
De alguna vida pasada están unidos, se sienten, se huelen aún en la distancia y el tacto de su piel —incluso sin tocarse— es el mismo que añoraban.
Las miradas se cruzan con tristeza, no hacen falta palabras, ninguno puede ser del otro.
Ella abandona el colectivo sin saber siquiera donde se está bajando, lo mira alejarse con la esperanza de que a la parada siguiente él descienda y corra a su encuentro.
Quisiera él ser más valiente, ella quisiera ser más osada y recuperar el amor que perdió vidas pasadas cuando también estaban prohibidos. 
Su corazón, lo busca, su mirada lo busca, él no aparece.
Este es el nunca más, nunca más recuerda ella.

Acerca de la autora: Laura Velázquez.

domingo, 3 de agosto de 2014

La revelación - Nicolás Coria Nogueira


Una vez leído este párrafo, intentó acomodar las palabras para que dijeran lo que él realmente quería decir. Para dicha empresa fue necesario ordenar su mente y conectarla con el órgano de la intención, cuyo nombramiento es innecesario. Para trabajar de manera adecuada, durmió –y descansó eficazmente– durante siete noches consecutivas, en el momento en que perdía de vista la luna entre los edificios. Despertaba, preparaba el desayuno, y miraba por la ventana algunas horas. Cada noche, antes de acostarse, cuestionaba su identidad y se preguntaba cuál sería su nombre, ya que ni siquiera lo conocía. A la mañana despertaba y se contestaba siempre una cosa distinta. Los sueños, lejos de revelarle misterios, le arrojaban más respuestas de las que quizás esperaba. Pero también quizás no sobraba ninguna. Firmó con un nombre que le revelaría tranquilidad, probablemente aparecido en un sueño: Anónimo.

Acerca del autor:  Nicolás Coria Nogueira

Aterrada - Luciano Doti


La niña quedó en mitad de la escalera, entre penumbras. Parecía que no se animaba a descender del todo. En la sala la esperaba uno de sus tíos; la madre insistía en inventarle ese parentesco a cada nuevo hombre con que se liaba. Solían ser del ambiente dark, se creían diabólicos. Pero éste lo era en serio. Lo constataba ella, cuando su progenitora iba a la cocina a buscar algo, y él le acariciaba las piernitas que dejaba descubiertas el corto vestido de algodón.

Acerca del autor: Luciano Doti

Los eclipses - Alberto Jaumot de Zuloaga


Tras tantos milenios en el que los dos astros se llevaban viendo, por fin se habían enamorado. El sol de la luna y viceversa. Uno de las luz blanca de la otra y su reflejo en el mar oscuro y una de los rayos del amanecer y de sus atardeceres románticos. Eran un romeo y una Julieta, dos amantes con un amor imposible. Él era el día y brillaba con luz propia, ella era la noche y vivía amparada por las estrellas. No podían convivir pero tampoco vivir sin el otro, por eso conspiraron contra los ciclos naturales con tal de encontrarse y así aparecieron los eclipses días en los que podían encontrarse, y amarse.

Acerca del autor: Alberto Jaumot de Zuloaga

¡Fuego! — Cristian Cano


—Estoy pensando en otros tiempos, y no hubo matanza, lo sé porque si la hubiera habido me lo habrían dicho.
—No soy quien para valorar eso, señor —dijo el soldado que formaba a su lado—. ¡Preparen armas!
—Si me fusila me otorga esa nueva oportunidad, ¡y en ese tiempo hará mucho que la sangre ya habrá desaparecido!
—¡No confundan! Sufre de naturalidad fingida. ¡Apunten!
—¡Pero me amaron! —le agarró las manos—. Llevo un germen bueno... ¡Eva me amó!

Acerca del autor: Cristian Cano

miércoles, 30 de julio de 2014

Cuenta regresiva - Héctor García


Una semana, dijo el médico. Luego moriría. ¿Y qué había hecho hasta entonces, más que desperdiciar su vida? Arrepentido y desconsolado, lloró, gritó, desgarró sus ropas, arrancó sus cabellos y su barba, se odió más que a nada en el mundo.
Una vez sin fuerzas, se calmó y buscó consuelo en sí mismo. Pasó un tiempo entre dudas y reflexiones y, habiendo llegado al lugar más oscuro y apartado de su alma, espontáneo pero con convicción exclamó:
—¡Hágase la Luz!
Y la Luz se hizo.

Acerca del autor: Héctor García

Caída doméstica - Fernando Puga


El Pocho chupa un montón. Aunque era temprano, estaba en pedo y con un pucho prendido cuando subió a arreglar la chapa. Cayó de pecho sobre la plancha caliente donde se acababa de hornear el chipá del desayuno; la hornalla prendida. Del rancho no quedó nada. Por suerte el Apache no estaba, si no lo mata.

Sobre el autor: Fernando Puga

Aumento - Alejandro Domínguez


—Su majestad, quisiera pedirle un aumento.
—Un aumento? Pero si no haces más que probar la comida. Comes gratis y todavía te atreves a pedir un aumento! A la guillotina! Córtenle la cabeza y traigan a otro!
—Aquí está, su majestad.
—A ver prueba esto.
—Claro su majestad. Ammm… ahhh... ahhhh… gghhh… ghhhhggghh… hhh
—Está muerto, su majestad. Parece que la comida está envenenada.
—Mmm… llévenselo y envíen la comida a los familiares de los dos fallecidos.

Sobre el autor: Alejando Dominguez

Descuido fatal – Sergio Gaut vel Hartman


El aspecto del hombre era lastimoso, como si acabara de regresar del frente de batalla. Pero eso no explicaba su descomunal angustia. Las mujeres nunca habían sido un tema importante para él; las atraía como la miel atrae a las moscas, y si por algún motivo una chica se le pegaba demasiado, encontraba un medio para despegarse de ella después de conquistarla. Ahora mantenía la vista fija en la estática de la pantalla vacía, mientras el código secreto destellaba como si se tratara de una tortura institucional. Casanova tendría que aceptar que la dama más apetecible iba a ser poseída por otro. Y no cualquier otro: los invasores del planeta Strudixck ignoraban que pudiera haber dos sexos en una misma especie, por lo que no solo estaban a punto de apoderarse de la Tierra, sino que además iban a liquidar a todas las hembras de puro ignorantes que eran.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

Mejor así – Héctor Ranea


—Me pareció ver un lindo gatito —protestó mi calandria renga.
—Te habrá parecido —le dije —acá los gatos son bastante fuleros, y eso que me gustan los gatos.
—Me tenés podrida, ignorante. ¿Nunca viste a Tweety?
—¿En persona? Jamás.
—En sus películas, ¡so tonta! —gritó. Pero tanto que el gato la localizó. Mientras la comía viva, la renga me increpaba desencajada, pero como soy una langosta gigante no me caliento. Es más, ya que estaba por almorzarme, pienso que ahora el mundo es más seguro.

Sobre el autor: Héctor Ranea