jueves, 12 de marzo de 2015

Plazas llenas de gente – Jordi Cebrián


Las plazas siguen llenas de gente. Intolerable, claro. Pero las palomas mensajeras vuelan libres de balcón a balcón. ”Quienes llenan el espacio público son distintos entre sí, tienen consignas diversas, piensan distinto unos de otros”, cuentan con horror los pregoneros. Ministros, emperadores y aspirantes al trono intercambian culpas, sin saber a quien pertenece toda esa gente, y en el fondo todos desean salir también a la calle, haciendo ver que ellos también son diferentes de los demás, de los suyos, e incluso de sí mismos si es necesario. Pero no se atreven. Las plazas siguen llenas de gente. Intolerable, claro.

Tomado de: Cien Palabras

Acerca del autor: Jordi Cebrián

Dibujarte - Daniel Diez Crespo


Me negaste. Te negué e afirmaste. Me desnudaste, te vestí y me abofeteaste con caricias. Me hiciste y deshiciste. Me olvidaste y no dejo de recordarte. Encendido por ti, me apagaste. Silenciosos, grito delirios en la oscuridad. Me estrangulaste y te resucito. Me rayaste con el filo de tus labios. Me borraste, y yo no dejo de dibujarte.

Tomado del blog El País de la Gominola

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

Minic(r)uentos con inventos tristes: El verdadero error – Rubén Vedovaldi


Un ingeniero militar inventa una goma para borrar aciertos humanos y dejar solamente errores.
Va por todas partes borrando el arte, la ciencia y la técnica; el amor, el deporte y todo quehacer y saber humano y dejando solamente errores y más errores, hasta que todo el mundo es nada más que humanos errores. Cuando en todo el mundo no queda más que ese hombre con su goma y todos los errores,el ingeniero quiere borrarse, pero sin querer comete un error y se convierte en dos ingenieros. Los dos se miran perplejos y el inventor ya no sabe cuál de ellos es el verdadero y cuál el error.

Sobre el autor. Rubén Veldovaldi

jueves, 12 de febrero de 2015

Mi abuela tenía razón- Ana Caliyuri


Él estaba desesperado. Sólo se escuchaba el suave susurro de su voz, a modo de plegaria, que decía: no me cuentes demasiado, ni me expliques tanto. No me describas lo que hemos visto, ni cercenes mi imaginación. Déjame la pausa, permíteme respirar y deslizar mis manos sobre tu verdad; descubriré la explosión del sentir a medida que crece el misterio y el resultado si puedes dímelo sólo a mí. ¡Sólo a mí!. Hoy tengo un día egoísta, dijo él. Sólo a mí, por favor.¿ A quién le hablas? Le preguntó su esposa mientras introducía los tentáculos de calamar en la salsa. Él visiblemente alterado respondió: al pulpo, querida, al pulpo le hablo. Leí en el diario que vaticina los resultados del fútbol. Si querido, pero éste es un pulpo cualquiera, no es el pulpo famoso. Él, resignado murmuró: mi abuela tenía razón, en todos lados hay privilegiados…

Sobre la autora: Ana Caliyuri

Destino - Ada Inés Lerner


Sucede. Porque una niña es como un árbol, como un poema. Frágil y eterno. Luminoso y umbrío. Forastero. Como María. Es el momento de abandonar las raíces y navegar hacia el sol.
Somos varios, porque la gloria nos espera en una estrella desconocida para otros.
No a todos. Porque no a todos los grillos se los oye en el silencio. A veces sólo se oye crecer el silencio de los grillos.
Desde el conocimiento íntimo que cree tener de si misma María se sorprende esa mañana con la expresión que le devuelve su imagen en el espejo. También se sorprenden los primeros brotes al reflejarse en el charco de la última lluvia.
María enciende las la pantalla y admira las luces del espacio y fija la atención en las más lejanas. No puede advertir peligro en ellas. Y aquí se terminan las coincidencias, porque el árbol conoce su destino.

Sobre la autora: Ada Inés Lerner

La espera – Maritza Isabel Álvarez Rodriguez


Sabía que esperaba volver a verse reflejada en aquellos ojos de mar, pero también sabía que era casi imposible porque el objeto de su amor estaba muerto y enterrado. Además había donado sus órganos y entre ellos figuraban sus enormes ojos, pozos de mar azul.

Sobre la autora: Maritza Isabel Álvarez Rodriguez

jueves, 29 de enero de 2015

Inspiración rota – William E. Fleming


—Has de saber, muñeca –lanzó una bocanada de humo con un rictus torcido de labios– que si te quedas conmigo; puede que sufras los efectos de mi trabajo, pero sabrás que te llevas a un amante a la cama todas las noches.
Ella sonrió picaronamente y deslizó una de sus manos cerca del detective, robándole el cigarrillo. Se lo colocó entre los labios y muy despacio dio una calada sin dejar de mirar al sabueso. Era como hacerle el amor. Este se estremeció. Colocó el cigarrillo manchado con el carmín sobre los labios temblorosos del hombre y recogió su bolso.
Mientras se alejaba, contoneándose lascivamente, echó la mirada hacia atrás.
—Habitación 217, Hotel Overlook. Allí te espero… –y salió por la puerta.
—¡Qué allí te espero! –una voz más ronca sacó de la letanía inspiradora al escritor– ¡Vale, en unas horas ahí estaré cariño!

Sobre el autor:  William E. Fleming

El primero de la fila - Gonzalo Santos


Detrás de sí no había nada, nadie. Era el primero de la fila. Se había levantado a las tres de la mañana: esta vez sería el primero. El primero de la fila. No le importó qué ropa se puso, ni cuántas horas durmió. Ni si saludó debidamente a su esposa. Llegaría primero a cualquier precio, aun a costa de un desayuno caliente.
El día anterior, por llegar tarde, había tenido que hacer colas de varias horas, y su día todo consistió en eso: hacer cola. Nunca más volvería a pasar por lo mismo. De ningún modo.
Ahora estaba ahí, era el primero, y eso ya no se lo quitaba nadie. Ni siquiera le importó que estaba en calzoncillos.

Sobre el autor: Gonzalo Santos

Ahora, en el espejo, estoy yo. Antes… - Fernando Andrés Puga


¿Será que al abrir esta puerta ya no seré el mismo? ¿Los espejos me devolverán otro rostro? ¿Me reconoceré en el gesto resuelto de ese hombre de barba que clava sus ojos en mis ojos desde la vieja foto, una entre miles que empecinadas se niegan al olvido y vienen al encuentro de tantos como yo que no fueron hasta hoy más que vestigios de sí mismos? ¿Remontaré el barrilete que perdió su piolín el día en que otras manos pretendieron llevarlo hacia otros cielos?
—¡Pase, está abierto!— invita la voz gastada de una anciana.
Y empujo la puerta…

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga

jueves, 15 de enero de 2015

Oveja - Mario Cesar Lamique


La Oveja tan distraída y desorientada como era, alcanzo a oír a ese nene que extendiendo su mano hacia ella exclamo :” papá mira una Abeja...” , mientras el padre lo arrastraba del brazo, el nene, seguía señalándola.
Desde ese momento, la Oveja tan crédula e ingenua como era, se comporto como una Abeja, zumbando por todos lados, volar nunca pudo,aunque un día, el lobo, tan hambriento y feroz como el era, la ataco y ella asustadiza e impulsiva le clavo su aguijón,pero,la pobre Oveja tan exagerada y cabeza dura como era, tristemente murió.

Sobre el autor: Mario Cesar Lamique

Los cuerdos – Héctor García


"El falo verde deber quiere un palo verde", dijo Gutiérrez, y entonces concluimos que estaba loco y que había que matarlo. Así que tomamos a Mjölnir (siempre lo llevo conmigo) y procedimos. Acto seguido, le quitamos sus ropas y las devoramos.
Después del banquete desollamos el cadáver y con el cuero cubrimos nuestra desnudez. Se acercaba el invierno y el enfermero aún no había podido dar con un gasista como la gente...

Sobre el autor: Héctor García

Gira, gira - Rafael Blanco Vázquez


Hace diez días que estoy tomando antibióticos y que no pruebo una gota de alcohol (para ciertas cosas soy muy obediente).
Esta noche, por fin, me voy a meter semejante lingotazo de whisky sin hielo que ya se me está haciendo la boca agua.
Será un momento de una intensidad poco común, tan poco común que la vida seguirá su curso.

Tomado del blog: El hámster y otros cuentos

Sobre el autor: Rafael Blanco Vásquez

miércoles, 14 de enero de 2015

El plato del día - Sergio Gaut vel Hartman & Luciano Doti


Julius Finger no podía hacerle entender al cocinero jefe de la nave interestelar terrestre que había arribado al sistema planetario de Tau Ceti, que los nativos no eran comestibles.
—Parecen pavos —argumentó Jean-Pierre Debussy, que hasta el momento de la partida había sido chef principal del famoso restaurante Maxime's de Paris.
—Parecen pavos —le respondió Julius—, pero no son pavos. Tienen una tecnología espacial muy desarrollada y controlan sus naves telepáticamente.
Jean-Pierre aceptó de momento el veredicto de Julius, aunque aún no estaba muy convencido. Siguió observándolos como quien está eligiendo los ingredientes para elaborar el plato del día. Entonces, volvió a la carga.
—¿Y si sacrificamos uno solo? Para probar.
—Utilizarían sus naves para atacarnos.
—¿Y cómo es que lograron incrementar tanto sus habilidades telepáticas?
—No estoy seguro, pero con alas a modo de extremidades superiores, no les habrá quedado más opción que operar todo con la mente.

Acerca de los autores: Sergio Gaut vel Hartman & Luciano Doti

Un caserón del otro lado de la calle - Eduardo Poggi & Ada Inés Lerner


Desde su Nissan estacionado en la puerta del colegio, Lucanor miraba el viejo caserón del otro lado de la calle. Un portón de hierro oxidado daba acceso al pasillo exterior que bordeaba la casa cubierta por una tupida enredadera que dejaba adivinar los ventanales con celosías. Entonces abrió la puerta y se bajó del auto, caminó por los adoquines, y cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad distinguió a un hombre sentado en las sombras. Se abrió una puerta y apareció una figura deforme, vacilante, que avanzó torpemente hacia el hombre sentado. Lucanor penetró en las tinieblas del caserón, y vio cuando dos cuerpos se revolcaban inmersos en una tormenta surgida de la nada. Un rayo los fulminó, y los muertos vivos quedaron carbonizados junto a la casa que ardía como una pira. Lucanor se regocijó por los dos nuevos conversos para su ejército de vampiros.

Acerca de los autores: Eduardo Poggi & Ada Inés Lerner

jueves, 1 de enero de 2015

Lo mismo en la vida que en la muerte - Alejandro Bentivoglio


Su afición al dinero continuó aún en la muerte. Así que cuando vio la barca de Caronte, preparó dos monedas falsas para pagar. El barquero tomó lo que se le daba y le indicó que subiera. El viaje fue largo y silencioso. Cuando llegaron a tierra, Caronte le hizo una seña para que bajara, ya estaba en la última morada de los muertos.
Al dar los primeros pasos encontró un enorme palacio de cartón pintado. Árboles de papel. Ridículos animales de telgopor.


Sobre el autor: Alejandro Bentivoglio
Tomado del blog: http://memoriasdeldakota.blogspot.com/

Los últimos de Howland - Xavier Blanco


Regresa otra vez la muerte disfrazada de ángel y los habitantes de Howland la aguardan, sentados en la quebrada, con sus túnicas blancas y sus collares de nautilo. Los seres que moran esas tierras son enjutos, como maderas carcomidas por la existencia, barbados de tundra, los ojos glaucos y sus cuerpos erosionados por la lluvia y el viento. Esos hombres son sólo memoria, un ovillo deshilachado de recuerdos: sin poder sucumbir y  sin poder engendrar, eternos pero solos. Y en el día de San Matías, porque así está escrito, el ángel negro retorna, señala con su dedo y, tensando su arco, dispara una flecha. Y ese haz de luz marca un único elegido que fallece y vuelve a germinar muerto, pero humano, en la luz que lo fosiliza. En ese relámpago, cuando la vida y la muerte interseccionan en una espera minúscula, los seres de Howland gritan en silencio, con los ojos, con el cuerpo, y lloran odio,  sollozan sangre. Para ellos el tiempo anida vacío como un erial pedregoso y solo queda volver a esperar sedientos, en el desierto de la perennidad, que retorne el querubín de la expiración y los enhebre con su estilete.

©  Xavier Blanco 2011.
Tomado del blog Caleidoscopio 

Sobre el autor: Xavier Blanco

El chocolate y el paladar - Cristian Cano


¿Por qué empalagan los libros de poemas? ¿Por qué un escritor rompe en enojo y ríe en la soledad al escribir una novela?
El poema: es la máxima significancia en el mínimo significado… y como una andanada de chocolate, si se lee un libro en poco tiempo, empalagarse es posible. No seas angurriento como los poetas.
Y en la novela: Uno vive, a veces, con menos compromiso; pero eso no quita que se vivan dos vidas; por eso la rabieta, por eso… pequeños bombones comprados en los kioscos de un largo tiempo en soledad.
Sobre el autor: Cristian Cano

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Sábila - Jaime Arturo Martínez Salgado


A la memoria de Juanita Romero Scott.
La joven pintora entró, decidida y optimista en aquel parque descolorido y gris. La esperaba su amante. En sus manos llevaba envuelto su último cuadro, una sábila que había escogido como modelo. Al verlo sentado en la banca de siempre, retiró la envoltura y con él de frente, caminó despacio a su encuentro. A su paso, todo copiaba los tonos verdes del cuadro, los árboles y las secas plantas se tiñeron de verde almendra, de verdejade, de verde lirio, de verde mirto, de verde musgo, de verdepensamiento y la estatua del prócer sonrió.

Sobre el autor: Jaime Arturo Martínez Salgado

El documento perdido - Carlos Rodríguez Arévalo


Había perdido sus papeles en un país ajeno al suyo, la pesadilla de todo viajero, había perdido todo, todo hasta su dinero, además no sabía hablar el idioma de esa nación y se preguntaba ¿ahora, qué haré? No le quedaba más que empezar a caminar hacia su país, lo único que le hacia falta era saber hacia donde quedaba el sur.

Tomado de Microtexteando

Sobr el autor: Carlos Rodríguez Arévalo

Siempre hay lugar en el fondo – Héctor Ranea


—¡Vamos que hay lugar, che… pasen! ¡Dejen lugar que en el fondo hay para todos! —grita el conductor.
—¡Pare, pare, que no somos ganado!
—¿Tas loco, tas? La tengo clara que no son ganado. Si lo fueran los trataría mejor. ¡Je!
—¡Sarnoso! —gritan los pasajeros.
—Griten… me importa medio rábano por no decir cosas más groseras por el lugar donde estamos.
—¿Dónde estamos? —dice un pasajero medio desorientado.
—Nunca falta un despistado —comenta el conductor al gil acompañante—. ¡No leyó las noticias, Don? Los trasladan a todos. Ahora que su Papa limpió el limbo, los sacan a todos. ¡Vamos, que no tengo toda la eternidad, suban, suban, carajo!
—¿Y adónde nos llevan? —se preocupa el despistado.
—¡Ah! No sé. Eso no es cosa mía. Pregunte en la oficina de deportación.
Mientras, la punta del alfiler se llenaba…

Sobre el autor: Héctor Ranea

Reestructuración – Sergio Gaut vel Hartman


─Prometo ─dijo el anciano encargado del depósito─ respetar y hacer respetar las normas de este lugar.
─Me alegro ─respondió sonriendo el nuevo gerente─; pero no se olvide de dejar salir alguna microficción de tanto en tanto.
─Mmm. ─La expresión del rostro del viejo guardián se tornó agria y desconfiada─. Soy el encargado del depósito, no el chico de los mandados.
─Alguna, de vez en cuando ─dijo el gerente, a sabiendas de lo que significaban las microficciones para el anciano. Es más celoso de lo que imaginaba, reflexionó.
─¿Puede ser esta? ─dijo el encargado después de una larga pausa, con la esperanza de no tener que gastar ni una de las microficciones que atesoraba desde hacía tanto tiempo.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

jueves, 18 de diciembre de 2014

Mundos paralelos – Eduardo Poggi & Carlos Enrique Saldivar


Todo cambió: el comedor, el dormitorio, la cocina, la casa misma. Quisiera saber qué ocurrió con aquellos que la habitaban. Sé que no murieron ni abandonaron el hogar de siempre. Sé que aquella tarde de energías violáceas terminó con ellos. Dudo de la razón que justifica al hecho, y sin embargo no dudo de que la yuxtaposición de mundos paralelos haya sido el comienzo.
¿Dónde están? Debo encontrarlos. Esperaré a que suceda de nuevo…
He dormido durante horas. Este sillón parece de piedra... un momento… este asiento es verde… el sofá en que me recosté era amarillo. ¡Ocurrió cuando yo descansaba!
Mis familiares deben estar aquí, grito sus nombres… No responden.
¡No puede ser! Estoy en un mundo distinto. En otra casa, enorme, desierta.
He fallado. Abro la puerta para salir y… todo es negro.
¡Jamás volveré a la Tierra!
Y mañana habrá nuevas energías violáceas que… ¡Maldita suerte!

Sobre los autores: Eduardo Poggi & Carlos Enrique Saldivar

La morada - Pascual Angel Rampi & Esteban Moscarda


El espacio era muy pequeño —las paredes heladas y de un material desconocido—. ¿Cuánto tiempo pasó desde que los desconocidos me alojaron en el habitáculo? ¿Tres días, dos meses, cuarenta años? ¿O siempre estuve allí y los desconocidos fueron producto de mi siniestra imaginación y el lugar mi tumba? No, no, tumba no; me alimentaron/alimenté por la sonda que penetraba en mi estómago. En el sepulcro no hay comida ni forma de suministrarla, por lo menos comida tal como la conocemos. Pero, ¿realmente me están/estoy alimentando?
En un momento se abre la siniestra puerta. El miedo hace presa de mis células. Veo a los desconocidos, comprendo sus formas. Son alienígenas.
—Estamos llegando a Regel II. Preparen a este humano para el banquete —dice uno de ellos.
Ahora entiendo. El final se acerca. Solo pido que se indigesten con mi carne.

Sobre los autores:  Pascual Angel Rampi & Esteban Moscarda

Los ecos del lugar - Sergio Gaut Vel Hartman & Ada Inés Lerner


El lugar al que llegamos estaba silencioso y frío. Las altas bóvedas amontonaban los ecos y devolvían las voces de los muertos transformadas en sordos sonidos de oleaje, de mareas inclementes, mientras que en las habitaciones contiguas no se oía otro ruido que el palpitar de los corazones de aquellos seres asustados. Me hubiera gustado que el viejo señor de Weberly estuviera allí, aunque no habría servido de gran ayuda: los que yacían muertos no resucitarían y los que estaban a punto de morir carecían de valor para afrontar lo que venía, necesitaban fe en el Creador, en sus propios principios. Yo sabía que el miedo aturde y les hablé, pensé que el tono calmo de mi voz más que el sentido de mis palabras les ayudarían a enfrentar lo inevitable, porque el temor no demora la fatalidad.

Sobre los autores: Sergio Gaut Vel Hartman & Ada Inés Lerner

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Todo sigue igual... - Héctor Ugalde

Todo sigue igual:
El Sol sale para todos...
Lo cortés no quita lo valiente.
El necio cree que todo lo sabe.
Más vale maña que fuerza.
El que busca encuentra.
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
El que mucho abarca poco aprieta.
Quien mal anda mal acaba.
El que calla otorga.
La esperanza es lo último que se pierde.
El que parte y reparte se queda con la mejor parte.
Nadie escarmienta en cabeza ajena.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Más vale prevenir que curar.
El que ríe el último, ríe mejor.
El que siembra vientos recoge tempestades.
Y sin embargo, a pesar de todo, ya nada es igual...


Sobre el autor: Héctor Marcial Ugalde Corral

Frente a la tormenta - María Ofelia Ceballos

La tormenta de la noche anterior azotó los árboles cercanos la casa. Y comenzó la destrucción: ramas pequeñas, ramas grandes, muchas ramas se quebraron. Hasta un tronco comenzó a quebrarse. Sin embargo, cuando menos se lo esperaba, apareció una luz en el paisaje. Y no se trataba de rayos ni de relámpagos. Simplemente era una luz roja que comenzó a tener sobre los árboles su magia protectora. Y fue a sí que esa poción de la naturaleza comenzó a salvarse.

Las mariposas se suicidan - Maritza Álvarez

En el mes de agosto las mariposas acuden a suicidarse. Lo hacen en cualquier lugar. Vi como miles de ellas volando se pegaban contra el parabrisas de la camioneta donde viajaba, eran de muchos colores pero todas tenían un mismo norte: morir allí. Para otros quizás es un espectáculo trivial, pero para mí adoradora de las mariposas, era una elegía. Sí, ese canto triste, no podía entender por qué se suicidan, si son tan hermosas y además Dios les dio el don de volar. Así absorta en el paisaje, vi como de una bosta de Vaca salían miles de mariposas multicolores, todas pequeñitas. Fue allí cuando entendí el misterio; solo se estaban renovando, púes así como morían, nacían. Pensé en la levedad del ser, en el alfa y el omega, el principio y el fin.

Quien tiene el control es quien manda - Erath Juárez

El látigo irrumpió el aire y se estrelló contra la piel de ébano. El negro se sacudió como si el golpe hubiera penetrado hasta el cartílago. El verdugo, un bárbaro de la Germania, era pésimo para la tortura. No tenía ni el más mínimo vínculo con la Roma, pero era rápido y sus servicios eran casi gratuitos. El vástago del esclavo esperaba su turno bajo el cálido cielo de la Arena. El público gritaba con el estímulo visual y sangriento de lo que acontecía.

—Te he dicho que no me gustan las películas de esta temática. Mucho menos después de aquél sórdido escándalo del protagonista. Prefiero el humor cáustico de Allen o el horror pestífero de Craven.

Dicho esto. La novia le dio click al ícono de “películas de horror” y el novio tuvo que aguantarse.

El autor:  Erath Juárez

jueves, 4 de diciembre de 2014

Terremoto - Estefanía Páez

Estaba en hora de clase; la profesora de geografía daba un tema que hasta el momento desconozco en un idioma extraño.
Sólo yo percibí el movimiento inverosímil del banco que se tambaleaba sin razón aparente, antes de que cualquiera lo notara.
Atiné a esconderme bajo el banco, antes de que el techo se derrumbara sobre nosotros.
Después del descalabro salí de mi escondite y vi, con horror, a mis compañeros yaciendo ensangrentados, entre escombros, ninguno parecía estar vivo. Intenté salir de la destruida aula por un agujero que se había formado en la pared, entonces escuché la voz débil de mi compañera de banco llamándome desde un lugar lejano; y desperté cuando sonaba el timbre y todos mis compañeros salían alborotados al recreo.

Tomado del blog de autores santiagueños En Los Esteros

Metamorfosis - Condessa Nadja


Algo enverdeció mi cara. Sentí piedad de mí. El espejo me proyectaba una imagen escalofriante. Alguna enfermedad me estaba aguardando. Me abrí la bata y una cicatriz apareció en mi torax. Nunca me operé de cosa alguna. Mi desconcierto aumentó, tenia una costra de alguna herida en mi muñeca.
—¡Oigan no es lo que piensan! No soy suicida.
Tomé un cuchillo de la cocina y me raspé la herida. Escuché un sonido y estaba justo bajo mi piel. Acerqué la muñeca a mi oído y ahí estaba, era intermitente. Seguir seria suicida. Me sentí mareado. No podía más...
Me dormí. Escuche ruidos. Quise despertar. No pude. Y unas voces con idioma desconocido casi electrónico se comunicaban ahí afuera.
En mi intento por abrir los ojos, veo mis manos... A través de una imagen borrosa observo que solo tengo tres dedos en cada una.

Sobre la autora: Condessa Nadja.