viernes 10 de julio de 2009

El juego de las medusas – Héctor Ranea



El juego de las medusas – Héctor Ranea
De niños jugábamos a saltar sobre miles de medusas gigantes, platos gelatinosos que quedaban varados en las playas después de tormentas nocturnas. Como en una rayuela caótica intentábamos así alcanzar el mar sin confín.
Sucedió que una madrugada el amigo Esteban saltó sobre una trampa invisible disimulada como medusa muerta y desapareció. Que yo sepa, nunca más nadie jugó ese juego aunque en algunas playas aún pueda vérselas dispersas.

Tipo de suerte - Sergio Gaut vel Hartman



Era un tipo tan arrogante que el día del Apocalipsis ni siquiera le pasó por la cabeza que él tenía que morirse como todo el mundo. A la mañana siguente las huestes celestiales que pasaban por ahí haciendo un relevamiento de la demolición, se sorprendieron mucho de ver que había un sobreviviente, lo consideraron un portento y le concedieron un universo flamante, sin estrenar.




Nuevas ficciones - Jordi Cebrián



El escritor descubrió un día que no quedaban cuentos, que todos habían sido ya contados. Preocupado, fue a ver al emperador para advertir de su descubrimiento.
El emperador escuchó sus razones y sus esfuerzos inútiles en busca de nuevas historias. Muy receptivo, sabedor de la importancia que tienen los cuentos y las ficciones para el pueblo, y lo necesarios que son para su bienestar, se decidió a solucionar el problema. Despidió cortés al escritor, agradeciéndole sus advertencias, e hizo llamar a sus bardos y a sus generales. Ante ellos, solemne e imperativo, señaló un país en el mapa.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Tránsitos - Gabriela Aguilera



Aseguró ser un buen conductor. Lo desafié esa noche a recorrer mis caminos con su lengua y lo hizo, deteniéndose el tiempo justo en cada una de las paradas obligatorias inscritas por los lunares rojos que tapizan mi piel. Respetuoso de las leyes, no pasó por alto a ninguno de ellos. No sabía que viajaba siguiendo las señales de un mapa que lo conducían a estrellarse de cabeza entre mis piernas.

Catalejos y curiosidades - Maria Fabiana Calderari



Mi vecina es una leona. Se pasa el día zanganeando y presumiendo sus curvas. Ruge encantadoramente y quedo alborotado.
La gorda sierpezota del otro lado husmea cuanto sucede alrededor, deslizando, descortés, su larga lengua. Los de enfrente, no hacen otra cosa que alardear de sus cuernos, altaneros y desvergonzados. En la esquina, he avistado unas zorras jóvenes, guapísimas.
Desde que un turista descuidado ha olvidado cerca de mí estos catalejos, he descubierto un mundo nuevo. Como menos bananas y me entretengo más, desde mi jaula.

Tomado de: http://facalderari.blogspot.com/

Jasona - Lilian Elphick



No perdí una sandalia ni encontré el vellocino de oro, frígidas damas del jurado. Perdí un amor y gané una flecha púrpura. La arquera Atalanta me la dio: escribe, dijo, ese amor antes de que quedes ciega de pena. Y yo descifré las coordenadas del deseo. Ese hombre sigue siendo mi regreso y es mi escritura condenada. Pero qué saben los cerdos de confites. Ustedes no podrán jamás ver en mis ojos la mirada del insomne, que buscó en la madrugada una tibieza donde reposar de todo lo vivido.
El viento nos vio, el mar nos vio. Ellos son mis testigos y guiarán mis pasos hacia la salida.

Tomado de: http://lilielphick.wordpress.com/

miércoles 8 de julio de 2009

Delitos menores - Héctor Ranea

Un joven fue condenado a repasar las vitrinas de un Museo de Ciencias Naturales por haber logrado enseñar a las mariposas muertas a recobrar su capacidad de volar. Se sabe que las mariposas muertas tienen un vuelo demasiado errático, escaparon y sólo fue posible rastrearlas con un can adicto a la naftalina, el que con paciencia perruna fue hallándolas una a una hasta completar el cajón faltante. El joven debió, además, molerle algo de naftalina al perro para que pudiera doparse con el producto, a guisa de premio consuelo.

Las princesas rebeldes - Martín Gardella

Aburridas de vivir la misma historia repetidamente, las princesas de los cuentos decidieron rebelarse y, sin autorización de los autores, convinieron intercambiar sus roles en el momento preciso en que sonaran las doce campanadas del palacio real.
La experiencia fue un rotundo fracaso. La hermosa Blancanieves murió ahogada en el intento de entonar su canción maravillosa debajo del agua, la dulce Sirenita quedó condenada a ser una triste fregona por no lograr encajar sus enormes aletas en el diminuto zapato de cristal y la pobre Cenicienta pasó sus últimas noches llorando desconsoladamente sobre el pequeño camastro donde debió atender sin descanso a los siete briosos enanos del bosque.
Sólo la afortunada Aurora logró conservar el final feliz de su cuento. El pinchazo contra un viejo huso envenenado la internó en un largo y profundo sueño justo antes de la hora señalada para el intercambio.

Detonante - Nanim Rekacz

—Mi gata vieja se está muriendo… —pensó.
Amanda, sobre la alfombra, gruñía. Al acariciarla, vibró en un ronroneo y sus patas se sacudieron sin control.
—¿Qué te pasa, pequeña? —le preguntó.
¿Cuántos eran? ¿Diez años? Sí, pero ya era grande al llegar a la casa desde la calle, con su panza llena de gatitos. Los parió, se quedó, y fue dueña y señora y compañía. Tenía su carácter, ¡vaya que era protestota!
—Amandita, Amandita… —los ojos celestes de Amanda se volvían transparentes.
Primero fue una lágrima. Asomó, se hizo gruesa, rodó por la mejilla. Luego fue el llanto a borbotones. Los recuerdos de una década de vida compartida atravesaron su corazón como destellos, como cuchillitos filosos, agujas punzantes…
—¿Estás enfermita, Amanda? ¿Te vas a morir?
Un ronroneo intenso, una contracción muscular.
—Lo que debo hacer para que puedas permitirte llorar —pensaba Amanda.

Pesadillas de Vegetales - Carlos Feinstein

Sueño que soy una planta que reposa al sol. Siento la tranquilidad de estar quieta, inmóvil y entro en comunión con mi paz interior. Pero al tiempo, incómoda, insatisfecha en mis necesidades, descubro que soy una planta carnívora que devora con sus hojas asesinas pequeños insectos, algunos muy dificiles de atrapar. Un ansia voraz de bichos me invade.
A la noche, mucho más tranquila me duermo y sueño con mucho placer en los paraísos carnívoros, en los cuales el asado y los chorizos se sirven a punto.

Tiempo - Miguel Dorelo

—Algo está pasando con el tiempo —comentó Angel como al pasar.
—Que novedad. Y nosotros somos los únicos culpables —respondió Marcelo— El hombre no se cansará jamás de atacar a la naturaleza; gases, humo, el calentamiento…
—No me refería a eso —lo interrumpió bruscamente — La duración, digo.
— ¿La duración? ¿A qué te referís?
—Eso. La duración. No es la misma. Vos te referís al clima, y yo te hablo del tiempo. Del cronológico.
—Ah, ¿Y dura más o menos? —preguntó con tono burlón — ¿O es flexible?
—Está durando menos. Mucho menos —respondió con gran seguridad y convencimiento en la voz.
— Estás cada vez más loco.
—Búrlate si quieres. Pero es completamente cierto.
—Quiero pruebas.
—Cómo no. Hoy deberían cumplirse 30 años de la última vez que estuve con ella.
— ¿Y?
—Y, eso. Que esta mañana me desperté con el sabor de su boca en mis labios.

lunes 6 de julio de 2009

La guerra final - Daniel Frini


La guerra final
Daniel Frini

Hace un milenio, la humanidad descubrió el secreto de la inmortalidad. Durante los setecientos años siguientes, los humanos del tipo H, nacidos según el método tradicional, ejercieron el dominio y desarrollaron a los tipo C, nacidos clones, y a los tipo M, modificados genéticamente. En ese período de paz relativa, no murió nadie por enfermedad y se alcanzó una población incalculable. En los trescientos años siguientes, nosotros, los tipo A, trabajando desde las sombras, instigamos la lucha entre los demás. Hace tres días murió un clon, último sobreviviente de la guerra entre los H, los M y los C. Ahora solo quedamos nosotros, un millón quinientos mil humanos del tipo A. Todos inmortales.
Mi nombre es A Utnapishtim Gamma. Por supuesto, la A indica mi condición de nacido androide.

Tomado de:
http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura94.pdf

Calculando - José Luis Zárate


Calculando
José Luis Zárate

Tal vez el que analicen el DNA específico de la planta y sus características morfológicas, que dividan todo entre las dos premisas base, y entreguen el resultado en .87 segundos le quita el chiste al asunto.
Pero aún así levantamos la margarita ante la máquina y sentimos mucho que nos diga que no nos quieren.
Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

El barrio oscuro - Jordi Cebrián


El barrio oscuro
Jordi Cebrián

Allí tras cada portal hay un pecado; tras cada mirada, un secreto; tras cada tentación, un peligro. Los derrotados por su miedo, los que odian la vida, los que esconden su tedio en la rutina, no transitan de noche las calles de este barrio. Pero los que al miedo imponen su voluntad, los que ante la muerte inevitable quieren que la vida brille y sea peligrosa y que resuene, entran al barrio oscuro cuando ya no hay luz. Se invoca al olvido, se cruzan apuestas y besos. Amor y riesgo, libertad y temor. Vida, en fin, en el barrio oscuro.

Tomado de: http://cienpalabras.blogspot.com/

Huir - Rolando Revagliatti


Huir
Rolando Revagliatti

Claro que pensó en huir, harta de padecer la torpeza de los golpes de esa especie de marido colérico, de pésimo vino y borbotones de sevicia. También pensó en huir cuando su hijo cayera muerto por una bala perdida, entre los cohetes y petardos detonados por los chicos y adultos del barrio, después de transcurridos veinte minutos del año nuevo.
Pensó. Hasta que dejó de hacerlo. Después de veinte años la vieja sigue, loca, letárgica. Sigue huyendo.

Necesidad satisfecha - Alejandro Ramírez Giraldo


Necesidad satisfecha
Alejandro Ramírez Giraldo

No sé por qué, pero hoy me levanté sediento de sangre. Eso me ocurre algunas veces y cada que pasa debo salir corriendo a saciarme. Salí a la calle, compré el periódico de mi ciudad y encontré lo que buscaba: crímenes, violaciones, secuestros, prostitución y demás. Terminé de leer agotado, es cierto, pero satisfecho.

Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com

sábado 4 de julio de 2009

Transformación - Esteban Dublín


Para cumplir la fantasía de su amor, debía convertirse en Moore, esa que llevó el estriptís de sucio negocio a arte del erotismo; pero sabía que antes de ser Demi debía ser Portman, la semiputa llevada por el deseo que mata con su thank you cada vez que lo pronuncia; aunque también sabía que antes de llamarse Natalie tenía que apedillarse Alba, la bailarina del tubo, la vaquera deliciosa de la ciudad del pecado. Pero nada tenía más claro que antes que ser Jessica, Mario, debía ser mujer.

Rueda de reconocimiento - Gabriela Aguilera


Estos son todos tan parecidos, ¿ve? La misma estatura, el pelo del mismo largo, los mismos lentes. El parque estaba tan oscuro. Y me agarró por detrás, señor, nunca le vi la cara, nunca habló. Pero lo sentí, sentí un lunar de carne que tenía en la mano con la que me tapó la boca. Sentí ese lunar con mi lengua. Era del tamaño de un garbanzo. Y lo mordí con todas mis fuerzas. Aquí tiene el lunar, señor. Ahora vea a cuál de ellos le falta. Ese es.

Increíble – Héctor Ranea


Todos los días, a las nueve de la mañana en otoño, dos horas antes en verano, el perro va hacia el centro de la calle, se acomoda al sol y en el asfalto empieza a arrastrar la cadera de costado, de retaguardia, como puede. Todos los santos días.
Los vecinos piensan que es una garrapata que tiene succionándole sangre con daño y que el dueño descuidado no controla.
En realidad, soy yo, un hombre increíblemente empequeñecido tratando de sobrevivir a cada sacudón que da el perro. Ya estoy acostumbrado. Además, parece que a menos que pulga ya no decrezco. Es un aliciente.

El chimpancé - Alejandro Ramírez Giraldo


El chimpancé se escapó del zoológico y se refugió en mi casa. Me suplicó con la mirada que lo protegiera y que no lo denunciara. Me apiadé de él. Desde entonces el fastidioso animal se ha empeñado en imitar todos mis movimientos. Aprendió a comportarse correctamente en la mesa, cocina modestamente y sus hábitos higiénicos son bastante dignos. Pero me tocó detenerlo cuando también intentó acostarse con mi esposa: inconforme, se sentó a observarnos y a anotar sus impresiones en una libreta.

Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com/

El olvido fatal - Martín Gardella


Se apagaron las luces del escenario y un aplauso prolongado quebró el silencio de la sala. El joven mago acababa de desaparecer en escena ante la absorta mirada del público, consumando una ilusión inexplicable y nunca antes lograda. Fue la última función del ilusionista, que jamás logró recordar la segunda parte del truco.

La primera piedra (Jn 8, 1) - Antonio Cruz


Para Verónica

Se revuelve en la cama desvelado. No ha pegado un ojo en toda la noche. A su lado, la mujer duerme serena y sin sobresaltos.
Cuando las primeras luces del alba penetran por la ventana entreabierta, el hombre despierta a su esposa y entre lamentos le cuenta su pecado.
La mujer le tranquiliza con palabras suaves, apenas susurradas y mucha convicción en la mirada.
“¿Quién podrá señalarte?”, le pregunta. “¿Quién arrojará la primera piedra?”.
Ella sabe que un pequeño y mezquino soborno tomado de una cuenta de Caja Chica por un oscuro funcionario de la administración gubernamental no es más que una gota de agua en el inmenso océano de corrupción que nos rodea.

jueves 2 de julio de 2009

Seres creados – Antonio Jesús Cruz


Nosotros, producto de la imaginación de algunos escritores, comprendemos perfectamente lo que ocurre. Yo, por ejemplo, soy producto de la imaginación de un tal Sun Tse, también conocido como Sun Tzu, experto en el arte de imaginar haxámetros equinos aunque algunos trasnochados aseguran que fui creado por Ulises Monterroso, poeta ciego nacido en Nicaragua y que escribió sentado durante muchos años en las apacibles playas de Troya una novela acerca de los caballeros heliconios y que, al final de sus días, después de haber viajado de manera intempestiva en el famoso tren a Laredo mientras degustaba riquísimos helados de Tequila, supo publicar su reconocido "Manual para empleados de Mesas de Entradas"...

En la biblioteca – Nanim Rekacz & Sergio Gaut vel Hartman


A Héctor Yánover, librero y maestro


—¿Tiene el Manual del empleado de mesa de entradas?

El empleado de la mesa de entradas de la biblioteca municipal alzó la vista; frente a su escritorio había un hombre canoso, de mirada penetrante y facciones duras. —Ese libro no existe —explicó. En su fichero mental figuraban los doce mil quinientos ocho libros del inventario, aunque no había leído ninguno.

—Si no existe —dijo el hombre—, habría que escribirlo. Usted tendría que leerlo.

—¿Por qué debería leerlo? Y ante todo, ¿quién es usted?

—Soy Héctor Yánover, el autor de Memorias de un librero. Usted está en peligro de caer de cabeza en una o varias de las situaciones que describo. Tome, lea.

El empleado de la biblioteca abrió el libro y leyó: “¿Tiene Crimen y castigo del Doctor Jeckyll?” Luego levantó la vista y dijo: —Sí, creo que lo tenemos.

Lost tres caballeros de la Tabla Heliconia - Nanim Rekacz, Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


Nobela sobre la ilustre dama Carmen y sus desvelos; donde se narra de tres caballeros andantes en busca de entuertos que desfazer, de los entuertos que fizieron, de los otros que no pudieron desfazer y de cómo terminaron perdidos en algún lugar de cierta isla.

Hexámetros equinos - Francisco Costantini


Reunidos en torno a la nocturna hoguera, un grupo de caballos se dejaba capturar por los hilos que tejían la trama de aquella historia vieja, pero tan exquisita. El aedo, erguido en sus cuatro patas, llegaba a uno de los momentos culminantes del mito. Hasta el mundo parecía detenerse en su marcha para escuchar atento.
—Y entonces —decía—, cuando el hombre de madera estuvo en la ciudad, los aqueos aguardaron a la noche para salir, entre relinchos furiosos, y tomar por fin la ciudad del viejo Príamo, domador de humanos.
Una mujer, que pastaba cerca de los equinos, se preguntó por qué las cosas no podrían haber sido al revés, por qué el mundo tenía que ser tan lógico y previsible, sin dar lugar al absurdo, lo aparentemente imposible.
Se deshizo de sus pensamientos banales cuando escuchó que Homero, su hijo ciego, la llamaba.

Ilustración tomada de una obra de Pablo Ciliberti

En el cuarto - Stefano Valente


Estamos solos. Pero en el cuarto no estamos ni tú ni yo. La cabeza de mármol, desde la mesa limpia, sigue mirando fijamente el hueco de la ventana. El sol surge, o se pone —no es importante—, ya que los ojos duelen igual a causa de la luz oblicua.
De pronto dices: «Me gusta mucho vivir contigo. Eres mío. Siempre lo serás».
Entonces, una vez más, intento volverme para mirarte. Nunca lo conseguí.
El cuarto continúa desierto.
Hay sólo tu rectángulo vacío, y mi frente dura, manchada por tu cielo.

Imagen: René Magritte

A Laredo - Héctor Ranea & Carmen Carrillo


Carmen salió a silbar con los loros de la Purísima. No vio el expreso de Laredo de las 6 y la máquina gentilmente la acercó hasta la próxima parada. En el viaje gozó de un buen helado de mango con litro y cuarto de tequila. Llegó con pulmonía, pero contenta.

Capítulo 19 - Esteban Dublín


...Sergio Gaut vel Hartman entra a su inmensa biblioteca y agarra una de sus tantas compilaciones. Se sienta en su sillón, abre su libro y empieza a leer. Sin embargo, antes de llegar a la página cien, queda petrificado. A pesar de que quiere seguir leyendo, sus ojos se detienen y su cuerpo queda completamente inerte. Así permanecerá hasta que el escritor que narra su historia se decida a seguir escribiéndola. Porque aunque no lo sabe, él es un cuento, un producto de la ficción que un autor retoma cada tarde de cuando en cuando. Y aunque desee seguir con su vida, no podrá moverse hasta que el escritor se decida a empezar con el capítulo veinte...

Tomado de: http://estebandublin.blogspot.com/

Todo - José Luis Zárate


Nadie puede reconocer a simple vista un hombre que lo ha perdido todo. Frente a la basta mesa del hostal quien estuvo en las más ricas mesas de Europa, frente a doctores, filósofos y científicos, bebe su cerveza agria de soledad.
Una algarabía allá afuera, voces temerosas, llantos, desesperación, notas de la música discordante que conoce bien.
—Viene, ahí viene —grita la gente del pueblo que duda entre enfrentar la amenaza o huir.
Huyan, piensa el hombre que una vez fue doctor. No lo pierdan todo. Como yo.
Una silueta terrible a lo lejos.
La gente se dispersa, gritando el nombre del terror:
—¡Frankestein! ¡Frankestein!
El doctor suspira. El monstruo le arrebató todo. Incluso su nombre.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

Imagen: Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni