jueves, 25 de septiembre de 2014

Literatura keriana – Esteban Moscarda & Guillermo Vidal


En una de las lunas de Ker II se puso de moda una novela muy inquietante. La trama gira en torno a los avatares de una civilización postindustrial muy maligna que descubrió el viaje interdimensional. Digo muy inquietante porque los ciudadanos de Ker II, luego de leer dicho volumen, se atan un cordón de metal lipo a su cuello y se lanzan de uno de los puentes interagujero conocidos como Minus-1.
El único que dejó mensaje antes de arrojarse al vacio interdimensional decía: Estoy harto de ser tan bueno, organizado y perfecto, nuestro mundo parece una propaganda de leche chocolatada, un texto sacado de la novela de esta civilización maligna amantes de la imperfección, la improvisación y las pasiones desatadas como parte esencial de la vida de su planeta. Lo peor era que estos desdichados creían que arrojándose a los pozos alcanzaban este mundo fantástico al que denominaban cielo.

Sobre los autores: Esteban Moscarda y Guillermo Vidal

Sin garantía - Fernando Andrés Puga


—No le des manija. Una vez que arranca ya no hay quien lo pare.
—Pero si no lo estimulás se va a oxidar.
—Quizás, pero si empieza ¿te vas a quedar acá hasta que se detenga?
—Bueno, un rato. Después tengo que seguir con mis cosas.
—Claro, ¿y yo?; atado. ¿Ves que el asunto no es tan sencillo como parece?
—¿Por qué? ¿Qué pasa si te vas y lo dejás andando?
—Se recalienta y pueden llegar a saltar los tapones. ¿No sabés que le falta un tornillo? ¿Por qué te creés que consultamos a tantos especialistas?
—Bueno, che. Entonces tiralo y conseguite uno nuevo.
—¡Claro! ¿Vos te pensás que porque es de lata no tiene sentimientos?
—Él no sé, pero a vos me parece que se te va la mano.
—¡Cómo se ve que las fallas de los tuyos pasan inadvertidas!
Se fue refunfuñando. Creo que no entendió nada.

Sobre el autor: Fernando Puga

Cambios en la programación – Fabián García


Lo aplastó un auto: el chofer iba mandando mensajitos de texto. Él, que iba hacia el supermercado, quedo abierto sobre la avenida. Temblaba. Abría y cerraba la boca, como los pescados. La sangre que perdía iba hacia el cordón de la vereda, y la gente la seguía con los ojos. ¡Era tan roja! Les pareció mas divertida que la tele, que el tipo que en el suelo se moría, apretando en la mano la lista de las compras.

Sobre el autor: Fabián García

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Omisión fatal - Sergio Gaut vel Hartman


Fue a la Velada Literaria de Lilita Carreta con la serena convicción de que sería la estrella de la noche. Pero leyeron ficciones de Galeano, Arreola, Ranea, Dujalde, de la Serna, Hemingway, Carrillo, Lagmanovich, Ramos Signes, Avilés Fabila, Brasca, Shua, Perone, Escandich, Bernal y Frini, pero a él, Amadeo Meteosat, el humilde personaje de "Ferrari a toda marcha", una microficción de 149 palabras pergeñada por Brian Tylor, ni lo nombraron.

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman

Historia de película o película histérica - Anna Rossell


Le habían enseñado a reaccionar rápido al látigo como a un estímulo. Cada golpe sobre el suelo devolvía la flexión de la rodilla, a menudo tantas veces que hasta le dolía el cartílago aunque el movimiento fuera mínimo. Después, todo lo demás. Siempre la misma temática. Si la ejecución del ejercicio había sido válida, el premio era aquel dulce sabor en la boca y el cálido aplauso de una multitud de ojos que lo observaban con repulsión y arrobamiento místico. Luego lo devolvían a su cuchitril pestífero donde su existencia discurría en condiciones pésimas desde su nacimiento. Allí había visto por primera vez la luz cuando su madre lo trajo al mundo de su realidad cáustica, él, vástago deforme de un vínculo sórdido y bárbaro, destinado a producir un icono de feria. Era el hombre-elefante.

Sobre la autora: Anna Rossell

Reunión cumbre - Héctor Ranea


—A ver explícanos. ¿Cómo cuerno hiciste para zafar de tantas denuncias de abuso contra menores? ¿Pagas mucho? —dijo el banquero internacional con un hilo de baba que empezaba a colársele por la comisura de los labios.
—¡Qué voy a pagar! Las hago meter en la cárcel —contestó el primer ministro.
—¿Cómo? ¿Encima que las violas las mandas entre rejas? Incomprensible —se preocupó el gobernador.
—¡Aja! Pero enseguida llamo al comisario para que la saquen, total es amigo del partido —dijo sonriente el ministro.
—¡Ahora entiendo! ¡Así saben de qué lado están los canas! —gritó el que no había entendido.
El ministro asintió con la cabeza, lentamente, varias veces, mientras sonreía. El banquero ya se refregaba las manos.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Te queremos, Lucía - Isabel María González


―Aquí vinimos a descansar ¿no? ¿No recuerdas las palabras del médico? Para o acabaremos muriendo en el intento. Tenemos que seguir el tratamiento o nos separarán, mi cielo. Lo sé mi vida, es duro pero este mono sólo es al principio, después verás que puede ser incluso más bonito. No, mi amor, estate quieta. Entiéndelo ¿no? ¡Pues deja ya de moverte de ese modo! ¡Dios mío, vístete que no respondo!
A la mañana siguiente, cuando le llegó el turno, con suma vergüenza, se levantó y mirando a su marido dijo:
—Me llamo Lucía, tengo 87 años y soy adicta al sexo.
—Te queremos Lucía.

Sobre la autora: Isabel María González

jueves, 11 de septiembre de 2014

El final - Nélida Magdalena González y Cristian Cano

Luego de una tempestad que duró dos semanas, escampó. Los lugareños salieron de sus casas a observar el cielo: temían por la siembra y era probable que se hubiese perdido todo.
Don Héctor, un anciano del lugar, estaba quieto. Parecía inmovilizado.
—¿Qué pasa abuelo? —le dijo su nieto—. La lluvia calmó, no cae una gota
—Demasiada calma —respondió preocupado.
El aire denso inquietaba a todos. Las miradas cómplices daban a entender que esperaban algo raro. No sabían lo que podía ser y tampoco era una sensación familiar.
Menos los niños, que jugaban en los charcos, estaban todos en vilo.
—¿Por qué no vas con esos chicos? ¿No te gusta embarrarte?
—No —respondió su nieto—. Quiero estar con vos. Hace mucho que no hablamos.
—No es un buen momento para hablar. Mañana, si querés.
—No mirés más el piso, abuelo —Héctor lo miró—. Me da miedo.


In - Mario Benedetti


―Veamos ―dijo el profesor ―¿Alguno de ustedes sabe que es lo contrario de “in”?
―¡Out! ―respondió prestamente un alumno.
―Bueno, no es obligatorio pensar en inglés. En español, lo contrario de “in” (como prefijo privativo, claro), suele ser la misma palabra, pero sin esa sílaba.
―Sí, ya sé, profesor: “insensato” y “sensato”, “indócil” y “dócil”, ¿no?
―Parcialmente correcto. No olvide, muchacho, que lo contario del invierno no es el vierno, sino el verano.
―No se burle, profesor…
―Vamos a ver… ¿Sería Ud. capaz de formar una frase, más o menos coherente, con palabras que si son despojadas del prefijo “in”, no confirman la ortodoxia gramatical?
―Probaré, profesor. “Aquel dividuo memorizó sus cógnitas, se sintió dulgente, pero dómito. Hizo ventario de las famias, con que tanto lo habían cordiado, y aunque se resignó a mantenerse cólume, así y todo en las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la flación y su cremento.
El profesor admitió sin euforia:
―Sulso, pero pecable.

Acerca del autor: Mario Benedetti

Precio Reducido - William E. Fleming




El presentador de la TV con su sonrisa plateada gritó al público…

—Y Juan es nuestro afortunado ganador… ganó el premio de... —esperó unos segundos para que coreara el público— el precio reducidooo.
Todos estallaron en aplausos.
—Díganos —le colocó el micrófono en la boca— en qué se gastará el dinero…
Juan miró al presentador y a la cámara nervioso. —Bueno yo, tengo tan pocas ganas de volver al trabajo… que creo que lo compraré y seré uno de esos jefes que solo están en una silla llamando por teléfono.
—Ah, sí, ¿en qué trabaja usted?
—Bueno yo soy, vendedor… vendedor de aire acondicionado.
La cámara enfocó al presentador luego a Juan.
—Sabe que esto es Suecia, aquí siempre hace frío.
—Sí, eh, por eso sólo los vendo en verano.
—Eso es ser un mercader inteligente… —dijo riendo el presentador.


El Autor: William E. Fleming

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Intentos - Héctor Ugalde

Intenta dormir. No puede.

Recuerda los intentos hablar, de aclarar las cosas.

Los intentos de acercarse.

Los intentos de reconciliarse.

El intento de no sentir dolor.

El intento de olvidar.

El intento de cerrar los ojos.

El intento de esquivar el auto.

El intento de no sentir dolor.

El intento de no cerrar los ojos.

Intenta despertar. No puede.


El autor: Héctor Marcial Ugalde Corral

Sonámbulo - Silvia Milos

Dormido tomó las pastillas. Estaba seguro de que se olvidaba algo.

Todavía con los ojos cerrados y los puños apretados volvió hacia la cocina.Abrió lentamente el cajón de los cubiertos como si fuera una película.

Tanteó y agarró el cuchillo del lado del filo, ni eso lo sacudió. Luego

Con pequeños y seguros pasos llegó hasta donde estaba Ella. Levantó con fuerza lamano, y se despertó.

La autora:  Silvia C. Milos

Cuántos más Otelos más Pinochos – Ana Caliyuri

El libro amarillento dejaba ver las telarañas que lo envolvían. Soplé con inquietud el polvillo antiguo, después de todo siempre se aprende de aquello que el tiempo no ha destruido. Llamó mi atención el título: De Otelos y Pinochos, rezaba la tapa en rojo púrpura. Parece ser que en este depurado libro el mentado moro (Otelo) padecía raptos agudos de melancolía que lo impulsaban a continuas infidelidades con distintas damas de la época. Obviamente que la historia escrita por masculinas plumas han ocultado la verdadera versión y es más, parece ser que el caballero de su confianza fue Pinocho. En todos lados se cuecen habas, y en la literatura también. Cualquier similitud con el hoy es sólo cuestión de naturaleza humana…

La autora: Ana María Caliyuri

La entrevista - Sergio Fabián Salinas Sixtos

Un estudio de televisión, dos sillones, una mesita de centro y dos personajes. El escritor fuma, entorna los ojos y escucha con paciencia a su interlocutor, en ocasiones asiente. Ante una pregunta, el escritor se quita las gafas y contesta: «Creo en fantasmas». El periodista hace una acotación, cita a Henry James, habla de la psicología de la narrativa, la proyección del autor en su propia obra, el fin último del cuento y con sorna, manifiesta la incertidumbre y falsedad de lo fantástico. El escritor sólo sonríe, se eleva en el aire y desaparece.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Mal necesario – María del Pilar Jorge


La criatura observa al hombre dormido. Para su gusto, es un ser rústico: los pelos le sobresalen de la cabeza, del cuerpo, de las piernas y hasta de la punta de la nariz. Su apariencia es realmente desagradable. Pero debe aceptar que el humano tiene la suficiente fuerza y agilidad para desenvolverse en su hábitat. Utilizando su mente le escanea la memoria: el hombre posee aptitudes sociales favorables para interconectarse con sus semejantes. 
La criatura se decide: es eso o desaparecer en un mundo hostil. Su plástico cuerpo se alza, se estira, se afina hasta alcanzar las dimensiones necesarias para penetrar por la boca del humano. 
El hombre se ahoga, tose, se despierta, se incorpora.
Luego, sonríe.

Acerca de la autora: María del Pilar Jorge

Guerra – Patricia Nasello






Una bala destinada al enemigo impacta por error en el vientre de la jirafa que se estremece y cae, presa de pánico y dolor, sobre las hierbas húmedas de la sabana.

El soldado que disparó el arma desaparece dentro de la herida que provocó por accidente, herida que no ha manado sangre: agujero de bordes redondeados, profundamente negro, a través del cual, pronto, también desaparece otro soldado compañero del primero y el avión que les servía de apoyo.
La jirafa agoniza, el olor que exhala repele incluso a los carroñeros.

La Autora: Patricia Nasello

El héroe de la noche se rebela – Héctor Ranea


Carlites, el inobjetable, era uno de esos superhéroes nocturnos que no tenían prensa. En realidad, no sólo no tenía prensa, ni heladera tenía, pero sí tenía una cama.
La mañana que narro, Carlites se levantó a la madrugada y al mear se dio cuenta de que lo hacía gris. Se miró y se vio gris en el espejo, como los de tez blanca que fuman mucho. No se pudo volver a dormir, así que con las primeras horas del alba salió a correr. Un gato gris se le cruzó y al esquivarlo, un auto gris casi lo pisa. Ya con franca luz diurna, los árboles grises y las rosas grises lo alarmaron. Salió disparado para el pañol. El dibujante se había quedado sin tintas de color, otra vez. Esto de pagar la tinta con la que lo dibujaban le estaba resultando cansador y oneroso.
Se fue sin decir más nada, gris pero con dignidad. Inobjetable, como siempre.

El autor: Héctor Ranea

martes, 2 de septiembre de 2014

El mago – Alejandro Bentivoglio & Guillermo Vidal






El mago prueba cortar al voluntario, pero no se conforma con contarlo a la mitad. Luego de partirlo y clavarle toda clase de espadas. Toma un hacha y la emprende contra el cajón como si estuviese talando un bosque. La gente comienza a asustarse y algunas mujeres dan breves gritos al verse salpicadas por la sangre que sale cada vez que la hoja del hacha se abre su paso.

─El verdadero truco esta en volverlo a armar, cualquiera puede agarrar un serrucho y empezar a cortar carne mejor que yo ─dijo el mago.
─¿Y no resulta traumático para el voluntario?
─Puede ser, ¿pero quién puede resistirse a los cinco minutos de fama?
─¿No ha tenido problemas?
─Algunos, con el armado, coloque al revés las manos y entonces lo tuve que volver a cortar, pero al final quedó bien, también hay que reponer la sangre, pero los espectadores siempre donan.

Los Autores: Alejandro Bentivoglio & Guillermo Vidal

Cerrilidad – Sergio Gaut vel Hartman & Daniel Alcoba


Las criaturas del fango emergieron sacudiendo las patas y atraparon a Valder antes de que el blátido alcanzara la novena casilla del tablero. Valder había prometido hacer de Samsa en una obra escolar, para lo cual intentó conseguir el disfraz correspondiente en una de las grandes tiendas del pantano, pero no tuvo en cuenta que los engendros lovecraftianos toman el té con la puntualidad de los personajes de Wonderland. —No irás a ninguna parte —dijo Nyarloztharet con una voz tan profunda y pedregosa que Valder se hizo encima. También se le descontrolaron las enzimas.
Seis patas, dos élitros, dos alas, dos antenas como floretes detectando sabores, olores, sonidos, suelen enfangarse macabra o macabeamente en la jalea para la última pesadilla.
Las hormigas no perdonaron a Valder ser cucaracha y lo arrojaron a un estanque de miel de azahares y madreselvas, sumiéndolo en un placer donde se enviscó para siempre.


Los Autores: Sergio Gaut vel Hartman & Daniel Alcoba

Inteligencia perdida – Luciano Doti


Hay una práctica adolescente que hace dilapidar vitalidad. Especialistas advierten que produce fatiga crónica, incapacidad para concentrarse, perdida de memoria y hasta se ve afectado el coeficiente intelectual...
Pablo no hizo caso a esas advertencias y continuó con su vicio. Era para él la única manera de paliar las ganas de estar con una mujer.
Llegó el día en que conoció a una chica que estaba dispuesta a salir con él. A modo de romper el hielo, le preguntó:
—¿Qué es lo que más te gusta en un hombre?
—Su inteligencia —respondió ella, y Pablo no comprendió cómo podía decir eso. De hecho, entender cualquier cosa ya se había convertido en ardua tarea para él.

Acerca del autor:  Luciano Doti

Dreamers (Sector 21) - Raquel Sequeiro


Vago entre ojos cristalinos, entre muertos que se erigen levemente en las tumbas, para mirarme, abiertas como mis venas, el aire azulado me trae el recuerdo de una canción, de esa canción, oh darling, de esa canción que bailábamos cuando éramos casi unos niños. La mecedora antigua, perfumada, resplandece como un trono de reyes, la baba se escurre por la comisura de los labios, a la derecha, pero aquí no hay un final, sino que despertarás en el área 34, la de los no muertos, con sangre en los labios por la bofetada. ¿Vuelvo a tener quince años, vuelvo a soñar con lo mismo? Ellos controlan mis constantes vitales y despertaré adulto para incorporarme a la guarnición 16. Ya nadie es libre a causa de la guerra, ni siquiera para soñar.

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro

jueves, 28 de agosto de 2014

Asunto de gravedad - Héctor García


Aquella noche también le robé el coche al Dr. Brown sin que se diera cuenta, pero con un objetivo bien definido. Secuestré a Guillermo Tell a punta de pistola y lo llevé derecho al manzano donde descansaba Newton. Acto seguido intimé al arquero a disparar, y la manzana que caía en ese momento, en lugar de golpear la cabeza del genio, reventó en mil pedazos. De vuelta en el vehículo, encontré bajo el asiento la prometida bolsa con monedas de oro y una nota de agradecimiento.
Ya en casa, me di una ducha rápida y fui a ver a mi hijo. El pobre se había quedado dormido sobre sus apuntes; parecía que al día siguiente tenía un examen sobre la ley de gravitación de Hooke...

Acerca del autor: Héctor García

Patear el tablero – Héctor Ranea

—Tal vez te diste cuenta —grita la Muerte, disfrazada de Bengt, a Antonius Block— y te niegas a aceptarlo. Si llevo mi Dama al escaque del Caballero, es Jaque Mate.
Y dicho y hecho. Mueve su ficha displicentemente con su mano invisible. Ríe exultante:
—¡Jaque Mate!
—¡Pero esto es un juego de Truco, imbécil! —grita el Caballero, tirando sobre la mesa el ancho falso de Copas. Endgame.
Nada que hacer para la muerte. Deberá esperar a que pasen otra vez la película en el Canal de los Sollozos Hundidos.

Acerca del autor: Héctor Ranea

No era posible - Paula Duncan

Esa noche el mundo y sus adyacencias le eran desfavorables; el universo entero sentía una marcada oposición hacia su irreverente manera de pensar; no era posible que alguien pusiese en su mirada las decisiones más relevantes de su propia existencia, no podía, no; el motivo era exactamente porque nunca veía lo que los demás y sobre todo porque sus resoluciones eran perfectas... el hábito se estaba haciendo contagioso y eso no era posible de aceptar...

Acerca de la autora: Paula Duncan

miércoles, 27 de agosto de 2014

Terapia de choque - Raquel Sequeiro.


Demian sentía un terrible dolor de cabeza. Pronto comenzaron a asaltarlo malos pensamientos, algunos sueños purulentos y el deseo apelmazado de regresar con su mujer, Carol, cuando los niños tuviesen la edad suficiente para comprender que el señor del salón no era su padre sino una copia perfecta hecha por los laboratorios Burroughs. Los malos pensamientos se materializaron, lo ataron a una silla y lo amordazaron, cuando todavía no habían salido los demás- quienes no tardaron en salir, vestidos de percebes, gritando “¡Fiesta, fiesta!” con un perentorio tono de voz que le recordó a sus hijos pequeños-. Pronto irían a la universidad de Washington ( mientras, Demian se curaba de una enfermedad venérea, que había cogido en Somalía y que lo mantenía aislado en una celda para enfermos).

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro.

Prodigio - Sergio Fabián Salinas Sixtos


Cthulhu el que es nombrado y temido se desplaza etéreo por el paisaje, la presencia divina hace que los humanos se postren a su paso. Sólo vivimos para adorarlo y cumplir los deseos de nuestro amo. Cthulhu el infinito, el dador de vida y de muerte extiende su visión ufano en el valle de las cosechas (hombres y mujeres esclavos) listos para alimentarlo. Es un honor el día de hoy, entregar a mi hijo para que sea devorado…

Acerca del autor: Sergio Fabián Salinas Sixtos

En el viejo país del viento - Raquel Sequeiro & Carlos Enrique Saldivar


En la fragua de Macinger Tan había dos baúles. Uno de ellos contenía las más hermosas tentaciones de la creación, el otro, los más afamados males. Cuando ardieron ambos y se evaporaron, mezclándose con la gente como un hálito, el mundo dejó de ser un lugar seguro. En el país del viento, donde se originó tal desbarajuste, los contenidos de ambos baúles se fusionaron a la perfección, cosa que no ocurrió en el resto del globo, donde los bienes y los males no se distribuyeron de forma equitativa. Es decir, en el país del viento todo es bueno y malo a la vez, esto confunde a los ciudadanos, los cuales se resguardan en sus casas, en bosques y otros lares, temerosos de ellos mismos y de quienes les rodean. 
En aquel sitio Dios posee cuernos, rabo y tridente, y Satanás realiza de vez en cuando alguna obra de caridad.

Acerca de los autores: Raquel Sequeiro & Carlos Enrique Saldivar

Better to explode than fade out - Sergio Gaut vel Hartman & Alejandro Bentivoglio


Decidió que lo sagrado no podía encarnarse y que entonces había que pensarse otra religión. Algo más etéreo que nunca pudiese solidificarse. Se entregó por completo al arte del aire puro, de los estados abstractos y de los gestos.
Corrió por todos lados, acelerando y desacelerando, trazando todos los caminos imposibles. 
El nirvana le llegó bajo la forma de una combustión espontánea. Sus cenizas quedaron esparcidas en la nada.
Hubo escépticos, pero el silencio posterior a cualquier risa, a cualquier ruido, era la consumación de su doctrina.

domingo, 24 de agosto de 2014

El rey de la Patagonia – Luciano Doti


Tomando coñac en Francia, Orélie lo planeó todo. Iría a la zona austral de Sudamérica, y sería proclamado rey de la Araucanía y la Patagonia. 
El viaje lo hizo cargado de sueños y proyectos; instauraría una monarquía constitucional; estaba seguro de que los aborígenes lo amarían.
Al llegar, se encontró con una región inhóspita y poca acogida para sus ideas que, entonces, ya parecían delirios.
Las autoridades lo declararon insano y fue deportado.
De regreso en Francia, Orélie pensaba: “A pesar de que otros crean que mi aventura fue un fracaso, yo supe ser un rey. Así que, por más que me llamen loco, ¿quién me quita lo bailado?”. Y volvía a tomar el mismo coñac, que ahora sabía a triunfo.

Acerca del autor: Luciano Doti

Un diente del sistema (pinchazo a la anestesia) — Cristian Cano


Hay un germen que despierta y florece: una etapa en la que predomina hasta que despertamos. Sí, existen otras realidades. Mientras nos usan inconscientes, las otras formas siguen su curso. Dirección que, dicen, buscamos. Es lamentable, porque esta fuente está aplacada por la preocupación y el miedo: terror que transforma en alimento. Nos dan de comer. Si se logra germinar la posibilidad que llevamos encima, esas flores van a enseñar las intenciones más lindas. Entonces, el miedo seca. 
Ejemplo
¿Por qué, acá, conducimos tan mal y no respetamos las leyes? Esta misma persona, en otro país, es un conductor ejemplar que asevera: ¡Ah, ahora sí! Recuerdo que las normas dan forma al respeto por los demás, acá y en cualquier otra ciudad: pequeño ejemplo de que las leyes funcionan. La inoperación nos pertenece. Enfoquemos en esto.

Acerca del autor: Cristian Cano