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lunes, 14 de noviembre de 2011

El paseo - Oriana Pickmann


Todos los días la misma rutina. La correa de cuero, la bolsita negra para no arruinar la higiene y el ornato del pueblo y uno que otro juguetito para divertirse en el parque. En fin, era lo de todos los días, mañana, tarde y noche. Quedarse saludando a algún amigo que se cruzaba en el camino, oler las flores, asustar a las palomas, rascarse contra un árbol, gruñir si se acercaba alguien desconocido o desagradable.
No sé por cuánto tiempo más pueda seguir haciendo esto. Él ya está muy viejo como para sacarlo a caminar, pero si no lo hago, se queda de pie frente a la puerta, mirándola, sin saber qué hacer, con una cara de tristeza que me parte el alma, con el sombrero y la bufanda en la mano, hablando consigo mismo.

Sobre la Autora: Oriana Pickmann

Imagen: Ukraine Sunflower Fields, de Laurazee en deviantArt

martes, 5 de julio de 2011

La palabra exacta – Oriana Pickmann & Javier López



Sabía que la había puesto en algún lugar, pero si algo destaca en casa es que no soy una amante del orden. ¿Quizá en el cajón de las metáforas? Fui a buscar y allí no estaba, solo encontré varias puestas de sol y un reguero de perlas. ¿En la estantería entre las metonimias? Tal vez incluso alguna me pudiera valer, pero no me terminaba de convencer algo que te lo cambia todo por solo una parte. Buscar entre las hipérboles lo descarté de antemano, sin llegar a abrir siquiera su gigantesco armario.
Y ya cuando menos lo esperaba, rápido como un fulgor, apareció el sinónimo de centella que había estado buscando. Lo había tenido todo el tiempo sobre mi mesa de trabajo.

Oriana Pickman
Javier López
imagen de Caín Santamaría

sábado, 11 de junio de 2011

Cuestión de principios - Oriana Pickmann & Javier López



El anuncio llegó a todos los rincones de la ciudad: habían puesto en venta la felicidad.
Todos, ansiosos por poseerla, corrían por las calles, tarjetas de crédito en mano, listos para adquirirla. Muchos habían hipotecado sus bienes, vendido sus coches, sus televisores, sus teléfonos móviles, o habían dejado incluso de comer durante días para poder adquirirla.
Cuando llegaron al lugar del anuncio, quisieron saber el precio. Ese detalle no estaba en la publicidad. Y la respuesta era simple: lo que cada cuál hubiera sido capaz de reunir.
Tras las entregas que hicieron los compradores, se anunció que el dinero se enviaría a los que nunca tuvieron casa donde dormir, coche para transportarse, televisores para mirar, teléfonos móviles para comunicarse... ni siquiera comida para llevarse a la boca.
Solo unos pocos supieron interpretarlo y se fueron de allí siendo felices. Los demás, se sintieron estafados.

Imagen de Clarita

domingo, 27 de marzo de 2011

Talento natural - Oriana Pickmann


Practicaba para ser el fantasma más aterrador del lugar. Pero todo le salía mal y, en vez de susto, provocaba risas.
Al pronunciar el conocido “Buuuuuu...”, se le quebraba la voz como a un adolescente. Si quería arrastrar cadenas, se enredaba con ellas y, se escuchaban pequeños “Aish, aish... que me caigo”. También intentó mover las cosas en el aire, pero lo único que logró fue que el dueño le agradeciera por llevarle los platos sucios a la cocina.
Ya estaba más que harto de que lo único que obtuviera fueran carcajadas. Sus colegas del inframundo se burlaban de él y, por más que hiciera lo imposible, que se esforzara y tratara de mejorar en sus artes asustatorias, el fantasma de Tartalito, el payaso, nunca lograría cambiar su propósito en la vida... y, aparentemente, tampoco en la muerte.

Oriana Pickmann

martes, 1 de marzo de 2011

Mínimos - Oriana Pickmann


Él se llamaba Expedito. Ella, Benita.
Su relación estaba basada en el cariño. Era casi imposible escuchar una conversación en la que faltaran los diminutivos.
—Cariñito, ¿tienes hambrecita? ¿Quieres que te prepare comidita?
—Uy, vidita mía, me has leído los pensamientos. Traigo un apetito...
Incluso para las cosas más simples, los mimos se transmitían con palabras.
—¿Qué tal te fue en el trabajito, amorcito mío?
—Este jefecito nuevo, va a acabar con todos nosotros. Nos está haciendo la vida a cuadritos.
Con el transcurrir de los años en común, la rutina fue haciendo espacio para el aburrimiento y, este último, para el fastidio.
Después de la última pelea que tuvieron, en la que los insultos y uno que otro plato roto marcaron el final de la relación, ella decidió marcharse.
—¡Maldito! —exclamó, tirando un portazo tras de sí.

sábado, 5 de febrero de 2011

Ciberótico – Oriana Pickmann & Sergio Gaut vel Hartman


Decidí, sin inspiración alguna, ponerme a escribir. Mis dedos se deslizaron sin ningún tipo de ritmo por el teclado, pero siempre suavemente. Y aunque tenía las manos frías, mi computadora empezó a gemir, haciéndome notar que disfrutaba. Aparentemente, yo estaba presionando las teclas correctas, ya que no tardé en advertir que ciertas palabras, que no eran las que estaba escribiendo, se hilvanaban formando una secuencia coherente.
—Soy tu puta, tu sucia esclava; destrózame, párteme al medio.
Sin embargo, este fantástico curso de los hechos, provocado por la erotización de mi equipo, no fue nada comparado con lo que ocurrió cuando mi esposa entró a mi estudio sin golpear y leyó lo que aparecía escrito en el monitor.
Hace tres meses que estoy separado; mi mujer nunca creyó mi versión de los hechos. Para colmo de males, mi computadora conoció a un ordenador de la OEA y acaba de abandonarme.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Clarividente - Oriana Pickmann



Entré. Allí estaba ella, sentada, haciendo lo suyo. Por un segundo cruzamos nuestras miradas, tiempo suficiente para que ella adivinara cuáles eran mis intenciones.
—Léame la fortuna —le pedí.
—Setecientos cincuenta y nueve euros —respondió.
—Gracias —le dije, y salí del banco.

jueves, 19 de agosto de 2010

En la consulta - Oriana Pickmann


Luego de varios meses de exhaustivas pruebas y de haber pasado muchas horas echado en el diván, el diagnóstico le fue dado claramente.
―Es usted esquizofrénico ―dijo el galeno.
―Desearía una segunda opinión ―reprobó el paciente.
―Ciertamente. También es paranoico —replicó el psiquiatra.

Imagen de ~key-0

sábado, 2 de enero de 2010

El hallazgo - Oriana Pickmann


La expedición “Ares II” llegaba, finalmente, al planeta rojo. El equipo estaba conformado por los más prestigiosos científicos y paleontólogos. En el viaje predecesor, habían encontrado unas huellas extrañas sobre la superficie marciana, lo que suponía un importantísimo hallazgo para la humanidad.
Los paleontólogos confirmaron, tras detenidos estudios, que aquellas huellas debían pertenecer a un dinosaurio. ¿Era posible? Durante siglos se habían buscado indicios de vida microscópica sin éxito, y de repente se encontraban huellas de un animal gigantesco que, de confirmarse su autenticidad, echarían abajo todas las teorías sobre la vida en la galaxia.
Durante meses investigaron, cavaron, observaron y midieron. Cuando ya casi habían perdido las esperanzas de toparse con algo más que explicara este importante descubrimiento, uno de los científicos advirtió una inscripción sobre una roca que pareció aclararlo todo. Firmaba un tal Monterroso que, al parecer, cuando ellos llegaron, ya había estado allí.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Culpable - Oriana Pickmann


El acusado, ciudadano de nacionalidad lituana, con residencia ilegal en nuestro país, espera su sentencia. Había atropellado, la noche del sábado, a dos ciclistas en acción temeraria e imprudente. Conducía, en total estado de ebriedad, un vehículo robado sin haber aprobado el examen de manejo. Se le procesaba, en la sala de delitos ambientales, por no haber usado gasolina sin plomo en el automóvil en cuestión.

lunes, 31 de agosto de 2009

Insomnio de vigilias - Rafael Vázquez & Oriana Pickmann



Insomnio de vigilias - Rafael Vázquez & Oriana Pickmann

Suena el despertador, pero por más que lo busco no consigo encontrarlo. Siento que tratan, inútilmente, de traerme de vuelta a este mundo, pero mis ojos y mis oídos permanecen irremediablemente llenos de sueños. Minutos, horas narcóticas que pasan, mientras busco mi cuerpo y el de los demás a tientas, escuchando que me gritan, que me llaman, que me sacuden, intentando vanamente devolverme al otro lado de los ojos. ¿Qué hilo de Ariadna puede servir para hallar el camino que conduce a la vigilia? ¿Qué sendas interiores debo recorrer para encontrar, finalmente, los ansiados despertares?
El único camino posible es el de la rutina y el olvido. Sólo quien se pierde en sus redes, idénticas en la vigilia y en el sueño, encuentra la realidad.

sábado, 8 de agosto de 2009

Ritual - Oriana Pickmann


Ritual - Oriana Pickmann

Suenan los tambores. La tribu TundeKh’e sabe que eso sólo puede significar una cosa. Guerra. Presas de un ansia antigua, parten quienes combatirán en esta lucha a muerte. Se despiden de sus hijos y así, caminan entre la espesa selva, con los cinco sentidos puestos en ser fiera y no presa.
El cuerno ceremonial se hizo oír en la zona KunteTh’o. Era tiempo de enfrentarse hasta perder toda la sangre. Salieron bajo la luz de la luna, pisando los caminos mil veces recorridos, con el mismo fin, el mismo propósito. Pelea, muerte, gritos, choque.
Y en este combate carnal, ambas tribus se entrelazaban, se mezclaban en una masa de sudores y gemidos. Las voraces TundeKh’e, los salvajes KunteTh’o, tratando de engendrar nuevos guerreros que repitan el rito.

viernes, 7 de agosto de 2009

Reincidencia - Oriana Pickmann


No recuerdo lo que hice anoche. No entiendo por qué viene usted a interrogarme, a hurgar en mi interior. Sí, ya sé que tengo tierra y quizá otro tipo de materias orgánicas bajo las uñas. Sé también que estoy completamente magullada, que tengo hematomas y la cabeza rota, como si hubiera luchado. Soy más que consciente de que algo sucedió entre las diez y las doce de la noche en ese lugar y, obviamente, estuve allí. No, no creo haber visto la cara de la otra persona. Tampoco sé qué tipo de armas se usaron, o si las hubo. No creo poder responder a sus preguntas, por más que quiera, por más que lo intente.

Espere, ¿qué hace? Está bien que yo esté echada en esta camilla, totalmente inerte y fría, pero eso no significa que usted tenga permiso de cometer el mismo crimen que me trajo aquí.

jueves, 16 de julio de 2009

Nocturno - Oriana Pickmann


Era un virtuoso. Nadie podía arrancarle notas más vivas al instrumento como lo hacía él.

Lograba interpretar, como en una herida abierta, los más intensos tonos del dolor. Hay quienes dicen haber visto una nube azulina en la sala mientras él interpretaba melodías tristes de amor. Muchos lloraban por sus amores de vidas pasadas, por sus caricias perdidas, por los besos nunca entregados. Las lágrimas se convertían en notas para su partitura. Y él tocaba, tocaba sin parar, como nadie. Con toda la pena que su alma cargaba, tocaba. Se deshacía, pues él también lloraba notas en sus pentagramas. Sonidos melancólicos y profundos, como de submarinos en celo, como de cisnes enamorados.
Algunos afirman que se fue desvaneciendo con su música. Le vieron desaparecer. Se llevó la tristeza ajena consigo. Nunca se supo qué instrumento era.


Tomado de: http://www.nuncaessiempre.blogspot.com/

viernes, 26 de junio de 2009

Al Origen - Oriana Pickmann


No entiendo por qué no funciona. Nadie me había explicado que sería así de difícil. Bueno, en realidad, nunca pregunté, sólo cogí la nave y regresé cincuenta años en el pasado. Ya estaba harto de mi vida. Todos los días la misma rutina, la misma patética película, una y otra vez. Hasta que decidí que lo mejor sería borrar todo de raíz.

He vuelto en el tiempo para asesinar al niño que fui, para autoeliminarme. Este mocoso que yace tibio y sin vida a mi costado es el décimo de hoy. Y no logro comprender por qué no desaparezco. Quizá deba volver cincuenta años en el futuro y leer más cuidadosamente, en mi manual de instrucciones de la fábrica ensambladora, de dónde exactamente vengo.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Fugaz - Oriana Pickmann


FUGAZ
Oriana Pickmann

Nació, en una explosión de luz y frío... ¿o quizá sería calor? En el espacio exterior da lo mismo quemarse con fuego o quemarse con frío. Nueva, brillante, constelada. Y con lo pesado que es transmitirse en la magnitud de su halo luminoso, mostrarse inmediatamente reluciente; decidió simplemente vagar, encontrar un sitio dónde ubicarse para poder ser. 
“Quiero que Esteban se enamore de mí”, pedí al verla pasar, al atraparla en esta noche helada. 
Obtuvo sombra, obtuvo destello, obtuvo un deseo.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Alevosía - Oriana Pickmann


ALEVOSÍA
Oriana Pickmann

Ocúltate, no te vayan a ver. No te olvides de borrar toda evidencia, todos los mensajes, que no se registre la última vez que estuviste en línea, ni cualquiera de las otras veces, no quieres que yo me entere de cómo es que me has clavado el puñal en la espalda. Aparécete más tarde, cuando yo esté durmiendo. La traición ha sido realizada con éxito, tú no me ves a los ojos… y quien recibe tus mensajes tampoco.
Ladrón que roba a ladrón, dicen; yo me sigo desangrando.