
Todos los días la misma rutina. La correa de cuero, la bolsita negra para no arruinar la higiene y el ornato del pueblo y uno que otro juguetito para divertirse en el parque. En fin, era lo de todos los días, mañana, tarde y noche. Quedarse saludando a algún amigo que se cruzaba en el camino, oler las flores, asustar a las palomas, rascarse contra un árbol, gruñir si se acercaba alguien desconocido o desagradable.
No sé por cuánto tiempo más pueda seguir haciendo esto. Él ya está muy viejo como para sacarlo a caminar, pero si no lo hago, se queda de pie frente a la puerta, mirándola, sin saber qué hacer, con una cara de tristeza que me parte el alma, con el sombrero y la bufanda en la mano, hablando consigo mismo.
Sobre la Autora: Oriana Pickmann
Imagen: Ukraine Sunflower Fields, de Laurazee en deviantArt