
El cazador tensó el arco, respiró hondo; el secreto estaba en la respiración. “Que el disparo te sorprenda”, oyó decir a su instructor en la cabeza. El cervatillo levantó la vista asustado y comenzó a correr.
―Debo pensar más bajo– se dijo y volvió a dormir.
―Debo pensar más bajo– se dijo y volvió a dormir.
Tomado de Apología de los Miedos



















