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viernes, 19 de septiembre de 2008

¡Ése soy yo! - Ramón Gómez de la Serna


¡ÉSE SOY YO!
Ramón Gómez de la Serna

Cuando vi sacar aquel cadáver del agua, grité: —Ése soy yo... Yo. —Todos me miraron asombrados, pero yo continué—: Ése soy yo... Ése es mi reloj de pulsera con un brazalete extensible... Soy yo. ¡Soy yo!... ¡Soy yo! —les gritaba y no me hacían caso, porque no comprendían cómo yo podía ser el que había traído el río ahogado aquella mañana.

Ilustración: M.C.Escher

lunes, 15 de septiembre de 2008

La cleptómana - Ramón Gómez de la Serna


LA CLEPTÓMANA
Ramón Gómez de la Serna

Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.
Es esa una cleptomanía corriente, sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo reyes que cambiaron las de oro por otras de símil oro, para evitar que se llevasen el costoso "recuerdo de S. M."
Poseía cucharillas de los mejores hoteles del mundo, de las casas más nobles —con el escudo en el agarradero—, y hasta algunas arrancadas a las colecciones napoleónicas.
Un día, sin poder resistir mi curiosidad, le pregunté que se proponía almacenando tantas cucharillas. Entonces la cleptómana me dijo en voz baja: —Vengarme del mundo... Dejarlo sin una cucharillas... Que muevan el café con tenedor.

lunes, 8 de septiembre de 2008

El automovilista listo - Ramón Gómez de la Serna


EL AUTOMOVILISTA LISTO
Ramón Gómez de la Serna

Era dueño de un gran automóvil que se deslizaba majestuoso por las calles, pero no tenía gasolina.
Había procurado sustituir la gasolina con cuantas porquerías tuvo a su alcance, zumo de cáscaras de naranja, agua caliente con mezcla de aguardiente matarratas, agua con lejía..., pero el automóvil se resistía a marchar.
Era el verdadero dueño de automóvil completamente tronado, pero como era muy listo, se hizo el plano combinado de las cuestas de la ciudad y combinando sus calles a nivel de sus calles en pendiente. Se preparaba un largo viaje en rampa que le permitía lucirse a través de un extenso escalonado de la ciudad, imitando después la avería y subiendo arrastrado por un burro el violento calvario que le devolvía a su casa, por la cuesta más corta.

Ilustración: M.C.Escher (Periodo Italiano 1922 - 1935)

sábado, 2 de agosto de 2008

El contagio de los géneros - Ramón Gómez de la Serna


EL CONTAGIO DE LOS GÉNEROS
Ramón Gómez de la Serna

Aquel que olía todos los días en la tienda de loza el recochado de los cacharros se fue convirtiendo en botijo, su mujer en sopera y la niña en jarrita.
Tan de loza eran que todos murieron de caídas. Todos se rompieron el día menos pensado.

De Trampantojos.

jueves, 17 de julio de 2008

Choque de trenes - Ramón Gómez de la Serna


CHOQUE DE TRENES
Ramón Gómez de la Serna

El choque de trenes había sido terrible, violentísimo, sangriento. Nadie se explicaba como había podido suceder. Todas las señales habían sido hechas y las agujas habían funcionado bien.
Nadie se lo explicaba, pero era bien sencillo. Las dos máquinas, llenas de una ferviente sensualidad, se habían querido montar. Estaban cansadas de verse de lejos y de no verse en el vértigo de los cruces, cuando más cerca estaban; estaban cansadas de llamarse con pitidos, de desearse con nostalgia; y como el celo de las máquinas es mayor que el terrible celo de los elefantes y los camellos, se habían querido montar, pero precisamente su celo, por lo terrible y lo impetuoso que es, es catastrófico y final.

De Caprichos.

lunes, 7 de julio de 2008

El que se los comió - Ramón Gómez de la Serna


EL QUE SE LOS COMIÓ
Ramón Gómez de la Serna

Parece que ha habido un hombre de instintos temerarios que se ha comido unos senos de mujer, como se comen unas naranjas sin mondarlas ni repartirlas en gajos, sino mordiéndolas y chupando.
Quizá unos senos comidos con el valiente apetito con que se podría realizar ese acto, sepan a ancas de rana o cosa por el estilo. ¿Y su pezón? Su pezón debe saber como el tostado pezón de los panes que acaban en punta, en una punta exquisita.
También parece que algunos senos deben saber a guayaba.

jueves, 26 de junio de 2008

El gato que vuela - Ramón Gómez de la Serna


EL GATO QUE VUELA
Ramón Gómez de la Serna

Al gato que vuela no lo suelen ver más que los trasnochadores impenitentes, y eso si no pierden de vista la perspectiva de los tejados. El gato que vuela no es que vuele seguido en el cielo de la madrugada, porque entonces sería un gran murciélago, sino sólo hace una cosa: que salta de alero en alero atravesando la calle, como si volase. Como los naturalistas nunca andan por las ciudades de cuatro y media a cinco de la madrugada, no han podido anotar ese salto maravilloso —más vuelo que salto— que engatuña el cielo delirante en el entrevero de la noche y el día.