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miércoles, 22 de octubre de 2008

Gusanoides - Jorge Márquez Flores


GUSANOIDES
Jorge Márquez Flores

Somos como gusanos, cuya sección trasversal es nuestra forma tridimensional... “¿cómo?”, preguntabas, porque el sueño era preciso, mas su recuerdo era incoherente. Volteaste al pasado: percibiste tu cauda iniciar al nacer y serpear el espaciotiempo hasta el presente. Supiste la verdad: no soñabas. Percibías todo como criaturas tubulares o filamentos cuyas sinuosidades iban y venían por el mundo -simultáneamente, manzana y gusano-, por una cuarta dimensión: el Tiempo, hecho distancia. Pero... entonces... éste no existe, o percibes únicamente el pasado. El presente: la punta del gusanoide. Recordar, es contemplar secciones; recorrer su trayectoria congelada, inmutable. No puedes cambiar su forma, como no cambiarías el pasado. ¿Por qué percibes esto ahora?, porque saliste de ese Tiempo, tu gusaneidad no crece más. Moriste. Tu conciencia regresó a un dueño desconocido. Y nuevas manzanas habrás de surcar.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 7 de octubre de 2008

La nave va - Jorge Márquez Flores


LA NAVE VA
Jorge Márquez Flores

Nunca hubo en los siete mares nave tan difícil de maniobrar, decían todos. Se negaba a navegar el rumbo dictado y los timones obedecían a regañadientes las exigencias de la tripulación. Pero por fin habían llegado a su destino, a contraviento y a pesar de tantos navíos a la deriva, tantos rumbos sin sentido y nadie para desembrollar semejante caos. Finalmente estaban emparejándose a estribor con aquel otro navío de interesante diseño aerodinámico. ¡Contacto! En adelante, todo marcharía casi en piloto automático. En toda la historia de la humanidad, pocos homúnculos habían tenido problemas en pilotear a un hombre y a una mujer durante la compleja travesía necesaria para llevarlos a las playas de la procreación. ¡Prepárense para el abordaje!, ordenó seriamente el Capitán.

lunes, 6 de octubre de 2008

Ser mujer de cabellos agitar - Jorge Márquez Flores


SER MUJER DE CABELLOS AGITAR
Jorge Márquez Flores

Tan largos eran sus cabellos, que algunos decían: “indudablemente es Rapunzel”. Y sus ideas tan cortas, que otros aseguraban: “definitivamente no es Einstein”. Los agitaba a voluntad, uno a uno, o todos a la vez, como haría Medusa con los suyos: serpientes. Pero los largos cabellos de Rapunznoeins eran finos, de apariencia normal, aunque caminaran por ellos sus pies. Trenzados, los empleaba como tirano látigo, o le servían para estrangular mediocres amantes. Cuando se soltaba el pelo, enloquecía al hombre con cien mil caricias sedosas y lo envolvía toda la noche para convertirlo en mariposa o polilla. Podía ondular su pelo en armonía con su respirar, evocando oleajes, cascadas y sinuosas telas de femenino tacto. Unos le temían, otros la idolatraban...
“Conozco bien tu Némesis”, le advirtió un día, con voz cascada, un hombre débil y calvo.

sábado, 4 de octubre de 2008

El velero y las estrellas - Jorge Márquez Flores


EL VELERO Y LAS ESTRELLAS
Jorge Márquez Flores

Reinaban la noche y sus ojillos sin pestañear. Durante semanas seguiría el Sol a babor. La capitana estudiaba la espiral logarítmica del rumbo, alineando mapas con estrellas. Cuando giró el timón, aquellas rocas que evadió se convirtieron en puntos remotos al instante. Libró los arrecifes entre la Isla Bermellón y la gran Isla del Ojo Carmesí.
El velamen ya no se hinchaba como meses atrás. Los sensores “escuchaban” el crujir de mástiles, jarcias y aparejos. Mismos nombres que en veleros de la lejana Isla Azul. Pero a escala kilométrica. El viento solar callaría en la Heliopausa, donde dominan vientos interestelares. Entonces, el equivalente a remos agitaría, en vez de agua, al espacio mismo. La curvada trayectoria se estiraría hasta alcanzar el siguiente embudo gravitacional. A estribor brillaba, con creciente intensidad, la promesa de la costa del nuevo “Nuevo Mundo”: Alfa Centauri.

Ilustración: M.C.Escher (Early work 1916-1922)

lunes, 22 de septiembre de 2008

Houdini - Jorge Márquez Flores


HOUDINI
Jorge Márquez Flores

No he logrado abrir ningún candado de mis ataduras, y no puedo dislocar mis miembros para salir por la estrecha escotilla de esta reducida caja fuerte, cuya combinación ignoro. Está dentro de otra caja que tendría primero que abrir, y a su vez... Pero el agua ya me cubre por completo, desde hace dos, tres minutos. La superficie se encuentra, a quince minutos de vigoroso nado, sin contar con las pausas necesarias para la descompresión. En mi pesada caída, debo estar llegando al fondo, donde, si tuviera la remota suerte de salir, un cardumen de hambrientas pirañas venenosas aguarda mi supuesto escape. Pero todo lo tengo fríamente calculado para huir vivo de los múltiples encierros y amenazas: escapar de este cuento...

sábado, 20 de septiembre de 2008

Escritor - Jorge Márquez Flores


ESCRITOR
Jorge Márquez Flores

Érase un escritor, que breves cuentos hacía, aplicando su arte con esmero y placer. Los personajes de sus relatos contaban con alguna particularidad o talento, y actuaban con gran naturalidad y desenvoltura en la pequeña trama. Tenía él solamente que poner la pluma en el papel, y la historia casi por sí sola se narraba.
Sin embargo, aunque comenzaba muy bien sus manuscritos, tenía un muy grave defecto: quedaban con frecuencia inconclu...

Avances de la ciencia médica - Jorge Márquez Flores


AVANCES DE LA CIENCIA MÉDICA
Jorge Márquez Flores

—¡Mírala, qué lindura de niña! Tiene los mismísimos ojos de mamá Tara.
—Sí... y también, la nariz del tío Cleto.
—Y los largos y finos, finos dedos de la prima Lucrecia.
—¡Eh!... ¿reconoces esas orejitas?
—¡Claro!, son las de mi medio-hermano Melquiades.
—¡Seguramente tendrá la inteligencia de su abuelo!
—¡No! Te equivocas; tiene justo el cerebro de su papá.
—Ah...
—Pero... ¿sabías que tiene los riñones, pulmones y espinazo de la tía Matilde, que en paz también descanse?

Ilustración: M.C.Escher

jueves, 18 de septiembre de 2008

Incidente aduanal - Jorge Márquez Flores


INCIDENTE ADUANAL
Jorge Márquez Flores

El recién llegado abrió sus maletas para inspección aduanal. Era un sujeto alto que cargaba, enroscada al cuello y cubriendo sus hombros, una generosa estola —de su mujer, supongo; debía andar por allí—, pero al acercarme por su espalda, intentando identificar las pieles —¿Mink?—, vi algo moverse. Colgaban colas, como de lobo; reconocí entre el denso pelaje una pata... o más bien, una mano simiesca; al tocarla, se ocultó, apareciendo un tentáculo, el cuál me propinó minúsculos latigazos. El todo peludo trepó, reacomodándose en los hombros del pasajero, ocupado en explicar el contenido de sus maletas. Jalé un mechón de pelambre y el extraño animal se conmocionó; asomó brevemente algo lleno de ojos y colmillos, y emitió chillidos horribles, haciéndome saltar y gritar. El hombre se volteó y exclamó: —¡Deje usted en paz a mi esposa!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Las Galileanas - Jorge Márquez Flores


LAS GALILEANAS
Jorge Márquez Flores

Nada envidia Júpiter a Saturno, pues también posee anillos y además un aro transversal: plasma ionizado pivoteando entre sus polos, conectándolos con Io, fogosa luna de volcanes que, a cada latigazo del aro colosal, vomita sus entrañas y se voltea de adentro hacia afuera, cada tantos millones de años. Y está Europa, pálida, toda fracturada, o Calixto, pecosa y fría, dando la misma cara al gigante atigrado, y finalmente, Ganímedes, liviana y magnética. Cuatro lunas fieles al gigante planetario... Nada envidia, pues, Júpiter a Saturno.
Y nada envidio yo al cíclope de los satélites galileanos, pues como a él, me orbita un séquito de mujeres: una fogosa, extrovertida ayer, introvertida mañana, otra nívea, algo ya agrietada, una más, pelirroja apagada, mirándome sin cesar, y aquella otra, ligera y magnética...

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 16 de septiembre de 2008

Ganso Fénix - Jorge Márquez Flores


GANSO FÉNIX
Jorge Márquez Flores

Saqué los gansos de la canasta. Estaba por descabezar al segundo, cuando escuché un gemido. Sus ojos estaban entreabiertos, como los de los otros, pero algo me movió a observarlos atentamente: no tenían el aspecto vidrioso e inerte en los demás gansos, tenían algo... expresivo. Me estaban mirando y al girar la cabeza, siguieron mi vista. Solté espantada al ave; no podía creer que estuviera viva, le habían torcido el pescuezo hacía horas. No se movía, pero al tocarla sentí calor y percibí su débil respirar. La dejé encobijada en un cojín y llamé al veterinario, aunque tal vez pronto... Nos quedamos sin cenar, y nos quedaríamos sin dormir, hasta que el pobre animal...
—Sí, Pánfilo, ¡cuac!, ¡por poquito!... ¡Ah, pero hoy iremos todos a nadar!

lunes, 15 de septiembre de 2008

El pato al otro lado del muro - Jorge Márquez Flores


EL PATO AL OTRO LADO DEL MURO
Jorge Márquez Flores

Dos patos vuelan juntos, iguales, simétricos. Los alumbran durante el día dos soles; por la noche, dos lunas también. Cada uno se siente solo; de algún modo adivina que el otro pato no existe. Porque todas las cosas tienen aquí un doble. Se tocan sus picos, sus alas o sus patas; pero no se pueden amar y su conversación de graznidos es un dúo cantando un mismo soliloquio. Un muro invisible e interminable parte cielo y mundo en dos. Como un espejo, le da a cada pato —y al Sol y a la Luna y a todo— un falso compañero... y viceversa. En un mundo amurallado, donde solamente Narciso sería feliz, reflejos ambos uno del otro, dos patos vuelan solitarios...

Ilustración: M.C.Escher (Periodo Italiano 1922-1935)

domingo, 14 de septiembre de 2008

Planeta rojo - Jorge Márquez Flores


PLANETA ROJO
Jorge Márquez Flores

En un cielo terrestre de matices rosados, brilla Marte, rojo y callado. Moriré pronto. Ninguna medicina se fabrica ya. El polvo que respiro proviene de aquellas estalactitas y estalagmitas que crecen entre las cornisas de los edificios y el suelo. Son primero negras y luego anaranjadas. Tras una de aquellas densas lluvias, veo las obscuras gotas que terminan en sus puntas y que les dan sustancia, al coagularse. El sol dispersa la hematita por el mundo y el aire se enrarece, pues el polvo naranja lo absorbe.
Sí... los científicos lograron detener las espantosas tormentas de dinosaurios. Mas sigue condensándose entre las nubes su sangre, resultado de experimentos mal concebidos y mal abortados. Sepultan ciudades enteras kilómetros de carne putrefacta. Y rápidamente las olas de sangre se vuelven dunas de óxido de hierro. La Tierra, al igual que Marte, pronto brillará, roja y callada.

viernes, 12 de septiembre de 2008

¡Intra Torus!, ¡Extra Torus! (e vice versa) - Jorge Márquez Flores


¡INTRA TORUS!, ¡EXTRA TORUS! (E VICE VERSA)
Jorge Márquez Flores

Abres los ojos: oscuridad. Nada recuerdas. Suelo curvado, túnel rocoso. Va dando vuelta; espontáneamente susurras “¡Fiat lux!”: cae una lamparilla. “¡Abrete Sésamo!” Pero ningún sésamo se abre. Exploras la cueva; das una vuelta entera —dejaste marcas—, no es Laberinto de Teseo alguno, ni túnel helicoidal. Salida no habrá. Prisión toroidal, forma de dona. Ninguna compuerta secreta. “¿Cómo llegué aquí?”. Buscas tu pasado, hurgas tus ropas, encuentras un mensaje: ¡Extra torus Universitas intro versus! Todo oscuro. Suelo liso... ¡Luz! Reconoces tu laboratorio. Recuerdas todo: mago torpe, distraído... Te perseguían, te lanzaron hechizos amnésicos; pero tomaste una dona de tu merienda y pronunciaste presuroso: “¡tuti intra, intra tori tuti, extra Universitas versus!”, invirtiendo todas las donas de adentro hacia fuera respecto al Universo, no sin antes escribirte un recordatorio.
Te comes otra dona, mientras te preguntas dónde están tus persecutores...

Los ateos y el sobreviviente - Jorge Márquez Flores


LOS ATEOS Y EL SOBREVIVIENTE
Jorge Márquez Flores

Estamos condenados. Nos podemos ver, en una penumbra donde las sombras la noche pronto alcanzarán. Nosotros no. Con un esfuerzo, podríamos hablarnos, mas todo esfuerzo acerca a la muerte. Colgamos holgadamente del cuello y sólo nuestras manos, ya exhaustas, retrasan el ahorcamiento. Pronto vencerán cansancio y gravedad. El más débil gime al sofocarse: sus manos no lo sostienen ya. Calla. Su agonía lo hace oscilar, como el péndulo que ya no acompasará su corazón. ¿Seguirá aquel otro, manco? ¿La mujer embarazada, o su obeso esposo? O ambos, pues desgastan sus músculos al preferir tomarse de la mano.
Nos ejecutan porque no creemos en Dios. Aturdido y resignado, murmuro que yo sólo creo en mí… y entonces… ¡la soga de mi cuello se desata!

martes, 9 de septiembre de 2008

Gulliveriada - Jorge Márquez Flores


GULLIVERIADA
Jorge Márquez Flores

Ignorábamos cuántos eran… podíamos discernir multitudes desordenadas, enarbolando lanzas, antorchas y cargando primitivos artilugios de caza, especialmente cuerdas. Huíamos sin prisa por una cañada, pero fuimos acorralados como torpes presas: adelante nos emboscaba un ejército. Nos miramos calladamente, no quedaba más remedio que luchar. Ya habíamos visto esqueletos de humanos devorados por ellos. Mi compañera enfrentó a nuestros persecutores, mientras yo, a quienes bloqueaban el paso. Recibí en las piernas una flecha, otra y otra, y… perdí la cuenta… dolían, pero soportaría más, mientras no alcanzaran mi rostro. Los pisoteamos sin mayor compasión y continuamos nuestro paseo por esa isla de inhospitalarios aborígenes, cuya ambición, osadía y apetito eran inversamente proporcionales a su cerebro, seguramente más diminuto que el que debería corresponder a su liliputiense talla…

lunes, 8 de septiembre de 2008

Gourmet - Jorge Márquez Flores


GOURMET
Jorge Márquez Flores

Cayó en mi lengua lasciva la última gota. Su dulce sabor a sal se olvidó en mi paladar como un mar evaporado. Traté de exprimir todavía más la jugosa carne, convertida en un manojo de secas tripas. Pero el rojinegro vino que por azar quedaba, ya se había convertido en quebradizas manchas oscuras. Arrojé a un lado el corazón vacío y reventé entre mis dientes un ojo que parecía llorar todavía...

Ilustración: M.C.Escher (Periodo Italiano 1922 - 1935)

domingo, 7 de septiembre de 2008

The Man in the Shell - Jorge Márquez Flores


THE MAN IN THE SHELL
Jorge Márquez Flores

Repitió que era inútil buscar "al ser humano" en él: no lo había. Mi terquedad era demasiado humana y, contra toda lógica —la del tiempo—, escudriñaba en pos de evidencias, restos de su humanidad. Realicé una disección con la precisión que él predicaba. Diluí polímeros que animaban sus gestos. Desprendí cables y fibroespuma, extrayendo el armazón metálico. Lo examiné, imaginando desconocidos rasgos. Reflejaba mi ciborgcidad. Como en un fósil, no había materia ósea: lo constituían aleaciones que gradualmente reemplazaron al calcio, conservando la arquitectura porosa de la matriz morfológica. No era la bioquímica lo que revelaría el origen natural de aquella carcasa cefálica. Pero su forma era inequívoca: la de una calavera humana. Es así como hallé al ser humano enterrado en Cirilius-borg, mi maestro milenario.

Fotografía: J.V.Ortuño

jueves, 4 de septiembre de 2008

Misión - Jorge Márquez Flores


MISIÓN
Jorge Márquez Flores

Abajo todo cambia vertiginosamente, mientras vuelo, rebasando el sonido y haciendo gritar el aire a mi paso. Si tuviera alas, ya se habrían consumido y si mi piel fuera humana, ya sólo quedarían huesos descarnados. Inclusive el
hiperdiamante de mis ojos vibra, emitiendo suaves gemidos. Tras el horizonte nada logro ver, pero no es de noche: el cielo mismo se ha calcinado. Acelero. El aire se ioniza, mi cauda supersónica no provoca solamente truenos, sino que va sembrando relámpagos y traza cicatrices de azules llamas. Pero la velocidad me impide escuchar el estruendo de mi vuelo, o el que adelante me aguarda. Atravieso un doble huracán de fuego y en sus centros —mis destinos— se extiende una calma que no me tranquiliza. He llegado demasiado tarde: Sodoma y Gomorra son sólo cenizas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El primer tap estratosférico - Jorge Márquez Flores


EL PRIMER TAP ESTRATOSFÉRICO
Jorge Márquez Flores

No, no sabía bailar el tango, no. Tropezaba con sus propios pies y toda milonga lo regresaba al suelo, con ayuda de unas cuantas copas. Pero qué bien bailaba aquel tap del filme "Royal Wedding", donde Fred Astaire circulaba por muros y techo, pero sin girar el cuarto, como hacían para Fred, y sin cables ni zapatos especiales "whatsoever", exclamaba su amigo de Harlem, al verlo de cabeza, cara a cara, mientras ejecutaba tarantelas alrededor del candelabro, durante una boda siciliana, y saltaba, para "caer" en el techo, su piso. Lanzó su sombrero canotier, leal a su gravedad personal; entonces tropezó con un capitel, rodando y saliendo por la ventana. Fue el primero en bailar tap mientras atravesaba la estratósfera, techo del cielo.

miércoles, 23 de julio de 2008

El Hombre-Ciudad - Jorge Márquez Flores


EL HOMBRE-CIUDAD
Jorge Márquez Flores

¡Cuántos morirían por causa suya! Ignoraba que las criaturas que lo habitaban serían aplastadas, se ahogarían entre mareas de sudor, o arderían por la fiebre de su agitación. Nada de eso preocupaba al hombre-ciudad: sus pensamientos ocupaban la escala de su entorno inmediato y nada sabía de la existencia al nivel de su cuerpo mismo. Ignoraba que no envejecía; tampoco necesitaba comer, pues ellos lo reconstruían, a partir de las ruinas que dejaba su negligente actividad. Constituían su carne edificios imperceptibles para un Lilliputiense; calles y drenajes eran sus venas, y al deambular por el mundo, mantenía aquel otro en constante vaivén. Y aunque los conociera, ¿qué importancia tenían seres insignificantes, que jamás vería o escucharía, mientras hacía el amor a una mujer-ciudad?