… Plinio dice haber visto un Hipocentauro, conservado en miel,
que mandaron de Egipto al emperador. En la Cena de los siete sabios,
Plutarco refiere humorísticamente que uno de los pastores de Periandro,
déspota de Corinto, le trajo en una bolsa de cuero una criatura recién nacida
que una yegua había dado a luz y cuyo rostro, pescuezo y brazos eran humanos
y lo demás equino. Lloraba como un niño y todos pensaron que se trataba
de un presagio espantoso. El sabio Tales lo miró, se rió y dijo a Periandro que
realmente no podía aprobar la conducta de sus pastores.
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miércoles, 18 de junio de 2014
martes, 16 de junio de 2009
Odín - Jorge Luis Borges y Delia Ingenieros

Se refiere que a la corte de Olaf Tryggvason, que se había convertido a la nueva fe, llegó una noche un hombre viejo envuelto en una capa oscura y con el ala del sombrero sobre los ojos. El rey le preguntó si sabía hacer algo; el forastero contestó que sabía tocar el harpa y contar cuentos. Tocó en el harpa aires antiguos, habló de Gudrun y de Gunnar y, finalmente, refirió el nacimiento de Odín. Dijo que tres parcas vinieron, que las dos primeras le prometieron grandes felicidades y que la tercera dijo, colérica: "El niño no vivirá más que la vela que está ardiendo a su lado.Entonces los padres apagaron la vela para que Odín no muriera. Olaf Tryggvason descreyó de la historia; el forastero repitió que era cierto, sacó la vela y la encendió. Mientras la miraban arder, el hombre dijo que era tarde y que tenía que irse. Cuando la vela se hubo consumido, lo buscaron. A unos pasos de la casa del rey, Odín había muerto.
miércoles, 6 de agosto de 2008
La trama - Jorge Luis Borges

LA TRAMA
Jorge Luis Borges
Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito,
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.
De El Hacedor.
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