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lunes, 26 de noviembre de 2012

Cuento de hadas - Daniel Frini


En la oscuridad, a la Chuni el miedo le duele más que el hambre. Está en cuclillas sobre el colchón que huele a sudores viejos; la espalda contra la pared sin revoque y los brazos rodeando sus piernitas flacas, por sentir algo que aplaque el vacío del pecho. La Sonia le dijo que para los catorce la llevaría al cine; y le contó del castillo, la princesa, el dragón y el príncipe. Hicieron catorce y la Chuni no fue al cine; pero imagina que ella es la princesa, y la pieza es el castillo. Sabe que los de afuera son peores que dragones y no espera príncipe sólo por no saber para qué; pero sí a su mamá, que venga a rescatarla de tanto miedo, y golpes y mugre.
La puerta se abre y aparece mamita:
―Pasá Cholo. Cuando salís me dejás la plata en la mesa.

Acerca del autor: Daniel Frini

sábado, 10 de diciembre de 2011

Piedras y piedritas - Daniel Frini


En soledad, alrededor del sol, gira el Asteroide Zadunaisky, Una gran piedra de más de cuatro mil millones de años. Un poco por debajo de su Norte hay un gran cráter de unos diez kilómetros de diámetro, originado por el impacto de otra piedra en épocas remotas. Dentro de él, hay otros cráteres más pequeños y, lógicamente, más nuevos. Uno de ellos, bastante curioso debido a su forma elíptica, se formó por el choque de otra piedra hace unos cincuenta millones de años. Allí, sentado con la espalda apoyada sobre el borde de acresión, hay un astronauta. Su casco muestra un agujero de bordes limpios, consecuencia de otra piedra del tamaño de un garbanzo que lo atravesó de lado a lado. Está allí desde hace unos seiscientos mil años. En su pecho, quemada por una larguísima exposición al Sol cercano, puede verse una insignia de la Unión Soviética.

Acerca del autor: Daniel Frini

lunes, 27 de junio de 2011

La pequeña muerte - Daniel Frini


Soñó con una mujer hermosísima. Tan hermosa que hacía doler los ojos. Soñó con una ternura infinita y con el amor más suave. Sonó que se quemaba al entrar en ella y que la mujer lo abrazaba con sus piernas doradas. La lengua roja dibujaba los oídos del hombre y las lágrimas de ella lo mojaban entero. Soñó con música de campanas.
―Levantate, infeliz —dijo la esposa ―¿No escuchás el despertador, tarado? ¿O me va a decir el señor que anoche quedó extenuado? A ver si la próxima le ponés más ganas, inútil. Otra vez tuve que levantarme al baño cuando te dormiste, y terminar el trabajo yo sola.

Sobre el autor: Daniel Frini

miércoles, 20 de abril de 2011

Código secreto - Daniel Frini


Temprano en la mañana, el enemigo descifró nuestros códigos. Lo supimos cuando Colina Cuatro desapareció quemada por el napalm. Quedamos aislados de nuestro comando y en posesión de información valiosísima: las coordenadas del Headquarter enemigo. La idea fue de Sánchez. Su compadre, Zapata, estaba en el Puesto Catorce, a media altura de la Colina Ocho. Sanchez sabía que el otro lo estaría mirando con sus prismáticos. Levantó apenas la cabeza y tiró un beso; luego cerró ambos ojos, hizo una mueca con su boca hacia la izquierda y guiñó su ojo derecho. El centro de comando enemigo desapareció bajo un impacto directo siete minutos después. Qué grandes los compadres, por eso nunca nadie les pudo ganar al truco.

Sobre el autor: Daniel Frini

martes, 12 de abril de 2011

Queronea - Daniel Frini


Adelante estaba Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia, y sus hetairoi. Aquí estábamos nosotros, el Batallón Sagrado: ciento cincuenta parejas de amantes, todos hombres, dispuestos a dar la vida, sin contemplaciones, por nuestro compañero amado y por nuestra querida polis de Tebas. El río Kephissós corría, tranquilo, a nuestra derecha con sus aguas buscando el lago. Ese día lo teñimos de rojo. Fuimos trescientos de a pie contra mil ochocientos jinetes. Tres oleadas de caballería mandó Alejandro. Las dos primeras inutilizaron nuestros escudos y la tercera tuvo que matarnos para superarnos.
Mi amante y yo, fantasmas, continuamos buscándonos entre el río y las colinas. El Kephissós sigue su marcha. Nunca nos iremos con él.

Sobre el autor: Daniel Frini

martes, 29 de marzo de 2011

Qiangyan Wang - Daniel Frini


La nieta de Chi era hermosa. Se llamaba Redecilla Para Atrapar Miradas y cuentan que su pestañeo provocaba tifones en el mar de la China. Todos la amaron. Sólo un hombre fue capaz de estremecerla. Nadie la poseyó jamás. Los Contadores de Historias dicen que no murió. Cuentan que se esfumó en la nieve cierto invierno que se prolongó demasiado.

Sobre el autor: Daniel Frini

Imagen: Boats and Birds, de Amouse en deviantArt

lunes, 21 de marzo de 2011

Tratado acerca de cómo levantar minas (o explicación sobre la superabundancia de los Pérez) - Daniel Frini


―Una palabra ―me dijo el gordo.
—Dale, decímela, no seas así.
―Decís la palabra y las turras se mean por vos.
—¿Denserio?
―Posta. Es un secreto que se trasmite de padre a hijo. A mí me la enseñó mi papá cuando cumplí los nueve. Por eso los Pérez somos muchos. No necesitamos levantar minas. Yo veo una mina que me gusta, me le acerco y le digo al oído la palabra; y ya está.
—¿A si? ¿Y porqué tu tío Pedro es soltero?
―Porque quiso. Además no hacía falta. Ya te dije que somos muchos Pérez.

Sobre el autor: Daniel Frini

sábado, 26 de febrero de 2011

Vengo a pedir la mano de Valeria - Daniel Frini


―Ejem —carraspeó Julián―. Don Esteban, vengo a pedir la mano de su hija.
—¿Cuál?
―Valeria, Don Esteban.
—No. Pregunto cuál mano ¿La izquierda o la derecha?
―¿Qué diferencia hay?
—Valeria es zurda. La izquierda es un poco más fibrosa, menos tierna.
―Entonces, deme la derecha.
—Ta bien ¿Tiene en qué llevarla?
―Traje la bolsa de los mandados.
—No. Va a dejar un reguero de sangre. No se haga problema. Se la pongo en una bolsita de nailon, con hielo ¿Algo más?
―No, gracias.
—¿Probó el muslo de mi otra hija, la Jimena? Nada de grasa.
―No, está bien así. Sólo quiero la mano para un caldito…
—¿Y la pechuga de la patrona? Algo dura, pero abundante.
―Así está bien ¿Cuánto es?
—Espere que la corto y se la peso. Ta barata. Cincuenta el kilo. Y la próxima vez llámeme y se la mando. Ahora tenemos delivery.

Sobre el autor: Daniel Frini

sábado, 19 de febrero de 2011

Comida Sagrada para los Días Santos - Daniel Frini


—¡Vieja!
—¿Qué?
—¡Se quema la comida!
—¡Estoy en el baño! ¡Revolvé vos el puchero!
Él se acercó a la cocina, tomó una cuchara de madera y la metió en la olla. Apenas la movió; entre papas, zanahorias, trozos de tomate, arvejas y ciboulettes; apareció un pequeño antebrazo y una manito izquierda, que parecía saludarlo. Luego asomó un piecito, un muslo, medio tórax, marcado con una sierra para mejor trozarlo una vez cocinado y un ojito. Los bebés humanos son riquísimos preparados según la receta de la antigua tradición.

Sobre el autor: Daniel Frini

Ilustración: Tomado de Pablo Bassani Fioravanti

lunes, 29 de noviembre de 2010

El lobito mentiroso - Daniel Frini


A la quinta vez que el lobito gritó «¡Viene el hombre! ¡viene el hombre!» la manada, furiosa, decidió ignorarlo. Diez minutos después, el lobito era huérfano y no quedaba nadie vivo en su clan. Pasó toda su vida arrepentido de aquella mentira que creyó sólo un juego, y despreciado por sus semejantes. Al final de sus días tuvo la oportunidad de revindicarse cuando atacó a un gran rebaño que pastaba en la ladera de la colina. Satisfecho consigo mismo, todo manchado de sangre y somnoliento, descansando a la sombra de un grupo de álamos después de haber matado más de cuarenta ovejas, se preguntó porqué los hombres no protegieron a sus animales, a pesar de que el pastor que actuaba de vigía gritó varias veces «¡Viene el lobo! ¡viene el lobo!»

Sobre el autor: Daniel Frini

jueves, 25 de noviembre de 2010

Tiempo Loco - Daniel Frini


—Tiempo loco, ¿no cree vecino? —dijo la oruga desde una rosa.
—Hoy llueve, mañana hay viento, pasado nieva, y después nos fríen cuarenta grados a la sombra —acotó el ciempiés, desde un aloe—. La culpa es de la mariposa del gladiolo del otro cantero. Cada vez que mueve sus alas, la muy estúpida estropea el fin de semana.

Sobre el autor: Daniel Frini

viernes, 10 de septiembre de 2010

Talismanes - Daniel Frini


Pata de conejo; relicario con una astilla de hueso de la mano izquierda de San Macario mártir; genio en la botella —quizá el mismo que obnubiló a Aladino—; herradura de siete agujeros que perdiera Babieca en una escaramuza durante el largo sitio de Valença; trébol de cuatro hojas encontrado en la base de los Highlands escoceses, en la primavera de mil novecientos noventa y tres; canto rodado con la runa Eoh grabada en él, hallada en las orillas del Liger, cerca de donde éste se vierte en el Atlántico; un viejo talit, descolorido, que según la tradición perteneciera al mismísimo Rabbí Moshe ben Maimón; escapulario de la Inmaculada, de un azul desvaído; ta’weez que usó el muftí Ahmad ibn Adam cierta vez que se quebró tibia y peroné; grigrís que preparara un Babalorixá de Pernambuco; eguzki-lore robada de un caserío de Barakaldo, los ocho ashta mangala del budismo vajrayāna.
No hubo caso. Fueron al alargue y después perdieron por penales.

Sobre el autor: Daniel Frini

lunes, 6 de septiembre de 2010

De cuentos V - Daniel Frini


—¡Ya van a ver cuando sea grande, manga de pelandrunes! ―decía el Patito Feo, llorando, ante las carcajadas de sus hermanos. Ya se sabe lo crueles que pueden ser los niños.
Al crecer, todos dejaron la laguna materna para conocer otras; con buena suerte algunos, mejor los demás.
El Patito Feo no. El se quedó en su «terruño», donde al menos lo conocían. Ya no se burlan de su aspecto y, por cansancio, se ganó cierto respeto. Sólo de tanto en tanto algún patito nuevo se asusta. Quedó pato, quedó feo. Jamás fue bello, jamás fue cisne.

Sobre el autor: Daniel Frini

domingo, 29 de agosto de 2010

El efecto Chuang Tzu - Daniel Frini


Chuang Tzu, en Pekin, soñó que estaba enamorado de Li Pei y que en su estómago una mariposa agitaba sus alas, provocando un huracán al otro lado del mundo, tan enorme que llegó hasta la China entreverándolo todo, de manera que Tzu se mezcló con su sueño; y ahora el pobre no sabe si es él, la mariposa, si está enamorado de Pei o de su hermana, o las odia a las dos; si está en Pekin, en Nueva York o es, quizá, el que está leyendo esto y espera, desesperadamente, que alguna mariposa lo despierte.

Sobre el autor: Daniel Frini

domingo, 15 de agosto de 2010

Soledades - Daniel Frini


Cerró los ojos y trató de pensar en algo hermoso por sobre el ruido atronador que se acercaba a pasos agigantados. En su mente se comenzó a formar una imagen borrosa, oscura, pero que se auguraba bella. Adivinó una flor a orillas de un arroyo, una nube, un pájaro. No tuvo tiempo para nada más. El tren le pasó por encima.

Sobre el autor: Daniel Frini

viernes, 13 de agosto de 2010

El fin del idilio - Daniel Frini


Yo estaba fervientemente enamorado de ella. Era tan perfecta, que hasta tenía defectos —los mínimos, justos y necesarios—. Pero al fin y al cabo, lo nuestro no pudo ser. ¿Porqué, me pregunto, mi amor por ella tenía que ser correspondido?

Sobre el autor: Daniel Frini

martes, 6 de julio de 2010

De cuentos IV - Daniel Frini


Después de que Feroz intentara derribarle la casa y de salvar a sus dos hermanos, el tercer cerdito vio el filón: construye condominios que alquila a los lobos. Los hace de ladrillos, es verdad, pero con materiales de segunda. Son húmedos, fríos y oscuros. Los lobos viven hacinados. Ahora es un cerdo burgués que se aprovecha de la crisis y cobra, religiosamente, las rentas.

Sobre el autor: Daniel Frini

lunes, 28 de junio de 2010

¡Son todos inventos! - Daniel Frini


¡Se lo digo yo! ¿Que invadimos la Tierra? ¡Ja!. Es una cortina del gobierno, para disimular el verdadero problema de la falta de agua acá en Marte. Nunca salimos de este planeta. Las fotos y los videos fueron tomados en los estudios de cine de Syrtis Major, y los noticieros solo repiten lo que dictan desde el Ministerio de Propaganda Marciano.

Sobre el autor: Daniel Frini

domingo, 20 de junio de 2010

Una famosa adivina de TV nos dijo hace veinte años - Daniel Frini


—El destino de la humanidad se encuentra escrito en la borra que deja la sal en el fondo marino.
Desde entonces, estamos dale que te dale tomar agua. Mi vejiga no aguanta más, y el nivel del mar ha bajado apenas dos metros.

Sobre el autor: Daniel Frini

viernes, 18 de junio de 2010

Karma de los villanos - Daniel Frini


Levanté mi mano, y me cortó dos dedos con su mirada de rayos láser. Quise patearlo. Se hizo invisible y me pegó con su puño de piedra en mis riñones. Caí y me levanté, pero él ya había volado hasta el techo cercano. «¡Pelea, cobarde!», le grité. Debo haberlo puesto nervioso, porque se transformó en un hombre verde de casi tres metros de alto. Quise huir, pero me envolvió en una especie de baba blanquecina que salió de sus manos. Me entregó a la justicia.
Jamás ganaremos en tanto que los héroes no peleen como hombres, de igual a igual, sin esconderse cual maricas detrás de sus poderes. No es justo.

Sobre el autor: Daniel Frini