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viernes, 20 de abril de 2012

¡Déjame! - Alejandro Domínguez


El odio que le tenía se volvió insoportable. Cogí la pluma y comencé a rayar violentamente las palabras que le daban vida. El dolor fue tremendo; pero el sentimiento era mayor. No fue suficiente. Alcancé un abrecartas y comencé a apuñalar cada adjetivo que lo describía, cada sustantivo que lo dotaba de existencia. Mis manos se inundaron de sangre; las hojas navegaban por un violento mar carmesí. No lograba hacerlo desaparecer; su presencia envenenaba por completo mi mente. ¡Muere maldito engendro del diablo, muere por el amor de dios! Tomé entre mis dedos lo que quedaba de él y lo arrojé a las brasas ardientes del infierno. Esta vez no hubo dolor. Solo me quedó observar como la piel hirviente se desprendía de mis huesos humeantes. Era la única opción; solo así pude hacer que se fuera.

viernes, 15 de julio de 2011

Fui yo - Alejandro Domínguez


Yo fui el primer hombre en ir al espacio. Finalmente me atrevo a confesarlo por este medio. Nunca lo había dicho por miedo a tener que dar una explicación en público. Nunca me ha gustado hablar en público. De hecho esa fue la razón por la que decidí ir al espacio. Allá no tendré que dar ningún discurso frente a una sala llena de personas, pensé. Así, tomé mis cosas y simplemente me fui. Durante varios días estuve ideando la manera de sobrevivir. Finalmente se me agotó la paciencia. Caminé a la oficina de empleos de la estrella en donde me encontraba y ofrecí mis servicios. Perfecto, me dijeron, justamente buscábamos a un profesor que diera cátedra en nuestra universidad.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Amisopatía - Alejandro Domínguez



Las guerras habían cesado; el mundo entero convivía en paz. La gente era amable con sus conocidos y con los desconocidos. Todo desde la aparición de una rara enfermedad que destruía el gen del odio. El planeta completo se encontraba en plena tranquilidad… hasta que un científico, financiado por la ONU, desarrolló una vacuna y todo volvió a ser como antes.

sábado, 12 de marzo de 2011

Rutina – Alejandro Domínguez


Lo había hecho unas quinientas cincuenta o quinientas sesenta veces pero ya no lo disfrutaba. Él era la sensación, nadie recibía más aplausos. Al principio era puro placer, pura emoción; la adrenalina escurría por todo el cuerpo. Ahora sólo era rutina estar parado ahí esperando el estruendo; luego el impacto. 
Ésta sería la última vez, estaba decidido. Se colocó en su marca. La gente estaba de pie; nadie quería perderse ese momento. Tres, dos, uno… El disparo del cañón impacto directamente en su abdomen, él permaneció inmóvil.