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jueves, 8 de diciembre de 2011
Obcecación - Lucio Maggi
—No seas boludo, hijo. Eso no sirve.
—Dejá de joder, viejo. Ya soy grande y sé lo que hago.
—Pero mirá que quien me lo dió me dijo que es fenómeno para lo que vos querés hacer, eh.
—No me rompás las bolas...
El hombre bufó. ¿Será de dios que los hijos llevan la contra siempre? ¿Por qué las relaciones padre-hijo en un momento dado empiezan a responder al principio de acción y reacción? Movió la cabeza con desencanto e insistió, aun sabiendo que iba a perder.
—¿Entonces este kevlar no lo querés, Ícaro?
—¡Metételo en el culo!
Y arrancó a volar. Y se hizo mierda, obvio.
viernes, 21 de octubre de 2011
Génesis - Lucio Maggi
Antes jugaba. Un día leyó en el tratado de probabilística por Él mismo escrito que las posibilidades se equiparan en el infinito. Ahí se dió cuenta de que era al pedo seguir con los daditos: Su condenada perfección y Su maldito sentido de justicia le iban a impedir a Él dejar que su imaginario rival o Él mismo ganaran alguna vez. Lo condenaban a un aburridísimo, bilardiano y previsible empate perpetuo. Lo tiró a la mierda al cubilete. Y ahí comenzó el mundo. Al rato, cuando vió lo que había hecho, pensó que como había caído iba a quedar. Pensó también que estaba todo demasiado oscuro.
—Hágase la luz —dijo. Y la luz se hizo.
lunes, 30 de mayo de 2011
Evanescencia - Lucio Maggi

Soñé un cuento. Uno bueno, eh. Me levanté pensando en anotar dos o tres cosas en mi "libreta de tramas".
—Primero, mejor me ducho —me dije.
Tomé café y le hice un par de mates a mi amor. Me vestí y me fuí al yugo.
—Un frío del orto. Y el 97 puto que no viene.
Vino, al final. Un rato después, estaba dale que te pego.
Mi cuento perfecto, bien gracias: tan bien lo arropó la rutina.
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