Mostrando entradas con la etiqueta Jorge De Abreu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jorge De Abreu. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2011

Infierno - Jorge De Abreu


Recordó lo que su viejo maestro le había dicho: “Llegar al infierno es como caminar sobre vidrio molido”.

“Preciso, pero inexacto” razonó el pupilo cuando dio el primer paso para cruzar el gran yermo. “Más bien es como caminar sobre espejo molido”, dicho esto su pie terminó de posarse sobre la fina arenilla y su cuerpo se disgregó en mil imágenes que disolvieron su conciencia.

martes, 24 de mayo de 2011

El jugador - Jorge de Abreu


Agitó el cubilete, quizás con excesiva energía, estaba nervioso pues hacía mucho tiempo que no jugaba. Los dados resonaron, sólidos, en el interior. Se había hecho la promesa de no volver a jugar. La apuesta anterior fue muy alta, su inversión cuantiosa y el fracaso todavía le resultaba insoportable. Había perdido toda su creación y el recuerdo no le daba paz. Sin embargo, era un jugador compulsivo y la tentación era superior a sus fuerzas, soltó los dados. Estos rebotaron improbables en la nueva nada universal y luego de un tiempo inconmensurable se detuvieron hastiados de deslizarse en ese mundo sin roce.
¡Siete!, marcaron inflexibles, casi simétricos, un tres y un cuatro. El supremo creador sonrió. Un reto mayor que el anterior: sólo siete días, ahora lo haría mejor.

martes, 26 de abril de 2011

Conjura psíquica - Jorge De Abreu


—¿Así que usted piensa que la KGB está detrás de sus escritos? —el agente se reclinó en la poltrona y cruzó las piernas. Una delgada línea partió de uno de sus impecables zapatos, rodeó su cuerpo y se conectó con el perfil de la mesita del centro de la sala.
Escuché el débil zumbido dentro de mi cabeza, descodificando instrucciones.
—Sí —me limité a repetir, pero en ese momento el cuerpo del agente se plegó sobre sí mismo y fluyó por un agujerito corriéndose al rojo en un instante.
En la pared de enfrente las agujas del reloj comenzaron a girar más rápido y sentí la taquicardia.
Jane posó su manita sobre las mías y puso la botella de elixir de Ubique en mi mano. Tomé un buen sorbo. El mundo se detuvo y enseguida se volvió mucho más luminoso. Cerré los ojos, arrullado por una monótona voz interior.

sábado, 13 de febrero de 2010

El examen del tesoro - Jorge De Abreu


El murmullo frenético de los estudiantes en el salón se interrumpió con la llegada del profesor. Éste entró renqueando, dejó las muletas en el sitio habitual y se sentó en el borde del escritorio.
Jim estaba nervioso, seguro había reprobado el examen.
Como presintiendo sus pensamientos, el profesor pronunció el nombre de Jim en voz alta. Le hizo una seña amable con la mano invitándolo a que se acercara, pero Jim no se engañaba: había reprobado. Todos se lo quedaron mirando cuando se aproximó al maestro.
El profesor Silver le lanzó una mirada inescrutable y le alargó un pedazo redondo de papel. En él estaba una marca negra y al reverso las palabras: “Tienes hasta el próximo examen”.
Jim sintió que las piernas ya no lo sostenían y cayó de nuevo en el fondo el barril, entre las manzanas.

viernes, 8 de agosto de 2008

Acontecimiento histórico - Jorge De Abreu


ACONTECIMIENTO HISTÓRICO
Jorge De Abreu

El módulo espacial se asentó sobre el suelo con una leve sacudida. En su interior, Neil Armstrong se relajó satisfecho. ¡Habían llegado! ¡Por fin la humanidad había logrado llegar a otro mundo, habían roto la barrera del espacio! Terminó de ajustarse el traje. Las cámaras en el exterior del Eagle filmarían el acontecimiento histórico y estaba consciente de ello. Abrió la portezuela del vehículo y descendió lentamente por las escaleras. En el último escalón dio un pequeño salto y dejó su impronta sobre la arena.
El 21 de julio de 1969 el hombre había llegado por primera vez a la Tierra.
La gente de la Luna saludaba la hazaña durante la trasmisión mundial televisiva.
Una leve brisa marina le llegó a Armstrong desde el norte, sensación novedosa, extralunar...

viernes, 18 de julio de 2008

No hay segundas oportunidades - Jorge De Abreu


En alguna parte Howard Carter murió de un linfoma en 1939. Ahora eso ya no le importaba en lo absoluto, ni siquiera dudaba del hecho de que estaba vivo y respiraba. La excavación en el yacimiento helénico había sido un éxito y el cofre tallado reposaba sobre la mesa de trabajo. Pasó su mano temblorosa sobre la superficie labrada y sus labios musitaron palabras inaudibles. Parpadeó repetidas veces presa de la excitación y realizó las últimas anotaciones en su cuaderno de campo. Las fotografías de rigor ya habían sido tomadas, así que procedió a romper el sello.
En su nueva vida Howard Carter abrió la caja de Pandora. Su desencanto fue infinito y no pudo evitar recordar a Tutankamón.
La caja estaba vacía.

miércoles, 16 de julio de 2008

La fabulosa pesca fluvial - Jorge De Abreu


LA FABULOSA PESCA FLUVIAL
Jorge De Abreu

Samuel Clemens sostenía el hilo de pescar desde la cubierta del “No se alquila”. A su lado Cyrano de Bergerac estaba asomado por la barandilla. Ambos observaban taciturnos las lentas ondas del agua en la superficie del río. Una hilera de gigantescas montañas se perdía entre las nubes en la orilla derecha; a la izquierda el margen se desdibujaba en una pradera de juncos que luego ascendía por una suave colina de pasto verde. A lo lejos otra cordillera ciclópea establecía límites al horizonte.
—¿Pican? —preguntó el francés.
—Un coño —respondió Clemens con un bostezo.
—¡Mierda!, tal parece que nos sale comer de nuevo del maldito cilindro.

lunes, 14 de julio de 2008

El último vuelo - Jorge De Abreu


EL ÚLTIMO VUELO
Jorge De Abreu

Amelia Earhart sintió como el aliento se le escapaba sin control por entre los labios. Ya no veía la cabina, ni los relojes. Estaba de espaldas sobre un suelo frío de piedra y veía al final de la calle la débil luz de un farol. El rostro de Jack estaba sobre el suyo y su aliento le humedecía la nariz. Escuchaba su voz desde muy lejos, como si todavía volara a más de diez mil pies de altura.
—¿Lo sientes, querida? —pero Amelia ya no podía—. Es tu vida entre mis manos, desparramada en el pavimento.

miércoles, 11 de junio de 2008

Segunda Fundación - Jorge De Abreu


SEGUNDA FUNDACIÓN
Jorge De Abreu

Isaac abre los ojos y ve la ciudad a través de ventanales panorámicos de la enorme estancia.
—Buenas tardes, doctor Asimov.
El buen doctor se voltea y mira a su izquierda a un hombre joven que se encuentra cerca de las ventanas observando el exterior.
—Espero que su largo sueño haya sido placentero. Bienvenido a Trantor —comenta el desconocido.
—¿Trantor?
—Correcto. Seré su guía; permítame presentarme: R. Daneel Olivaw, a su servicio.
Isaac Asimov se levanta y se acerca complacido para ver por primera vez la ciudad interminable bajo las enormes bóvedas de acero.