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sábado, 6 de agosto de 2011

Salva con besos - Jacinto Deleble Garea


Aquella borrascosa tarde se cubrió de un agua sobre todo bermellón, pero también con tonos color canela, naranja, rosa pálido y no tan pálido; granate, violeta, castaño sin purpurina, y con… En fin, que el atardecer nos tiñó las calles de una lluvia de multitud de matices que ni sé nombrar; todos profundamente carnales, eso sí.
Se ocultaba la explicación tras las ráfagas de agujeros que taladraban las nubes. Siguiendo aquel rastro sobre el antes gris cielo la encontramos a ella, que aún continuaba disparando su ametralladora, sembrando de casquillos de pintalabios el suelo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Fuego - Jacinto Deleble Garea


Fuego - Jacinto Deleble Garea
—Que no, te digo. Hasta la mitad lo llena el agua, vale, pero el resto no existe, ¿cómo vamos a tenerlo en cuenta?
—¡Y yo te he dicho que lo veo así, medio vacío, y punto!
—¡Pero está medio lleno!
—¡VACÍO!
—¡LLENO!
Esta vez, cuando al fin acude la madre, no dice nada, no les riñe como otras veces, sino que, con furia, rompe el vaso tirándolo al interior del lavabo. La cocina queda en silencio un largo y tenso instante, hasta que se marcha.
—¡Puff! Pues vaya solución, romperlo. ¿Es que no sabe que los vasos no los regalan?
—Fue un sacrificio necesario, así dejamos de discutir por culpa de él.
—Los cristales entaparán el agujero de la pila.
—Pero la tenemos harta y así no se nos olvida. Hizo bien.
—¡Tonterías, hizo mal!
—¡BIEN!
—¡MAL!

martes, 24 de febrero de 2009

El óbolo - Jacinto Deleble Garea


EL ÓBOLO
Jacinto Deleble Garea

—No es con monedas que pagarás el viaje.
—Pero tenía entendido que…
—Sandeces de rapsodas borrachos. ¡Qué sabrán ellos! ¿Conservas la llave? —El soldado le miró perplejo—. La llave que cerró tu alma.
—¿Te refieres a… esto? —Sostenía en alto su amuleto, el casquillo de la primera bala que disparó.
—Sube.

La sombría multitud comenzó a registrar sus vestiduras.
Por las callosas manos de Caronte fueron pasando abalorios de todas clases: anillos, talonarios, diversas prendas de ropa, martillos de juez, plumas, escalpelos, viejas fotos… e incluso alguna moneda.
—Yo no traje nada —dijo un hombre elegante de cara de hurón.
La incandescente mirada del anciano le acuchilló hasta lo más hondo.
—Hiciste carrera política. —No era una pregunta.
—Sí, yo…
—Promete que me pagarás.
—¡Juro que lo haré! —mintió.
—Sube.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La mujer invisible - Jacinto Deleble Garea


LA MUJER INVISIBLE
Jacinto Deleble Garea

Cuando la mujer invisible se cansaba de la tortura de sus zapatos de tacón sobre el ardiente asfalto, de aquel traje de látex diseñado para imitar la piel y camuflar su perfecto camuflaje; se cansaba del frenesí de la oficina y del baboso de su jefe, que no dejaba de hostigarla; se cansaba de los atascos, aglomeraciones, colas y demás tedios urbanos; cuando, en fin, se hastiaba de la ciudad y su cotidiana impostura, acudía a la playa y junto con lentillas y pestañas postizas se desvestía su máscara, la piel artificial del cuerpo.
Luego, sin importarle la turbulencia, se sumergía gozosa en el mar, que ronroneaba complacido; y las medusas, que eran las únicas capaces de reconocerla, solían seguirla extasiadas; extasiadas y celosas de aquella mayúscula desnudez suya tan diáfana, tan limpia, tan completamente acariciada.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Bucólica lírica - Jacinto Deleble Garea


BUCÓLICA LÍRICA
Jacinto Deleble Garea

Los campos se estaban volviendo eriales y los tres años de sequía habían forzado a muchos de los vecinos a mudarse a la capital, pero excepto el loco del pueblo todos rieron a gusto cuando el pastor de nubes ofreció sus servicios. Sólo cuando, respondiendo al silbido de su dueño, ladró desde las alturas el trueno, enmudecieron santiguándose.
Inmediatamente se confeccionó en la alcaldía la lista de propietarios que deseaban que se descargaran las nubes en sus tierras.
Bien temprano, a la mañana siguiente, descendieron las nubes de sus pastos celestes y comenzó el ordeño.
—Si sólo es la niebla... ¡Sólo es la niebla! —gritaba el loco y corría de huerto en huerto, de una alberca a otra—. ¡No ordeñáis, locos, sólo es el rocío que cae!
Pero como nadie le escuchaba se volvió a encerrar en su estudio y siguió componiendo sonetos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Fuego - Jacinto Deleble Garea


FUEGO
Jacinto Deleble Garea

Veinte hombres preparados para el fusilamiento, veinte hermanos, veinte amigos somos.
—Apunten a la cabeza o al corazón —había recomendado nuestro capitán.
Veinte disparos resonaron en el patio a la voz de "fuego", y diecinueve fueron las balas que se incrustaron en la tapia tras el supuesto criminal. Sólo una le reventó la frente. Justo donde tú apuntaste.
Diecinueve desconocidos rompen filas silenciosos después de la orden. Quedas tú, vomitando miedo.

miércoles, 29 de octubre de 2008

27 Matices - Jacinto Deleble Garea


27 MATICES
Jacinto Deleble Garea

La niña tomó sus rotuladores y pintó sobre los espacios blancos del código de barras del bote de champú un arco iris de dieciséis colores.
—Muy lindo, cariño —dijo su madre cuando se lo mostró, aunque sin dejar de trabajar en el ordenador—, ¡y sin salirte de las rayas, qué bien!, pero ahora déjame ¿eh?, que tengo que terminar este informe para mañana.
Al día siguiente, cuando abrió su portátil en la sala de juntas para hacer la presentación descubrió que su hija se había superado. Las blancas teclas del ordenador que representaban las letras estaban coloreadas como un diminuto jardín bonsái florecido en veintisiete tonalidades.
Al principio tuvo que sacar su pañuelo para contener las lágrimas y los socios se preocuparon un poco, pero no hubo de qué: tan animada y optimista resultó su propuesta de inversiones que fue aceptada de inmediato.

martes, 21 de octubre de 2008

En médium - Jacinto Deleble Garea


EN MÉDIUM
Jacinto Deleble Garea

No encontró manera de superar su dislexia, que la obligaba a enredar, no ya una o dos palabras, sino textos enteros. Acabó escribiendo de modo tan tortuoso, que ni ella misma entendía sus escritos.
Aquella noche en la feria, la médium entró en trance incluso antes que ella hiciera pregunta alguna y poseída por el espíritu del difunto la abrazó emocionad@. En ese instante no ella, pero sí su mano, comenzó a responder a la caricia. Tomó un lápiz allí mismo y escribió sin pensar, con letra perfectamente legible: "¡Querido, por fin te encuentro!".

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 7 de octubre de 2008

Epistemología - Jacinto Deleble Garea


EPISTEMOLOGÍA
Jacinto Deleble Garea

El monje se obstinaba en sus razonamientos lógicos, empeñado en demostrar la existencia del sol. Llevaba largos años enclaustrado, concentrado en sus estudios. Aquella mañana, en lo oscuro de su celda, sintió gran desasosiego. Como sus trabajos filosóficos avanzaban adecuadamente no supo encontrar la causa de la repentina angustia.
Lo comprendió todo esa noche, cuando salió de su celda en dirección al refectorio y quedó atrás el cadáver de su sombra.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Rastreo onírico - Jacinto Deleble Garea


RASTREO ONÍRICO
Jacinto Deleble Garea

Aquel gato era capaz de seguirle la pista a sus pesadillas guiado por el olfato, pero los ensueños sólo se los cazaba el lobo, sus alucinaciones el tigre; y las utopías estaban reservadas a Capricho, su buitre.

Ilustración: M.C.Escher