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viernes, 30 de enero de 2009

Clemencia - Amélie Olaiz

En múltiples vidas has sido madre, esposa, puta, reina, hija, bruja, amante, gata, hermana y víctima. Yo he sido verdugo, padre, rey, amante, hermano, macho, hijo, padrote, mago, esposo y mastín.
Hoy, por la transmutación de las almas, soy la mujer que escribe estas palabras, y tú, eres mi hombre.

Tomado de http://espaciosdispares.blogspot.com

sábado, 24 de enero de 2009

Diabluras - Amélie Olaiz


DIABLURAS
Amélie Olaiz

Se enrolló sobre sí mismo para rodar hacia ellos. Al chocar, los ángeles volaron por el espacio con sus alas blancas imperturbables. Todos terminaron despedazados en el suelo.
Matacus, el orgulloso armadillo, se desenroscó para disfrutar el festejo de los niños.
—¡Chuza! —gritaban los pequeñines frente al nacimiento hecho trizas.

Tomado de http://laparadadelosmonstruos.blogspot.com/

martes, 20 de enero de 2009

Apodo de mujer - Amélie Olaiz


APODO DE MUJER
Amélie Olaiz

La apodaron Muñeca por su belleza y la hicieron partícipe del juego. Ella desempeñó el papel con temple de porcelana. Cuando sus ojos se volvieron vidriosos y su piel perdió el lustre, la expulsaron del juguetero.

Tomado de http://espaciosdispares.blogspot.com

domingo, 11 de enero de 2009

Fullerías para enamorados - Amélie Olaiz


FULLERÍAS PARA ENAMORADOS
Amélie Olaiz

—¿Cómo puedo dejar de amar al hombre de mis oníricas añoranzas? —preguntó la dama.
—Ponle una trampa —sugirió el brujo.
—Seguiré sus instrucciones —dijo mientras esculcaba en su bolsa para sacar papel y pluma.
—No necesitas tomar nota, la cuestión es simple —afirmó el hechicero inclinando el tronco hacia ella y clavando la vista en sus pupilas— abre los ojos durante los sueños.

martes, 6 de enero de 2009

El arcángel de la escalinata III - Amélie Olaiz


EL ARCÁNGEL DE LA ESCALINATA III
Amélie Olaiz

La necesidad se volvió apremiante al ver la tarde nublada. Ya no la puedo controlar. Soy un adicto. Me es imprescindible el dócil tacto de la túnica sobre mi piel, el maquillaje, las alas... Deslizándome despacio entre las nubes bajas llegué a la escalinata, frente al templo. Cada acción fue poseedora de mi atención plena; mano sobre el pasamanos, pie derecho un peldaño arriba. Aspiración profunda y expiración lenta, muy lenta... Inmóvil. El tiempo se fundió con la niebla y el mimo se apoderó de mí, sólo sentía la fuerza de las miradas. Mimo, audiencia y yo unidos para crear un arcángel.
Una mujer, sin mirarnos, abrió su bolso, sacó unas monedas y las dejó caer a mis pies. Me quité las alas, recogí el dinero y me fui de allí.

lunes, 29 de diciembre de 2008

El arcángel de la escalinata 2 - Amélie Olaiz


EL ARCÁNGEL DE LA ESCALINATA 2
Amélie Olaiz

La neblina avanzaba abrazando los edificios viejos. Yo cubrí mi cuello con la solapa del abrigo negro y caminé de prisa hacía la sacristía. Poca gente circulaba en la calle. Sobre las escaleras de mi parroquia creí ver una figura que desplegaba sus alas blancas. Parecía haberse helado durante el ascenso. Las nubes se rendían a sus pies. El viento, cómplice musical, jugaba con su túnica y su melena. Un suave aroma a caramelo se desprendía de sus plumas. Los milagros dejaban de ser primores del pasado. Gracias Señor, al fin escuchaste mis oraciones, murmuré mientras lo observaba arrobado. Una mujer pasó junto a él, metió la mano en su bolsa, sacó una moneda y sin verlo siquiera la dejó caer a sus pies. El mimo se quitó las alas, bajó la escalinata y se fue de ahí.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 23 de diciembre de 2008

La muerte del cine mudo - Amélie Olaiz


LA MUERTE DEL CINE MUDO
Amélie Olaiz

El hombre abandona el viejo cartel y entra a la sala del cine. Camina por el pasillo central. Lleno de asombro observa que su silueta no se recorta sobre la pantalla.
Durante la escena de las explosiones, asustado, se oculta tras una butaca. Saca la cabeza y mira hacia los lados. Del suelo recoge dos palomitas de maíz que coloca en sus orejas. Se incorpora para observar la balacera, tapando, de hito en hito, su cara con los brazos. Permanece absorto unos minutos. Mueve su pequeño y tupido bigote, gira sobre sus talones y se enfila hacia la salida. Con el frac raído, su bombín sobre el pecho y el bastón en la mano, va decidido a guardar un milenio de silencio.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sociedades que trascienden - Amélie Olaiz


SOCIEDADES QUE TRASCIENDEN
Amélie Olaiz

—¿Qué haces aquí? —preguntó exaltado.
—Vine para hablar de negocios —respondió con tranquilidad.
—No chingues, tú estás muerto.
—Muerto sí, inactivo no.
—¿Y qué carajos quieres conmigo? Mejor busca un cura.
—Quiero mi parte del botín —dijo metiendo la mano en la caja fuerte, sin abrirla.
—¿Tú dinero? No mames, allá ni te sirve.
—Claro que sí, ya hice un estudio de mercado y quiero contratar un matón.
—¿Para matar a quién? —preguntó nervioso.
—Tranquilízate sólo quiero mudar el negocio para acá, pero necesito, primero, traerte a ti.

Foto: Vista de Valencia

lunes, 8 de diciembre de 2008

Tildólogo Compulsivo - Amélie Olaiz

Nació sobre un pupitre en la Real Academia Española. Hijo de la famosa filóloga Sílaba Tercera, estudió la educación básica bajo la supervisión de su abuela Esdrújula.
A principios del siglo XXI fundó, en Grave, Itálica, el Instituto de estudios superiores de la tilde. Actualmente funge como único miembro autorizado para quitar y poner acentos a discreción. Sus experimentos lo han hecho merecedor del Premio Nóbel de gramática, y le han ganado un lugar en la rotonda de los hombres agudos.

Tomado de http://ficcionminima.blogspot.com/

Foto: Vista de Valencia (J.V.Ortuño)

martes, 2 de diciembre de 2008

Déjà vu - Amélie Olaiz


DÉJÀ VU
Amélie Olaiz

Pequeñas tuercas, tornillos y engranes ocupan su sitio. Trozos blancos se unen y la carátula deja de ser un rompecabezas imposible. Los romanos vuelven de direcciones opuestas y se integran al orden determinado. Las manecillas regresan como flechas que recobran el rumbo. La cadenilla, una serpiente de oro suspendida en el espacio, se engancha a la tapa. Huesos, uñas, vellos y piel son de nuevo las manos que sostienen el reloj de bolsillo. El hombre, ya sin prisa, lee la frase que su tatarabuelo grabó: “No fuerces el tiempo porque puede explotarte en las manos”.