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domingo, 21 de diciembre de 2008

QP - Gonzalo Dávila


QP
Gonzalo Dávila

Perdido entre manuales, restos de comida chatarra, cables y monitores destripados, el Profesor se dispone a recuperar su poder “en línea”. Muchísimo tiempo ha pasado ya desde la muerte del Bernal (devorado por una hembra ñumonita), la locura fatal de Saurio (encerrado en el manicomio de Arkham House), la reclusión definitiva de Zárate en una cárcel pakistaní, y del suicidio ritual de la mayoría de los miembros de Taller 7. La guerra continúa entre cyborgs de Nación Facebook y Guerrilleros Inmaculados Blogspot, y es imposible saber cuando terminará… Aunque el Profesor dejó de tocar el teclado hace años, los cuentos de QI siguen apareciendo puntuales, fatalmente: 1500 diarios, todos firmados por un nuevo seudónimo. El Profesor suspira, mueve los dedos entumecidos y entra a Internet. Con lágrimas en los ojos crea un nuevo blog: lo bautiza: QUÍMICAMENTE PURO, y se dispone a escribir el primer cuento…

domingo, 14 de diciembre de 2008

Frizado - Gonzalo Dávila


FRIZADO
Gonzalo Dávila

Los profesores ya no vienen. Parece que estoy “caliente”, aunque no sea la clase de calentura del enojo contenido, tampoco la de Guantánamo. En Semipalatinsk hacen experimentos con radiación y parece que mido mal, algo así como 5000 mSv. Lo peor es que ahora comprendo mi situación y los motivos por los que me sugirieron escribir microficciones: esto es una microficción, de alguna manera, mi pasaporte a la eternidad, aunque no faltarán los que digan que es un testamento. Los profesores, que me alentaron para que sea escritor, estarán orgullosos de mí, aunque lo último que pergeñe sea mi propio epitafio.
—Como epitafio es larguísimo —dijeron los profesores a coro—. ¡Acorte, Dávila! ¿No le enseñamos a acortar?
De acuerdo, lo acortaré. Por ahí me distinguen subiendo el texto a uno de los blogs. Ahí va: “Aquí yace Gonzalo Dávila, frito en el hielo de Siberia”.

Foto: Vista de Valencia

sábado, 6 de diciembre de 2008

Gulag - Gonzalo Dávila


GULAG
Gonzalo Dávila

En Guantánamo hacía tanto calor que me transfirieron a un lugar más fresco: se llama Semipalatinsk y es un gulag o algo así. Hoy hizo cuarenta y cinco grados bajo cero.
La semana pasada vinieron a visitarme los profesores; es todo un gesto porque tuvieron que viajar miles de kilómetros para hacerlo, desde México y Argentina. Una curiosidad: llegaron a la misma hora y ambos trajeron galletitas dulces Surtido. Los profesores dicen que no están resentidos por lo que les hice.
—¿Ahora comprende su situación?
—¿Se anima a sospechar su futuro?
Se me cayeron las medias una vez más, pero como tenía puestos seis pares no fue una caída importante. Me sugirieron que escriba microficciones cuánticas y que piense mucho en partículas subatómicas, que pronto serán importantes en mi vida. No les entendí, pero tengo una fe ciega en los profesores y les haré caso.

Foto: Vista de Valencia (J.V.Ortuño)

domingo, 30 de noviembre de 2008

Correctivo - Gonzalo Dávila


CORRECTIVO
Gonzalo Dávila

El microcuento pasó, pero parece que eso de que los profesores tienen alumnas y alumnos preferidos cayó grueso. Menos mal que ahora existe el Feisbuk para vengarse como corresponde. Bernal tiene quinientos cuarenta y dos amigotes. El profesor Sergio tiene cuatrocientos cuarenta y nueve. En común tienen ochenta y cinco. A esos cabrones con ínfulas de sabihondos les voy a armar un desmadre que ríete de la batalla de Sebastopol; van a terminar odiándose...
—¿Qué trama, Dávila?
—¿Usted se cree que el Feisbuk es un juguete para niños?
—¿Sabe quiénes son los dueños de Feisbuk?
—Finalmente, ¿sabe quiénes somos nosotros?
Se me cayeron las medias. Hubiera deseado no creerles y, de hecho, durante un buen rato no les creí. Pero ellos se ocuparon de que el peso de la realidad cayera sobre mi cabeza. Y nunca imaginé que en Guantánamo hiciera tanto calor.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Reincidencia - Gonzalo Dávila


REINCIDENCIA
Gonzalo Dávila

Mensajes severos de los profesores. Mensajes agresivos de las alumnas y alumnos preferidos de los profesores, los mismos que todos los días les obsequian manzanas y les muestran pechos y muslos para su deleite. ¿Acaso me importa?
¡Fuera Gonzalo! No existes, cabrón. Hablan de nosotros, no de ti. No te pedimos nada, así que mejor lárgate a ver la tele. Esto es para escritores de verdad, no para fantoches.
Dicen que lo que no te mata te hace fuerte. Lo dijo Jéideguer, o alguien. No me importa. A fin de cuentas, el tipo que arma el blog me sigue publicando. ¡Viva Químicamente impuro, ojetes! (No creo que esto pueda ser considerado un microcuento, pero otra cosa no se me ocurre; yo me tiro el lance).

domingo, 23 de noviembre de 2008

Grafittis en el muro - Gonzalo Dávila


GRAFITTIS EN EL MURO
Gonzalo Dávila

“Dile a ‘los otros’ que el muro tiene rincón y que en el rincón crece la sinergia hasta hacerse insoportable. Tú diles, que aunque ellos no comprendan qué significa les meterá miedo y se pondrán a escribir, por las dudas”. Eso pusieron en el muro del feisbuk de Bernal. ¿Estaré incluido? ¿Debo tener miedo? ¿Seré uno de ‘los otros’? Por las dudas escribiré algo, no sé, cualquier cosa. Puedo escribir en “argentino” algo como “percanta que me amuraste, en lo mejor de mi vida”. Y habré cumplido con el muro, por lo menos, aunque no sé si el profesor Sergio lo aceptará, si eso es lo que quiere. Sin embargo, algo me roe la boca del estómago. ¿Qué quiere decir percanta? Y lo peor de todo: ¿qué significa sinergia?

viernes, 1 de agosto de 2008

El dulce sabor - Gonzalo Dávila y David Callón González


EL DULCE SABOR
Gonzalo Dávila y David Callón González

Juntos, planeamos la venganza. Nos hemos unido para demoler esta babel de iniquidades. Profesores, sabios, académicos. ¿De dónde sacaron sus títulos? ¿Quién los habilitó para enseñar a vivir, y lo que es mucho más grave, a crear? Entre docenas de botellas y latas de cerveza vacías trazamos las rutas que llevan a sus cuellos, afilamos las garras que nos permitirán seccionar las palpitantes carótidas...
—¡Aquí están! —exclama el jefe de todos ellos—. Escondidos como ratas y borrachos como pianistas de madrugada. ¡Bernal, por favor! Tenemos que darle un final adecuado a esta locura.
—Me da asco —se queja Bernal.
—Yo me ocupo —dice Chimal. Y tomando una línea de grey deja el lugar limpio, como si nosotros nunca hubiéramos existido.

jueves, 31 de julio de 2008

Cuando el gato no está... - Gonzalo Dávila



Yupi, aprovechando la ausencia del profesor Sergio, voy a escribir un cuento para químicamente impuro de las palabras que a mí se me dé la regalada gana: podré detallar los rasgos de los personajes, hacer más explícitas las historias, describir mejor los ambientes... ¡Ja ja ja ja! Incluso me daré el lujo de escribir palabras a lo tonto: pastillita, paparulo, salamandra, contubernio, raquitismo, fiolo, comemierdas, bibliotecas, batilana, marcianitos, zaino, brújula, otario, lacandones...
—¿Qué haces aquí? —exclama el profesor Sergio abriendo sorpresivamente la puerta—. ¿Quién te dejó entrar a mi oficina? ¡Largo!
—No —balbucea David—: no, ep, déjeme explicarle, sólo estaba tratando... ¿ciento treinta palabras tienen que ser? ¿Ni una solita más? Usted no me irá a cortar los dedos si yo...

sábado, 26 de julio de 2008

Más dedos - Gonzalo Dávila


MÁS DEDOS
Gonzalo Dávila

Giorno trajo una nueva bolsa de dedos.
—¡Es terrible! —dijo Ruth. Los escritores mexicanos habían viajado a Buenos Aires para resolver el asunto de los dedos. Estaban reunidos en una pizzería del centro.
—¡Abajo la tiranía! —exclamó Zárate.
—Pero él creó el blog —argumentó Berardi—. Son sus reglas. Ciento treinta palabras, ni una más.
—Pero ¿tiene derecho a cortarlos? —Libia estaba indignada.
—Encontraremos una solución —dijo Costantini.
—Hay una —dijo el profesor Sergio materializándose en medio de la reunión; lo acompañaba su fiel secuaz, Saurio. Todos se quedaron mudos.
—A partir de ahora —prometió Saurio—, los dedos volverán a crecer.
Una sonora salva de aplausos coronó esa afirmación. Los meseros trajeron pizzas y cervezas para darle a esta historia el final feliz que merecía.

viernes, 25 de julio de 2008

La cuestión de los dedos - Gonzalo Dávila


LA CUESTIÓN DE LOS DEDOS
Gonzalo Dávila

Había tantos dedos que nadie sabía qué hacer con ellos.
—Hagámonos ladrones —dijo Costantini—. Llenamos el lugar de huellas dactilares. ¿Quién se va a enterar que fuimos nosotros?
—Mejor hacer guiso —dijo Salemo—. Tengo una receta para chuparse los dedos. —Los miró; nadie había entendido el chiste.
—Es antropofagia —dijo Vidal, que no tenía hambre.
—No. —Olga siempre salía a defender a Salemo—. Son pedacitos sobrantes; no cuentan como antropofagia.
—Podríamos escribir un cuento colectivo de dedos —insistió Costantini, que no quería darse por vencido.
—Seguro que no funciona —objetó Vidal—. Nos pasamos veinte o treinta palabras, viene el profesor Sergio con el mutilador y terminamos marcando el teléfono con la nariz. —Tampoco se rió nadie. Y siguen pensando.

miércoles, 23 de julio de 2008

Mundo espejo - Gonzalo Dávila


MUNDO ESPEJO
Gonzalo Dávila

Edgar y Bernal no están en condiciones físicas para afrontar las clases de fantasy y poesía que dicta el profesor Sergio. Pero se las arreglan. En el claro los esperan las ninfas, vestidas con pétalos de flores.
—¿Durmieron bien? —dice Lorena.
—¿Dormir? —dice Edgar—. ¿Qué es?
—¡Qué flojos son! —sonríe Carmen—. Lo bravo viene ahora, cuando el profesor Sergio aplique sus dulces métodos.
—En la Tierra alternativa —dice Bernal—, el profesor Sergio odia a los dragones, princesas, hechiceros y héroes.
Susana y Nina se llevan los dedos a los labios. —¡Qué espanto! —dicen al unísono—. ¿Y los deja escribir cuentos de 131 palabras?
Ahora los que sonríen son Bernal y Edgar. —Te corta un dedo por cada palabra que te pasas. ¡Miren!

martes, 22 de julio de 2008

Lo escribió con 38 - Gonzalo Dávila


LO ESCRIBIÓ CON 38
Gonzalo Dávila

Pues el profesor Sergio enloqueció: porque para conjurar el caos disléxico que imperaba en el mundo, tenía que crear un cuento con un máximo de 40 palabras y un mínimo de 130…

lunes, 21 de julio de 2008

Universo 131 - Gonzalo Dávila


UNIVERSO 131
Gonzalo Dávila

Edgar y Bernal salen del cohete: cielo azul, nubes blancas, un riachuelo, un bosque.
—Esto no es Marte.
—Algo salió mal, hemos regresado…
Caminan hacia el bosque; todo se siente más ligero; al quitarse los cascos perciben el aroma de una atmósfera químicamente pura.
Susana Duré y Nina Femat vienen a su encuentro. Las notan etéreas, extrañas, despojadas de sus habituales expresiones neuróticas.
—Hola, forasteros —dicen al unísono.
—¿Dónde estamos? —preguntan aturdidos los astronautas.
—En la Tierra —contesta Susana.
—¿La Tierra?
Bernal, que ha visto muchas películas, ordena contundente:
—¡Llévenos con su líder!
—¿El profesor Sergio? Fue a comprar lápices —dice Nina—. Ama el fantasy, ¿lo sabían?
—Corrige dulcemente nuestros poemas.
—Y lo más importante —dicen a la vez—: nos publica cuentos de 131 palabras.

domingo, 20 de julio de 2008

Géneros literarios - Gonzalo Dávila


GÉNEROS LITERARIOS
Gonzalo Dávila

Los tres alumnos entran en hilera a la oficina del profesor Sergio, quien lee unos cuentos de Sturgeon.
Se sientan tímidamente.
Después de un rato, el profesor le pregunta al primero.
—¿Nombre?
—Saurio, profesor.
—¿Y qué escribe?
—Poesía, profesor…
—¡Largo de aquí!
Saurio sale aterrado. El profesor mira fijamente al segundo.
—¡Usted! ¡Nombre!
—Chimal, profesor…
—¿Y qué más?
—Estoy haciendo una saga fantástica, profesor.
—¡Lárguese!
Chimal se va corriendo, llorando…
Zárate, el tercer alumno suda frío, traga grueso, le tiemblan las rodillas.
—¿Y usted?
—¿Yo? cuento…
—¿De verdad? —el profesor Sergio sonríe.
—Sí… mire: uno, dos, tres, cuatro, cinco… —y antes de llegar a 130 recibe un fuerte librazo en la cabeza.

sábado, 19 de julio de 2008

Odisea espacial 2130 - Gonzalo Dávila


ODISEA ESPACIAL 2130
Gonzalo Dávila

Por fin los hombres viajarían a Marte. En el interior del cohete, los astronautas Ricardo Bernal y Edgar Omar Avilés se aferran a sus asientos. Sus cascos son peceras donde giran ojos azorados, peces que no saben cuando volverán a la Tierra. Bernal piensa en su amada Doris; Edgar Omar en la novela que acaban de publicarle en Buenos Aires. Desde la sala de controles, todos los alumnos del Taller 7 miran atentos la pantalla y aguantan la respiración. Comienza el conteo: Diez, nueve, ocho…
—¡Lánzalo ya, o nos pasamos de las 130 palabras! —dice el profesor Sergio.
—OK —contesta Saurio y oprime el botón.
Así fue como el cohete salió chueco, llegó a otro plano espaciotemporal y jamás supimos nada de nuestros queridos compañeros.

viernes, 18 de julio de 2008

Cuento corregido - Gonzalo Dávila


CUENTO CORREGIDO
Gonzalo Dávila

Gonzalo Dávila escribe un cuento breve pero siente que le quedó flojo, que algo le falta, el título no le convence. Se lo envía por mail a Ricardo Bernal para que lo revise. Ricardo Bernal abre el archivo, le encanta la idea, así que decide robarse el cuento: le cambia el título, el orden de algunas frases, lo atiborra de adjetivos deslumbrantes y lo firma como suyo. Luego se lo envía al profesor Sergio para que se lo publique en Químicamente impuro. Sergio así lo hace, pero por un error incomprensible cambia el nombre de Ricardo Bernal por el de Gonzalo Dávila.
Después de ver el cuento publicado, Gonzalo Dávila le envía un mail a Bernal dándole las gracias por la molestia.

Ilustración: "Mágico preludio", de Marta Lanzón

1015 - Gonzalo Dávila


1015
Gonzalo Dávila

¿Cómo que mil quince? ¡Tanto esforzarme para ser el cuento número mil y ahora esto! Para colmo tengo que completar cuarenta palabras…¡Cuarenta! ¡Mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda!

jueves, 17 de julio de 2008

El peor de todos los monstruos - Gonzalo Dávila


EL PEOR DE TODOS LOS MONSTRUOS
Gonzalo Dávila

Entonces el profesor Sergio nos dijo: —He atrapado al peor monstruo de todos… —Quitó el trapo que cubría la enorme jaula. Ni Frankenstein, ni Drácula, ni Cthulhu, ni Freddy Kruger, ni Jason, ni Leatherface, ni el Hombre Lobo, ni Alien, ni el doctor Lecter. Se trataba nada menos que del terrible Comecuentos, que ya se había comido novecientos noventa y cuatro, obligando a los sufridos escritores de Químicamente impuro a empezar a reconstruir nuestro universo desde cero….

miércoles, 16 de julio de 2008

Chingue - Gonzalo Dávila


Chingue - Gonzalo Dávila
CHINGUE
Gonzalo Dávila

Tienen que escribir un cuento no mayor de 130 palabras, dice el profesor Sergio.
Después de un rato, José Luis Zárate entrega el suyo, denominado “El mosquito”. El mosquito es un insecto que se pasa la noche chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue y chingue...

martes, 15 de julio de 2008

Ciento treinta palabras exactas - Gonzalo Dávila


CIENTO TREINTA PALABRAS EXACTAS
Gonzalo Dávila

Tienen que escribir un cuento muy breve, no mayor de ciento treinta palabras, dice el profesor Sergio. Después de un rato, Gonzalo Dávila entrega el suyo, denominado ciento treinta palabras exactas. Dice: “Tienen que escribir un cuento muy breve, no mayor de ciento treinta palabras, dice el profesor Sergio. Después de un rato, Gonzalo Dávila entrega el suyo, denominado ciento treinta palabras exactas. Dice”: Tienen que escribir un cuento muy breve, no mayor de ciento treinta palabras, dice el profesor Sergio. Después de un rato, Gonzalo Dávila entrega el suyo, denominado ciento treinta palabras exactas. Dice: Tienen que escribir un cuento muy breve, no mayor de ciento treinta palabras, dice el profesor Sergio. Después de un rato, Gonzalo Dávila entrega el suyo, denominado ciento...

Ilustración: fotografía de Simón Fernández Rodríguez Granada