Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo M. Laens Aguiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo M. Laens Aguiar. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de diciembre de 2008

Sucesión - Eduardo M. Laens Aguiar


SUCESIÓN
Eduardo M. Laens Aguiar

Cuando vio al linyera correr hacia él, con las manos manchadas de una suciedad viscosa, no supo qué pensar, pero por fortuna reaccionó a tiempo, girando el torso, tomándolo por los antebrazos y derribándolo con presteza para quedar de rodillas sobre él, inmovilizándolo.
Una de las últimas cosas que lo sorprendió fue la sádica sonrisa que se fue formando en el rostro del linyera, lentamente. Lo último fue una doble sensación, de ardor y calor, que se clavó en su espalda y cuello.
Luego se puso de pie y, con las manos transpirando una suciedad viscosa, fue en busca del siguiente.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ciclos - Eduardo M. Laens


CICLOS
Eduardo M. Laens

Leonhaff, el montaraz, cubrió con su escudo la llamarada del dragón y, justo en el momento en que éste retomaba el aliento, saltó en una profunda estocada de su espada Milfilos, la cual penetró la coraza de la bestia acertando al corazón.
Había caminado tres mil leguas hasta la cueva del legendario dragón y su tesoro escondido. Detrás del cuerpo inerte, colinas de oro, pertrechos mágicos y cofres majestuosos llenaban el inmenso espacio dentro de la montaña.
El héroe se preguntó por primera vez cómo haría para transportar toda esa riqueza y, receloso de que quisieran robarle, decidió quedarse a vivir en la cueva.
Leonhaff, el ermitaño, se hizo leyenda, junto con su tesoro escondido.
Mal herido, luego de matar al quinto héroe que llegó a la cueva, decidió comprar un dragón que lo ayude a defender su oro.

Foto: Vista de Valencia (J.V.Ortuño)

martes, 2 de diciembre de 2008

Notas - Eduardo M. Laens Aguiar


NOTAS
Eduardo M. Laens Aguiar

La sangre no es lo espantoso, sino la carne, en heterogéneos pedazos, repartidos por toda la sala, porque ellos son la prueba de la existencia del cuerpo de Ana.
Menor presión general para la próxima, y algo menos de contención sublineal: 8,12 mm3 y 14,875 mm3.
Debo ser más metódico, esta era una buena esposa.

martes, 30 de septiembre de 2008

La máquina - Eduardo M. Laens Aguiar


LA MÁQUINA
Eduardo M. Laens Aguiar
 

La máquina la golpeaba con violencia y sin respiro, dejando marcas imborrables en su cuerpo. Cada vez que el castigo parecía haber cubierto alguna zona sensible de su figura, todo volvía a empezar, una y otra vez, de la cabeza, a los pies.
Varas de metal se erguían desde un oscuro pozo para imprimirle profundas magulladuras.
No podía pedir piedad, clemencia o compasión, se creía en el más terrible círculo del infierno, objetivo de una condena eterna que suponía inmerecida.
El autor hizo girar el rodillo y extrajo el papel que resumía su obra. La observó atento, orgulloso y satisfecho por el trabajo cumplido.  


Ilustración de René Magritte

jueves, 11 de septiembre de 2008

Revelación - Eduardo M. Laens Aguiar


REVELACIÓN
Eduardo M. Laens Aguiar

Le latían las sienes y no podía dejar de mirar la espesura del bosque. Tenía miedo, pero quería comprobar lo que era un secreto a voces.
Una voz habló a su espalda.
—Existo.
Y fue feliz en el miedo. Esa sola palabra respondía incertidumbres, leyendas y enigmas. No quiso darse vuelta, prolongando el misterio en sus pensamientos. Ya no importaba si tenía cuernos, cinco brazos o si era de piel verde.
—Pero no soy único. Contigo seremos sesenta y cinco.
Sintió un calor en el centro de la espalda, y ya no quiso contárselo a nadie.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Sin vuelta - Eduardo M. Laens Aguiar


SIN VUELTA
Eduardo M. Laens Aguiar

El fin del mundo. La gente espera que sea algo apocalíptico, con lluvias de fuego y cielos de sangre. Y no. Ni lo uno ni lo otro. Tantas ideas para lograrlo, pero ninguna hizo falta. Ya todo está encaminado. Como Hijo de las Tinieblas, tengo el mismo valor que una gota en el mar. El punto de no retorno ha pasado hoy, ya no hay vuelta atrás.

domingo, 6 de julio de 2008

Soñar despierto - Eduardo M. Laens Aguiar


SOÑAR DESPIERTO
Eduardo M. Laens Aguiar

En Kalam, nadie ve. Todos son ciegos.
Siempre fue así y nadie pensaba la vida de otro modo. Hasta que un niño, cuando supo hablar, preguntó:
—Abuelo, ¿por qué tus ojos son como el cielo?
La noticia inundó Kalam como un torrente de deshielo.
Nadie pudo desmentir las visiones, ni corroborarlas. Muchos lo veneraron, otros le temieron.

A los cuatro años tuvo más poder que el mayor de los ancianos.
—¡Deja de inventar cosas! —le dijo uno de sus maestros.
—Yo no invento —repuso el niño con seriedad.
—¡Mientes! —dijo otro de los docentes.
—Sólo digo lo que veo.
—Tal vez no ves, sólo sueñas —opinó un tercero.
—Entonces despiértenme cuando deje de soñar.

lunes, 30 de junio de 2008

Y siguen… — Eduardo M. Laens Aguiar


Y SIGUEN...
Eduardo M. Laens Aguiar

Los de la Asociación Misógina de Sodomizadores de Alfalfa estaban de un lado de la plaza, armados con palos, latas y burletes de goma eva. A menos de cien metros, los del Sindicato Híbrido de Choferes de Teleféricos y Afines proferían gritos de guerra mientras convertían baldosas en municiones.
En su sillón de oro, frente al plasma de 42’, el Mago de Oz aguardaba la inminente batalla entre los suyos y la oposición. ¿El enfrentamiento terminaría antes del mediodía? Tenía ganas de jugar al golf.
Como al cabo de unos minutos la cosa no pasaba de insultos y arengas, puso Gran Hermano; le intrigaba saber quién sería el próximo en irse de la casa.

viernes, 27 de junio de 2008

Viaje de ida - Eduardo M. Laens Aguiar


VIAJE DE IDA
Eduardo M. Laens Aguiar

El aparato político había sido derrocado y los líderes ardían en las hogueras populares, montadas de forma heterogénea a lo largo del país. Las llamas eran sostenidas agregando bolsas de basura a las piras, lo que dotaba a las ciudades de un ambiente brumoso, pesado y maloliente.
Cuando ya se extinguía el último de los gritos y la gente empezaba a mirarse entre sí, sin saber qué más hacer, algunos se encogieron de hombros y emprendieron el regreso a sus hogares.
Durante esa decadente peregrinación, más de uno se preguntó si la anarquía no sería una moda pasatista, como tantas otras.

Otro más - Eduardo M. Laens Aguiar


OTRO MÁS
Eduardo M. Laens Aguiar

Una avalancha de infortunados exigía su lugar en la historia, algunos más a fuerza de insistencia que de capacidad. Era lo usual, el promedio siempre buscaba reemplazar la calidad con bolsas rebosantes.
Pero Ismael, el contador de historias, sabía que para algunos menesteres sólo servía un intento; el mejor. Confiaba en que sus historias eran todas balas de plata, pero las repasó pensando con frialdad cual sería mejor ponderada a ojos del comité evaluador.
Entonces eligió el cuento del que cuenta, seguro del éxito de la empatía.
Cuando perdió, insultó a la nueva literatura, siempre culpable de no reconocer los verdaderos talentos.

martes, 17 de junio de 2008

El pantano - Eduardo M. Laens


EL PANTANO
Eduardo Laens

Se hundía, sin prisa pero sin pausa en el gris cieno del pantano. Sentía la mugrosa masa de lodo humedecerle las piernas, la espalda, el cuello. Se mantenía quieta sólo por prolongar la agonía, ya que al moverse aceleraba el proceso. Alzó una mano, intentando aferrarse al aire que pronto le faltaría, y así se hundió.
En la oscuridad de ese viscoso mundo, cuando sólo resta perder la conciencia y rendirse a la muerte, alguien tomó su mano.
De un tirón, nació a lo maravilloso. Tenía piernas de cabra y cuerpo de hombre y la ayudaba a abandonar un estanque cristalino decorado con nenúnfares.
—¡Ninfa tonta! ¿Quieres ahogarte? —le dijo jocoso.
Y así olvidó quién era.