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martes, 5 de agosto de 2008

Cerdos - Manuel Buendía


CERDOS
Manuel Buendía

El cerdo se despierta con una extraña bruma multicolor en los ojos; todo lo que ve es una pintura que se derrite todo el tiempo; todo se mueve, lo golpea, lo asesina, hasta ese aire fétido que huele a nada parece sofocarlo. ¿Dónde quedó su mundo? No lo sabe; al amanecer los cerdos ignoran, comienzan a escudriñar los secretos del universo (su cabeza es un artilugio casi perfecto), y cuando, cerca del anochecer, casi logran descifrarlo… la luna les arrebata lo conseguido.

¿Algún enemigo despiadado les vació la cabeza, un mago malvado les lanzó una maldición eterna o están pagando el precio de esa sublime maquinaria rosa? No lo sabremos. Alguien ha dejado a los cerdos sin memoria.

lunes, 4 de agosto de 2008

Destino Puerta cuatro - Manuel Buendía


DESTINO PUERTA CUATRO
Manuel Buendía

Quedó solo entre cuatro puertas. No sabía por cuál puerta decidirse, así que eligió al azar.
Era un mago muy poderoso. Predecía el futuro. Leyó la mano a un Rey, quien no quedó contento y le pidió que rehiciera su destino a cambio de los tesoros más cuantiosos. Él se negó y el rey en castigo lo encerró en la cámara de las cuatro galerías. Sabía que en una encontraría la salida, pero tomar la equivocada lo perdería para siempre. Quedó solo entre cuatro puertas. No sabía por cuál puerta decidirse, así que escogió al azar.

domingo, 3 de agosto de 2008

Destino Puerta tres - Manuel Buendía


DESTINO PUERTA TRES
Manuel Buendía

Quedó solo entre cuatro puertas. No sabía por cuál puerta decidirse, así que eligió al azar.
Era una palabra que todo el mundo conocía y quería decir y escuchar. Con ella se hacían los más hermosos poemas y se conquistaba a las más hermosas doncellas. Sin embargo, sus letras no eran felices; estaban cansadas de trabajar sin descanso. La H le explicó que no se expresaba lo suficiente. La O arguyó que se sentía mareada. Todas alegaban que la P era muy pedante y presumida, y después del suicidio de la melancólica f… desapareció del diccionario.

sábado, 2 de agosto de 2008

Destino Puerta dos - Manuel Buendía


DESTINO PUERTA DOS
Manuel Buendía

Quedó solo entre cuatro puertas. No sabía por cuál puerta decidirse, así que eligió al azar.
Era estrella y caía, flotaba, escurría hacia ninguna parte. Esa era su vida: caer y nunca tocar fondo. Eran tantos los luceros que lo hacían que nunca se sintió solo, aunque por lo rápido que deslizaba, nunca tuvo tiempo de hacer amigos. Una noche caía tranquilamente cuando colisionó con otra estrella, quedando ambas gravemente heridas. Estuvo inconsciente varios días. Fue en el hospital cuando se enteró que la otra estrella había muerto. Cuando salió, jamás volvió a resbalar de noche.

jueves, 31 de julio de 2008

Destino Puerta uno - Manuel Buendía


DESTINO PUERTA UNO
Manuel Buendía

Quedó solo entre cuatro puertas. No sabía por cuál puerta decidirse, así que eligió al azar.
Era rojo. Los azules lo insultaban. Su presencia rompía el equilibrio perfecto. Lo encararon los amarillos, querían destrozarlo. Los azules estuvieron de acuerdo. Llegaron los rojos e intentaron persuadir a los dos grupos para liberarlo. Pero los azules y amarillos estaban realmente muy enojados. El líder rojo dijo unas palabras que azules y amarillos no creyeron. Comenzó la batalla. Azules contra rojos y rojos contra amarillos… Y pronto todo fue caos. Cielo y tierra se derrumbaban en violetas, verdes, rosas…

domingo, 13 de julio de 2008

Pie - Manuel Buendía


PIE
Manuel Buendía

Fue un pie. Desde joven siguió órdenes sin reproche alguno. Cintura y muslo eran amables; pero la pierna se mostró indiferente desde el principio. Más sabía que detrás de todos ellos, era alguien más quien dictaba los mandamientos.
En una ocasión no se pudo mover. Había envejecido. Fue recriminado con terapias de trabajo comunitario, recluido en una clínica para pacientes con atrofia muscular mental y faltó poco para los electrochoques.
Ya repuesto, decidió no seguir así, obedeciendo las órdenes de alguien que ni siquiera le daba la cara.
Esa noche lo planeó..
Se arrastró sutilmente entre las sábanas; el silencio nunca fue turbado. Escaló y escaló hasta que llegó a lo más alto.
Lo último que recuerda es que, como poseído, deshizo la cabeza a puntapiés.