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jueves, 18 de julio de 2013

Escritura nocturna - Mónica Ortelli


Sabes que no debes molestarla, que es mejor cantarle nanas. Aún así, de tanto en tanto una pulsión aparece y aunque lo intentas no logras contenerte. En esas ocasiones, en vez de decir: "Hola, ¿qué tal? ¿Así que eres mi Medusa?", te convences de que alguien usurpó tu cabeza y que lo oscuro y tenebroso que has plasmado no te pertenece.
—¿Ahí es donde aparezco yo?
—Exactamente, personaje. Exactamente.

Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

Sobre la autora: Mónica Ortelli

miércoles, 10 de julio de 2013

El indeciso – Mónica Ortelli


Su mujer siempre le decía que por pensar demasiado las cosas, la mayoría de las veces, él tomaba decisiones equivocadas. Lo recordó cuando al cumplir la última voluntad de su esposa –tras mucho cavilar- finalmente arrojó sus cenizas en aquella playa alejada, y vio llegar la pala mecánica y el camión arenero.

Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

Sobre la autora: Mónica Ortelli

sábado, 22 de junio de 2013

Fauna nocturna - Mónica Ortelli



Nada plácidamente entre ballenas que meditan; los sonidos, como ronroneo de gato, son graves y cadenciosos. Pero, las vibraciones se tornan cada vez más disonantes, molestas. De pronto, espasmos sibilantes le lastiman los oídos porque ahora está en la sabana y un elefante barrita furioso. Huye despavorida, tropieza y cae junto a un cerdo que le gruñe ruidosamente al oído.
Se despierta, observa con fastidio a su marido que duerme boca arriba y le da un codazo.


Tomado del blog Ni vara ni cuchillo
Sobre la autora: Mónica Ortelli

martes, 7 de mayo de 2013

Miradas - Mónica Ortelli




Tras cuarenta años de felices acuerdos, ambos presumen de entenderse sin palabras.
Casados por trámite civil, en su momento prefirieron comprar la cama grande a los anillos; después, se olvidaron. O casi, porque ahora ella mira su mano un tanto artrítica y piensa que le gustaría lucir un aro de oro junto al cintillo heredado de su madre. Entonces la extiende y pregunta sonriendo a su marido:
—¿No crees que ya es hora? —Mueve el dedo anular con cierta dificultad—. ¿No te gustaría a vos también? —agrega entrelazándole los dedos. Él observa las manos de los dos, la mira a los ojos intensamente y asiente.
Al otro día, irá contento a reservar la excursión para las aguas termales.


Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

Sobre la autora: Mónica Ortelli

domingo, 16 de diciembre de 2012

Lepisma saccharina superbum - Mónica Ortelli




Tras el disparo, el aire en el túnel se llenó de electricidad y humo. Por unos instantes, la enorme criatura convulsionó violentamente haciendo temblar el aparejo, antes de quedar quieta colgada en la trampa. Así y todo, por precaución, el hombre le seccionó los apéndices del último segmento; luego, la abrió en canal. Los estómagos se vaciaron con un crujido maloliente y entre la inmundicia vislumbró lo valioso: libros aún sin digerir. Contento, los guardó cuidadosamente.
Entonces, pensando en la simpleza de su oficio en el pasado, el restaurador destazó al mutante pescadito de plata.

Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

Sobre la autora: Mónica Ortelli

domingo, 2 de diciembre de 2012

Dolor – Mónica Ortelli



Subo fatigosamente la escalera de piedra cuando un hombre en jubón, calzas y arco en mano se adelanta y llega antes que yo a la almena de la torre. Desde allí, al parecer, reconoce al enemigo que se acerca; entonces, carga y tensa la cuerda: la certeza puesta en el rival.
—¡Qué ridiculez! ¿Cómo puedo soñar esto? —exclamo al tiempo que él suelta la flecha. Sin duda, le he hecho errar el tiro pues, furioso, carga otra vez y me apunta a mí.
Así fue como desperté con esta terrible punzada en el ojo izquierdo, doctor.

Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

Sobre la autora: Mónica Ortelli

sábado, 4 de agosto de 2012

Manolín - Mónica Ortelli


El muchacho sostenía entre las manos la espada del pez.
—¿Eso vendes? —preguntó el hombre barbado.
—Ajá.
—¿Estás seguro?
—Es mía. Él me la regaló.
—¿Cuánto quieres?
—No quiero dinero.
—¿Entonces?
—Qué sepan cómo lo atrapó. Cuánto lucharon... Qué pasó después. Por el viejo... escriba la historia.

Sobre la autora: Mónica Ortelli

martes, 24 de abril de 2012

Crisis - Mónica Ortelli


—¿Qué pasa que no respondés?
—Pasa… ¡que alguien tiene que frenar esto!
—Pero, ¿por qué?...
—Porque serás el hazmerreír… ¡No lo creerá ni tu abuelita!
—¿Te parece…?
—¡Hombre!... ¡Por supuesto!
—Sin embargo, la chica está entusiasmada…
—¡Ja! ¡Así lo ves vos! ¡Y así te va! Oíme bien: la ropa, la música, los libros, ¡los comentarios! ¡Todo es inadecuado! ¡Con tanta pavada es imposible conquistar a esa mujer!
—¡¿Y qué hago?!
—¡Por favor, dejá de escribirme a tu imagen y semejanza!

Acerca de la autora: Mónica Ortelli

jueves, 16 de febrero de 2012

Efecto secundario – Mónica Ortelli


Dando crédito a sus propios postulados, falleció a los ciento cuatro años el creador de la dieta de la longevidad. Venerado por unos, criticado por otros, el conocido naturista supo ganar el Health Award por su libro “Aliáceas para llegar a los cien”, en donde desarrolló los beneficios de una alimentación a base de ajos, cebollas y puerros.
Como la mayoría de sus seguidores, el autor ha muerto soltero.

sábado, 4 de febrero de 2012

Favor – Mónica Ortelli


Si el zapato no se hubiera deslizado debajo de la cama, Antonia no hubiese visto el envoltorio en tela negra bajo la quinta pata. Adentro, recortados cuidadosamente, torso y cabeza de su marido con la cara borracha del último cumpleaños. A la altura del primer botón prendido de la camisa, un agujerito de lado a lado, prolijo, con el borde pintado de rojo.
Antonia buscó a su madre y a la tía Ulda; las encontró en la cocina calentando agua para el café, riendo por lo bajo. Se sorprendieron al verle foto y trapo en la mano, pero ninguna apartó la vista, al contrario.
Entonces, Antonia les dio las gracias y, con disimulada satisfacción, retornó al comedor, donde velaban al cónyuge muerto de un infarto.

Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ornitológica – Mónica Ortelli


A la salida del templo después de la ceremonia, mi vecina me señala a su hijo y a su flamante esposa, ambos visiblemente emocionados.
—¡Mire los tortolitos…! —exclama arrobada.
No puedo evitar pensar en las tórtolas, pájaros dulces y frágiles, que en cautiverio son capaces de matarse mutuamente a picotazos.

Mónica Ortelli
Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

viernes, 21 de octubre de 2011

Chance - Mónica Ortelli


Aparentemente estás jugado. Listo. Pero tal vez haya una posibilidad y lo vas a intentar.
Mirás al tipo en el piso: tiene un agujero en la cabeza. ¿Lo fusilaste o se suicidó? Los canas vociferan desde los techos.
“¡Vengan ustedes!,” gritás.
Y te reís. Estás loquito. ¡No sabés por qué! Quizá porque tomaste mucha merca, quizá por el arma en la mano. ¡Qué bien calza!.. Sentís seguridad (siempre te gustó la sensación). Ajustás los dedos a la culata, al gatillo: está liviana.
“¡La puta madre! ¿A quién le sacudí nueve veces? ¿A la yuta? ¿Qué carajo pasó?”
Entonces creés que se te revienta el pecho, que te morís…, justo cuando el milico tira de los pelos y otra vez saca tu cabeza del tacho. El aire se pelea con el agua que ya tenés adentro. Si tan sólo pudieras recordar qué mierda hiciste…

Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

sábado, 15 de octubre de 2011

El hilo - Mónica Ortelli


Créanme que es extraño y fascinante a la vez. Mi cabeza es un globo. No hay cuello, apenas, una cuerda delgada que se alarga.
Conocí a una mujer a la que le pasaba lo mismo: la cabeza le subía por encima de las de los demás; caminaba, comía, atendía a sus pacientes –era médica-, con esa sensación. A veces —me contaba— temía que se le escapara por la fragilidad que adivinaba en lo que ya no percibía como cuello. Sólo estando en la cama todo volvía a su sitio, hasta que se levantaba otra vez. El marido, médico también, le decía que era cansancio; el psiquiatra, depresión. Dejé de verla por las vacaciones. Al regresar, supe que había fallecido. Algo súbito, dijeron.
¿Comprenden ahora por qué hace días que estoy acostada, verdad?

Sobre la autora: Mónica Ortelli
Tomado del blog Ni vara ni cuchillo