Iba a ser nuestro primer cuento a cuatro manos. No la conocía. De hecho vivíamos en las orillas opuestas del océano. Tan solo formábamos parte de un mismo taller literario.
Recibí su correo y supe que sería la primera parte del relato. Luego yo le añadiría algún otro párrafo, se lo volvería a enviar, y así hasta que estuviera completado. Cuando leí su misiva, comenzaba diciendo "Te envío un pie...". Y ya no necesité leer más. Era un pie suave y de una sensualidad exquisita. Me excitó, tanto que decidí enviarle mis manos para acariciarlos. En su siguiente correo ella me envió sus labios. Yo añadí mi boca, mi lengua. Y así, unas horas después, nuestros cuerpos se entrelazaban en una ficción sin límites.
Escribimos un hermoso cuento a cuatro manos y pies, dos bocas y dos lenguas... Eso sí: a un solo corazón.
Sobre el autor: Javier López
Imagen: The elk of ruin, de lutamesta en deviantArt