Mostrando entradas con la etiqueta Pere Calders. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pere Calders. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de agosto de 2008

Historia castrense - Pere Calders


HISTORIA CASTRENSE
Pere Calders

Si les hubiera ordenado saltar por la ventana, lo habrían hecho casi con alegría, porque confiaban en él ciegamente.
Hasta que un día les ordenó que saltaran por la ventana, y entonces desertaron todos, porque un hombre que decide cosas semejantes no es de fiar.

lunes, 11 de agosto de 2008

Venimos del polvo - Pere Calders


VENIMOS DEL POLVO
Pere Calders

Excavaron enfrente de su casa. No querían decirle si hacían una piscina o la base de una glorieta. "Se trata de una sorpresa", respondían a cada una de sus preguntas. Y lo fue, porque cuando completaron las medidas le dieron aquello que se llama cristiana sepultura.

sábado, 9 de agosto de 2008

Pasos contados - Pere Calders




Desde la curva, pregunté dónde comenzaba aquel camino y unos cazadores me explicaron que exactamente allí donde se recortaba la silueta del sauce encima del horizonte. Caminé hasta desollarme los pies y, al llegar al sauce, un hombre clavado en el suelo me dijo que aquello no era ningún comienzo, sino uno de los finales. Al descubrir mi mirada de estupor —y quién sabe si de espanto—, el hombre clavado en el suelo me recomendó que no hiciera aspavientos y que me buscara un agujero protegido y a mi medida antes de que se pusiera el sol. "Luego —añadió— todo son prisas."

miércoles, 6 de agosto de 2008

Balance - Pere Calders


BALANCE
Pere Calders

Justamente cuando estaba a punto de alcanzar el cubo, le falló una pierna y se cayó al pozo. Mientras caía, le pasó aquello tan conocido de contemplar de un vistazo toda su vida. Y la encontró lisa, igual y monótona (dicho sea entre nosotros), de manera que pasó el trago de ahogarse con una ejemplar resignación.

De Invasió subtil i altres contes.

lunes, 14 de julio de 2008

Carta al juez - Pere Calders


CARTA AL JUEZ
Pere Calders

Distinguido señor:
Llevo hasta las últimas consecuencias el precepto de amar al prójimo como a mí mismo y ahora, cuando he decidido suicidarme debido a malas transacciones y a desengaños amorosos, acabo de matar a un vecino del mismo rellaño, segundo piso tercera puerta, con perdigonada de escopeta de dos cañones disparados a la vez. Gracias a esta fidelísima interpretación de mi afecto a nuestros semejantes, nadie me podrá echar en cara que ya me pueden decir misas...

De Invasió subtil i altres contes.